Fran Ignacio Mendoza
UNA VOZ QUE NO ESCUCHÉ
El primer amanecer sin ti fue idéntico a todos
los amaneceres vividos, pero sí...
Hubo una visión interna, un resplandor en la piel.
Fuimos nosotros los que cambiamos, los que perdimos
ritmo, luz, sentido y voluntad.
Hombres y mujeres desgastados por la repetición
cotidiana, sin ser conscientes de ello.
Pero sí, hubo una voz que no escuché, un lugar donde
nunca estuve contigo y me hubiera gustado; zona de
peligro anunciaba un cartel carcomido por el tiempo,
quebrado y legible, pero sí...
Fue breve e intenso, tanto que me asustó.
Sentí que en aquella estación ignota habría algo
concluyente, resuelto y nuestro, solo nuestro.
Nadie nos podía quitar la ilusión, la ensoñación profesada
y el placer de vivirlo.
Vivirte de verdad.
Nikola, hoy no sé cuántas veces tomamos café, ¿tres, seis,
nueve veces?
Este recuerdo consiente la duda por mi fe con la ciencia,
por tus relevantes ideas y proyectos; siendo yo solo un
concepto, un sueño pendiente de un hilo, siendo nada, tal
vez, un satélite futuro y liviano, a pesar de haber acarreado
tanto peso...
A pesar de lo que nos había llovido.
