Las narrativas de Salman Rushdie

– Artículo que surge a partir de la conferencia impartida el 9 de mayo de 2023, durante el ciclo de conferencias «Literaturas Perseguidas» organizado por el Ateneo Guipuzcoano en colaboración con Donostia Kultura-

Jorge Diego Sánchez
Profesor en la Universidad de Salamanca

La última novela de Salman Rushdie, Ciudad Victoria (2023), cuenta la historia de una mujer imaginada, Pampa Kampana, que guarda su historia de “doscientos cuarenta y siete años de edad” (13) en una tinaja para que sea abierta cinco siglos después y se conozca las culturas Bisnaga, en proceso de extinción, y que es alegoría de la ciudad destruida de Hampi (Karnatakka, India) y la civilización de Vijayanagara (Doshi 2023 y Sánchez-Vallejo 2023). De alguna manera, Pampa Kampana quiere que su existencia, como mujer en un espacio cultural que desaparece, sea presente, pueda comprenderse y construya (y sea reconstruida) en el futuro. Es ahí donde el crear se realiza desde su propia destrucción y todo lo que enseña y permea, tal y como hizo la civilización que se articuló en torno a Hampi de acuerdo con propuestas de tolerancia y sincretismo filosófico (Douglas-Fairhurst 2023).

Departiendo de la acción de Pampa Kampana respecto al hecho de vivir a través del tiempo y tener conciencia del futuro, este artículo busca presentar y preservar a Salman Rusdhie y sus narrativas como escritor de acción y transformación en el impulso histórico del paso del tiempo y su narrativa. Por eso el título de esta contribución escoge un neologismo, ‘rexistir’, una palabra nueva formulada en infinitivo para ilustrar la acción que nace a partir de re-existir (volver a existir después de una gran dificultad vital) y de resistir (oponerse), para que se entiendan las narrativas bio y bibliográficas de Salman Rushdie respecto a supervivencia y mutación, que son las verdaderas metas de Pampa Kampana respecto al contar y existir en historia(s). Como el acto de contar historias más cásico, el de Sherezade para sobrevivir en Las Mil y una noches o las llamas de velas que sobreviven compartiendo leyendas en la obra de teatro Naga Mandala (1991) de Girish Karnad, las narrativas de Rushdie cuentan para modificar, sobrevivir y sobrevivirse, oponerse, añadir capas, ampliar perspectivas y persistir en un cambio a completar y complementar los siglos venideros.

Rexistir contesta también a la pregunta que enmarca este monográfico: ¿Por qué es Salman Rushdie perseguido? Y añade una cuestión que responde y que amplía nuevas pulsiones históricas y narrativas: ¿Y qué persigue Salman Rushdie? La contestación es, de nuevo, el infinitivo rexistir puesto que son existir y resistir las razones de sus historias. El texto clásico persa La conferencia de los pájaros (también conocido por El lenguaje de los pájaros), escrito por Farid al Din Attar (siglo XII), nos sirve para ejemplificar mejor los actos que forman rexistir a través de la ilustración realizada cuatro siglos después por Habiballah de Saba[1].

En esta narrativa persa, las aves del mundo descubren una pluma dorada del gran pájaro Simurg[2], el ave de la Divinidad, Dios. Las criaturas aladas se dan cuenta de que pueden iniciar un viaje para encontrarlo y aprender de él. Será la abubilla, por su corona, la que lidere al grupo en el que cada uno de los pájaros cumplirá y cederá a los arquetipos que representan: la pereza, la avaricia, la desazón o la excesiva alegría. Las aves atravesarán siete valles  hasta que encuentran, cuando ya sólo quedan unos cuantos, el lugar donde vive Simurg. Los pájaros piensan que ya han conseguido la Divinidad, el acercamiento a la versión más excelsa de ellos mismos. Sin embargo, son rechazados. Les sobreviene la desazón hasta que entienden que lo importante ha sido el viaje, lo aprendido, lo experimentado, lo resistido. Se darán cuenta que la Divinidad no es más que un reflejo del sol, y que el propio reflejo (y las sombras) de ellos mismos, les hace componer y componerse de esa divinidad. El mensaje místico de unión, de viaje y de aceptación para existir y resistir es clave. Hay que resistir las dudas, los ataques, los autosabotajes y así entender, sobreponerse y oponerse a la existencia para aprender a re-existir, seguir viviendo. Como los pájaros de La conferencia de pájaros se sobreponen y transforman sus realidades y entornos resistiendo, las narrativas de Salman Rushdie prueban como resisten, se sobreponen, se oponen, mutan la realidad que rodea y aseguran su propia existencia mediante una nueva vuelta a la vida después de numerosas amenazas y persecuciones tangibles y metafóricas. El mismo Salman Rushdie reconoce la influencia narrativa del texto clásico persa en su Quijote (2019: 527) y creo que servirá para comprender las resistencias y existencias que posibilitan el rexistir de Salman Rushdie, que sólo puede seguir vivo a través de las oposiciones y resistencias facilitadas por su narrativa y las historias creadas sobre sí mismo.

