Cristina Sanz
Doctora en Historia del Arte

Imagen: Mikel Kasaliz
La cosificación de la naturaleza de una forma alarmante comenzó en torno al siglo XVII. Esto no quiere decir que antes no se hubiese hecho, pues, como ocurre en numerosas ocasiones, no puede darse una fecha exacta, pero sí que podemos decir que es en este siglo cuando este abuso se sistematiza a través de unos patrones estructurales no vistos hasta entonces. Esto llevó progresivamente a una serie de cambios preocupantes que originan una nueva era geológica que ha sido denominada Antropoceno. En 2016, un grupo interdisciplinar de expertos se reunió en el Congreso Internacional de Geología1para valorar si la Tierra había entrado en una nueva era geológica y se podía dar por concluido el Holoceno –que comenzó hace unos 11.500 años–. Acordaron que «el Antropoceno es ya una nueva época geológica dentro del periodo Cuaternario2», y que «comenzó a mediados del siglo XX con los isótopos radiactivos de las bombas nucleares, cuyo rastro durará unos 4.500 millones de años, tantos como tiene la tierra3».
Antes de nosotros, la tierra –por diversos motivos: meteoritos, glaciaciones…– ya ha experimentado cinco grandes extinciones. La última, y más famosa, la de los dinosaurios. Y, actualmente, según los expertos, estamos experimentando la sexta, puesto que «las tasas que determinan el número de especies que mueren cada año supera cincuenta veces a las esperadas4». Además, estas extinciones –excepto la de los dinosaurios– se debieron a cambios climáticos (naturales), «la mayoría debidas al dióxido de carbono de las explosiones de volcanes, que originaron un rápido calentamiento global5». Pero hay una realidad que no puede obviarse y es que existe una huella geológica innegable de las acciones humanas sobre la tierra. Y esta ha entrado en una nueva era como consecuencia de las mismas. El Antropoceno es el resultado irrefutable de la creencia del ser humano de estar por encima del resto de especies y de creer que puede salirse de las cadenas tróficas que garantizan el balance del planeta.
Hemos ido enseñando (…) que el ser humano es un animal inteligente y que esto es una lucha por la supervivencia. Y en esta lucha sobreviven los más fuertes o los que consiguen adaptarse mejor (…) Pero esto es un problema (…) Porque el ser humano ya hace siglos que salió del ámbito de la necesidad y entró en el ámbito de la libertad (…) Y, aunque en el campo de las artes sí hemos conseguido guardar la dignidad humana, no lo hemos hecho en la vida social y en la vida económica. Ahí sí, luchamos. Y nos animalizamos. Ahora esa es la tarea, llevar la dignidad humana a la economía y la sociedad6.
Sin embargo, pese a que respetamos el trabajo de los expertos que han determinado el surgimiento del Antropoceno, creemos esencial realizar un ejercicio crítico-reflexivo que incorpore a estos resultados otras perspectivas que han sido ignoradas por la narrativa oficial. Observaciones que revisen los aspectos estructurales sobre los que se fundamenta este sistema que logra incluso a alterar algo tan poderoso como es la naturaleza. Hay una corriente que plantea un análisis que incorpora la óptica de las humanidades ambientales, del ecofeminismo, del decolonialismo, de la ecología política, de la desigualdad económica… es decir que pasa por considerar los entresijos estructurales del sistema que sostiene el modelo económico en el que vivimos: producción y consumo.
Sabemos que hemos perforado la capa de ozono, que estamos extinguiendo especies en masa, que hemos desequilibrado la biodiversidad así como provocado la acidificación de los océanos, entre otras atrocidades, sin embargo ¿no vamos a preguntarnos sobre qué tipo de cosmovisión, de estructuras sociales o de intereses se erige una sociedad que llega a tales consecuencias?
Existe una línea de pensamiento que cuestiona el discurso oficial del Antropoceno, no porque sus conclusiones no sean reales, sino porque “exculpa” al sistema que ha llegado a tales niveles de opresión ignorando responsabilidades: el colonialismo, la indiferencia a la desigualdad de clases, el racismo, el machismo, la supremacía de la especie humana o la ruptura con una cosmovisión que reconozca que somos parte de la naturaleza en lugar de una dualista.
