Marina Tsvietáieva

– Artículo que surge a partir de la conferencia impartida el 23 de mayo de 2023, durante el ciclo de conferencias «Literaturas Perseguidas» organizado por el Ateneo Guipuzcoano en colaboración con Donostia Kultura-

Jesús García Gabaldón
Profesor en la Universidad Complutense de Madrid

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El poeta en Rusia es más que un poeta, escribió Yevgueni Yevtushenko en 2007:

El poeta en Rusia es más que un poeta,
en ella, de cuanto crean los poetas,
sólo se aprecia lo que fermenta el altivo espíritu de la ciudadanía,
de quien no tiene acomodo ni sosiego.

El poeta en ella es la imagen de su época,
y el quimérico modelo del futuro.
Sin vacilar, el poeta lleva consigo
la suma de todo lo que antes de él existió.

Sería larga de enumerar la lista de poetas rusos perseguidos. En ella, sin duda, se encuentran los poetas decembristas que, inspirados por el general Riego, intentaron el 14 de diciembre de 1825 una revolución liberal que fracasó. Sus principales líderes fueron ahorcados en la plaza del Palacio de Invierno de San Petersburgo y los demás fueron desterrados a Siberia. En 1845, uno de ellos, Wilhelm Küchelbecker, escribió poco antes de morir un poema sobre el destino de los poetas rusos:

Es amargo el destino de los poetas de todos los pueblos,
pero el destino más duro lo ejecuta Rusia

El poeta nacional ruso, Alexánder Pushin escribió en 1817 una oda a la libertad, por la que fue desterrado a Crimea. Desde 1826, el zar Nicolás I se convirtió en el censor personal de Pushkin. Aún se conservan las anotaciones que escribió el zar al margen del manuscrito del Jinete de bronce. Tras la muerte de Pushkin a causa de un duelo otro gran poeta romántico ruso, Mijail Lérmontov, escribió el poema “La muerte del poeta”, por el cual fue desterrado al Cáucaso, y por el que más tarde, moriría también en un duelo:

¡Murió el poeta!, esclavo del honor
cayó, abatido por la calumnia,
sediento de venganza, con plomo en el pecho,
inclinó su altiva testa.
No soportó el alma del poeta
el ultraje de mezquinas injurias,
contra vanas opiniones se alzó,
solitario, como antaño… ¡y fue asesinado!

Roman Jakobson escribió sobre la excepcional Edad de Plata de la cultura rusa (1890-1930) como “una generación que malogró a sus poetas”. Basta recordar, entre otros muchos casos, el fusilamiento de Nikolái Gumiliov, los suicidios de Esenin y de Maiakovski, la muerte en un campo de trabajo de Ósip Mandelstam (quien se atrevió a componer un poema contra Stalin), las persecuciones a las que fueron sometidos Anna Ajmátova y Borís Pasternak, el acoso y derribo de Alexánder Blok y de Velimir Jlébnikov, y tantos otros, como las muertes trágicas de los poetas del OBERIU, Daniil Jarms, Alexánder Vvedenski y Nikolái Oléinikov, o el de Iósif  Brodski (Joseph Brodsky), que fue condenado a trabajos forzados por parasitismo social por el mero hecho de ser poeta y que después moriría en el exilio. Todos ellos representan la dignidad de los poetas rusos, su inquebrantable afán por escribir en libertad frente a un poder autócrata, autoritario y totalitario.

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El caso de Marina Tsvietáieva, en mi opinión la mejor poeta rusa de todos los tiempos, no es único, pero sí singular, pues sintetiza, en su vida y en su obra, la persecución de los poetas rusos de la Edad de Plata por parte del poder[i]. Marina Tsvietáieva nació en 1892 en el seno de una familia de la intelligentsia rusa. Su padre, Iván Tsvietáiev (1850-1913), fue profesor de historia del arte grecorromano en la universidad de Moscú, y fundador y primer director del Museo de Bellas Artes.

