Humor negro vitreo y acuoso

Antonio Duarte
Profesor en la Universidad Complutense de Madrid

Imagen: Diego Cuesta

1. Introducción

En este artículo abordaré preliminarmente y de manera poco exhaustiva qué es esto del humor negro y si alguna caracterización precaria puede iluminar un escenario tan negro, a priori; como al hablar del humor siempre estamos ante un tribunal de expertos, dado que todos lo practicamos, lo padecemos o lo disfrutamos, mi intención es compartir algunas ideas sobre el humor negro con expertos (cualquiera de nosotros o nosotras) interesados en el tema. No me detendré en detallar las diversas teorías sobre el humor como la teoría de la superioridad, teoría del alivio o teoría de la incongruencia (ver, por ejemplo, Llera 2021), aunque por descontado que en el humor negro habrá alivio, habrá superioridad y habrá incongruencia, sin embargo, no siempre ni exclusivamente.

De manera especial me propongo reflexionar acerca de este humor negro sobre la muerte o sobre temas existenciales a los que estamos todos expuestos, como el fracaso, la enfermedad, la soledad o las adicciones. Este humor es el que Freud describe como «un elevado humorismo» (Freud 1996, p. 210) ya que reconoce el dolor, el sufrimiento y la futilidad, pero muestra «algo semejante a lo que denominamos ‘grandeza de ánimo’ en la energía con la que el sujeto se aferra a su ser habitual, volviendo la espalda a todo aquello que le conduce a la muerte y puede antes provocar su desesperación» (Freud 1996, p. 209). Hablando un poco retóricamente, este humor surge como argumento ante la propia vida. No solo es una manera sana de sobrellevar el destino, sino que, quizás, es casi la única alternativa de réplica argumentativa que se nos concede. Cuando uno se halla en el abismo, la argumentación racional sobre “¿qué he hecho yo para merecer esto?” es completamente infructuosa pues todos hemos aprendido que la salud, el éxito o la felicidad, aunque puedan trabajarse en cierta medida, no siempre acompañan a los justos merecedores de tales beneficios. De igual manera, ante la enfermedad, el fracaso o la infelicidad no podemos recurrir a una ley universal que nos indique que el grado de desgracia acumulada es proporcional a nuestros excesos o patinazos sociales y emocionales. No hay respuesta, pues, ante nuestros argumentos racionales: “pero si yo siempre he llevado una alimentación saludable”, “si es que mi comportamiento fue intachable” … Me atrevería a decir que la única forma de ganar o perder la partida (esto lo decidirá el destino y no nosotros) es hacerlo con una buena dosis de humor negro sobre la existencia. Llegaré a que este tipo de humor será el humor negro vítreo, pero vamos a ir poco a poco revelando el juego de términos humorísticos y oculares.

2. Los humores. La bilis negra.

Empezaré con una introducción muy breve sobre el término y los humores. Todos sabemos que la palabra humor tiene origen en el griego, pero que como tal procede del latín humoris que propiamente significa ‘líquido, humedad’. Los antiguos griegos mantenían que el cuerpo humano contenía cuatro humores, líquidos o fluidos, que se relacionan con los cuatro elementos (Aire, Fuego, Tierra y Agua). Los humores eran: sangre (aire), bilis amarilla (fuego), bilis negra (tierra) y flema (agua). Cuando estos humores estaban en equilibrio se decía que las personas estaban de buen humor. La bilis negra o humor negro, cuando era predominante, pensaban que producía pesimismo, tristeza o melancolía. En griego ‘negro’era mélanos y ‘bilis’ kholé de ahí que al que estaba empapado de esta bilis negra se le llamara ‘melancólico’ (melankholikós). Como vemos, la bilis negra aludía al elemento tierra, y de algún modo seguimos entendiendo el humor negro como algo escatológico, en su sentido de relación con las realidades últimas (del griego eschatos ‘último’ y logos ‘estudio’).

La conexión del término humor con lo cómico es algo bastante moderno. Esta asociación se la debemos a la lengua inglesa de finales del siglo XVII y, por ello, se suele vindicar a Jonathan Swift (Dublín 1667-1745) como el referente fundamental de esta nueva relación (Critchley 2010, p. 96-99). De hecho, Swift es, además, uno de los referentes más conspicuos de esto que llamamos humor negro. Tanto Los viajes de Gulliver como Una humilde propuesta son claras muestras no solo de humor en general, sino de humor negro en particular.