Para explicar y ejemplificar estas ideas, hoy les presentaré cómo Rushdie rexiste presentando algunas de las muchas de las capas biográficas y bibliográficos que lo componen. Seleccionaré una serie de obras de su extensa producción para ilustrar: Hijos de la medianoche (1981), Los versos Satánicos (1988), Ciudad Victoria (2023) y una auto-narrativa, Joseph Anton (2012). Este artículo está estructurado en tres partes. La primera, titulada “no se puede esquivar la fecha” (Rushdie, 1981:13) refleja eventos vitales. La segunda, bajo la línea “la novela [,] ¿qué quiere decir” (Rushdie 2012: 72) analiza los lenguajes narrativos y símbolos en la comprensión de su resistencia literaria . La tercera, “detuvo la película. Aquello no era verdad. Era un cuento de hadas” (2019: 55), describe resistencias y existencias de Rushdie a través de sus escrituras.

1. “No se puede esquivar la fecha” (1981: 13): Eventos vitales

Salman Rushdie nace el 19 de junio de 1947, siete semanas antes de la Partición de India por la cual el Imperio Británico dejó, supuestamente, de influenciar formalmente de manera geopolítica, económica, social y militar sobre el Sub-Continente. Rushdie nace en la capital económica de ese tiempo, Bombay (actualmente Mumbai), en el seno de una familia dedicada al comercio y con una posición de clase media en la sociedad (Rushdie citado en Lawley 1988: 05:10-04-22). Si, como dicen Xabier Batalla “India contiene muchas indias” (1), con seguridad esta India en la que habitaba la familia Rushdie contaba con una realidad fácil respecto al acceso a la educación, comida e interacción social. En esta sección se pretende hacer una selección de eventos biobibliográficos para destacar la importancia de las fechas en la vida y obra de Rushdie para comprender su obra, sus cartografías vitales y las vidas y realidades geopolíticas de sus narrativas.

Rushdie cuenta en su libro de memorias Joseph Anton (2012)[3] como acude a un internado en Rugby (Inglaterra) para cursar Educación Secundaria, donde es discriminado por ser “un chico extranjero, listo [y] sin interés en los deportes” (2012: 37). Sin embargo, se refugia en la lectura de todo tipo de libros, sobre todo de ciencia ficción. Es aquí donde decide quedarse en Inglaterra para estudiar el Grado de Historia en Cambridge (39) en vez de volver a Pakistán, donde su familia se había mudado.  Él mismo escribe: “¿Por qué ese niño decidió dejarlo todo atrás y recorrer medio mundo hacia lo desconocido, lejos de todos aquellos que lo amaban y de todo lo que conocía? […] ¿Fue, pues, una decisión infantil aventurarse a ir a una Inglaterra imaginaria que sólo existía en los libros? (38, 39).

Aquí “aprende un mundo” (55)[4] y, al licenciarse, pronto comienza a escribir en revistas, logra su primer trabajo en la industria de la publicidad (su primera campaña fue para la chocolatina Aero, como explica, 2012: 65) y escribe su primera novela, Grimus (1975), un compendio de ciencia ficción que Juan Ignacio Oliva-Cruz como ejemplo para entender la relación de Rushdie con sus lectores respecto “[a]l tiempo lineal y el tempo narrativo y la existencia o no de alegoría dentro del relato” (1984:1).

