La representación del dolor en la infancia a través del séptimo arte

FJ González de Dios
Jefe de Servicio de Pediatría. Hospital General Universitario de Alicante y
profesor en la Universidad Miguel Hernández. Autor del proyecto “Cine y Pediatría”

Imagen: Sara Ramone

Aproximación a la experiencia del dolor

El dolor es una experiencia compleja y multifacética que va más allá de una simple sensación física. El dolor es una experiencia subjetiva (personal e intransferible) con componentes multidimensionales (y que involucra aspectos sensoriales, emocionales, cognitivos y sociales) y que tiene función protectora en el caso del dolor agudo, al actuar como una señal de advertencia (pues el dolor crónico puede perder esta función y convertirse en una condición debilitante por sí misma).

De forma habitual, el dolor físico se clasifica por su duración en agudo o crónico (presente durante meses o años), y se clasifica por su origen en nociceptivo (causado por la activación de receptores del dolor en respuesta a daño tisular), neuropático (por daño o disfunción del sistema nervioso, originando sensaciones como ardor, hormigueo o descargas eléctricas) y nociplástico (por alteraciones en el procesamiento del dolor en el sistema nervioso central, sin evidencia clara de daño tisular o nervioso). Pero todo dolor físico se rodea de aspectos psicológicos y sociales, especialmente si se prolonga en el tiempo, ocasionando un impacto emocional (que puede causar ansiedad, depresión o irritabilidad, entre otros) y social (en el entorno familiar, laboral y de las relaciones interpersonales).

Y si este dolor físico lo trasladamos a las distintas etapas de la Pediatría (desde el recién nacido al adolescente, pasando por el lactante y escolar) se convierte en un tema más complejo y crucial, ya que la infancia experimentan el dolor de manera diferente a los adultos, y su capacidad para comunicarlo varía según su edad y desarrollo. Y es en esta edad donde adquieren valor las escalas de dolor (ej. escala FLACC para lactantes, escala de caras de Wong-Baker para niños o escala numérica para adolescentes).

Pero más allá del dolor físico en la infancia, existen otros muchos dolores en esa etapa de la vida, como los dolores psicológicos y emocionales alrededor de las enfermedades crónicas y complejas, enfermedades raras, malos tratos, abusos sexuales, acoso escolar y tantas circunstancias alrededor de ese viaje que es la infancia y adolescencia.

El dolor físico en el cine

El dolor físico, como experiencia subjetiva, tiene una representación en el cine que puede variar según la perspectiva del director y el guionista. Es un tema complejo y no fácil de representar en el cine, y generalmente se ha centrado sobre el dolor crónico alrededor de la enfermedad, bien con carácter documental o de ficción, o sobre el dolor agudo como método de sufrimiento y tortura.

A nivel documental podemos destacar tres películas:

El dolor se aprende (Carlos Gómez, 2021), película española donde se destaca que el dolor crónico es un problema común en España con un 20% de la población afectada (más frecuente en mujeres que en hombres), si bien nos ofrece una dosis de esperanza mediante a través del conocimiento y la ciencia, en busca de transformar vidas y creencias de quienes sufren dolor crónico.

La belleza y el dolor (All the Beauty and the Bloodshed, Laura Poitras, 2022), film estadounidense donde se nos narra la vida de la artista Nan Goldin y su activismo contra la dinastía farmacéutica de los Sackler, responsables de la mayor epidemia de opioides de la historia de Estados Unidos.

Noah (Louise Brix Andersen, 2024), película española sobre Noah Higón, una joven activista de 26 años, quien ha convertido su lucha contra siete enfermedades raras e incurables en un mensaje de resiliencia y esperanza, aunque su vida haya estado marcada por pruebas, ingresos hospitalarios y operaciones arriesgadas, enfrentándose al dolor crónico y a la fragilidad de su salud. Una película documental fundamentada en el libro de Noah Higón, “De qué dolor son tus ojos”, publicado en 2020 por la editorial Esfera de los Libros.