Para empezar a abrir este extraño y multiforme cuerpo del humor negro, podríamos empezar con el escalpelo nietzscheano ya que Nietzsche relacionaba ‘la risa’ con lo que Freud llamaba Tánatos, es decir, con la ‘pulsión de muerte’. De algún modo, el animal humano es el único que se ríe porque sufre de una manera atroz: «[t]al vez yo sepa por qué sólo se ríe el hombre: sólo él sufre tan profundamente que ha tenido que inventar la risa. El más desgraciado y melancólico de los animales es, naturalmente, el más jovial» (cita de Nietzsche en Critchley 2010, p. 123). El humor negro corresponderá a esta fuerza dionisiaca (ver Eagleton 2021, p. 23) que está cuidando siempre del cementerio y de todos sus barrios cercanos: sufrimiento, desesperación, melancolía…Y como esa cosa del humor es, en definitiva, una forma de ver, de mirar, de interpretar el mundo y sus avatares, no resultará descabellado, establecer aquí una clasificación muy laxa en relación con los humores oculares. Esto además tiene la apreciable ventaja de vincular el origen del propio término con su destino contemporáneo.

3. El humor: procesamiento y clasificaciones

Con el fin de buscar una delimitación más precisa del humor negro, relacionada con nuestro entendimiento actual del término humor, veamos la forma en que nuestra mente procesa esta actividad y algunas de sus clasificaciones generales.

Las investigaciones de la actividad neuronal sobre el humor confirman (ya que en cierto modo podíamos intuirlo) que esta actividad converge en nuestro cerebro hacia dos procesos de la apreciación del humor: un componente cognitivo sobre la detección e incongruencia y un componente emocional relacionado con los procesos mentales de sensación de alegría o recompensa (Vrticka et al. 2013). Además, el estímulo se crea de manera dependiente entre estos dos procesos. No es de extrañar, por tanto, que las clasificaciones del humor se centren o circunscriban a estos dos componentes: cognitivo y emocional.

Arthur Asa Berger, un prestigioso investigador del humor y autor de más de sesenta libros sobre temas como la industria de los cómics, ha identificado hasta 44 tipos distintos de humor. Sin embargo, con el fin de hacer una clasificación manejable, los agrupa en cuatro categorías fundamentales: lingüísticos, lógicos, activos y basados en la identidad. La caricatura, por ejemplo, sería humor centrado en la identidad (Weems 2015, p. 37). Vemos que esta distinción se basa sobre todo en el componente cognitivo del humor.

Por otro lado, para muchos estudios sobre personalidad o psicopatías donde se analiza el procesamiento y los gustos humorísticos como elemento asociado a ciertos caracteres o trastornos, la clasificación de los tipos de humor está centrada en el componente emocional. Me parece muy significativo que, en general, también se distingan aquí solamente cuatro tipos de humor: afiliativo, de autorefuerzo o autoalentador, agresivo, y autodestructivo o autodespreciativo Sin duda, esta distinción está basada en la relación del humor con uno mismo y con el otro y, según esta clasificación, los investigadores de estas áreas (ver, por ejemplo, Tucker et al. 2013,  Zeigler-Hill et al. 2016, Willinger et al. 2017) han encontrado tendencias que correlacionan conductas narcisistas con el uso del humor autoalentador, psicopáticas y conductas antisociales con sujetos que disfrutan con el humor agresivo, niveles bajos de depresión en personas que tienden al humor afiliativo o una preferencia por el humor autodestructivo en individuos con tendencias suicidas. Es también significativo que, en estados graves de depresión o trastornos psíquicos profundos, el procesamiento cognitivo también se ve reducido o alterado, evidenciando esta dependencia entre los estímulos cognitivos y emocionales en el procesamiento humorístico (Vrticka et al. 2013).

Sin embargo, para la caracterización del humor negro que pretendo establecer, no encuentro nada que se ajuste a mi idea. Porque esto del humor negro con cierta carga de dosis argumentativa hacia la propia vida, ¿cómo lo clasificamos? ¿Autodespreciativo, autoalentador, afiliativo, agresivo? Puede tener cierta dosis de cada uno de estos aspectos. Lo que sí comienzo a vislumbrar es que estoy buscando una distinción que tiene más que ver con la vertiente emocional del humor que con la vertiente cognitiva.