Rushdie recibe por la publicación de Grimus 750 libras (2012: 97) y en él combina lo que Geetha Ganapathy-Doré llama “la autogenesis” de Salman Rushdie (2013: 11), su origen auto narrado, para referir a cómo recrea su vida en su literatura junto a la evaluación y transformación de las historias que le han acompañado a él, a su familia y a las sociedades pasadas, presentes y futuras. En mi opinión, la autogénesis de Rushdie no sólo atañe a cómo se forma él cómo personaje en su obra sino a cómo cuenta su vida de manera interdependiente a pasado-presente-futuro y a la manera en la que se ha contado. Está casado con su primera mujer, vive en Londres y se prepara para recuperar una historia sobre un bebé nacido en la medianoche del 14 al 15 de agosto de 1947, el germen de Hijos de la medianoche (1981), por el que ganaría el Premio Booker (1981), el Booker de los Booker (1993) y el Mejor Booker de todos los tiempos (2008).

Es importante destacar que de esta novela a Rushdie le sorprende que “una novela escrita en inglés específico con matices indios, sobre una realidad no británica y donde no había apenas personajes blancos” (citado en Reminck, np) tuviera tanto éxito. Esta novela refleja que Rushdie es el primero de los primeros en escribir un tratado verdaderamente postcolonial y anticolonial en el sentido de los términos más comprometido con la denuncia y la crítica del Imperio Británico (en la línea del pensamiento de Gayatri Spivak, 2012, o Homi Bhabha, 1996), cuestionando también que el Reino Unido sigue ejerciendo poder a pesar de que haya pasado (y ahora también, como sostiene Paul Gilroy, 2016, o Priyamvada Gopal, 2019). Hijos de la medianoche combina las historias que su propio padre le contaba y que él mismo reconoce en Joseph Antón:

Crecer inmenso en estas narraciones [Las mil y una noches, el Panchatantra, el Kathasaritsagara, el Hamzanama, Aventuras de Hatim Tai] fue aprender dos lecciones inolvidables: primero, que los relatos no eran verdad [,] pero, sin ser verdad, lo llevaban a sentir y conocer verdades que la verdad no podía desvelar; y segundo, que todos le pertenecían, tal y como habían pertenecido a su padre, Anis, y a todo el mundo, eran todos suyos, como lo eran de su padre, los relatos luminosos y los relatos oscuros, los relatos sagrados y los profanos, suyos para modificarlos y renovarlos y desecharlos y rescatarlos como y cuando le viniese en gana (2012: 29)

La historia del personaje principal de Hijos de la Medianoche es no sólo una narración geopolítica coincidente en temporalidad con Salman Rushdie. También la trayectoria y la descripción del personaje. Así leemos:

Nací en la ciudad de Bombay… hace mucho tiempo. No, no vale, no se puede esquivar la fecha: nací en la Clínica Privada del doctor Narlikar el 15 de agosto de 1947. ¿Y la hora? La hora también es importante. Bueno, pues de noche. No, hay que ser más… Al dar la medianoche, para ser exactos. […] Y, al otro lado de la ventana, cohetes y multitudes […] [,] gracias a la oculta tiranía de aquellos relojes que saludaban con suavidad, había quedado misteriosamente maniatado a la Historia, y mi destino encadenado al de mi país (1981:13)

También conocemos la dualidad religiosa impuesta en la época y así podemos hablar de la propia en la vida y familia de Rushdie. Su apellido claramente denota un paso musulmán (32). No un credo, pues la familia se declara no practicante y él tendrá que adherirse a la fecha en 2002 como consecuencia de los eventos que comienzan en San Valentín de 1989. Realmente, el Rushdie de la familia es elegido por el padre de la familia para evitar lo que llama “el trabalenguas” de su nombre Khwaja Muhammad Din Khaliqi Dehlavi (33) y lleva a adoptar el apellido Rushdie “del nombre Ibn Rushd (Averroes) por la admiración que tenía sobre el filósofo cordobés hispano-árabe del siglo XII que llegó a ser qadi o juez de Sevilla, traductor y reconocido comentarista de las obras de Aristóteles” (33). Prosigue Rushdie, hablando sobre sí mismo, “su hijo llevó el apellido durante dos décadas sin comprender que su padre, un auténtico erudito del islam, que a la vez carecía por completo de fe religiosa, y quien lo había elegido en señal de respeto a Ibn Rushd por haber estado en su época a la vanguardia del argumento racionalista que cuestionaba dogmas islámicos. Transcurrirían otras dos décadas hasta que la batalla por Los versos satánicos resonó en el siglo XX a modo de eco de esa discusión con ochocientos años de antigüedad” (33).