A nivel de ficción, podemos enumerar varias películas y desde varias ópticas:

a) La óptica de la crítica frente a la adicción a los analgésicos:

Cake (Daniel Barnz, 2014), puro cine independiente donde Claire (Jennifer Aniston), es una mujer que lucha contra el dolor crónico y la adicción a los analgésicos, en una historia que explora el impacto devastador del dolor en su vida y sus relaciones.

El negocio del dolor (Pain Hustlers, David Yates, 2023), drama basado en hechos reales que contó con los actores Emily Blunt y Chris Evans para explorar la crisis de los opiáceos y el dolor que causa en las personas que se vuelven adictas a estos medicamentos.

b) La óptica del dolor físico en contextos extremos:

Johnny cogió su fusil (Dalton Trumbo’s Johnny Got His Gun, Dalton Trumbo, 1971), película de culto sobre Johnny Bonham (Timothy Bottoms), un joven combatiente de la Primera Guerra Mundial que despierta ciego, sordo y mudo y con las piernas y los brazos amputados a causa de una explosión sucedida durante un bombardeo. Una película basada en la novela homónima del propio director.

La pasión de Cristo (The Passion of the Christ, Mel Gibson, 2004), recreación detallada del sufrimiento físico de Jesús durante su crucifixión y que llega hasta tal extremo que bordea el cine gore. Es tal el baño de sangre que superó en controversia por las manifestaciones del dolor físico a su predecesora en este asunto bíblico como fue La última tentación de Cristo (The Last Temptation of Christ, Martin Scorsese, 1988).

Mar adentro (Alejandro Amenábar, 2004), la película que ha batido todos los récords de Premios Goya de nuestra filmografía (con 14 galardones), fundamentada en la historia real de Ramón Sampedro (Javier Bardem), quien lucha por su derecho a la eutanasia tras quedar tetrapléjico y arrastrar durante años el dolor físico y psicológico en su estado.

La escafandra y la mariposa (Le scaphandre et le papillon, Julian Schnabel, 2007), historia real inspirada en la autobiografía de Jean Dominique Bauby (Mathieu Amalric), carismático redactor jefe de la revista “Elle”, quien quedó atrapado por el síndrome del cautiverio (Locked-in syndrome) a causa de un accidente. Totalmente paralizado, sin poder comer, hablar, ni respirar sin asistencia, es capaz de dictar sus memorias letra por letra, moviendo sólo el párpado izquierdo, con la ayuda de Claude (Emmanuelle Seigner), una transcriptora, en lo que es un argumento que va mucho más allá del dolor físico.

127 horas (127 Hours, Danny Boyle, 2010), basada en la historia real de Aron Ralston (James Franco), un intrépido montañero y escalador norteamericano que se hizo famoso porque en mayo de 2003, durante una escalada por los nada transitados cañones de Utah, sufrió una caída y quedó atrapado dentro de una profunda grieta. Tras varios días inmovilizado e incapaz de encontrar una solución alternativa, tuvo que tomar una decisión drástica para sobrevivir, reflejo del dolor físico y psicológico extremo que puede soportar el ser humano.

El renacido (The Revenant, Alejandro González Inárritu, 2015), basado en la historia real del explorador Hugh Glass (Leonardo DiCaprio) en la América salvaje, donde resulta gravemente herido por el ataque de un oso y es abandonado a su suerte por un traicionero miembro de su equipo. Película épica sobre un hombre que lucha por sobrevivir en la naturaleza, donde se retrata el dolor físico y la determinación necesarios para sobrevivir en condiciones extremas.

c) La óptica del dolor físico extremo y la tortura:

Audition (Takashi Miike, 1999), thriller japonés con un giro perturbador relacionado con el dolor físico, pero que va más allá del género de terror, explorando temas psicológicos y sociales profundos. Y que puede interpretarse como una crítica de las relaciones de poder entre hombres y mujeres en la sociedad japonesa, donde el personaje de Aoyama (Ryo Ishibashi) representa el arquetipo del hombre dominante, mientras que Asami (Eihi Shiina) encarna la figura de la mujer oprimida.