4. El objeto de la risa en el humor negro

¿A qué llamamos humor negro? Sin duda, este término se aplica en circunstancias muy diversas y a intenciones también diversas, por eso pretendo establecer ciertas distinciones y parentescos en esta extraña y siniestra familia. Ya hemos dicho que este humor se refiere a lo liminar, lo marginal o lo abismal. No obstante, hay muchas formas de invocar a estos simpáticos compañeros de viaje.

Para poder caracterizar el humor, es importante distinguir a quién va destinada la risa. Es decir, a la triangulación de: bromista, blanco de la risa y riente. Alguien hace un chiste, alguien es víctima del mismo y alguien se ríe con él. Respecto al humor negro, especialmente importante me parece si el que cuenta el chiste, hace la broma, profiere el suceso es o no también víctima del mismo. Veamos el chiste:

Paciente: ¿Cuánto tiempo me queda de vida?

Médico: Diez.

Paciente: ¿Diez qué? ¿Años? ¿Meses? ¿Semanas?

Médico: No, no; diez, nueve, ocho, siete… (Eagleton 2021, p. 23)

Salvo que estemos en una situación parecida, el objeto del chiste se dirige hacia los otros. Ni el riente ni el que cuenta el chiste están en la situación vital del paciente. Sí de un modo más elíptico, en tanto en cuanto la muerte nos alcanza a todos y de este modo hacemos frente a nuestra propia caducidad que, mediante esta humorada negra, suspendemos por unos segundos. Esto entronca con el hecho de que muchas veces se toma como sinónimos el humor negro y el humor macabro. En inglés, por ejemplo, hasta donde yo sé, black humour, dark humour, morbid humour, sick humour o gallows humour (humor de la horca) son expresiones que describen un mismo fenómeno y se usan de manera intercambiable para referirse al humor o comedia sobre temas tabú. Las formas de humor que surgen tras desgracias como atentados, asesinatos truculentos o el propio humor de Rabelais descuartizando los cuerpos de los personajes detestables de sus obras, los incluiría en esto que podríamos denominar humor macabro, tipo de humor que no vamos a ver aquí en profundidad.

No obstante, en muchas ocasiones, dentro de este bosque negro del humor, el bromista es el propio protagonista de la broma. Es decir, no nos reímos de otros que están al límite sino de nosotros mismos en una situación límite. Aquí, en esta triangulación a la que nos referíamos, podríamos decir que el bromista es uno y trino. Porque no solo es el que hace el chiste, sino la víctima del mismo y también diría que es a quien, en mayor medida, va dirigido. Veamos con dos casos ejemplares a qué me estoy refiriendo: conocido es el martirio de San Lorenzo, al cual asaron en una parrilla hasta causarle la muerte. La leyenda afirma que justo antes de morir el mártir pidió a sus torturadores que le dieran la vuelta, puesto que ya tiene un lado muy hecho. El otro caso es el del dramaturgo Pedro Muñoz Seca, que murió fusilado el 28 de noviembre de 1936 en Paracuellos del Jarama. Se cuenta que sus últimas palabras hicieron honor a su profesión y bien podrían haber sido una astracanada, género que él mismo alumbró: “Podéis quitarme mi hacienda, mi patria, mi fortuna e incluso, como estáis al hacer, mi vida. Pero hay una cosa que no podéis quitarme: ¡El miedo que tengo ahora mismo!”.

En estos casos hay algo que añadir a los ingredientes que podemos registrar en el menú del humor negro. Sería ese elemento subversivamente ingenioso que incluso hace del humor una manera de inmunizarse de los torturadores, asesinos, secuestradores y por supuesto, de la misma muerte. Cicerón, en su famosa obra Sobre el Orador (siglo I a. C.) realiza un par de distinciones en torno al humor que considero importantes a este tenor: el ingenio se divide en cavillatio (ingenio prolongado) y dicacitas (pullas concretas). Afirma, además, que ninguna de estas formas de ingenio es enseñable, ya que depende de la naturaleza de cada uno (Beard 2022, pp. 187-188). Uno piensa que es difícil tener aprendido un chiste o broma cuando está en caída libre, como en los casos que hemos visto. Está claro que en estas narraciones abismales el carácter se impone ante una situación extrema y radical.