El padre contrajo matrimonio en 1880 con la cantante de ópera Varvara Ilovaiskaia, con la que tuvo dos hijos, Valeria (1883) y Andréi (1890). Pocos meses después del nacimiento de Andréi  muere Varvara. Iván Tsvietáiev se casa en 1891 con María Mein (1870-1906), procedente de una familia noble polaca, asentada en el Báltico, con raíces alemanas. Hasta casarse, a los 22 años, con el viudo Iván Tsvetáiev, veinte años mayor que ella, María Mein era una excelente pianista, formada en la escuela de Rubinstein. También escribía poesía y dibujaba muy bien. Después de casarse, abandona la vida artística. Tiene dos hijas, Marina, la mayor, nacida en 1892, y Anastasia, dos años después.  En 1902, enferma de tuberculosis. Por recomendación de los médicos, vive en Nervi, localidad de la riviera italiana, en la ciudad suiza de Lausanne y en Friburgo (Alemania), acompañada de sus dos hijas, hasta su muerte en la casa familiar de Tarusa, en Crimea, el 5 de julio de 1906. Marina tenía entonces 13 años. Desde los seis escribía poesía. A los 17, en 1910, publica Álbum vespertino (Vechernyj al’bom), su primer poemario. Tras realizar estudios de bachillerato, Marina Tsvietáieva se casa en Moscú, en contra de la opinión del padre, el 27 de enero de 1912 con Serguéi Efrón, ilustrador, prosista y poeta de origen judío a quien conoció en Koktebel (Crimea) en la casa del poeta, crítico y pintor Max Voloshin, gran amigo de ambos. El 5 de septiembre de 1912 nace Ariadna (Alia), la primera hija del joven matrimonio. A finales de ese año, Marina Tsvietáieva publica su segundo libro de poesía, Linterna mágica (Volshebnyj fonar’) y en 1913, una selección de sus dos primeros poemarios, titulada De dos libros (Iz dvukh knig).  En 1914 el Imperio Ruso entra en la Primera Guerra Mundial, y Serguéi Efrón se presenta voluntario y trabaja como camillero en el tren hospital de la línea Moscú-Belovsk. En 1915 Marina se enamora de la poeta rusa Sofía Parnok, con quien vive durante varios meses un intenso romance, y a la que dedicará el ciclo poético La amiga (Podruga). “Con la amiga me fue dado todo plenamente, ¿y por qué, después, me sentí atraída por los hombres, con los que sentía incomparablemente menos? Evidentemente, es la voz de la naturaleza, la secreta esperanza de recibir todo eso ¡e incomparablemente más! – de un amigo”, escribirá en 1923. Tras romper con Sofía Parnok, Tsvietáieva mantiene una breve relación amorosa con el poeta Ósip Mandelstam. En 1916, Efrón ingresa en la Academia militar Alexéiev, de Nizhni-Nóvgorod, de la que se gradúa como alférez en enero de 1917 y es destinado provisionalmente a la escuela militar de Peterhof y, en agosto, a la de Nizhni Nóvgorod. Estalla la revolución de febrero de 1917. El zar Nicolás II abdica el 2 de marzo y se nombra un gobierno provisional, presidido por Alexánder Kerenski. En abril de 1917 nace Irina, la segunda hija de Serguéi y Marina. Al producirse la revolución de octubre, el regimiento de Serguéi Efrón combate en el Kremlin de Moscú contra las tropas revolucionarias en defensa de la monarquía. Aunque Serguéi Efrón era hijo de revolucionarios anarquistas, se hizo monárquico y al desencadenarse la guerra civil, se alistó como voluntario en la Guardia Blanca en noviembre de 1917. “Si Dios hace el milagro de mantenerte con vida, te seguiré como un perro”, anota entonces Marina en su diario. El 18 de enero de 1918 Marina se encuentra con Serguéi en Moscú. Le entrega una daga donde está grabado su nombre. No lo verá de nuevo hasta mayo de 1922. En el invierno de 1919 Marina entabla amistad con los actores del Tercer Estudio del Teatro del Arte de Moscú, dirigido por Vajtángov, a los que conoció a través del poeta y actor Pável Antokolski. Se enamora de uno de ellos, Yuri Zavadski, y también de la joven actriz Sonia Halliday. Escribe seis poemas dramáticos: La tormenta de nieve, Una aventura, Fortuna, La sota de oros, El ángel de piedra y Fénix, al que posteriormente titulará El final de Casanova (Konets Kasanovy). El 20 de febrero de 1920 muere de inanición su hija menor, Irina, en el hospicio de Kúntsevo, situado en las afueras de Moscú. Ante la imposibilidad de alimentarlas, Tsvietáieva las había llevado allí. La mayor, Alia, enfermó de fiebres tifoideas y se la llevó a Moscú para cuidarla. Así pudo salvarla. Sin embargo, no pudo salvar a la menor. Toda su vida se sintió culpable de haberla abandonado. En diciembre de 1920, el ejército blanco es derrotado definitivamente en Perekop (Crimea). Serguéi Efrón es evacuado a Galípolis y luego a Constantinopla. Después vive en Praga, como refugiado político, y se matricula en la Facultad de Filosofía de la universidad. Gracias a la mediación de Iliá Ehrenburg, Marina Tsvietáieva logra contactar con él en mayo de 1921. Se publica en Moscú Verstas (Versty) (en dos versiones, una breve, de 1921, y otra ampliada, de 1922), el poema dramático El final de Casanova (Konets Kasanovy) (1922), impreso con numerosas erratas sin su permiso, el poema-fábula El zar-doncella (Tsar-devitsa), que también se publicaría en Berlín ese mismo año. El 11 de mayo de 1922, Marina y Ariadna (Alia) abandonan Moscú y viajan en tren desde Riga a Berlín. En este periodo, Tsvietáieva se reúne con escritores rusos emigrados, como Andréi Bieli. En la editorial Helikon de Berlín, dirigida por Abram Vishniak, aparecen en 1922 los libros de poesía Versos a Blok (Stikhi k Bloku) y Psique (Psikheia). En 1923 ven la luz Razluka (Separación) y Remeslo (Oficio), poemarios que había escrito en Moscú entre 1917 y 1921.No obstante, Vishniak rechaza publicar Lebedinyj stan (Campamento de cisnes) y Zemnye primety (Indicios terrestres), por miedo a que sus libros fueran prohibidos en la Rusia soviética. Tsvietáieva mantiene un breve romance con Vishniak, fruto del cual escribirá en 1922 la novela epistolar Nueve cartas, una décima, más una undécima recibida, que en 1934 adaptará al francés con el título de Noches florentinas (Nuits florentines). En noviembre de 1922, la familia Efrón Tsvietáiev se traslada a vivir a Jilovištĕ, junto a la montaña Mokropsy, en el sudeste de Praga. Tsvietáieva comienza a colaborar con la revista praguense Volja Rossii (La voluntad de Rusia). Por su parte, Serguéi Efrón, arrastrado por la nostalgia de la patria y convencido de que “había luchado contra su pueblo”, se acerca progresivamente al poder político soviético a través del ideal euroasiático. Organiza la Unión Democrática de estudiantes rusos de la universidad de Praga y crea la revista Por nuestra vía (Svojmi putiami). En Praga Marina Tsvietáieva vive, según su propio testimonio, los años más felices de su vida. En el otoño de 1923 se enamora de Konstantín Rodzévich, antiguo oficial del Ejército Blanco, compañero y amigo de Serguéi Efrón. “Por primera vez amo a una persona feliz y, quizás, también por vez primera busco la felicidad en vez de la pérdida, quiero tomar y no dar, ser y no parecer”, escribe a Rodzévich en septiembre de 1923. Y el 23 de diciembre, tras la ruptura sentimental entre ambos: “Le estoy agradecida por cada instante de mi vida. Todo mi amor, toda mi alma, todos mis pensamientos están con usted”. En 1924 Marina entabla amistad en Praga con Alexánder Kerenski, antiguo primer ministro del gobierno provisional ruso. Ese mismo año escribe sus dos grandes poemas de amor y desamor: Poema de la montaña (Poema gory) y Poema del fin (Poema kontsa), que causan un gran escándalo cuando ven la luz en 1926. En 1924 escribe, además, el drama lírico Ariadna (Ariadna) y publica el poema largo El muchacho valiente (Molodets), que había escrito en Moscú en 1922 (en 1930 lo adaptará al francés con el título de Le gars). El 1 de febrero de 1925 nace su hijo Gueorgui, llamado así en honor de San Jorge, protector de Rusia. Familiarmente, le llamarán Mur. Escribe la sátira poética El cazador de ratas (Krysolov). El 31 de octubre de 1925, los Efrón-Tsvietáiev se trasladan a Francia, donde viven en varias localidades de la periferia de París (Meudon, Clamart y Vanves) hasta 1937. Serguéi Efrón, siempre enfermizo, es diagnosticado en 1925 de tuberculosis y, gracias a la ayuda de la Cruz Roja, pasa largas estancias en sanatorios de la Alta Saboya, especialmente en 1930. Trabaja como redactor literario, primero en la revista Verstas (Versty), desde 1926 hasta su clausura en septiembre de 1928,y luego en Eurasia (Evrasija), entre 1928 y 1929. 1930 es un año de especial penuria para la familia. En 1931, Efrón solicita el pasaporte soviético y empieza a colaborar enla Asociacion para el regreso a la patria (Sojuz vosvraschenija na rodinu), vinculada a los servicios de espionaje de la Unión Soviética y de la que llegará a ser Secretario General. Por su parte, Marina Tsvietáieva publica de 1925 a 1929 poemas largos, prosa autobiográfica y poesía lírica y, a partir de 1930, sobre todo, ensayos literarios y, en menor medida, poesía en las revistas de la emigración rusa, de Praga (Volija Rossii) y París Versty (Verstas), Evrazija (Eurasia) y Poslednye novosti (Últimas noticias), principalmente. Así ven la luz en 1925 el poema largo Tentativa de celos (Popytka revnosti) y los relatos autobiográficos De mi diario (Iz dnevnika), y en 1926, los poemas largos Desde el mar (S morja) y La escalera (Lestinitsa), así como el ensayo El poeta sobre la crítica (Poet o kritike).  En el verano de 1926 mantiene una intensa correspondencia literaria con Pasternak y Rilke, quien le dedica su última elegía, escrita el 8 de junio, meses antes de morir de leucemia el 29 de diciembre. Al conocer la muerte de Rilke, Tsvietáieva escribe a comienzos de 1927 la elegía Carta de Año Nuevo (Novogodnee), el Poema del aire (Poema vozdukha) y la prosa Tu muerte (Tvoja smert’). En 1927, compone además el drama lírico Fedra (Fedra), que formaba parte, junto con Ariadna (1924) y Helena (Elena) (no escrito), de la trilogía El odio de Afrodita (Gnev Afrodity), luego titulada por ella Teseo (Tesej).