Saw (James Wan, 2004), una saga de horror psicológico y físico donde los personajes deben soportar mutilaciones y torturas. Puro thriller gore sobre secuestros y asesinatos en serie rodado en un escenario único, película de culto que inició una saga con al menos ya diez secuelas, que van de Saw II (Darren Lynn Bousman, 2005) a Saw X (Kevin Greutert, 2023).

Hostel (Eli Roth, 2005), exploración del dolor infligido por el ser humano en un entorno de tortura a través de estos jóvenes universitarios en un tenebroso hotel de Eslovaquia. Puro cine de terror gore que abrió el camino de sus secuelas, cada vez de peor calidad cinematográfica: Hostel 2 (Hostel Part II, Eli Roth, 2007) y Hostel. De vuelta al horror (Hostel Part III, Scott Spiegel, 2011), en donde cambia el escenario, pero donde las víctimas son siempre jóvenes.

Martyrs (Pascal Laugier, 2008), una de las películas más extremas sobre el dolor físico y su relación con el sufrimiento trascendental. La película no escatima en mostrar el sufrimiento físico y psicológico de los personajes alrededor de la tortura y el maltrato, lo que la convierte en una experiencia difícil de ver para muchos espectadores, y plantea cuestiones éticas y morales. La historia explora los límites del sufrimiento humano y cómo este puede afectar la psique de una persona.

A Serbian Film (Srđan Spasojević, 2010), cine dentro del cine alrededor de Milo (Srdjan Todorovic), un actor porno que se sumerge en algo experimental que finaliza en una tormenta de depravación, violencia, snuff, pedofilia y drogas que lo dejan en un abismo de locura. Película serbia extremadamente gráfica y polémica, con escenas de violencia y dolor extremo.

– Pero el dolor físico extremo es demasiado recurrente en el cine, y se repiten secuencias muy violentas con demasiada frecuencia, como puede ser la violencia física de una pelea en Promesas del Este (Eastern Promises, David Cronemberg, 2007) o la violencia física de una violación en Irreversible (Irréversible, Gaspar Noé, 2002). Dolor físico justificado en pocas secuencias, pero explotado en demasiadas ocasiones. De todo ello y más nos habla Victor Aertsen (2017) en su artículo titulado “Hay películas que duelen: las sensaciones de dolor en el cine desde una perspectiva cognitiva”.

El dolor en la infancia y adolescencia a través de la gran pantalla

En enero de 2010 comencé un proyecto, por nombre Cine y Pediatría, con el objetivo de “prescribir” películas alrededor de la infancia y adolescencia a pediatras. Prescripción que luego se extendió a educadores y familias. Esto ha dado como producto ya 795 post en el blog Pediatría basada en pruebas, 14 libros publicados y más de mil películas analizadas al respecto. Y hago esta breve introducción porque de ese ingente número de películas alrededor de la infancia y adolescencia solo una de ellas habla del dolor físico y no lo hace en términos médicos, sino como metáfora: me refiero a la Insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis o CIPA (del inglés: Congenital Insensitivity to Pain with Anhidrosis).

La CIPA o Neuropatía hereditaria sensitivoautonómica de tipo IV (HSAN, del inglés: Hereditary Sensory and Autonomic Neuropathy) es una enfermedad muy rara (1 caso por cada 125 millones de recién nacidos, principalmente descrito en Japón y de ahí la denominación también como síndrome de Nishida), de herencia autosómica recesiva, provocada por daños en las vías nerviosas aferentes (que transmiten la información de entrada al sistema nervioso central) encargadas de transmitir la información sensorial correspondiente al dolor y a la temperatura. CIPA está causada por mutaciones en diversos genes, principalmente en el gen NTRK1 (del inglés: Neurotrophic Tyrosine Receptor Kinase). Una persona con CIPA es incapaz de sentir dolor y de detectar temperaturas extremas, tanto frío como calor. Por tanto, un paciente con CIPA presenta varios de los siguientes síntomas: episodios repetidos de fiebre, falta de sudoración, imposibilidad de detección de dolor y temperaturas extremas, heridas en la cavidad bucal, propensión a tener infecciones en los huesos, lesiones en las extremidades por automutilación y también pueden asociar retraso mental. La mayoría de estos pacientes no suelen alcanzar la edad de 10 años.