5. Humor negro de dicto y de re

Otra distinción de Cicerón que me gustaría rescatar antes de llegar a los humores oculares es la distinción entre el ingenio de dicto (en la forma verbal: una broma que depende de las palabras exactas con las que se diga) y el ingenio de re (en sustancia: broma que se puede decir de maneras distintas y siempre hace gracia, porque lo que haría gracia es la propia situación). Cicerón concluye que no todo lo que da risa (ridicula) es también ingenioso (faceta), siendo ingenio lo que busca Cicerón en el orador ideal (Beard 2022, pp. 188-189).

En muchos casos, el humor negro consiste en pasar de algo que de re no tiene ninguna gracia a una perspectiva de dicto que, distanciada, ridiculiza y suspende el gusano de re, metamorfoseándolo en un aleteo de dicto, como hacen San Lorenzo y Muñoz Seca. No obstante, siempre queda en el fondo del guiso un gusto amargo que da a estas cocciones un sabor agridulce, es decir, tragicómico. En la misma línea, el humor macabro que hemos apuntado antes donde el bromista no es el objeto de su broma, sería también un caso, quizás de cuestionable gusto, de humor negro de dicto.

En otras muchas ocasiones, lo ilustraremos a continuación con algún ejemplo, el humor negro surge de re. Nos cuenta Mary Beard en La risa en la Antigua Roma, la anécdota de Dion Casio (Beard 2022, pp. 16-18), miembro destacado de la vida política de principios del siglo III d.C. que llegó a ser cónsul y gobernador y autor de 80 volúmenes escritos en griego que cubre el período que va desde la mítica llegada de Eneas a Italia hasta sus propios días en el s. III d. C. Narra Dion un episodio concreto que le provocó una risa medio sofocada en un momento peculiar de histrionismo imperial. Después de dejar constancia de las amenazas del emperador Cómodo de ejercer su violencia hercúlea contra el público en general, el relato de Dion pasa a ocuparse de la amenaza intimidatoria de Cómodo a los senadores que estaban peligrosamente expuestos a sus ocurrencias en sus asientos de primera fila:

«Hizo algo más en esa misma línea a nosotros, los senadores, que nos dio buenas razones para pensar que estábamos a punto de morir. Esto es, mató un avestruz, le cortó la cabeza y vino adonde nos sentábamos levantando la cabeza con la mano izquierda y blandiendo la sangrienta espada con la derecha. No dijo absolutamente nada, sino que con una sonrisa burlona negaba con la cabeza para dejar claro que nos iba a hacer lo mismo a nosotros. Y, de hecho, muchos habríamos sido ejecutados allí mismo con la espada por reírnos de él (pues lo que se apoderó de nosotros fue la risa, más que la angustia) de no haber cogido yo unas hojas de laurel de mi corona y haberme puesto a masticarlas, convenciendo a los que se sentaban cerca de mí para que masticasen también, de manera que, con el movimiento continuo de nuestras bocas, pudiéramos disimular el hecho de que nos estuviéramos riendo» (Beard 2022, p. 17).

Dion añade que el aspecto absurdo del traje romano de gala también fue un factor que intervino en el hecho de que no pudiera contener la risa. Aquí, en esta anécdota, lo que encontramos es humor negro de re. Es decir, la risa surgida no por como ingeniosamente damos la vuelta a lo extremo, sino por la situación grotescamente cómica.

Este caso me recuerda de manera particular a la lámina de Miguel Noguera de un señor forzudo amenazando a una viejecita (ver Noguera 2018, pp. 70-71). De hecho, las viñetas de Miguel Noguera y antes aún en el tiempo las de Charles Addams (Addams 2009), colaborador de The New Yorker desde 1937 y creador de los siniestros personajes que posteriormente conformarían la mundialmente conocida Familia Addams, apuran el cáliz del humor negro de re, presentando situaciones en sí mismas tan grotescas que difícilmente no sonreiremos por el absurdo.

6. Humor negro vítreo y acuoso

Toda esta autopsia de estos cuerpos insepultos del humor negro nos lleva de modo inevitable a la clasificación que me gustaría proponer: la distinción de humor negro que tiene en cuenta este carácter innato de ciertas personas para reírse de uno mismo en situaciones extremas de la vida y que son capaces de transformar situaciones trágicas en humoradas. En cierta forma, divide el humor negro sobre lo conocido y sobre lo desconocido. Es decir, el humor negro sobre lo conocido por uno mismo, en el que uno está implicado en el propio chiste y el humor negro sobre lo desconocido, cuando uno pone el objeto del chiste en el otro o las desgracias ajenas. Así que, aunque se puede decir que todo humor negro se ríe de cuestiones existenciales del ser humano, el humor negro macabro, por ejemplo, para mí es acuoso y el negro con mayúsculas, el que es sobre uno mismo, es vítreo y creo que es el verdadero “elevado humorismo” al que apuntaba Freud.