En 1928 se imprime en París Después de Rusia (Posle Rossii), que sería el último libro de poesía que publicaría Tsvietáieva en vida, y los poemas largos Perekop (Perekop) y El novillo rojo (Krasnyj bychok). Comienza a componer el poema largo Poema o tsarskoj sem’e (Poema sobre la familia del zar), que acaba en 1932, pero que hasta ahora sólo conocemos de manera fragmentaria. En noviembre de 1928, saluda desde las páginas de la revista Evrazija la llegada a París de Vladímir Maiakovski, poeta a quien admira, a pesar de la distancia ideológica que les separa. Esto le causará recelos, disputas y un progresivo aislamiento entre la emigración rusa. Tras el suicidio de Maiakovski el 14 de abril de 1930, Tsvietáieva escribirá un ciclo poético dedicado a él, y el ensayo Épica y lírica en la Rusia contemporánea (Epos i lirika v sovremennoj Rossii, 1932). “La emigración me ha hecho prosista”, escribirá Tsvietáieva, reconociendo en el importante ensayo El poeta y el tiempo (Poet i vremija, 1932): “en Rusia se me perdonaba todo por ser poeta, aquí [en la emigración] me perdonan el ser poeta”. A comienzos de los años treinta, Tsvietáieva intenta, sin éxito, convertirse en una escritora en lengua francesa. Traduce al francés poemas de Lérmontov, Pushkin y Maiakovski y en 1932 redacta en esa lengua Carta a la amazona (Lettre à l’amazone), dirigida a Natalie Clifford-Barney, autora de Pensamientos de una amazona, sobre la homosexualidad femenina. No será publicada. Lo mismo sucederá con Noches florentinas (Nuits florentines). Continúa escribiendo en ruso. En 1934, escribe los ensayos Un espíritu prisionero (Plennyj dukh), dedicado a Andréi Bieli, y El poeta alpinista (Poet-al’pinist), a Nikolai Gronski, y el relato Mi madre y la música (Mat’ i muzyka). En 1936, escribe el poema largo El autobús (Avtobus) y el relato largo Historia de Sónechka (Povest’ o Sonechke), dedicado a la actriz Sonia Holliday.“Todo el verano –escribe Tsvietáieva a su amiga y confidente Anna Tesková– he estado escribiendo mi Sónechka: la historia de una amiga fallecida recientemente en Rusia. Incluso resulta difícil decir “amiga” – sencillamente fue amor– en la imagen de una mujer, en la vida no he amado a nadie como a ella. Eso sucedió en la primavera en la primavera de 1919”.De 1937 son también dos de sus grandes obras en prosa, los ensayos poéticos Mi Pushkin (Moj Pushkin) y Pushkin y Pugachov (Pushkin i Pugachev). En 1938, tras la invasión nazi de Checoslovaquia, crea su último gran ciclo poético, Versos a Chequia (Stikhi k Chekhii).El 15 de marzo de 1937 su hija Ariadna regresa a la URSS. El 10 de octubre de 1937 Serguéi Efrón huye de Francia con destino a la Unión Soviética, tras ser interrogado perseguido por la policía francesa por estar presuntamente implicado en el asesinato en Suiza de Ignati Reiss, un ex espía soviético. La policía francesa interroga semanas más tarde a Marina Tsvietáieva sobre las actividades de espionaje de su marido, que ella desconoce. A pesar de que no deseaba regresar a la Unión Soviética, finalmente, cede ante la insistencia vehemente de su hijo Mur, y solicita el pasaporte soviético para reunirse con su marido y su hija. Mientras lo recibe, vive con Mur en Dives sur Mer, pequeña localidad costera de Normandía, donde copia los libros Campamento de cisnes y Perekop, el relato Historia de Sónechka (Povest’ o Sonechke) y los cuadernos de notas de Indicios terrestres, que entrega a la eslavista Else Mahler, que los deposita en la universidad de Basilea, en Suiza. Otra parte de su obra, que confía a su amiga Margarita Lebedeva, se pierde durante la Segunda Guerra Mundial. Después reside en el modesto hotel Innova, en el Boulevard Pasteur de París. “Aquí voy, como un perro”, escribe Marina, dirigiéndose a Serguéi Efrón, antes de partir para la Unión Soviética. También anota: “Pronto moriré”. El 12 de junio de 1939 embarca con su hijo Mur en el puerto de L’Havre en el vapor María Uliánova junto con exiliados españoles. Llega a Leningrado el 18 de junio. Al día siguiente, se reúne con su marido y su hija en Bólshevo, en las cercanías de Moscú. Descubre que su marido está gravemente enfermo del corazón. Detienen a su hija Alia el 27 de agosto, y a su marido, Serguéi Efrón, el 10 de octubre. Ambos son acusados con falsos testimonios, obtenidos mediante torturas, de espiar para Francia. Alia pasará 8 años en los campos de trabajo soviéticos y 6 de destierro. Serguéi Efrón será fusilado el 16 octubre de 1941. Sus últimas palabras fueron: “No soy un espía. He sido un agente leal del servicio secreto soviético”. Ambos fueron rehabilitados en 1955 y 1956, respectivamente. Su hijo Mur murió en 1944, durante la Segunda Guerra Mundial. Su hermana Anastasia es detenida el 2 de septiembre de 1937 y condenada a diez años de trabajos forzados por actividades contrarrevolucionarias. En 1959 fue rehabilitada. Después de la muerte de Stalin, Alia dedica su vida a ordernar el archivo de su madre y dar a conocer su obra en la Unión Soviética.

