Entrevista a Miguel Pablo Sancho

Rafael Fernández Moreno entrevista a Miguel Pablo Sancho Gómez (Murcia, 1978), profesor universitario e investigador de experiencia, ya que cuenta con más de cincuenta publicaciones científicas sobre Historia Antigua y Medieval, un sexenio, y está además acreditado por la ANECA, Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación. Desde 2019, no obstante, ha aparecido una nueva faceta, la de escritor, de la que ya hay tres “frutos”, nacidos en ECU Narrativa: “Intriga en Colonia”, “el Cubil de Gerd von Überlingen” e “Intriga en Borgoña”1. Aunque como veremos a continuación, tal perfil de escritor no es del todo nuevo.

Rafael Fernández Moreno. Pregunta (P): ¿De dónde surge toda la trama de “Intriga en Colonia”? ¿Cómo se originó?

Miguel Pablo Sancho Gómez. Respuesta (R): Es una historia muy curiosa. Hace ya muchos años, apareció un juego de estrategia, “Europa Universalis 2”. Daba la opción de elegir una entidad política medieval en la versión más larga, que empezaba en 1419. Año crítico, por cierto, que vio el asesinato en Francia de Juan sin Miedo, duque de Borgoña, y la erupción de la revuelta husita en Bohemia, entre otros sucesos.

P: ¿Y dónde deja eso a Dietrich von Mörs?

R: Ah, precisamente el arzobispo de Colonia desempeña un papel muy importante. Su largo mandato, de 1414 a 1463, hizo que me fijase en él. Cada señorío llevaba reflejados en “Europa Universalis 2” a sus auténticos gobernantes, que fallecían en las fechas reales. Sentí que, de algún modo, tenía que investigar a ese personaje desconocido. Luego vino la idea de la novela. Esa fue la génesis de “Intriga en Colonia”.

P: ¿Cuándo comenzó el proceso? ¿Y qué descubriste?

R: Tuvo que ser a finales de 2007. Y descubrí un mundo fascinante. Dados los pésimos planes de estudios de la mayoría de universidades, en las que la Edad Media está muy escasamente representada, y pese a ser licenciado y después Doctor en Historia, no sabía casi nada de Alemania, nada de Colonia o su arzobispado renano, y por supuesto tampoco de von Mörs. Había visto en clase a Enrique y Otón, y poco más2.

“Von Mörs (o Moers), es, sin embargo, una figura esencial en las tierras germanas, y también fuera de ellas. El papa Pío II (1458-1464) dijo que era “el alemán más insigne y preclaro de su tiempo”. Un gran hombre, lleno de virtudes y también defectos, envuelto siempre en contradicciones. Descuidaba sus labores pastorales, pero vigiló la disciplina eclesiástica; era benefactor de los monasterios, y un concienzudo reformador. Inteligente y activo, empleó sus dotes de mando para organizar guerras y ejércitos, a la vez que componía música religiosa para misas. Fue cruzado dos veces, pero no obstante acabó dirigiendo tropas de herejes declarados. No faltaron, por supuesto, los “líos de faldas”. En definitiva, era muy peculiar. Comparte ciertos rasgos con el cardenal Belluga, que fuera famoso promotor del barroco murciano en el siglo XVIII3.

P: ¿Por qué no es entonces Dietrich von Mörs el protagonista principal de tus novelas? Pues parece que cumple con todos los requisitos. Un obispo que era a la vez guerrero y un fenomenal jinete.

R: No quise caer en ese error. Grandes escritores, como Marguerite Yourcenar o Colleen McCullough, entre otros, y pese a estudiar con profusión la psicología de sus personajes, acaban creando híbridos, que indefectiblemente se van pareciendo cada vez más en la forma de pensar y opinar a ellos mismos. “Adriano es usted”, le dijeron a la señora Yourcenar, y se enfadó bastante. Pero los acusadores tenían mucha razón. Por eso he intentado siempre que el arzobispo, el rey Segismundo, el conde Adolfo, el duque Juan, etc., quedasen en un segundo plano, aunque han ido desarrollando algunos rasgos que no estaban en el plan inicial, y que posiblemente no sean completamente históricos. Una creación literaria, dicen, cobra vida propia, y echa a andar. Quizás no sea una mala señal.

P: ¿Fue entonces ese “realismo” el principal motivo para inventar a Hans Dörflinger? Parece que así el protagonista queda menos expuesto a los entresijos de la gran “historia oficial”, que ya ha sucedido y que (en teoría) se conoce bien.