El discurso oficial del Antropoceno no cuestiona la nueva conciencia “pseudoliberal” del individuo del siglo XXI, que ha materializado en un sentimiento colectivo de emancipación olvidando que somos solo una especie más, y que vivimos en la naturaleza y no, como creemos, por encima de ella, citando a la antropóloga, ingeniera y activista ecofeminista Yayo Herrero: “Digamos que el gran pecado original de nuestra cultura es haber configurado una idea de progreso que considera que las personas pueden vivir emancipados de la naturaleza, de su propio cuerpo y de sus límites. En ese gran pecado original está lo que muchos denominan crisis civilizatoria, es decir, una civilización que cree que progresa cuando se destruye a sí misma”7.
Habida cuenta de tal contexto: ¿Cómo se está representando esta nueva naturaleza en el arte? ¿Cómo se están reflejando estos patrones de comportamiento en la producción artística contemporánea?, ¿cuál es el paisaje del Antropoceno? En las últimas décadas, el paisaje ha sido dado de lado por parte de los historiadores del arte y del público, pasando a ser considerado como aburridas pinturas, así como algo añejo y tradicional. No obstante, mientras esto ocurría, los artistas estaban volviendo a crear paisajes que se adaptaban a su tiempo y que se distinguen de esos cuadros que podemos ver en grandes museos como el Louvre o el Prado. Es evidente que el ritmo de vida frenético y la reorganización de la escala de valores de nuestra sociedad estaba llevando cada vez a más artistas a volver a acercarse a la naturaleza y a querer retratarla. De este modo, surge paulatinamente desde la década de los sesenta un gran número de artistas que crean paisajes innovadores que representan las preocupaciones de los individuos del Antropoceno mediante los códigos que utiliza la sociedad contemporánea. Manifestando preocupaciones de la población del siglo XXI, como, por ejemplo, el cambio climático, a través de los códigos y lenguajes que le representan, como la imagen en movimiento, la sensación de inmersión, el audiovisual o la apelación sensorial y emocional.
El paisaje no es la naturaleza, sino la representación artística de esta. Por tanto, el paisaje no existe per se. El paisajista Javier Maderuelo explica que «el paisaje es un concepto inventado, una construcción cultural. El paisaje no es un lugar físico, sino el conjunto de una serie de ideas y sentimientos que elaboramos a partir del lugar. El paisaje precisa de un sujeto que lo interprete8». Reclama un juicio estético y la proyección emocional del artista y del espectador9. De este modo, desde su consideración de “constructo cultural”, prestar atención a qué esconden estas representaciones artísticas resulta tan interesante cuan importante.
A lo largo de nuestra investigación hemos identificado diferentes tipos de paisajes en el arte contemporáneo, empero en este artículo nos centraremos en estudiar únicamente una tipología, aquel que hemos denominado “paisaje ecologista”. Un nuevo tipo de paisaje genuinamente contemporáneo que surge en respuesta a la realidad única de nuestra sociedad: el Antropoceno. (Por supuesto, las conclusiones a las que llegamos en nuestro estudio pueden ser extrapoladas a otros formatos artísticos contemporáneos, sin embargo, aquí nos vamos a ajustar al campo del videoarte).
Daremos un breve paseo por este amplio panorama a través de tres videoartistas, cuyos trabajos –de manera intencionada o no– toman una dimensión de índole casi activista. Se trata de artistas que entienden la naturaleza como un gran sistema armónico en el que constituimos tan solo un elemento más y que establecen con ella relaciones de respeto y aprendizaje, alejándose de la dominación y la destrucción. Sus trabajos invitan a la reflexión y contribuyen a instaurar una conciencia ecologista colectiva en una sociedad que ha creado un mundo paralelo artificial desconectándose de su ecosistema originario. Estos artistas son conscientes de los riesgos de la era antropocénica y tratan de hacer ver a la sociedad las consecuencias del impacto ambiental.
