Soñar despiertos y despertar soñando

Julian Müller-Thyssen Uriarte
Fisioterapeuta y Profesor-Asistente del Máster de Terapia Manual Ortopédica de la Universidad de Zaragoza

Fotografía: Lourdes Álvarez

¿Sueño, Realidad, Ficción se confunden? ¿Se distinguen? ¿Se superan los unos a los otros? ¿Qué diferencias verdaderas existen entre estos conceptos? ¿No es acaso una fina línea la que los separa? ¿Los sueños no son parte de nuestra vida? Soñamos cada día, recordamos lo que soñamos a veces, muy a menudo no somos capaces de sabernos soñando cuando estamos inmersos en nuestro sueño más profundo, y con todo, el sueño es vital para nuestra supervivencia.

En este artículo tomare como referencia a tres escritores: Jodorowsky, Castaneda y Hervey de Saint Denys. Comentaré diferentes párrafos de sus libros en los cuales cuentan cómo interpretan, tratan de actuar, transformar y cambiar el transcurso de sus sueños haciendo que estos se vuelvan lúcidos con diferentes objetivos.

Comencemos por Hervey de Saint Denys, Profesor de lengua china de Instituto en Francia, muy poco conocido, pero a pesar de ello es uno de los primeros autores en publicar una obra sobre sueños lúcidos, incluso, antes de que Freud y a posteriori otros autores iniciaran sus investigaciones acerca del tema. Publicó por primera vez en Paris en 1867 su primer y único libro en relación a los sueños, titulado Los sueños y los medios para dirigirlos. En esta obra describe más de 120 sueños personales en una colección única que ha sido recogida metódicamente desde la adolescencia hasta la edad adulta.

Escribe: “Los sueños no son acaso una tercera parte de nuestra existencia? ¿Para los buscadores, el fenómeno del sueño no está estrechamente ligado a este gran misterio de la dualidad psíquico-corporal, que no dejaremos nunca de estudiar con atención? Por aquel entonces, en el siglo XIX este escritor francés ya se cuestionaba de forma transcendental la importancia del sueño en la conciencia humana.“1 En el sentido corriente de la palabra, tener sueños es por lo tanto sentirlos, y conservar de ellos además una impresión y su recuerdo. De ahí dependerá la lucidez y la claridad del sueño (…) se estima que el sueño es lúcido o no lúcido, dependiendo de si al despertar uno llega a recordarlo bien, lo que supone, en definitiva, subordinar la existencia misma de un hecho al recuerdo que hayamos guardado.”

Según Hervey tres condiciones son esenciales para lograr dominar las ilusiones en nuestros sueños: la primera poseer mientras dormimos la consciencia del sueño, un hábito que se adquiere relativamente rápido solo con el hecho de tener un diario de sus sueños. La segunda asociar algunos recuerdos a percepciones sensoriales, de forma que cuando estas percepciones aparezcan en nuestros sueños introduzcan en nosotros las imágenes/ideas que hemos asociado a ellas. La tercera, que estas ideas-imágenes por lo tanto contribuyan a formar el tablero de nuestros sueños en un momento dado, para luego emplear la voluntad con el fin de guiar el transcurso de los fenómenos, bajo el principio de que pensar en una cosa es soñarla.