Estaba claro que una enfermedad de estas características era una enfermedad propicia a su reflejo en la pantalla. Series televisivas de gran éxito internacional como Anatomía de Grey o House han tratado en alguno de sus episodios el tema de la insensibilidad al dolor, y para ello nos ha mostrado historias que dejan ver la dificultad que supone hacer frente a esta enfermedad. Y en la gran pantalla también cabría mencionar como la famosa trilogía «Millenium» de Stieg Larsson también contaba, en su segunda novela y película, Millenium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Flickan som lekte med elden, Daniel Alfredson, 2009), con el personaje de “el gigante rubio” que tenía rasgos de esta enfermedad, aunque con otras características fantasiosas. O la aparición de Renard, el malo de James Bond en El mundo nunca es suficiente (The World Is Not Enough, Michael Apted, 1999), aunque en este caso, la analgesia era atribuida a una bala alojada en el cerebro.

Pero si alguien ha dado valor argumental a l CIPA, con las licencias creativas propias del cine, pero con bastante aproximación, ha sido la película española Insensibles (Juan Carlos Medina, 2013) (González de Dios J, 2015) (Figura 1). Un thriller de misterio y personajes que guardan oscuros secretos del pasado, en una historia de terror y dobles lecturas sobre los oscuros secretos del pasado que a su vez guarda la sociedad española desde la Guerra Civil. Un sólido debut en la dirección de Juan Carlos Medina, aunque aquejado de algunos excesos de guión, no infranqueables. Allí donde David (Àlex Brendemühl) es un reputado neurocirujano al que descubren que padece un mieloma múltiple por una serie de análisis efectuados tras un accidente de tráfico, necesita un trasplante de médula para sobrevivir y, en la búsqueda de donantes compatibles, intenta encontrar a sus padres biológicos. En ese camino va a tener que enfrentarse a una serie de informaciones sobre su propia vida que jamás habría sido capaz de imaginar y que se desencadenan porque se ocultan tras un velo de silencio y misterio. En esa búsqueda descubrirá que en los Pirineos, durante la Guerra Civil Española, un grupo de niños sufría un extraño y por entonces desconocido mal: eran niños insensibles al dolor físico y tenían las características propias de CIPA.

Película con presente y pasado. El pasado nos traslada a un pequeño pueblo pirenaico donde muchos niños son insensibles al dolor, a cualquier tipo de dolor (el prólogo de la película ya impacta y pone la temática al descubierto). Niños que van a ser encerrados en un hospital psiquiátrico (porque se les considera un peligro para los demás y para ellos mismos) localizado próximo a Canfranc, y cuyas historias del pasado se cruzan con la historia del presente de David. Y todo ello con una puesta en escena que combina elementos de dos películas españolas de Agustí Villaronga: Tras el cristal (1987), por su ambiente siniestro y perturbador, y Pan negro (2010), por su perfume de posguerra rural. Y de nuevo la Guerra (y postguerra) Civil Española como ámbito propicio para el relato fantástico o el cuento gótico de terror, donde ya dos soberbias fantasías de Guillermo del Toro (El espinazo del diablo -2001- y El laberinto del fauno -2006-), El bosque (Óscar Aibar, 2012) o una obra de arte como El espíritu de la colmena (Victor Erice, 1973) dan buena fe de ello.