Para sobrevivir en la Unión Soviética de 1939-1941, la época de mayor terror estalinista, en la que ser escritor era el oficio más peligroso, Marina Tsvietáieva acepta algunos encargos de la Unión de Escritores, conseguidos gracias a la ayuda de Borís Pasternak, para realizar traducciones de poetas georgianos, franceses y polacos. A lo largo de 1940 prepara una antología de su poesía, que no se publica hasta 1966. El 21 de junio de 1941 Alemania invade la Unión Soviética. Marina Tsvietáieva es evacuada, junto con otros escritores, a la pequeña localidad de Yelábuga, situada a las orillas del río Kama, en la República de Tartaria (Tatarstán), cuya capital era Kazán. Desesperada, en la más absoluta miseria, el 26 de agosto solicita un puesto de lavaplatos en la cantina de la Unión de Escritores de Chistopol. Se lo deniegan. La policía secreta, entonces llamada NKVD, le presiona para que trabaje como agente, en calidad de traductora e intérprete de alemán. Se niega a hacerlo. El 28 de agosto, se encuentra con Lidia Chukovskaia, que intenta ayudarla buscándole alojamiento en Chistopol. Regresa a Yelábuga con intención de trasladarse a Chistopol, pero el 31 de agosto de 1941 acaba con su vida. Poco antes había escrito en su diario: “Tengo mala conciencia de estar viva. El heroísmo del alma es vivir; el del cuerpo, morir”. “Caí en un callejón sin salida”, escribe a sus familiares en su última carta.