Veamos ahora el porqué de vítreo o acuoso. Ni que decir tiene que me he decantado por el juego de palabras en relación con el ojo, conectando el humor intelectual y los humores oculares y volviendo así, en cierta forma, a los orígenes de la relación del término humor con los fluidos corporales. En el fondo, como ya hemos visto, el humor negro es una forma de ver el mundo, más permanente o accidental, pero, en todo caso, pasa por mirar de una forma concreta; ya sea aberrante, precaria, ácida, inconmensurable…

Anatómicamente el ojo se divide en tres secciones: la cámara anterior, la cámara vítrea y la cámara posterior. El humor acuoso es el líquido presente en la cámara anterior del ojo, entre la córnea y el cristalino. Este nutre los tejidos adyacentes que carecen de vasos sanguíneos y ayuda a conservar la estructura del ojo, permitiendo que veamos correctamente. El humor acuoso está en constante circulación, se regenera completamente cada 90 días y su formación es sensible al ritmo circadiano del cuerpo. Cuando este fluido no se drena convenientemente, el humor se acumula y aumenta la presión dentro del ojo, pudiendo producir enfermedades como el glaucoma que, en su caso extremo, puede desembocar en ceguera. Por tanto, las patologías relacionadas con este humor están causadas precisamente por exceso de humor acuoso.

Por otro lado, la cámara vítrea está situada en la parte posterior del globo ocular, entre el cristalino y la retina, y está rellenada del humor vítreo. Este humor ocupa alrededor del 80% del ojo. La función fundamental del humor vítreo es que ayuda al ojo a mantener su forma esférica y la presión de este humor ayuda a mantener la retina en su lugar. A diferencia de lo que ocurre con el humor acuoso, el humor vítreo no se renueva, pues solamente se forma durante la vida embrionaria. Este líquido cambia poco hasta que entramos en nuestra quinta década, cuando comienza a reducirse. El trastorno más grave que implica al humor vítreo es un desprendimiento de retina que ocurre cuando el líquido vítreo se filtra a través de una rotura. Es decir, la patología más grave del ojo relacionada con el humor vítreo ocurre, precisamente, cuando perdemos este fluido. Otra característica de este humor es que es muy resistente a los fenómenos de la putrefacción y, en consecuencia, es usado para investigar el intervalo post mortem.

Espero que a estas alturas ya alguien haya adivinado por un razonamiento abductivo-analógico cómo quiero clasificar el humor negro atendiendo a las características de los humores oculares:

Humor negro vítreo: es innato, cambia poco a lo largo de la vida, modela nuestra personalidad, supera la putrefacción de la muerte y si lo perdemos es como si nos hubiéramos perdido a nosotros mismos. Este humor es una actitud ante la vida, por lo que modela las propias situaciones trágicas de re en humoradas de dicto, mostrando, en general, un ingenio prolongado (cavillatio). Siempre el implicado es objeto y protagonista de las bromas. Hay un halo de melancolía, volviendo aquí a la bilis negra, ya que es un humor sobre lo conocido y la propia experiencia vital. Es el humor a gran escala de Freud pues reconoce el dolor, el sufrimiento y la futilidad, admitiendo la realidad del ser, sin ánimo de encumbrarse o distinguirse sobre otros, pero muestra una magnífica superioridad sobre la situación real y, por tanto, es también enunciado como argumento ante la vida.

Humor negro acuoso: se regenera conforme a nuestros propios ciclos circadianos y es saludable en la dosis adecuada ya que un exceso puede producir ceguera. En este humor negro podría entrar el humor macabro o un humor más dirigido a los otros: humor que se recomienda usar con moderación. Trata sobre lo desconocido pues se aplica a situaciones desconocidas para el chistoso que solo podría entender haciendo un esfuerzo empático e imaginativo. No siempre tiene un carácter u objeto común. Cambia constantemente: por ejemplo, los chistes macabros que te pueden hacer de niño o adolescente comienzan a perder atractivo según nos hacemos mayores. En muchas ocasiones el humor negro acuoso es oportunista y veleidoso, suele regirse por un ingenio puntual (dicacitas) guiándose también por modas, y se usa a veces como arma arrojadiza o como forma de autoafianzarse frente a los demás.