Pero es Insensibles una película que, apoyada en una enfermedad (aquí la definida como CIPA), fundamenta su argumento en el valor de la paternidad. Es la relación padre-hijo la que verdaderamente hace girar la rueda argumental y en los flashbacks que van desarrollando la historia de los niños parece plantearnos preguntas del tipo: ¿puede enseñarse qué es el dolor aunque no pueda sentirse?, ¿es el sufrimiento lo que nos permite desarrollar empatía hacia los demás? Y algunas de estas preguntas se pueden centrar en uno de esos niños, Benigno, quien llega a convertirse en Berkano, un personaje monstruoso. Porque quizás Insensibles se comporta como una metáfora y como un símil a la memoria histórica de cómo la insensibilidad física o moral puede conducir a la creación de monstruos. Y la sentencia: «No remuevas el pasado. El pasado no existe».

Y sí, llamativo que sea la única película, entre el millar de films analizados, que se centre, aunque sea metafóricamente, en el dolor. Otra cuestión es que muchas otras películas reflejan el dolor infringido a la infancia y adolescencia desde distintos puntos de vista (dolor físico, dolor psicológico, dolor emocional,…) y de enorme repercusión, no solo en los menores como pacientes, sino en todo el contexto familiar. Y de ellos hemos hablado en nuestra sección “Terapia cinematográfica” de la revista Pediatría Integral o en otra serie de artículos. Veamos algunos ejemplos:

– El dolor a través de las enfermedades raras (González de Dios J, 2024a), con ejemplos como El aceite de la vida (Lorenzo´s Oil, George Miller, 1992), Medidas extraordinarias (Extraordinary Measures, Tom Vaughan, 2010) o Wonder (Stephen Chbosky, 2017).

– El dolor a través de las enfermedades oncológicas (González de Dios J, 2024b), con ejemplos como Planta 4ª (Antonio Mercero, 2003), La decisión de Anne (My Sister´s Keeper, Nick Cassavetes, 2009) o Suriviving Amina (Bárbara Celis, 2010).

– El dolor a través de los trastornos del neurodesarrollo (González de Dios J, 2024c), con ejemplos como El milagro de Ana Sullivan (The Miracle Worker, Arthur Penn, 1962), Cromosoma 5 (Maria Ripoll, 2013) o Línea de meta (Paola García Costas, 2014).

– El dolor a través del trastorno del espectro autista (González de Dios J, 2024d), con ejemplos como Mater amatísima (José Antonio Salgot, 1980), Ben X (Nick Balthazar, 2007) o La sonrisa verdadera (Juan Rayo, 2015).

– El dolor a través del síndrome de Down (González de Dios J, 2024e), con ejemplos como León y Olvido (Xavier Bermúdez, 2004), La historia de Jan (Bernardo Moll Otto, 2016) o Mi hermano persigue dinosaurios (Mio fratello rincorre i dinosauri, Stefano Cipani, 2019).

– El dolor a través del acoso escolar (González de Dios J, 2024f), con ejemplos como Después de Lucía (Michel Franco, 2012), Marion, 13 años, eternamente (Marion, 13 ans pour toujours, Bourlem Guerdjou, 2016) o Un pequeño mundo (Un monde, Laura Wandel, 2021).

– El dolor a través del abuso sexual en la infancia (González de Dios J, 2024g), con ejemplos como No tengas miedo (Montxo Armendáriz, 2011), Gracias a Dios (Grâce à Dieu, François Ozon, 2018) o Sonido de libertad (Sound of Freedom, Alejandro Monteverde, 2023).

– El dolor a través de los malos tratos infantiles (González de Dios J, 2024h), con ejemplos como Mouchette (Robert Bresson, 1967), El Bola (Achero Mañas, 2000) o Cafarnaúm (Capharnüm, Nadine Labaki, 2028).

– El dolor a través del embarazo en adolescentes (González de Dios J, 2025), con ejemplos como 9 meses (Keeper, Guillaume Senez, 2015), Nunca, casi nunca, a veces, siempre (Never Rarely Sometimes Always, Eliza Hittman, 2020) o El acontecimiento (L´évenement, Audrey Diwan, 2021).

