El Tolstói vivo de Stefan Zweig

Iñaki Vázquez Larrea
Doctor en Antropología

Fecha de publicación: 01/10/23

De Stefan Zweig llegó a decir nuestro Don Pío, en Aquí, París, que se dedicaba a la biografía vulgar. Todo indica que se trataba de una apreciación prejuiciada de un gran escritor, pero tendente al exabrupto exagerado. Esto último lo supo apreciar Josep Pla, que uno de sus artículos al diario Destino, dijo que Don Pío era un novelista enamorado de la introspección crítica ilustrada y la cultura francesa, pero de las que nunca supo captar su esencia: los matices (Josep Pla, pág. 162).

Pocos críticos literarios, hoy día, se atreverían a poner en solfa, por ejemplo, que 24 horas en la vida de una mujer, encapsula una mirada inigualable a la sensibilidad femenina, o que Stefan Zweig supo interpretar como nadie el pensamiento de los grandes clásicos de la literatura universal.

Uno de estos casos, es El pensamiento vivo de Tolstói donde Zweig desgrana con maestría los fundamentos del pensamiento social de Tolstói. Nada indicaba que del epicúreo demócrata autor de Ana Karenina y Guerra y Paz, brotase una súbita lógica de desesperación filosófica, que partía del mismo dilema moral de su personaje, Iván Illich: ¿He vivido como debería vivir?.

Y es que, en el caso de Tolstói, por mucho que alarmase al mismo Turguenev, no podemos hablar de una mera ética mística degenerativa al estilo de Gogol, sino de un doctrinarismo moral cristiano inicial, que pretende erradicar el mal de la estructura social, y realizar el Reino de Dios en la tierra.  Es decir, la prehistoria del absoluto soviético se encuentra ya presente en el pensamiento social de Tolstoi.

En ese Así debes vivir, preparo el camino a Lenin y Trotski, si bien también el de Gandhi, en ese intento de retorno al cristianismo primitivo. Repudiada la revolución violenta, ya que se trataría de combatir el mal como belcebú., pero recordaba que el Estado era el Anti-Cristo, por servir a la defensa de la propiedad privada y defender el servicio militar obligatorio, que actuarían, ambas, en contra de la ley del amor cristiano.

Este anarquismo cristiano milenarista y prístino se haya impresa en obras como ¿Qué Debemos hacer? o El Reino de Dios está en nosotros. En esta última obra la profecía social, que es a su vez divina, se expresa de la siguiente manera: “Para un cristiano, la promesa de someterse a cualquier gobierno- sumisión que puede considerarse como el fundamento de la vida del Estado-es una negación directa del cristianismo; pues un individuo que promete de antemano obedecer implícitamente todas las leyes que promulgan los hombres, con esa promesa niega categóricamente el cristianismo, cuya verdadera esencia es la obediencia en todas las contingencias a la ley que es consustancial, a la ley del amor.La situación del mundo cristiano, con sus fortificaciones, cañones, dinamita, fusiles, torpedos, prisiones, horcas, templos, factorías, aduanas y palacios, es monstruosa. Pero ni las fortalezas, ni los cañones, ni los fusiles, pueden hacer la guerra por sí mismos, las prisiones no pueden cerrar las puertas, las horcas no pueden cumplir su misión, ni las mismas iglesias pueden llevar a los hombres por el mal camino, las aduanas no pueden cobrar sus derechos, ni los palacios y factorías pueden construirse y mantenerse a sí mismos; todas esas operaciones son realizadas por los hombres. Y cuando los hombres comprendan que no necesitan realizarlas, esas cosas dejarán de existir (En Stefan Zweig, pág. 95).

BIBLIOGRAFÍA:

BAROJA, P; Aquí, Paris, Caro Raggio, Madrid, 1999.

PLA, J; Calendario sin fechas, Destino, Madrid, 2022.

ZWEIG, S; El pensamiento vivo de Tolstoi, Ulises, Madrid, 2002.