R: Sí. Hans, y todos sus amigos, así como los personajes del “pueblo llano” (Berta, Inge, Bodo, etc.), o las compañías de hombres de armas que aparecen, son inventados. Han sido “creados”, no obstante, desde una pormenorizada investigación que trata de reproducir, cuidadosamente, pese a las muchas limitaciones que nos marca nuestro fragmentario conocimiento, la vida y andanzas de las poblaciones alemanas (y europeas) de principios del siglo XV. Von Merckelbach, que sale en “Intriga en Borgoña”, es auténtico. Se trata de una excepción.

P: Inge Meissner es la novia del hermano de Hans, Arno Dörflinger. Pero Hans la ama, sin importarle nada, la ama desesperadamente, al igual que odia a su hermano mayor, por muchos y variados motivos. A veces se convierte en una “historia dentro de la historia”. Los diálogos toman entonces tintes tragicómicos que recuerdan a Calixto y Melibea. ¿Tendremos más dramas al respecto?

R: Sin duda. Un buen relato generalmente lleva su dosis de drama. Espero dejar al lector sorprendido, o, mejor dicho, mudo, estupefacto. Por cierto, quiero decir que el apellido de la chica es homenaje a uno de mis músicos favoritos, Randy Meisner, bajista de Poco y los Eagles, que en su vejez lo está pasando muy mal.

P: ¿Qué otras dificultades se plantearon en la escritura? Porque, según vemos, pasaron años antes de que “Intriga en Colonia” tomase su forma final.

R: Como dije antes, yo no sabía nada de esa época, pues apenas la habíamos tocado en la universidad o el instituto. Así que me sumergí en una gran búsqueda de información. Eso, efectivamente, duró años. Leí artículos y blogs. Compré muchos libros, algunos muy caros, en un tiempo en el que tenía muy poco dinero. Pero mereció la pena, hasta el último céntimo.

P: ¿Por qué?

R: Porque se descubrió ante mí una era espectacularmente atractiva e interesante: la realidad supera siempre a la ficción. En el siglo XV se pueden encontrar historias que harían palidecer a cualquier guion de Hollywood. Es, además, un mundo en plena transformación. El Renacimiento se vislumbra en el horizonte, especialmente en Italia. Las ciudades crecen sin parar, así como la burguesía. El desclasamiento amenaza a muchos nobles, y el poder de los antaño débiles reyes resurge a pasos agigantados. Estamos en la antesala de la llegada de monarcas como Isabel y Fernando. Las armas de fuego y los cañones cobran cada vez más importancia, y aparece un profesional de las armas que ya fue imprescindible en la Guerra de los Cien Años (1337-1453), y que no tiene alcurnia, ni pertenece a un séquito noble: el mercenario.

P: ¿Podrían algunas de esas cosas parecer asuntos de actualidad al lector?

R: Acaba de publicarse “Intriga en Borgoña”. En la novela sale un joven heredero que se convertirá, con el paso del tiempo, en el duque Felipe el Bueno. Él creó el Toisón de Oro, que perdura en nuestra monarquía, y por su nieta María el legado borgoñón pasó a los Austrias, y a España. La Cruz de Borgoña, que figuraba en las banderas de los “Tercios de Flandes”, la legendaria infantería, famosísima actualmente y muy popular entre los jóvenes, viene de la Borgoña de esos duques Valois. Es, en cierto sentido, nuestra historia.

P: ¿Cómo se planeó “El Cubil de Gerd von Überlingen”?

R: Fue una cuestión editorial. Alba Ruiz, a la que agradezco su siempre pronta atención, y su padre, José Antonio Ruiz Vizcaíno, han estado ocupándose de que las novelas tomasen la mejor forma posible. Mi idea era que “Intriga en Colonia” apareciera como un único tomo, pero el tamaño del volumen y su precio les hicieron recomendarme que “aligerara” o dividiera la obra, para no desalentar a hipotéticos lectores. Por supuesto no estaba dispuesto a mutilar un producto que me había costado tantísimo esfuerzo, así que elegimos cortar en un punto lleno de suspense y tensión. Así salió “El Cubil de Gerd von Überlingen”, como continuación de la primera parte.

P: ¿Qué otros elementos están presentes en tus novelas?

R: Cada escritor es preso de sus vivencias. En mi caso, la impronta dejada durante largos años (desde que tenía quince) por los juegos de rol ha sido decisiva e imborrable.