Otro autor que trata de interpretar y hacer conscientes sus sueños es Alejandro Jodorowsky. Artista chileno nació en Tocopilla en 1929, terapeuta, novelista, actor y director de teatro y de películas que se han convertido en obras de culto, como El Topo (1971) y la montaña sagrada (1973), ha creado dos técnicas terapéuticas con las que trata de ayudar a resolver problemas psicológicos a las personas: la psicomagia, que devuelve los hechos cotidianos a modelos míticos, y la psicogenealogía, una terapia sobre las herencias psicológicas familiares. También creó el “movimiento pánico” junto a los artistas surrealistas Fernando Arrabal y Roland Topor. En su libro Psicomagia le dedica a los sueños lúcidos un capítulo entero llamado “acto onírico”. Por ejemplo2, el periodista que entrevista a Jodorowsky le recalca que la interpretación del sueño es como algo que ocupa un lugar importante en el chamán, artista o místico en la búsqueda de esa otra forma de locura que es la sabiduría, a lo que responde el escritor: “(…) Con el tiempo solo han cambiado las formas de interpretación, desde el sistema simplista que consiste en atribuir sistemáticamente un significado simbólico concreto (…) hasta el concepto de Jung en el que se debe seguir “viviendo” el sueño. La etapa siguiente, situada más allá de toda interpretación, consiste en entrar en el sueño lúcido, en el que sabes que estas soñando (…). El entrevistador continúa preguntándole3: “Donde reside en estas experiencias del sueño la dimensión iniciática?” a lo que contesta el autor: “Cuando el deseo se apodera de mí, perdía lucidez y el sueño escapaba a mi control. Olvidaba que estaba soñando. Me pasaba lo mismo con la riqueza. Cuando me dejaba fascinar por el dinero, mi sueño dejaba de ser lúcido. Cada vez que trataba de satisfacer mis pasiones humanas, el guion me absorbía y perdía la lucidez. Fue un gran aprendizaje: comprendí finalmente que, en la vida como en el sueño, para permanecer lúcido es necesario distanciarse, no identificarse con la acción. Es un viejo principio espiritual que el sueño lúcido me hizo recordar”. Otra reflexión que le llega al autor es la siguiente4: “otra enseñanza del sueño lúcido a la que ya hemos aludido, otra faceta de la magia, es el descubrimiento de la flexibilidad de la realidad. No sólo no se concibe la vida como un proceso rígido, sino que uno mismo adquiere flexibilidad”; a lo que contesta: “Así es. Intento no autodefinirme excesivamente, no encerrarme en una visión estrecha de mí mismo. En el sueño puedo percibirme como un hombre de sesenta años, pero también como un muchacho joven o un anciano, incluso como una mujer, ¿Por qué no? En el sueño se expresan diversas facetas de mi ser. En la realidad, trato de dejar que estas facetas se expresen e intento responder a las exigencias de la situación sin aferrarme a una idea preconcebida de lo que soy o debería ser”. Jodorowsky nos da a entender de alguna manera que los sueños son para él una experiencia dónde se encuentra con nuevas identidades propias, nuevos y radicalmente distintos “Yo”, un lugar dónde se modifica su autopercepción como individuo y de la que se hace consciente. Tal y como lo relata puede llegar a vivir experiencias extra corporales y vivencias relacionadas con el Tiempo Pasado o Futuro de su mismo ser.

En otra de sus obras, La Danza de la Realidad, también hace referencias a los sueños, y a sus sueños en especial: “Observé que mantenerme consciente durante el sueño lúcido requería un esfuerzo considerable. Finalmente, la gran enseñanza que obtenía estaba menos en el mundo extraordinario que podía crear que en esta exigencia de lucidez. Sin lucidez, nada era posible. Desde el momento en que me dejaba llevar por los acontecimientos, sintiendo las emociones que ellos me despertaban, el sueño me absorbía y perdía la limpidez. La magia no operaba sino gracias al distanciamiento; lo que permitía el juego era la claridad del testigo mientras que la fusión, por el contrario, empequeñecía el campo de posibilidades”5. Sigue haciendo referencia a la importancia del distanciamiento con respecto a la identificación que el sujeto puede experimentar en su propio sueño, entender desde la distancia, como observador alejado, los hechos que acontecen durante el sueño dejando apartado el proceso emocional de identificación, frenando, bloqueando el sentimiento y la emoción que se puede experimentar durante el sueño. “Cuando llegamos a la calidad de testigo lúcido de los sueños, cuando logramos someter nuestra voluntad a la del mundo onírico, cuando nos damos cuenta de que no somos nosotros los que soñamos, ni aquel que duerme ni aquel que está despierto en el sueño, sino que es el yo colectivo, el ser cósmico que nos utiliza como canal para hacer evolucionar la conciencia humana, la barrera entre la vigilia y el sueño, si no desaparece, por lo menos se hace transparente. Nos damos cuenta de que a la sombra del mundo racional prosperan las misteriosas leyes del mundo onírico.”6 En este párrafo saca a relucir su lado más artístico e irracional, en el que interpreta el sueño como un estado de consciencia colectivo, compartido con el resto de los miembros de nuestra misma especie, destinado a elevar la conciencia humana.

Por último, Carlos Castaneda, nacido en Perú en 1925, doctorado en antropología y escritor, escribió en total 13 libros y vendió 27 millones de ejemplares en 17 idiomas. Su primera obra, trato sobre las enseñanzas de un chamán y drogas alucinógenas, sedujo a personalidades como George Lucas, Oliver Stone, Fellini, Lennon y otros. George Lucas cineasta de la épica saga Star Wars (1977), reconoce la influencia de Castaneda en sus biografías, si no fuera por Castaneda quizá frases míticas como: “que la fuerza te acompañe” no hubieran existido. En el libro Empire Building: Remarkable, Real-life Story of “Star Wars” en la página 62 se puede leer: “Lucas ya había simplificado el misticismo en su guion. Obi-Wan Kenobi sería un guardián de la sabiduría de los caballeros Jedi y la fuerza, un poder misterioso “que une el universo”. Lucas había encontrado la inspiración para la idea en una historia en Cuentos de poder de Carlos Castaneda, en la que un místico indio mexicano, Don Juan, describió una “fuerza vital”.