3

Marina Tsvietáieva se vio separada de su marido y bloqueada en el Moscú de la revolución con dos niñas pequeñas, desde octubre de 1917 hasta el 29 de abril de 1922, fecha en que sale de la Unión Soviética a través de Riga para dirigirse a Berlín. Son años trágicos: de separación familiar, de gran carestía de alimentos y de alojamientos, de hambrunas, de caos y del llamado comunismo de guerra. La buhardilla, hoy la llamaríamos dúplex, que era propiedad de la familia de Serguéi, va a ir poblándose poco a poco de nuevos inquilinos: primero, unos anarquistas, más tarde el comunista Zaks, ayudante personal de Dzerzhinski, el creador y director de la Checa, la policía política del nuevo régimen, después la familia de un zapatero. La casa se transforma en una komunalka, un piso compartido. Hay cortes de luz y de agua. Para sobrevivir, Marina vende todo lo que puede: el piano de su madre, la biblioteca familiar, las joyas, los muebles… Incluso sierra las vigas de la casa como leña para la estufa. Los alimentos básicos se racionan. Hace colas interminables, recurre al trueque y a la beneficencia para poder alimentar a sus hijas. Recibe la ayuda de sus vecinos y amigos, entre ellos el propio Zaks, que le consiguió en noviembre de 1919 un trabajo en el Comisariado para las Nacionalidades, que entonces estaba dirigido por Stalin. Trabajó allí seis. Lo abandona y decide que la poesía será, a partir de entonces, su único oficio. Un oficio nocturno, pues de día se ocupará de criar a sus hijos y de cuidar a la familia. En este ambiente tan caótico y tan crudo y duro, soportando toda clase de infamias y miserias, Tsvietáieva consigue conciliar la vida familiar con la escritura. De día, cuida de sus hijas. De noche, compagina la creación poética, con la escritura en sus cuadernos una originalísima prosa autobiográfica que será la base de Indicios terrestres (Zemnye primety), una especie de diario de un poeta del Moscú de la revolución, libro que intentó publicar en Berlín en 1923, pero Abram Vishniak, director de la editorial Helikon, que también se distribuía entonces en la Unión Soviética, le pidió que quitara los pasajes “políticos”. Eran las mismas razones que había esgrimido antes el editor para no publicar Campamento de cisnes.