P: ¿En qué sentido han sido importantes los juegos de rol?

R: “El Señor de los Anillos, el juego de rol de la Tierra Media”, de JOC Internacional y de Iron Crown Enterprises (ICE), luego suplementado con el más realista todavía sistema de Rolemaster, modelaron mi mente. Las extensiones de Rolemaster, detalladísimas, brindaron ejemplos de muchas “profesiones de las armas”, especialistas y aventureros con los que creamos hojas de evocadores personajes, que de un modo u otro vivieron para siempre en nuestros recuerdos. Egon von Erlangen, Kurt Diettenhoffer, Pedro de Peñafiel y tantos otros, mantienen el aroma de las viejas fichas de los juegos de rol. El propio Hans Dörflinger, mi protagonista, se inspira en una profesión, llamada outrider, que tradujimos azarosamente por “saboteador”. Cualquier jugador de rol veterano o experto sonreirá al leer mis novelas, porque seguro que encuentra muchas veladas referencias que harán aflorar hermosas remembranzas.

P: ¿Es entonces el “universo Dörflinger” una mezcla de los juegos de rol de los años 80 y 90 con una pormenorizada puesta a punto histórica? Porque da la sensación de que te has esforzado en brindar al lector todo el sabor de la última época medieval alemana.

R: Se ha trabajado mucho, realmente. Estas creaciones han sido llamadas “novelas didácticas”, y varios aficionados me han confesado que gracias a ellas conocieron bien un tiempo pasado del que no sabían nada. Es muy importante: lo que de verdad me gustaría ofrecer al lector. Pero del mismo modo, el espíritu del viejo rol, el “roleo” y “mazmorreo”, si se me permite esa expresión entrañable, nunca anda muy lejos…

P: Has mencionado a Pedro de Peñafiel. Es un personaje de Castilla, pero vive en Renania y se hace íntimo de Hans Dörflinger. ¿Cómo surgió esta idea?

R: En la última novela, “Intriga en Borgoña”, se describe la historia de Pedro y su nombre verdadero. Creí que sentir algo cercano y propio en los relatos haría la serie más atractiva. Por eso apareció Pedro. También es un homenaje a mi amigo y maestro, el catedrático Antonio Peñafiel Ramón, que falleció en 2017.

P: ¿Y Gerd von Überlingen? Parece atroz, en todos los sentidos.

R: Es un “malo” de manual, pero no menos realista. Quien se empape de la historia y descubra el funcionamiento de las organizaciones de nobles ladrones, y las siniestras sociedades secretas que empezaban a proliferar, verá que no exagero (risas).

P: En cualquier caso, ¿no crees que von Überlingen contrasta mucho con Hans? A lo mejor es deliberado, pero se ve que uno es muy bueno y otro muy malo, y puede resultar poco creíble.

R: No, no es así. Hans tampoco es “muy bueno”. Tiene una relación tormentosa con algunos de sus hermanos, como se ha visto antes. En ocasiones le puede la furia, y no atiende a razones. No se refrenda precisamente cuando tiene que emplear la fuerza; si cree que es necesario, puede causar mucho daño. Ha llevado una existencia dura: él mismo reconoce que robó a inocentes, si bien para no morir de hambre y frío. Pero tiene un lado torvo, y a veces un halo funesto que me recuerda al personaje del Silmarillion, Túrin Turambar.

P: ¿Qué me puedes decir sobre los hermanos de Dietrich von Mörs? En “Intriga en Borgoña” sus perfiles se han ampliado bastante.

R: Sí. La poca información disponible se ha aprovechado, en algunos casos al máximo. Hechos y circunstancias comprobados me han hecho diseñar personalidades que de otro modo jamás hubiera podido conocer. Por ejemplo, con Walram von Mörs. Sus fracasos a la hora de disputar sillas obispales vacantes en el sur de Alemania y los Países Bajos me dieron la idea de presentarlo como un besugo, un tipo simple; afable, pero algo bobalicón. Una conjetura, al fin y al cabo, pero creo que atractiva, además de plausible.

P: Imagino que para poner en movimiento este proyecto de vastas proporciones fue necesaria una buena dosis de inspiración. ¿Cómo llegó, o dónde la encuentras?

R: Sabía que un día me pondría a escribir novelas. Pero durante mucho tiempo dudé acerca de en qué centrarme.

