Poema semanal de Fátima Frutos

Fátima Frutos

UNA MADRE EN GAZA

Cantavano gli uccelli nel pulviscolo

in una trama complicata, incerta,

asordante, prede dell’ esistere,


Pier Paolo Pasolini

Und der Regen rinnt, und der Regen rinnt…

Ich denk im Dunkeln an dich, mein Kind.


Ilse Weber
Silban las bombas más allá de los ojos de las cerraduras.
Silban las conciencias de un mundo de escalofríos.
El azul sin cielo observa el estupor de las sombras.
Porque sombras somos las madres huérfanas,
las llagas inocentes, las escuelas caídas, el gris de la miseria,
el sol absorbido, los terraplenes desarmados, los cadáveres
retumbando bajo la noche como generaciones sin luna.

Tiemblan los párpados ante las avenidas derruidas.
Tiemblan estrellas y siglos en las visiones bajo la niebla:
los adoquines resignados, los muros desnudos, las tumbas
que empujan siempre la vida hacia la alta mar con la brisa.

¿Por qué voy despojada de vida sobre las piedras sucias?
Sobre la sangre herida y con un hijo sobreviviente en brazos.

Camino muerta, límpida en el Tiempo y frenética de voces.
¡Déjenla seguir, déjenla seguir!

Mi cuerpo aun caliente sobre el amargo polvo del tibio asfalto.
¡Déjenla seguir, déjenla seguir!

Camino muerta por entre el ardor de los campos devastados y
los pechos inermes bajo el zumbido de los proyectiles inhumanos.

El hospital ante mí, ante el lúcido desfiladero de la desdicha.
Arremete sobre mi espalda, como crujiéndome, una lluvia
infinita. ¡No tengo nada más que el arduo aroma del Bien!

Derrotada penetro donde se esconde la lejana existencia,
con el último suspiro de un alma inmóvil. Se posa una mano
sobre mi mano: ¡déjenla morir, déjenla morir!

¡Hijo mío, hecho de luz y cubierto por mi vientre! Abandonado
al esplendor y a la dulce creencia en la vida. Sola aquí mi baldía muerte.

¡Déjenle vivir, déjenle vivir!

(¡Cisjordania hoy palidece con el mundo: ¡déjenla vivir, déjenla vivir!)