“Entre 1917 y 1922 me surgió un libro de poemas así llamados civiles (sobre los voluntarios blancos). ¿Escribí yo el libro? No. El libro surgió. ¿Para el triunfo de la idea blanca? No. Pero la idea blanca triunfa en ellos. Inspirada en las ideas de los voluntarios, me olvidé de ella desde la primera línea –recordé sólo una línea– y me encontré con ella tras poner el punto final, con el ideal vivo de los voluntarios, encarnado al margen de mi voluntad. La garantía de la eficacia de la poesía llamada civil estriba precisamente en la ausencia del momento civil en el proceso de escritura, en la individualidad del momento puramente poético”, escribió en 1926 Tsvietáieva en Poet o kritike (El poema sobre la crítica), sobre Campamento de cisnes (Lebedinyj stan),  un libro único de una poeta única. El poemario está dedicado a su marido, Serguéi Efrón, que se alistó como voluntario en la Guardia Blanca, y reúne 56 poemas escritos en Moscú por Marina Tsvietáieva entre el 2 de marzo de 1917 y el 30 de diciembre de 1921 (según el viejo calendario ruso juliano), es decir, entre la abdicación del zar Nicolás II y la fecha oficial del final de la Guerra Civil rusa. Se ha considerado como diario lírico del Moscú revolucionario, poesía contrarrevolucionaria, canto a la Guardia Blanca, panegírico de la monarquía rusa y crónica poética de las Revoluciones de 1917 y de la Guerra Civil rusa. Y en efecto, Campamento de cisnes es todo eso, y mucho más. Pero, sobre todo es una de las obras más extraordinarias, complejas y enigmáticas de la poesía rusa de todos los tiempos. Y quizás, por eso mismo, se trata de un libro profundamente incomprendido e infravalorado. La interpretación más simple y directa es considerarlo un canto a la Guardia Blanca. En todo caso, sería un canto atípico, que expresa una incómoda y heterodoxa idea de la cultura y de la sociedad rusas. Eso se debe a la asombrosa capacidad mitopoética (asociativa, simbólica, mitificadora y desmitificadora) de Tsvietáieva. A primera vista, en una primera lectura, parece tratarse de anacrónicos raptos poéticos y de extáticas, casi místicas y apocalípticas plegarias en favor de los zares y de la “Vieja y Santa Rusia”. Pero, si bien se mira, si bien se lee, puede encontrarse en esta obra una profunda y conmovedora elegía de Rusia, que constituye la gran crónica poética de la muerte del espíritu ruso, encarnada en la abrupta desaparición de la vieja Rus, el advenimiento violento de una nueva Rusia a partir de las dos revoluciones de 1917 (la de Febrero, que supuso la caída de la monarquía,  y el golpe de Octubre, que impuso un nuevo sistema político y social basado en los soviets que llevaría a la proclamación de la RSFR, la República Socialista Federativa de Rusia, en 1918 y a la posterior creación de la Unión Soviética en 1922) y la trágica y cruenta Guerra Civil (1918-1921). En este sentido, se trata, por una parte, de una obra de gran aliento elegíaco y épico, equiparable en la cultura rusa al Cantar del príncipe Ígor, y por la otra, de una respuesta lírica a Los doce, el gran poema revolucionario de Alexánder Blok, con el que entabla un extraordinario diálogo. Para situar inicialmente en una perspectiva correcta de lectura Campamento de cisnes (1917-1921), es necesario indicar que forma parte, junto con el poema largo Perekop (1928) yel Poema sobre la familia del Zar (1929-1936), de la poesía cívica de Marina Tsvietáieva. A ellos, habría que añadir los Versos a Chequia (1938-1939), escritos contra la ocupación nazi. Esta trilogía histórica de Tsvietáieva constituye una elegía de Rusia, concebida como réquiem o canto fúnebre por la idea de la vieja y santa Rus, encarnada en el poder del zar y en el cristianismo ortodoxo. Ahora bien, no se trata de una defensa de la Rusia tradicional, sino de un lamento por la pérdida de la tradición rusa, que conlleva, por una parte, una destrucción de la identidad cultural del espíritu ruso; y, por otra, una pérdida de la libertad individual, que para Tsvietáieva es el valor supremo de la vida humana. Aun cuando Campamento de cisnes surge de una situación existencial concreta, la vida privada y familiar de Tsvietáieva en el Moscú de la revolución y de la guerra civil, la poeta se sitúa en un plano intemporal que trasciende el ámbito social e histórico de su época para acceder a una especie de intemporalidad, desde la que contempla e interpreta los sucesos que cuenta, como fiel cronista, o más bien, poeta-cronista del otro mundo. Con otras palabras, Tsvietáieva interpreta su época a través de la continuidad histórica del espíritu ruso, en una especie de marcha fúnebre o perpetuum poético, como si la contemplara cien o doscientos años después de su muerte. Esta original y sorprendente forma de describir e interpretar a través de la elegía la época de la revolución y de la guerra civil rusa constituye la esencia de su trascendente poética cívica, a la que accede por primera vez en Campamento de cisnes. Épica y lírica parecen fundirse en el tono elegíaco que marca el inicio de la madurez poética de una de las mejores y más originales poetas del siglo XX. Aquí comienza y se despliega, de modo fascinante, la poesía fractal, magmática y arborescente de Tsvietáieva. Todo parece confluir en ella. Como escribió la poeta: “Mis versos son un diario íntimo, mi poesía – una poesía de nombres propios”. Tsvietáieva concibe la poesía como diario íntimo. “Si yo soy yo, todo lo que está vinculado a mí, tiene sentido y es importante”, confiesa la poeta. Para ella, la poesía es una poderosa energía vital, capaz de cambiar el mundo. Por eso escribe desde el yo existencial, autobiográfico y memorialístico, como si fuera “estenógrafa de la Vida”. “Toda mi escritura consiste en prestar oído (…) Mi especialidad es la vida. Los versos son mi existencia”, confiesa Tsvietáieva. Todo confluye en su poesía, la vida cotidiana y el mundo espiritual (psíquico). Tavietáieva es consciente de que “ser contemporáneo es crear el propio tiempo y no reflejarlo”. Por eso, su poesía surge como visión soñada de la realidad, percibida a través de la conciencia. Una imagen creada a partir de una poderosísima, sorprendente imaginación poética. La poesía es vivida (creada) a través de la conciencia, de un ideal ético del poeta, un ideal po-ético. La poesía es así portadora de la verdad po-ética. Es una sublimación reveladora de la propia verdad, una transfiguración de sí misma y una transmutación trágica del mundo, en la que Rusia y la Revolución Rusa encarnan esa tragedia, como afirman estos versos de Carta de Año Nuevo: «Quien en Rusia haya estado, el otro mundo en éste/ ha contemplado». Joseph Brodsky explicó en el ensayo de 1981 Nota al pie de un poema que Tsvietáieva nunca aceptó la Revolución rusa: “Naturalmente que no la aceptó: pues «aceptar» las carnicerías humanas, independientemente de los ideales en cuyo nombre se cometan, significa hacerse cómplice y traicionar a los muertos (…) Tsvietáieva hizo algo más sustancial que no aceptar la Revolución: la comprendió perfectamente, como una revelación absoluta –hasta los huesos– del meollo de la existencia”.  Campamento de cisnes, como elegía, simboliza en la muerte de personas concretas la tragedia de la revolución rusa.

Campamento de cisnes es un libro complementario de Zemnije zamety (Índices terrestres), las memorias fragmentarias en prosa que escribió entre 1917 y 1921, y que componen un diario íntimo y una crónica poética de la revolución rusa. En Campamento de cisnes, la muerte de su segunda hija Irina (nombre que en griego significa “paz”), nacida en abril de 1917 y muerta de inanición en un orfanato soviético en marzo de 1920, encarna la tragedia de la revolución y de la guerra civil rusa. La nana o canción de cuna que Tsvietáieva le canta es la elegía más desgarradora. El fusilamiento del zarévich Alexéi, junto con el de toda la familia real rusa, representa para Tsvietáieva la muerte de la inocencia. El asesinato de tres jóvenes cadetes que estaban de guardia por parte de una turbamulta y el ahogamiento en un río de vino de dos revolucionarios tras el asalto de las bodegas de Feodosia resaltan y simbolizan la violencia trágica y absurda de la Revolución rusa. El suicidio en febrero de 1918 del actor, amigo de Tsvietáieva, Alexéi Stajóvich, señala para la poeta el final de la cultura ilustrada y del arte. La muerte de los soldados de la Guardia Blanca al cruzar el río Don, significa para ella la derrota del Ejército Blanco en la Guerra Civil, que ella interpreta como la muerte del espíritu ruso. De todas esas muertes, Tsvietáieva se siente culpable. Y sus versos elegíacos son un profundo lamento que ella entona a modo de súplica, para pedir compasión y piedad, y poder llevar así consuelo a todos los muertos. También como un conjuro o exorcismo, Tsvietáieva se identifica con Yaroslavna, la mujer del príncipe Ígor, y pide a las fuerzas de la naturaleza que le devuelvan a su amado, el oficial de la Guardia Blanca Serguéi Efrón, con el que estaba casada. Otras transfiguraciones del yo de Tsvietáieva, como héroe lírico de Campamento de cisnes, son Marina Mniszek (1588-1614), la princesa polaca que se casó con el falso Dmitri, y Sofía Alexéievna (1657-1704), regente desde 1682 a 1689. Y también, a modo de ascesis transfiguradora, Tsvietáieva se identifica con el poeta francés André Chénier, guillotinado en nombre de la Revolución Francesa, pues la muerte del poeta es su propia muerte.