Lukas Marxt: un paisaje post-apocalíptico
Uno de esos jóvenes artistas que está contribuyendo a la creación de una nueva tradición paisajística es Lukas Marxt (Austria, 1983). Marxt crea paisajes a partir de códigos narrativos, estéticos y conceptuales genuinamente contemporáneos. Su trabajo pretende mostrar la impronta de la irresponsable acción humana en la tierra. Con frecuencia, los videopaisajes, sirviéndose del recurso del tiempo que ofrece el vídeo, apelan al detenimiento e invitan a la reflexión. En Marxt, la importancia de la búsqueda metafísica se presenta con notoria frecuencia, y las preocupaciones suelen girar en torno al autoconocimiento y al reencuentro con la propia esencia, peculiaridades propias de una sociedad en crisis.
En su obra, habla de un mundo post-apocalíptico que retrata, por ejemplo, en High Tide (2013) donde no pasa nada ni vemos nada porque no queda nada. Según él vivimos en mitad del post-apocalipsis10, lo que nos remite al concepto de “entropía” de Robert Smithson11. A veces recurre a la idea de naturaleza poderosa e inmensa, como vemos en Low Tide (2014) o Reign of Silence (2013). Otra de las particularidades de su praxis es la escala, lo que él llama “micro y macrocosmos”, que es como una metáfora que recuerda que todo lo que vemos es relativo a nuestro punto de vista. Esta idea la plasma, por ejemplo, en Captive Horizon (2015)o Imperial Valley (2018).
En Imperial Valley (2018) un dron sobrevuela durante catorce minutos esta región del sur de California y nos muestra una vista de la destrucción. A nivel formal, la perspectiva aérea es la protagonista y esto supone una novedad en la tradición del paisaje pictórico. (Aunque la fotografía ya las adelantó en el siglo XIX). La estética general de Imperial Valley rompe con los códigos formales y narrativos tradicionales del paisaje.
El Salton Sea es el mayor lago de California y ahora un desastre ecológico. Solía ser un lugar de recreo hasta que fue abandonado y la agricultura se apoderó del área. El problema surge porque las plantaciones vierten al lago pesticidas y fertilizantes y cuando el agua se evapora (el lago aumenta y se reduce constantemente) estos tóxicos llegan a la atmósfera, a lo que hay que sumarle la contaminación de la industria del metal en la frontera. Un millón de peces han muerto y todas las ciudades de la zona han sido abandonadas. Salton Sea está solo a dos horas de Los Ángeles y es un contenedor de residuos tóxicos. Se estima que en veinte años se secará y todas las toxinas se habrán filtrado al aire, con sus correspondientes consecuencias12.
Imperial Valley es una obra que denuncia esta catástrofe a la vez que retrata en códigos casi “sublimes” la belleza estética que es capaz de esconderse en la destrucción. Esta sirve como recurso para apelar al espectador y así́ intentar instaurar una conciencia sobre el problema. Además, los planos muestran pulsiones de orden estético que nos remiten a la pintura abstracta. Las formas geométricas se convierten en protagonistas de la obra y testimonian la destrucción del ser humano. A la vez, encuentran relación con las primeras representaciones de la naturaleza, como las de las culturas prehistóricas, las precolombinas o la cultura celta, entre muchas otras. Formas que luego el Land Art también recupera. Estas adoptan aquí un importante papel conceptual, donde se contraponen el origen y el fin: las formas más primigenias de representación de la natura son, a la vez, las únicas huellas resultantes de la destrucción total.
Gianfranco Foschino: el paisaje ecológico
Gianfranco Foschino (Chile, 1983) es un artista cuyo trabajo no solo ha heredado la estética más tradicional, sino que también se sirve de los códigos formales y conceptuales genuinamente contemporáneos a la vez que los cuestiona.