El arte de Ensoñar es la obra de Carlos Castañeda que más referencia hace al sueño. En este libro escribe sus aprendizajes durante un periodo de más de veinte años con un brujo: don Juan Matus, un indio yaqui. Explica como para don Juan, la brujería era una forma de expresión para materializar ciertas premisas especializadas, teórico-prácticas, acerca de la naturaleza de la percepción y el papel que ésta juega en moldear el universo que nos rodea. Según Castaneda, este brujo era un mediador entre el mundo real y un mundo de realidades paralelas, al cual él propio brujo denominaba la segunda atención. Según Don Juan sólo nuestro condicionamiento energético es nuestro impedimento para entrar en esos otros reinos, los brujos de la antigüedad desarrollaron una serie de prácticas designadas a reacondicionar nuestras capacidades energéticas de percepción que denominaron: el arte de ensoñar. Castaneda7 nos cuenta como Don Juan le explica que el mayor logro de los brujos de antaño fue percibir la esencia energética de las cosas que con disciplina y entrenamiento, hace que se adquiera una capacidad para percibir su naturaleza; una capacidad a la que llaman ver. Continúa explicando que, de ver la esencia del universo, los brujos de la antigüedad pasaron a ver la esencia de los seres humanos. La describieron como una configuración blanquecina y brillante. Se supone que los brujos ven el movimiento de la energía, pero verlo no quiere decir que puedan saber cómo o por qué la energía se mueve. “Don Juan expuso que, viendo cómo ese resplandor que rodea al punto de encaje es en extremo tenue en personas que están inconscientes o a punto de morir, y que está totalmente ausente en los cadáveres, los brujos de la antigüedad se convencieron de que ese resplandor es la conciencia de ser.”8 El Brujo cuenta como en el flujo energético del universo hay entradas y salidas, que funcionan a manera de compuertas, y que concretamente en el caso del ensueño hay 7 entradas, 7 obstáculos que los brujos llaman 7 compuertas de ensueño, es decir 7 dificultades que el individuo debe superar para tener el control práctico y preciso de los sueños. Empezando por la primera, consiste según Don Juan en darse cuenta de una sensación muy particular que se viene encima de nosotros antes de quedarnos profundamente dormidos. Uno solamente intenta ser consciente del acto de quedarse dormido. Continúa argumentando que es algo que tiene que ver con el intento y el acto de intentar9, los brujos creen que es el Cuerpo y no tanto la Mente la que debeentender estos términos. Se refiere a que el “Cuerpo energético” se dé cuenta, se podría traducir en algo como un despertar de la consciencia corporal. Es el primer paso necesario para llegar al Cuerpo energético y entrar en la segunda atención. Castañeda cuenta como puso en práctica las enseñanzas de Don Juan: “A medida que continué mis prácticas de ensueño, llegué a estar totalmente consciente de que me estaba quedando dormido y de que podía detenerme a examinar, a voluntad, cualquier cosa que fuera parte del contenido de mis sueños. Experimentar esto fue para mí, no menos que un acto milagroso. Don Juan tenía razón al decir que la atención de ensueño entra en juego cuándo se le llama, cuando se le da un propósito. Pero este acto de entrar en juego no ocurre de la manera en que uno normalmente entiende un proceso: un sistema de operaciones en curso, o una serie de acciones o funciones que llevan a un resultado final; más bien es un despertar. Algo que estaba inactivo, se convierte de repente en algo funcional. Comenta que la parte difícil es romper la barrera inicial que nos impide creer que los sueños son parte de nuestro ser consciente”10.

Para atravesar la segunda compuerta del ensueño Don Juan explica a Castañeda que hay propiamente dos maneras de cruzarla. Una es despertarse en otro sueño; es decir, soñar que uno está soñando y luego soñar que uno se despierta de ese sueño. La otra alternativa es usar los objetos de un sueño para provocar otro sueño.

Dejo pendiente para la curiosidad del lector la explicación que da el Brujo para saber cómo atravesar las siguientes compuertas del ensueño. Si le despiertan el interés sólo tiene que continuar con la lectura del libro… ¿Será que, para el despertar de la consciencia, habrá que seguir soñando?

Bibliografía, notas y fuentes:

1 D’Hervey de Saint-Denis, J. M. L., & Leon, M. (1867). Les rêves et les moyens de les diriger. Paris: Amyot. Pág. 114.

2 Jodorowsky, A. (2007). Psicomagia (Vol. 19). Siruela. Pág. 73.

3 Íbid. Pág. 80.

4 Íbid. Pág. 90.

5 Jodorowsky, A. (2006). La danza de la realidad: psicomagia y psicochamanismo (Vol. 5). Siruela. Pág. 243.

6 Íbid. Pág. 255.

7 Castaneda, C., & Thal, N. T. (1994). El arte de ensoñar. Seix Barral. Pág. 4.

8 Íbid. Pág. 5.

9 Íbid. Pág. 13.

10 Íbid. Pág. 17.