Topografía corneal

Juan Echeverría
Médico residente de Oftalmología

Fotografía: María Herreros Ferrer

Los mapas llevan siglos existiendo. Al mencionarlos parece imposible no acordarse de aquellas fantásticas películas de piratas de la infancia, o esas tardes enteras donde la imaginación volaba buscando tesoros en mapas inventados, intentando averiguar a qué lugar corresponderían para poder excavar con todas nuestras fuerzas en el punto marcado con la X.

Si bien es cierto que suenan a todo eso, en este tiempo en que ya los mapas se autointerpretan y nos guían para nuestra comodidad, leer un mapa puede sonar a algo desfasado, cosa de otra época.

Nada más lejos de la realidad. Los mapas se siguen usando a diario. Lo único que ha cambiado es el ámbito en el que los aplicamos.

La topografía corneal es la técnica que mediante proyecciones de luz sobre la superficie corneal y su posterior análisis permite determinar la forma global de la córnea y sus irregularidades.

Pero bien, ¿Qué es la córnea?, ¿Cuáles son sus funciones? Y sobre todo, ¿De qué sirve conocer su forma y sus irregularidades?

El ojo es un sistema óptico formado por un conjunto de lentes que en condiciones ideales debe ser capaz de proyectar una imagen nítida enfocada exactamente en el punto de máxima visión de la retina, llamado fóvea. Cuando estas imágenes no se proyectan en este punto surgen los llamados defectos refractivos como la miopía, en la que a causa de una longitud ocular axial mayor de lo normal la imagen se proyecta por delante de lo que debería, la hipermetropía, en la que ocurre lo contrario, o el astigmatismo, que es en lo que vamos a centrarnos al hablar de irregularidades corneales

La córnea es una estructura transparente localizada en la parte más anterior del ojo, que permite el paso de luz hacia su interior y que protege al iris y al cristalino. Tiene una potencia refractiva de unas 44 dioptrías y consta de 5 capas. Es una estructura avascular (no tiene irrigación sanguínea) y sin embargo es la porción anatómica con más terminaciones nerviosas sensoriales de todo el cuerpo.

Hablar de topografía corneal conlleva inevitablemente hablar de astigmatismo, que consiste en una alteración de la córnea en la que los distintos meridianos corneales tienen una curvatura diferente entre sí, refractando así cada uno de ellos la luz de distinta manera, lo que da lugar a una proyección distorsionada de la imagen en la fóvea.

Existen también los astigmatismos irregulares, en los cuales un mismo meridiano puede tener varias curvaturas diferentes. Estos generalmente se deben a traumatismos y abrasiones, porque si bien es verdad que la capa más superficial de la córnea posee capacidad regenerativa, cuando el defecto alcanza capas más profundas, es más probable que deje secuelas deformantes.

Que el resultado de la suma de todos los elementos refractivos del ojo normal (emétrope) resulte en la formación de una imagen idéntica a la que se formaría si la luz pasase a través de una lente esférica no quiere decir que todos estos elementos sean esféricos, y de hecho, la córnea de un ojo emétrope suele tener el eje vertical más curvo que el horizontal, es decir, podríamos, para hacernos una idea, asemejar la forma de una córnea normal a la de un balón de rugby posado en horizontal.

La topografía corneal se obtiene a través de un topógrafo corneal, un instrumento que proyecta varios haces de luz en forma de circunferencia concéntrica (el número así como la anchura, separación intercircunferencial y demás características varían según el modelo) denominados discos de Plácido.

Asociado a este haz de luz incorpora un detector que mide la desviación de los anillos reflejados y calcula la curvatura de los puntos de la superficie corneal.

Posteriormente, utilizando estos datos, se reconstruye un modelo bidimensional que representa la córnea como un mapa de calor, donde los puntos más cálidos (rojos) se corresponden con curvaturas más cerradas y los puntos más fríos (azules) se corresponden con curvaturas menos pronunciadas.

La formación de estos mapas permite, además de conocer las particularidades de cada córnea, reconocer distintos patrones que se corresponden con diversas patologías o variantes de la normalidad, como sería un patrón en reloj de arena en caso de un astigmatismo regular, o un patrón en muñeco de nieve, en caso de una córnea con un queratocono, un patología que consiste en una proliferación anormal de tejido corneal que genera una córnea más prominente (prolata) de lo normal, con el defecto refractivo que ello implica.

La topografía corneal es muy útil también en cirugía refractiva, puesto que las conocidas operaciones de miopía, hipermetropía y astigmatismo se basan precisamente en modificaciones de la córnea mediante láser, cambiando su potencia dióptrica y su índice refractivo, y para ello es preciso conocer la forma previa de la córnea a través por ejemplo de un topógrafo corneal, siendo también útil la realización de topografías corneales postquirúrgicas para seguimiento de los resultados.

Cuando comento que soy residente de oftalmología, mucha gente me recomienda que me dedique a operar refractiva. “Ahí es donde está el dinero” dicen. Y no van desencaminados. Es cierto que esta parte de la oftalmología es una de las más lucrativas.

Como decía, los mapas siguen existiendo, y sí, parece que cada uno esconde un tesoro. Sin darme cuenta, parece que elegí una vida de navegación.

Siempre supe que de mayor sería pirata.