– El dolor en la infancia a través de los conflictos bélicos en la historia (González de Dios J, 2024i), con películas como La infancia de Iván (Ivanovo destvo, Andrei Tarkovsky, 1962), Masacre. Ven y mira (Idi i smotri, Elem Klimov, 1985) o El niño con el pijama de rayas (The Boy in teh Striped Pajamas, Mark Herman, 2008). Y donde la citada película Insensibles también tendría cabida aquí.

El cine es un espejo de la sociedad, también en un tema tan complejo como es la representación del dolor en la infancia y adolescencia, mostrando las diversas formas en que los niños y niñas experimentan el dolor, ya sea físico, emocional o psicológico. Porque todos las filmografías y todos los movimientos artísticos (desde los clásicos del neorrealismo italiano hasta las producciones contemporáneas) han abordado temas como la enfermedad, la pobreza, la guerra, el abuso y la pérdida, ofreciendo una ventana a las realidades difíciles que enfrentan muchas infancias en todo el mundo. Un cine que es herramienta de concienciación ante el sufrimiento infantil y que se filma desde perspectivas muy diversas, pero que debe tener siempre presente las consideraciones éticas (de forma que la representación del dolor infantil se realice con sensibilidad y responsabilidad, evitando la explotación o la glorificación del sufrimiento).

Es así que el cine puede desempeñar un papel importante en devolvernos emociones y reflexiones, donde no faltan las historias de resiliencia que pueden ser inspiradoras y ofrecer un mensaje de fortaleza y superación ante las manifestaciones de dolor en la infancia y adolescencia. Quizás intentando transmitir ese mensaje de que de las heridas más profundas nacen las almas más fuertes.


Bibliografía, notas y fuentes:

Aertsen, V (2017). Hay películas que duelen: las sensaciones de dolor en el cine desde una perspectiva cognitiva. Index.comunicación: Revista científica en el ámbito de la Comunicación Aplicada, 7(1), 243-268.

González de Dios, J (2015). Cine y Pediatría (273). “Insensibles”, el dolor como metáfora. Blog Pediatría basada en pruebas. Recuperado el 17 de marzo de 2025, de https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2015/04/cine-y-pediatria-273-insensibles-el.html

González de Dios J (2024a). Terapia cinematográfica (4) Prescribir películas para entender las enfermedades raras. Ped Integral, XXVIII (1): 67.e1-67.e8. 

González de Dios J (2024b). Terapia cinematográfica (5) Prescribir películas para entender las enfermedades oncológicas. Ped Integral, XXVIII (2): 129.e1-129.e9.

González de Dios J (2024c). Terapia cinematográfica (6) Prescribir películas para entender los trastornos del neurodesarrollo. Ped Integral, XXVIII (3): 203.e1-203.e8.

González de Dios J (2024d). Terapia cinematográfica (7) Prescribir películas para entender el trastorno del espectro autista. Ped Integral, XXVIII (4): 272.e1-272.e9.

González de Dios J (2024e). Terapia cinematográfica (8) Prescribir películas para entender el síndrome de Down. Ped Integral, XXVIII (5): 344.e1-344.e8.

González de Dios J (2024f). Terapia cinematográfica (9) Prescribir películas para entender el acoso escolar. Ped Integral, XXVIII (6): 408.e1-408.e9.

González de Dios J (2024g). Terapia cinematográfica (10) Prescribir películas para entender el abuso sexual en la infancia. Ped Integral, XXVIII (7): 472.e1-472.e11.

González de Dios J (2024h). Terapia cinematográfica (11) Prescribir películas para entender los malos tratos infantiles. Ped Integral, XXVIII (8): 537.e1-472.e10.

González de Dios J (2024i). Las violaciones contra la infancia en los conflictos bélicos, una denuncia “de cine”. Rev Pediatr Aten Primaria, 26:e31-e49.

González de Dios J (2025). Terapia cinematográfica (13) Prescribir películas para entender el embarazo en adolescentes. Ped Integral, (aceptado).