Es en el abismo, en las situaciones extremas, donde podemos encontrar el humor negro vítreo en grado superlativo y donde mejor vemos su oposición con el humor negro acuoso, como nos han demostrado Muñoz Seca o San Lorenzo.

7. Coda y fin

Por último, y en relación con todo lo señalado, me gustaría darle una última vuelta de tuerca a eso que llamamos humor negro con los casos más radicales de humor negro vítreo de dicto: cuando lo que consideramos habitual, familiar o normal se torna macabramente humorístico; cuando vemos decrepitud donde aparentemente hay salud, cuando vemos sufrimiento donde hay placer, cuando, en definitiva, vemos situaciones extremas donde casi todos solo ven aparente normalidad. Recordando alguno de los grabados de la serie de Los Caprichos de Goya no será difícil adivinar a qué me estoy refiriendo.

Así que como última morgue de muestra y cerrando este macabro círculo, terminaré con Swift y con su coda final de Los viajes de Gulliver, en donde el protagonista, después de pasar por la tierra de los houyhnhnms, observa a su familia de yahoos convencionales como monstruosidades aborrecibles. Después de volver a su casa, describe así a su adorada familia:

«Mi mujer y demás familia me recibieron con gran sorpresa y alegría, pues me daban, sin lugar a dudas, por muerto; pero yo debo confesar con franqueza que a la vista de ellos me sentí inundado de aborrecimiento, repugnancia y desprecio, tanto más cuanto pensaba en los estrechos lazos que a ellos me unían» (Swift 2002, p. 381).

De hecho, Gulliver acaba por no dejar entrar a su familia en su habitación al verlos bajo esta mirada vítrea de lo grotesco. En esta mirada de Swift hay un filtro negro de bilis que resulta cómico, precisamente, porque Jonathan Swift fue, al menos hasta donde sabemos, un yahoo como otro cualquiera. Está claro que si fuéramos como los divinos houyhnhnms no tendríamos vicios ni debilidades, pero tendríamos la terrible desdicha, seguramente, de carecer de humor negro.


Agradecimientos: Este trabajo se ha realizado en el marco de los proyectos I+D+i “Prácticas argumentativas y pragmática de las razones 2” (PID2022-136423NB-I00), financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033/ y por “FEDER Una manera de hacer Europa” y “DESTERRA: Los sótanos de la desinformación. De usuarios a terroristas en la sociedad digital” (TED2021-130322B-I00), financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033/ y por la “Unión Europea NextGenerationEU/PRTR”, y del grupo de investigación de la Universidad Complutense de Madrid “Lenguaje, pensamiento y realidad” (nº 930174).


Bibliografía, notas y fuentes:

Addams, C. (2009 [2004]). La Familia Addams y otras viñetas de humor negro. Madrid: Valdemar.

Beard, M. (2022 [2014]). La risa en la Antigua Roma: Sobre contar chistes, hacer cosquillas y reírse a carcajadas. Madrid: Alianza.

Critchley, S. (2010 [2002]). Sobre el humor. Torrelavega, Cantabria: Quálea.

Eagleton, T. (2021 [2019]). Humor. Barcelona: Taurus.

Freud, S. (1996 [1905]). El chiste y su relación con lo inconsciente. Madrid: Alianza.

Llera, J. A. (2021 [2003]). “Una aproximación interdisciplinar al concepto de humor”. Signa: Revista de la Asociación Española de Semiótica, 12, 613–628. https://doi.org/10.5944/signa.vol12.2003.31734

Noguera, M. (2021 [2018]). Clon de Kant. Barcelona: Blackie Books.

Swift, J. (2002, [1726]). Los viajes de Gulliver, en Obras Selectas. Madrid: Austral.

Tucker, R. P., Wingate, L.R. R., O’Keefe, V. M., et al. (2013). “The moderating effect of humor style on the relationship between interpersonal predictors of suicide and suicidal ideation”. Personality and Individual Differences 54 (5), 610-615, https://doi.org/10.1016/j.paid.2012.11.023

Vrticka, P., Black, J. & Reiss, A. (2013). “The neural basis of humour processing”. Nature Reviews Neuroscience 14, 860-868. https://doi.org/10.1038/nrn3566

Weems, S. (2015 [2014]). ¡Ja! La ciencia de cuándo reímos y por qué. Barcelona: Taurus.

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