“La inspiración, en cambio, acudía a menudo. Leía y releía las obras de Tolkien, acompañado de un álbum de Mike Oldfield que me parecía especialmente adecuado para ello dadas sus raíces celtas, Voyager (1996). Se puede decir que soñaba despierto. La aparición de von Mörs fue el último empujón: elegí el tema y todo fluyó.

P: ¿Es esa influencia tolkeniana muy visible para el lector?

R: Pienso que sí. El amor por la Tierra Media es algo que me acompañará hasta el final de mi vida. Tolkien me ha marcado para siempre. Las descripciones naturales de paisajes, los diálogos y el carácter de algunos personajes beben directamente de las fuentes del gran filólogo.

P: ¿Qué otras influencias tienes?

R: Lindsey Davis y Bernard Cornwell son mis novelistas favoritos. Les debo mucho. En cambio, si se me permite decirlo, detesto a María la Barbuda [Mary Beard].

P: Hablemos ahora de la Edad Media. En nuestra sociedad tiene bastante mala prensa, y se utiliza a menudo para asimilarla negativamente al “oscurantismo”, o utilizarla como un adjetivo calificativo insultante.

R: En el prólogo de “Intriga en Colonia” menciono eso. Nuestra sociedad es alucinante. Vivimos en un mundo materialista, sucio, grosero, egoísta, violento, lleno de hipocresía y falsedad, el tiempo del “bullying”, el ensañamiento y los linchamientos procedentes de la nueva Inquisición, que son los grandes medios, y también en las redes sociales. Pero en cambio nos empeñamos, con una prepotencia y una soberbia que me dejan lleno de asombro, a mirar con desdén y superioridad a los hombres del pasado y a despreciar otras épocas, juzgadas sin piedad por nuestra moral políticamente correcta, mucho más puritana que la de siglos anteriores. Por si fuera poco, somos zafiamente anti-románticos.

P: ¿En qué aspectos de la vida, entonces, podríamos valorar positivamente aquellas sociedades medievales?

R: Su aguante, sin ir más lejos. Un mundo de poblaciones preindustriales, azotado por la enfermedad en múltiples formas. El entorno era mucho más inhóspito: existían grandes bosques, animales salvajes y zonas pantanosas, desecadas casi en su totalidad hoy, que eran siglos ha caldo de cultivo para todo tipo de enfermedades entonces, como la malaria.

“El agua contaminada hacía estragos, como en tiempos muy recientes. Las oscilaciones de sequías, fríos, calores o inundaciones sacudían terriblemente aquella agricultura de subsistencia. Años de grandes cosechas eran sucedidos por hambrunas. Pero, sobre todo, las plagas y epidemias (pandemias, como prefiere decir la gente hoy) dejaban poblaciones diezmadas y en ocasiones aldeas y villas con todos sus habitantes muertos. Cuando el alimento era insuficiente, nuevas calamidades arreciaban, y la carencia de nutrientes impedía que se resistiesen otras dolencias. La peste bubónica y la disentería crearon situaciones que no podemos ni llegar a imaginar, y que dejan las secuelas de nuestro Covid-19 de hoy como un juego de niños.

“Recordemos también que desde el fin del Imperio Romano en muchos sitios no hubo alcantarillado. Los parásitos proliferaban. Ratas, mosquitos, lombrices, etc., se propagaban a placer. Aunque la investigadora lituana Ieva Reklaityte nos ha mostrado que las ciudades medievales no eran tan sucias como se cree, el contraste con nuestro mundo es brutal. La medicina griega y romana habían caído en el olvido, por lo que no existía prácticamente nada para oponerse de forma efectiva a infecciones y demás males. Los trastornos oculares, que solían llevan a la ceguera, se mencionan con profusión en las fuentes literarias. Muertes súbitas por cardiopatía y enfermedades mentales arreciaron. La mortalidad infantil era gigantesca; con triste frecuencia niños y madres morían en el parto. Y pese a todo, en circunstancias tan horrorosas, el ser humano sobrevivió. Gracias casi siempre su fe, una fe que permitía soportar los enormes golpes del dolor, el hambre y la pena, y seguir adelante pese a la pérdida de familiares y amigos.

P: ¿Qué lecciones nos puede dejar esa época a nosotros, en 2022?

R: Muchas. Pero me bastaría con que perdiésemos algo de nuestra arrogancia, dejar de mirar “la paja en el ojo ajeno”, y ser conscientes de que tenemos una viga metida en el nuestro (risas).