Su obra gira en torno al deseo de entender el mundo y a la fascinación por los fenómenos naturales que conforman el motor del planeta. Él defiende que estos pasan desapercibidos para las personas que vivimos encerradas en los núcleos urbanos, véanse las corrientes de agua, de viento, la formación de las nubes o los deshielos estacionales. Sostiene que el conocimiento de la naturaleza y de sus fenómenos es la mejor forma de autoconocimiento. (Aunque su trabajo no parte de una premisa ecologista, sino ecológica13). Y pretende divulgar que el equilibrio natural está dado por la geología de la tierra en la que somos solo seres superficiales14.
“Nos estamos alejando [de la naturaleza] desde la espiritualidad y eso genera conflicto. Los nativos siempre han estado en relación con la naturaleza y han armado su cosmovisión en relación a los fenómenos naturales y sus ciclos (…) El hombre se ha encargado de matar las culturas ancestrales, a los aborígenes, y con eso muere el conocimiento15”.
Sus obras recuperan aspectos formales de la pintura, devolviendo la imagen en movimiento a lo que en esencia es: “imagen”, y dotando de un papel secundario a los aspectos formales del formato audiovisual, que suelen ser protagonistas en videoarte.
Sus vídeos son calmados, obligan a detenerse, a contemplar. Y esa detención genera una reflexión. Foschino no ralentiza el tiempo, este permanece a velocidad real. Sin embargo, hemos acelerado tanto nuestro ritmo que los naturales nos parecen ralentizados. Pues, en esta era postindustrial, incluso lo ontológico se ha mercantilizado. Se reclama lo fugaz, lo momentáneo y lo autocontrolado. Aquí el espectador puede sentirse incómodo porque una obra de videoarte no se visualiza en un dispositivo que el usuario maneja a su beneplácito acelerando, desacelerando o deteniendo.
Podríamos decir que Foschino pictorializa el tiempo y el movimiento, a diferencia de lo que el arte ha perseguido a lo largo de su historia, intentando dinamizar la imagen pictórica, como, por ejemplo, hicieron los futuristas. Sus obras se caracterizan por esa bidimensionalidad entre la quietud y el dinamismo, así como por esa materialización de la moción de la imagen.
En el caso de Foschino, el chileno tiene un imaginario propio dentro del cual se entienden la mayoría de sus obras. Por tanto, tales características pueden apreciarse de manera transversal en casi toda su producción, véanse, por ejemplo, trabajos como Fluxus (2010), Espiritu Santo (2013) o Fildes Bay (2016). Aquí hemos decidido destacar una obra un tanto más peculiar dentro de su creación artística: Ojos de agua.
Ojos de agua (2016) es una videoescultura que nos transporta a las aguas del deshielo antártico en el río Futaleufú. Como es habitual, Foschino esconde un fortísimo conceptualismo que fundamenta en el poder otorgado a los valores estéticos así como en los recursos ya estudiados. Apela a la pura sensorialidad, a la poética visual y al imaginario colectivo para expresarse. Sus trabajos son como llamadas de socorro de la humanidad. Y esta, probablemente, es una de sus piezas menos descriptivas y más conceptuales.
Sonja Hinrichsen: paisajes censurados
El trabajo de la artista alemana Sonja Hinrichsen se centra normalmente en dibujos en la nieve de tal belleza que coquetean con la lírica pictórica. No obstante, su praxis es muy interdisciplinaria (dibujos, intervenciones en la naturaleza o videoinstalaciones). Hinrichsen examina ambientes –naturales o urbanos– y pretende remover conciencias para comprometer al espectador intelectualmente16. Su trabajo es principalmente inmersivo y empírico.
Aquí queremos rescatar su obra The Three Gorges (2011), una videoinstalación inmersiva que simula un paseo a lo largo del río Yangtsé, como esos que realizan los miles de turistas que visitan la zona.
