Actualización de las 9 sinfonías de L. V. Beethoven

Arkaitz Mendoza
Director de la Orquesta con Kamerata Euskdivarius

Pintura: Juan Gabriel Vich

En este año mágico para todos los melómanos en el que estamos celebrando los 250 bien llevados años de Ludwig van Beethoven, era necesaria una labor de retrospección y análisis de lo que su gran obra ha trascendido en la Historia de la Música. Su inconformismo, actitud revolucionaria ante la vida e incluso su cabezonería han sido rasgos positivos y enriquecedores para el devenir del futuro de la música tanto del siglo XIX en el que agitó la mayoría de los mecanismos de composición como el posterior XX y XXI. Beethoven fue el primer compositor en mutar el típico minueto del tercer movimiento de una Sinfonía en un scherzo sin aparentemente darse cuenta. Fue el primer músico en añadir a los tradicionales cuatro partes de la Sinfonía un quinto tal y como ocurre en su Sexta Sinfonía “Pastoral”. También fue el primero en añadir los trombones (5º Sinfonía), romper las parejas en los instrumentos de viento y añadir una tercera trompa (3º Sinfonía), añadir el flautín desde la 5º Sinfonía y cómo no, en incorporar a la voz al final de su última Sinfonía con un cuarteto de voces solistas y un majestuoso coro. Y todo ello se fraguó en apenas 20 años.

Desde mi humilde posición de pianista y recientemente director de orquesta he querido “actualizar” sus obras sinfónicas desde un prisma de una orquestación más “lógica” en cuanto a la actualización y modernidad de los instrumentos sinfónicos de hoy en día. Por ejemplo, un pasaje en unísono de las flautas con los primeros violines se va gestando con total normalidad pero de pronto las flautas se callan y al rato vuelven a incorporarse al camino junto con los violines; ¿por qué? ¿Qué es lo que ha pasado para ese silencio? Las flautas de la época no tenían suficientes llaves como para llegar a esas tesituras tan agudas como para poder interpretar ciertas notas pero sin embargo con los instrumentos actuales sí podríamos llevarlo a cabo.

Lo mismo pasa con los timbales, que con Beethoven adquieren un protagonismo especial dejando a un lado el componente militar de sus acompañamientos para introducirse en la orquesta como un instrumento solista más y con gran relevancia además. Había ciertas notas que el timbal al no tener parches y no haberse inventado el sistema de pedal que no llegó hasta 1870 de la mano de otro gran compositor como fue Héctor Berlioz y su sistema Dresde, los timbales apenas reforzaban la tónica, dominante y acaso la subdominante del esquema armónico de la partitura. Con Beethoven se da un paso adelante pero en ciertas progresiones el timbal “desaparece” por esa insuficiencia ejecutora de los pasajes en cuestión, hecho que hoy en día puede solventarse sin mayores obstáculos.

En cuanto a las trompas, con las bombas intercambiables de distintas longitudes que servían para ajustarse a la tonalidad llamadas tonillos, no podían producir ciertas notas graves o al menos afinar correctamente. Para poder tocar esas notas la segunda trompa se unía a la primera en unísono con el incómodo salto de intervalos correspondiente que convertía su partitura en auténtico sube y baja circense. En aquella época los armónicos naturales eran las únicas notas que se podían tocar al aire ya que el sistema de mano actual todavía no se había inventado. Durante la interpretación de una Sinfonía los trompistas aprovechaban las pausas entre movimientos o los compases de espera para cambiar los citados tonillos para poder llegar a producir esas diferentes notas. ¡Y evidentemente no había pistones! Entonces Beethoven y los compositores de su época se veían obligados a trasladar a las partituras las notas que sí entraban en la serie armónica natural a pesar de producirse unísonos. En mi actualización de las partituras estas segundas trompas y trompetas tocan esas notas en su tesitura grave aprovechando las posibilidades de los instrumentos modernos de hoy en día.

Entiendo que en estas modificaciones hay dos corrientes totalmente contrarias; los partidarios de actualizar las pretensiones de un Beethoven revolucionario, insatisfecho con lo que tenía en su época y los detractores a todo cambio, entendiendo toda manipulación como un ataque histórico a lo que Beethoven escribió en su día. Aun así he sido lo más cuidadoso posible y en la gira de conciertos que estoy llevando a cabo con la orquesta Kamerata EusKdivarius con el que ofreceré las 9 Sinfonías por todas las comarcas de Guipúzcoa he introducido dichos cambios, basándome en el texto musical y con el bagaje y prestigio de maestros legendarios como el italiano Aldo Ceccato por ejemplo. Creo firmemente en esta actualización aprovechando el aniversario del compositor para homogeneizar algo más los diferentes timbres de la orquesta y sobre todo buscar mayor equilibrio en los instrumentos de metal y el timbal. En casi siete horas de música y muchos ejemplos que atestiguan estos posibles cambios y otros en los que la subjetividad se incrementa y entramos en terreno dudoso y ahí es donde no he querido manipular la idea original de Beethoven ya que al amparo de la insatisfacción técnica de los instrumentos de la época no se puede transformar cualquier pasaje musical. El debate está servido y si 250 años después sigue abierto habla bien de la grandiosidad de uno de los compositores más influyentes de la Historia de la Música y que sin él sería muy difícil entender la música romántica y las posteriores escuelas compositivas.

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