Al igual que muchos intelectuales rusos de la época, Marina Tsvietáieva no se opuso a la idea de revolución. De hecho, apoyó, desde posiciones anarquistas, la revolución de 1905, y condenó la represión por parte del poder zarista. “Lo que atrae a Tsvietáieva en la idea de revolución –considera Todorov– es el desencadenamiento de los elementos, el rechazo del orden existente, la audacia inconformista. Entonces piensa que la revolución representa una liberación que cada cual debe proseguir en su propio espíritu”. Para ella, se trata de una revuelta interior. A diferencia de los poetas, los revolucionarios aspiran a arrebatar el poder para hacerlo más fuerte. Tsvietáieva condena esa visión revolucionaria del poder bolchevique, al que hace responsable de la desaparición de las formas de existencia anteriores, de conducir a la desorganización de la vida social y material, provocar el hambre, reprimir a la oposición, suprimir la libertad de expresión, instaurar una férrea censura, crear una policía política, la Checa (justo el día después del triunfo del golpe del 25 octubre, 7 de noviembre en el calendario gregoriano), para controlar a la población. En suma, para ella, el mal es el bolchevismo. “La victoria de los bolcheviques en noviembre de 1917 –señala Todorov– aporta a la vida de Tsvietáieva la indigencia y la destrucción. Se pone en cuestión la propiedad privada, se expropian los bienes, se rompe la continuidad entre generaciones. De la noche a la mañana, Tsvietáieva, lo mismo que tantos otros, se encuentra sin recursos y descubre el nuevo rostro de la revolución: el hambre”.

Por otra parte, cabe considerar Campamento de cisnes como un libro escrito desde el futuro. En él, Tsvietáieva se sitúa por encima del conflicto entre Rojos y Blancos, considerando los dos ejércitos al mismo nivel.  “Esta vez –continúa Todorov –, se trata de un punto de vista suprapolítico, sencillamente humano. Considera que el fanatismo se encuentra en ambos bandos, también la violencia y el sufrimiento. En esa lucha descarnada por el poder no se reconoce en ninguno de los contendientes. La inmensa energía empleada en objetivos tan insustanciales le parece inútil, y está dispuesta a llorar las víctimas de unos y otros, con independencia del color (…) [Tsviétáieva] no hace valoraciones políticas, no analiza ni juzga las fuerzas colectivas, sino que describe las experiencias de los individuos desde un punto de vista sencillamente humano (el ser humano no se reduce a las ideas que profesa), no defiende una tesis, sino que pretende captar una verdad”. “Unos me creen bolchevique; otros, monárquica; otros, ambas cosas, y ninguno comprende de qué se trata”, escribe Tsvietáieva en 1919, tras recitar con gran éxito poemas de Campamento de cisnes en el Moscú revolucionario. “El tiempo me encargó una orden de la conciencia por todos aquellos, puros de corazón, que fueron asesinados y jamás alabados, que no pueden ser alabados. En mi obra, la orden de la conciencia prevalece sobre el encargo del tiempo, y esto garantiza que en ella el amor prevalezca sobre el odio. Yo, al contrario que todo el Moscú contrarrevolucionario y de la emigración, nunca he odiado tanto a los rojos como amado a los blancos”, explicará Tsvietáieva en El poeta y el tiempo. Parece una temeridad o una contradicción, pero es un modo de afirmar la dignidad de la poesía y la universalidad del dolor, una perspectiva vital. Así, el día del triunfo de la revolución de febrero, Tsvietáieva escribe una elegía al zar, en forma de plegaria, aunque éste aún no ha muerto, pero en otro poema señala sus errores, y le hace responsable del triunfo de la revolución. Por otra parte, critica con dureza la figura del zar Pedro I. Por tanto, debemos leer Campamento de cisnes no como un libro político, sino como una elegía de Rusia, como un lamento por la pérdida del espíritu ruso. Pues Tsvietáieva cree en las personas, en los individuos, no en las ideas. Y como poeta cree que su misión es comprender y reconciliar, pedir piedad, tener compasión y cantar la tragedia con un largo lamento:

Yacen todos juntos –
No los separes.
Fíjate: un soldado.
¿Dónde está el nuestro? ¿Dónde el vuestro?
Era blanco – y se hizo rojo:
La sangre lo enrojeció.
Era rojo – y se hizo blanco:
La muerte lo blanqueó.

Desde esa perspectiva humanista, Campamento de cisnes es un poderoso y conmovedor alegato a favor de la reconciliación y la concordia.