La obra es una feroz crítica a las políticas irresponsables, en este caso, las del gobierno chino. The Three Gorges aborda el problema que acarreó la construcción de la que, a día de hoy, es la mayor presa hidroeléctrica del mundo. El gobierno defendió que lo hacía para arreglar el problema de las crecidas de uno de los grandes ríos del mundo: el río Yangtsé, así como para aprovechar su potencial de energía hidroeléctrica. Sin embargo, la construcción de la presa destrozó un paraje excepcional y miles de años de historia china, pues este río tiene un papel fundamental en la historia y la cultura de este pueblo. La naturaleza de los ríos es crecer y decrecer según los ciclos estacionales. No obstante, los seres humanos decidieron establecer sus asentamientos a lo largo de la cuenca y, para acabar con el problema que las crecidas causaban a la población, se decidió tomar una solución preocupantemente habitual: ir contra natura.
La inundación de las tierras para la construcción de la presa provocó la pérdida de elementos Prehistóricos, de tumbas ancestrales, de obras de las dinastías Ming y Qing, así como la memoria cultural de un pueblo. En cuanto a las consecuencias ambientales, estas han sido devastadoras, alterando completamente la fauna y flora local llegando incluso a extinguir especies locales. Asimismo, una enorme población ha sido desplazada quedando en situación de vulnerabilidad. Además, el turismo se ha instalado en la zona y las cifras de visitantes se multiplican cada año. Un ejemplo más de explotación del territorio. En torno a esta problemática nace esta obra tan reivindicativa en la que Hinrichsen intenta visualizar el impacto de nuestras acciones sobre el planeta.
Uno de los rasgos más interesantes de esta pieza es que la artista utiliza la posición de los proyectores para realizar una crítica al comportamiento de nuestros pueblos. Los proyectores de vídeo están situados de tal modo que cuando los visitantes entran en la estancia no pueden evitar crear una sombra sobre los paisajes. Con ello alude a la presencia permanente –ya inevitable– del ser humano en la naturaleza.
Para concluir, nos resulta oportuno precisar que existen muchos más artistas de los aquí mencionados que están creando paisajes innovadores entorno a las derivas presentes y futuras que afronta nuestra sociedad. Existe un amplio grupo de prácticas que pueden estudiarse en conjunto porque sus características de orden temático, estético, conceptual y narrativo coinciden. Por lo tanto, podemos hablar del surgimiento de una nueva tradición paisajística en el seno del arte contemporáneo. Si la arqueología y la historia ya nos han constatado que, para entender a una sociedad, hay que estudiar sus expresiones artísticas, ¿por qué ignorar las nuestras?
Bibliografía, notas y fuentes:
1 Se trata del Congreso Internacional de Geología en su edición no. 35, celebrado en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) entre el 27 de agosto y el 4 de septiembre de 2016. Puede encontrarse más información en el artículo publicado previamente al congreso con el fin de divulgar sus primeros resultados: en Colin N. Waters et al., “The Anthropocene is functionally and stratigraphically distinct from the Holocene,” Science, no. 351 (2016): 137-147 y en el comunicado emitido por el grupo “Media Note, Anthropocene Working Group,” 2016.
2 Javier Salas, “Bienvenidos al Antropoceno: «Ya hemos cambiado el ciclo natural de la tierra»,” El País, 9 de septiembre de 2016, consultado el 30 de septiembre de 2022, https://elpais.com/elpais/2016/09/05/ciencia/1473092509_973513.html.
3 Miguel Ángel Criado, “Antropoceno, la era en la que destruimos el planeta,” El País, 27 de mayo de 2018, consultado el 30 de septiembre de 2022, https://elpais.com/elpais/2018/05/25/ciencia/1527257820_374244.html.
4 Alex Dunhill, “Pérmico,y otras extinciones masivas de las que el ser humano puede aprender”, El País, 26 de julio de 2017, consultado el 30 de septiembre de 2022, https://elpais.com/elpais/2017/07/14/ciencia/1500023971_650028.html.
5 Ibíd.
6 Joan Antoni Melé, “La dignidad humana, fundamento para una nueva economía,” YouTube, 2 de noviembre 2017, consultado el 2 de octubre de 2022, https://www.youtube.com/watch?v=1G2knMO9P_w.
