El forastero

-Cortesía del autor. Publicado el 03/12/22 en el Diario Vasco-

Josemari Aleman Amundarain
Escritor e Ilustrador

Imagen: Juan Gabriel Vich

Sería a finales de 1977 cuando, a través de Ezequiel Seminario, conocí la sede de Kantil, la revista que editaba un grupo donostiarra de escritores. Era un sótano de la calle Marina de San Sebastián, con iluminación teatral y con una intensa niebla de tabaco de pipa y habano. Y una gente muy seria que me sonaba de vista, sobre todo uno de ellos, el más alto. Claro, era Raúl Guerra Garrido, el del reciente Nadal. Supongo que por allí andarían también Jorge G Aranguren, Ángel G Ronda y Félix Maraña. Y es posible que también un joven Fernando Aramburu con los ojos bien abiertos. Me llamó la atención un cartel que, con aquella luz, apenas se veía. Pluma de pavo real, tambor de piel de perro, leí,y lo vi potente. Era lo último de Raúl. Yo iba a ilustra uno de los números de su revista. Lo hice y, a los días, Ezequiel me pasó el Kantil nº 8, ya impreso. En la portada se leía Seno nutrido, la firmaba Fernando Bustos, y representaba una teta… Muy atrevido para la época.

En septiembre de 1995, en la sección de El Diario Vasco, Meridiano Cero, que publicó durante más de ocho años, entrevistas del amigo Álvaro Bermejo con mis caricaturas, le tocó a Raúl. Hicimos un trueque libro/caricatura y, dedicado, me cayó La mar en mala mujer. Tras la lectura, comprobé que, aquel señor tan serio, pero amable, no era un cuentacuentos cualquiera. Aquel libro me pareció una joya, y lo comentamos un día. En 1990, con ese argumento y guión del autor, la FORTA produjo una serie de televisión, dirigida por Ferrán Llagostera que, con el título de Terranova, y con Patxi Bisquet, Andreu Simón, Amparo Larrañaga y Karra Elejalde, se emitió con éxito en TV3 y TVG, pero en ETB se pasó a horas intempestivas. Y eso que, por esas fechas, Raúl formaba parte del primer consejo de EiTB. No sé qué tenía el nacionalismo vasco con la serie, o con él. Ya en enero de 1978, y por encargo de Egin, publicó un artículo Sobre el escritor vasco, una particularidad que, por aquella época en que surgió, la cocina vasca, la pintura vasca, el arte vasco, etc., en cuestiones de literatura, la cosa no estaba tan clara. A la hora de las subvenciones, las ayudas y las promociones, los que escribían en castellano estaban excluidos. Él tuvo la osadía de definir escritor vasco como quien sudaba su plusvalía en el País Vasco. Es que ser escritor solo vasco es muy complicado. Quizás Raúl era un escritor cacereño, que no escribió sobre montes y valles, sino sobre el miedo, las amenazas y la extorsión a empresarios vascos. Y la exclusión. Lo que le tocó vivir.

Y le cayó la del pulpo. Hace poco comentaba, con su sorna habitual que, cuando naces en Madrid, vives en Donosti y tu familia es del Bierzo, no eres de ninguna parte. Pero que él había elegido ser forastero, que es de quien se enamoraba la chica en las películas. Él ya había conocido en la Facultad de Farmacia de Madrid a Maite, una encantadora neska vasca, con la que ha cumplido más de sesenta años de feliz matrimonio y cuatro hijos. Tan unidos en el destino que, a ambos, les quemaron sus respectivas farmacias por el 2000. Nunca había pensado que nuestra jubilación pudiera ser tal llamativa, comentaba a los medios después de la ekintza. Es que la glándula del humor se le hinchaba en los peores momentos.

Un pequeño grupo de amigos, hemos tenido el enorme placer y el gran privilegio de disfrutar en comunión con ellos, todos los primeros de mes, durante los últimos veinte años compartiendo, y alternando, menús y manteles. Se instituyó, en su honor, el chorizo en los entrantes y era una fiesta cuando alguien preparaba caracoles. O el día en que ellos aparecieron con un botillo. O cuando, por evitar la incomodidad de andar escoltados, pasaban temporadas de Madrid, les visitábamos en su piso de Goya y nos zampábamos un arroz con bogavante en un restaurante de su barrio. Yo, a veces, alucinaba viendo, sentado a mi lado, a un tipo tan ocurrente, tan educado, que salía tan serio en las fotos, pero que era muy cercano, generoso y cariñoso. Un tipo que había llenado su historia de genialidades, de premios y de reconocimientos. Con una producción literaria larga, ancha y densa, que podía llegar a cuarenta libros traducidos a varios idiomas, y otros tantos que le dedicaron sus amigos. Quizás tenía que haberse quedado en su Madrid natal, siguiendo los consejos de Baroja: Si quieres ser escritor, vete a Madrid y ponte a la cola. Pero él nos contaba que sus amigos de Madrid se van muriendo y los que quedan están sordos. Y yo me estoy quedando sin voz.

Publicó Un morroi chino con un higo en la coleta, en 1917, una broma a su admirado Pío Baroja, y Demolición, en 2018, un título con el que se identificaba cuando se miraba al espejo.