Bibliografía, notas y fuentes:

[i] Existen numerosas traducciones de su obra al castellano, sobre todo de su prosa  y en menor medida de su poesía y de su teatro.

Poesía

Tres poemas mayores, introducción de Elizabeth Burgos, trad. Elizabeth Burgos, Lola Díaz y Severo Sarduy, Madrid, Hiperión, 1981.

Poemas escogidos, trad. Nina Turchenko, Sonia Cornellá y Antonio Alvar, Madrid, Rubiños-1860, 1994.

Antología poética, introducción de Elizabeth Burgos, trad. Lola Díaz y Severo Sarduy, Madrid, Hiperión, 1996.

Anna Ajmátova y Marina Tsvietáieva, El canto y la ceniza: Antología poética, prólogo de Olvido García Valdés, epílogo de Monika Zgustova, trad. Monika Zgustova y Olvido García Valdés, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2005.

Tres poemas, introducción de Laura Estrin, trad. Irina Bogdaschevski, Córdoba (Argentina), Alción Editora, 2006.

Cazador de ratas, introducción de Laura Estrin, trad. Irina Bogdaschevski, Buenos Aires, Paradiso, 2007.

Antología 100 poemas, trad. J. L. Reina Palazón, Madrid, Visor, 2009.

Noche mía, rival mía, trad. Natalia Litvinova, Buenos Aires, Llantén, 2017.

Campamento de cisnes. Versos a Blok. Poesía elegíaca, trad. Jesús García Gabaldón, Medellín (Colombia), Sílaba/Samsa, 2020.

Dramas líricos

Ariadna, trad. de Tatiana Gritzái Bielova y Carlos Iniesta García, Guadarrama, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2006.

Dramas, introducción de Laura Estrin, trad. Irina Bogdaschevski y Fluvio Franchi, Buenos Aires, Años Luz, 2019.

 Prosa autobiográfica

Borís Pasternak, Marina Tsvietáieva, Rainer Maria Rilke, Cartas del verano de 1926, ed. e introd. K. M. Azadovski, E. Pasternak y E. Pasternak, trad. Selma Ancira y Tatiana Bubnova, México, Siglo XXI, 1984.

Carta a la Amazona y otros escritos franceses, introducción de Elizabeth Burgos, epílogo de Hélène Cixous, trad. Elizabeth Burgos y Severo Sarduy, Madrid, Hiperión, 1991.

El diablo, trad. Selma Ancira, Barcelona, Anagrama, 1991.

Indicios terrestres, Selma Ancira, Madrid, Cátedra, 1992. (Reeditado como Diarios de la revolución de 1917, Barcelona, Acantilado, 2015).

El relato de Sóniechka, trad. Reyes García Burdeos, Castellón de la Plana, Universidad Jaume I, 2002.

Locuciones de la Sibila, trad. Reyes García Burdeos, Castellón de la Plana, Ellago, 2008.

Confesiones: vivir en el fuego, ed. Tzvetan Todorov, trad. Selma Ancira, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2009.

Mi Pushkin, trad. Selma Ancira, Barcelona, Acantilado, 2009.

Borís Pasternak, Marina Tsvietáieva, Rainer Maria Rilke, Cartas del verano de 1926, ed. e introd. K. M. Azadovski, E. Pasternak y E. Pasternak, trad. Selma Ancira y Adan Kovacsic, Barcelona, Minúscula, 2012.

Mi madre y la música, trad. Selma Ancira, Barcelona, Acantilado, 2018.

Diarios de la revolución de 1917, trad. Selma Ancira, Barcelona, Acantilado, 2018.

Mi hermano femenino: Carta a la amazona, prólogo y trad. José Fructuoso, Madrid, Flores Raras, 2018.

Mi padre y el museo, trad. Selma Ancira, Barcelona, Acantilado, 2021.

Ensayo literario

El poeta y el tiempo, trad. Selma Ancira, Barcelona, Anagrama, 1990.

Mi Pushkin, trad. Selma Ancira, Barcelona, Destino, 1995.

Un espíritu prisionero, prólogo de Irma Kúdrova, epílogo de Ana María Moix, trad. Selma Ancira, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 1999.

Natalia Goncharova: Retrato de una pintora rusa, trad. Irina Bogdaschevski, México, Era, 2001.

Natalia Goncharova: Retrato de una pintora, trad. Selma Ancira, Barcelona, Minúscula, 2006.

Viva voz de vida, trad. Selma Ancira, Barcelona, Minúscula, 2008.

Ensayos, trad. Reyes García Burdeos, Ponte Caldelas, Ellago, 2012.

Retratos, introducción de Laura Estrin, trad. Irina Bogdaschevski y Fulvio Franchi, Buenos Aires, Años Luz, 2013.

 Correspondencia

Una dedicatoria: fragmentos de las cartas de Marina Tsvietáieva a Alexander Bajraj, México, Universidad Iberoamericana, 1997.

Cartas de Wilno 1934-35, trad. del francés Jorge Segovia y Violeta Beck, Maldoror, 2006.

Aquel verano: correspondencia 1928-1933, trad. del francés Jorge Segovia y Violeta Beck, Vigo, Maldoror, 2008.

En el país del alma: Cartas de amor y literatura, prólogo de José Luis Reina Palazón, traducción de Lola Díaz, Zaragoza, La Poesía, señor hidalgo, 2008.

Cartas de amor a Konstantín Rodzévich, trad. Reyes García Burdeos, Sevilla, Renacimiento, 2018.