7 “Cultura y Medioambiente,” Cultura 18, 19 de abril de 2018, consultado el 13 de enero de 2020, http://www.rtve.es/alacarta/videos/ cultura18/video-cultura-medioambiente/4573100/.
8 Javier Maderuelo, El paisaje: génesis de un concepto (Madrid: Abada, 2005), 38.
9 Ibíd., 87.
10 Esta información procede de la entrevista, aún inédita, que realizamos al artista en diciembre de 2017.
11 Robert Smithson anticipó en la década de los sesenta las teorías del Antropoceno con su concepto de “paisaje entrópico” en Robert Smithson, “Entropy and the New Monuments,” en Nancy Holt, ed., The Writings of Robert Smithson (Nueva York: New York University Press, 1979), 9-19.
12 Esta información procede de la entrevista aún inédita que realizamos al artista en diciembre de 2017.
13 La ecología, a diferencia del ecologismo, es una ciencia. Es la disciplina que estudia las relaciones entre los seres vivos del planeta y de estos con su entorno. Intenta explicar todos los procesos e interacciones que acaecen en la naturaleza. Mientras que el ecologismo es un movimiento de carácter social que se preocupa por la preservación de la misma.
14 Información procedente de la entrevista aún inédita que realizamos al artista en enero de 2019.
15 Javiera Ide, “No te pierdas locus,” Laderasur, 5 de octubre de 2016, consultado el 2 de octubre de 2022, https://laderasur.com/estapa-sando/no-te-pierdas-locus-la-exposicion-de-naturaleza-de-gianfranco-foschino/
16 Sonja Hinrichsen, “Artist Statement,” consultado el 4 de octubre de 2022, http://www.sonja-hinrichsen.com/artist-statement/.
Criado, Miguel Ángel. “Antropoceno, la era en la que destruimos el planeta.” El País, 27 de mayo de 2018. Consultado el 30 de septiembre de 2022. https://elpais.com/elpais/2018/05/25/ciencia/1527257820_374244.html.
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Dunhill, Alex. “Pérmico, y otras extinciones masivas de las que el ser humano puede apren- der.” El País, 26 de julio de 2017. Consultado el 30 de septiembre de 2022. https://elpais.com/ elpais/2017/07/14/ciencia/1500023971_650028.html.
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Maderuelo, Javier. El paisaje: génesis de un concepto. Madrid: Abada, 2005.
“Media Note, Anthropocene Working Group.” 29 de agosto de 2016. Consultado 13 de enero de 2020. https://www2.le.ac.uk/o ces/press/press-releases/2016/august/ media-note-anthropocene-working-group-awg.
Melé, Joan Antoni. “La dignidad humana, fundamento para una nueva economía.” YouTube, 2 de noviembre de 2017. Consultado el 2 de octubre de 2022. https://www.youtube.com/ watch?v=1G2knMO9P_w.
Salas, Javier. “Bienvenidos al Antropoceno: «Ya hemos cambiado el ciclo natural de la tierra».” El País, 9 de septiembre de 2016. Consultado el 30 de septiembre de 2022. https://elpais. com/elpais/2016/09/05/ciencia/1473092509_973513.html.
Smithson, Robert. “Entropy and the New Monuments.” En The Writings of Robert Smithson, editado por Nancy Holt, 9-19. Nueva York: New York University Press, 1979.
Waters, Colin N., Jan Zalasiewicz, Colin Summerhayes, Anthony D. Barnosky, Clément Poi- rier, Agnieszka Galuszka, Alejandro Cearreta, Matt Edgeworth, Erle C. Ellis, Michael Ellis, Catherine Jeandel, Reinhold Leinfelder, J. R. McNeill, Daniel de B. Richter, Will Steffen, James Syvitski, Davor Vidas, Michael Wagreich, Mark Williams, An Zhishend, Jacques Grinevald, Eric Odada, Naomi Oreskes, y Alexander P. Wolfe. “The Anthropo- cene is functionally and stratigraphically distinct from the Holocene.” Science, no. 351 (2016): 137-147.

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