“Pese a las grandes comodidades y los avances tecnológicos, estamos llenos de defectos, a menudo muy graves. La sociedad medieval se sobreponía a casi todo, mientras nosotros vemos a jovencitos deprimidos porque se ha caído Tik-Tok o porque su Instagram ha dejado de funcionar. Hay quien llega al suicidio por esas nimiedades. Como profesor, veo que alumnos de veinte años se vienen abajo por motivos pueriles, que hubieran hecho reír a los jóvenes de los años setenta y ochenta. Las causas detrás del abandono escolar o universitario a veces son poco menos que ridículas. También me gustaría destacar que su vida [medieval] era más pura, con la inmensa mayoría de pobladores viviendo en el campo. Nosotros estamos hacinados en sepulcros sofocantes de ladrillo, cemento y asfalto.

“Nuestra sociedad está llena de ira, tristeza y soledad. Se publican maravillosas rutinas e intimidades a través del Facebook, pero ese no es el mundo real. Detrás de la pantalla hay mucha gente intrascendente y deprimida, con vidas miserables. Pero lo que importa es vender una imagen falsa, aparecer como un triunfador. Son cáscaras vacías.

P: ¿La sociedad medieval no era así?

R: Claro que no. El orden estamental era aceptado y respetado, y existía un gran sentido comunitario. En las tierras alemanas, mientras duró la Edad Media, hubo sistemas de representación para el pueblo llano, como las corporaciones rurales, jurados campesinos o condes de aldea (dorgraf). El aparcero vivía infinitamente mejor en el dominio de la Orden Teutónica que en una gran ciudad4. Pasó lo mismo en otros lugares. Los fueros en casi toda España desaparecieron con la llegada del estado moderno. Recordemos que el humanismo vino acompañado de los albores del poder absoluto y las monarquías de puño de hierro, como Prusia, por ejemplo, que pisoteó y pulverizó los viejos derechos.

P: ¿Qué le dirías a los lectores dudosos que estén sopesando en estos momentos el introducirse en tu “universo Dörflinger”?

R: Que merecerá la pena. La sombra fantástica de elfos, paladines, magos, y demás está presente, para los ojos avezados que sepan descubrirla. La puesta a punto histórica ha sido larga y minuciosa, y el deseo de ambientar la trama sólo se puede equiparar a mis ansias de plantear el siglo XV alemán desde un punto de vista didáctico. Por último, añadir que los grandes temas de la literatura universal, como la codicia, el amor, el honor, la amistad, la ambición o el deseo, no dejan de estar presentes. Cada novela es, además, un relato repleto de acción.

P: Terminamos. ¿Dónde se pueden conseguir? ¿Hay nuevo proyecto en ciernes?

R: Tanto en la página de la editorial, ECU Narrativa, como en Amazon. Agapea Libros Urgentes puede llevarlas a las librerías más pequeñas, y también se pueden pedir en el Corte Inglés, Diego Marín (Murcia), o Casa del Libro. Existen versiones digitales en Nubico ebooks o Google Play, para los amantes de la Tablet. ¡Hans tiene nuevo proyecto! Se llamará Noticias desde Bremen. Quiero darte las gracias por la entrevista y mandar un gran abrazo a todos los lectores. ¡Les animo a que se vayan de aventuras con Hans Dörflinger! (risas).

Notas:

1 Editorial Club Universitario. C/. Decano, 4, 03690. Alicante. https://www.editorialecu.com/

2 Se refiere a los precursores de lo que sería el Sacro Imperio Romano Germánico, Enrique el Cazador (919-936) y su hijo Otón el Grande (936-973), coronado emperador por el papa Juan XII en 962.

3 Luis Antonio de Belluga y Moncada (1662-1743). Nacido en Motril (Granada) fue figura esencial en la Guerra de Sucesión, en la que mantuvo firmemente al Reino de Murcia fiel a la causa del pretendiente Felipe de Anjou, posteriormente Felipe V. Belluga fue después cardenal y vivió en Roma.

4 El estado monástico de los caballeros teutónicos u Ordenstaat existió entre 1230 y 1525 en partes de las actuales Polonia, Letonia, Lituania y Estonia, y muy especialmente de Prusia (Kaliningrado). Explotaron las tierras con sistemas avanzados a su tiempo, hasta el punto de seguir siendo estudiados en las facultades de Economía hoy.