Sin embargo, no todo fueron condecoraciones con Hijos de la medianoche. Indira Gandhi (1917-1984), primera ministra de India en dos períodos (del 1966 al 1977 y del 1980 al 1984) criticó la queja que Rushdie hacía sobre India y el proceso de Partición, poniendo en duda parte de las políticas de Nehru, el control que todavía ejercía Reino Unido y la corrupción interna. De hecho, Rushdie sostuvo que la India descrita en Hijos de la medianoche (Partición) era mejor,  en cuanto a libertades y derechos sociales, que la que existía en el momento de la publicación de la novela (Rushdie 2022: 17:48-19.01), y que por ello rechazaba ir a ceremonias en las que pudiera encontrarse con Indira Gandhi, como aquella vez en la que visitó Londres para el cuarenta aniversario de la Partición (citado en Lawley 16:10-19:12).

Su siguiente novela, Shame (1983), contaría el inicio de otro estado, Pakistán, y sus fallos en cuanto a desigualdad económica o la discriminación interseccional de las mujeres por género, combinando las muchas historias que había escuchado y los múltiples fallos de la creación geopolítica artificial basada en rasgos nacionales impuestos que ya vaticinaban las revueltas, conflictos y la existencia de estado como siempre subalterno. Salman Rushdie seguía viviendo en Londres, su primer matrimonio se apagaba y viajaba a visitar a su familia en Pakistán y Mumbai. En sus palabras, “[marcharse de la India era sentirse ahíto: rebosante de ideas, argumentos, imágenes, sonidos, olores, caras, relatos, sensualidad, intensidad y amor” (2012: 101). Sus historias iban aglutinando nuevos matices y preparaba su siguiente novela, recuperando apuntes que había tomado ya en sus estudios universitarios (34-37) y que llevaría por título Los versos satánicos (1988). Con sorna, él mismo dice que “archivó esa buena historia en el fondo de su mente para tenerla en cuenta en el futuro. Veinte años más tarde descubriría hasta qué punto exactamente era una buena historia” (59). Este libro haría que fuese perseguido en Reino Unido, India, Pakistán y que fuera públicamente considerado en busca y captura con pena de muerte por Irán y el Ayatolá Ruhollah Jomeini (1902-1989, líder político y espiritual de Irán del 1979 al 1989). Este proceso se conoce como la fatua (fatwa), que significa respuesta dada por un líder religioso musulmán a un determinado hecho. Y todavía sigue vigente y con una cantidad de dinero por la captura y vida de Rushdie que sigue en aumento (Domenianni 2022).

En ese momento, como reconoce, “la fatua era una nube inimaginable oculta bajo un lejano horizonte” (77), pues la caída del muro de Berlín, la desintegración de la URSS, el fin del control de la URSS sobre Afganistán (mediante la ayuda económica de EEUU y Arabia Saudí a Pakistán) y el avance de los derechos sociales en los estados del Norte Global (Connell 2007, de Sousa Santos 2016) [5] era un hecho. Rushdie habla sobre sí mismo y dice: “Escribir el libro [me] llevó más de cuatro años” (90). Después, cuando la gente intentó reducirlo a un “insulto”, deseó contestar “[p]uedo insultar a la gente mucho más deprisa que eso” (90). Sin embargo, realmente su vida cambió. En Joseph Anton, Rushdie describe los cuatro años que pasan desde la persecución que ya existía desde la publicación de Los versos satánicos en septiembre de 1988[6], hasta el 22 de marzo de 2002, cuando puede salir de su escondite después de reconocer que respetaba el islam (17). Sin embargo, la recompensa por acabar con su vida iniciada con la fatua no había acabado, pues cada año, como prueba el ataque sufrido en agosto de 2022, sigue en pie y con una recompensa que va ascendiendo (Domenianni 2022, Espinosa 2016, Cameron-Moore 2007). Antes, el presidente de Irán en 2007, Mahmud Ahmadineyad, ya había ampliado el precio que se pagaría por la muerte de Rushdie, aprovechando la hostilidad de Irán y Pakistán contra Rushdie y Reino Unido y Estados Unidos como los estados que le ofrecían hospitalidad.[7]

La fatua es declarada el 14 de febrero de 1989. Ese día había estado precedido por manifestaciones y revueltas en Londres en los barrios de Bradford y Tower Hamlets (Rushdie, 2012: 144; Gimeno Blay, 2001: 8) y Rushdie ya había sido insultado en distintas plataformas con palabras, recogidas por él mismo, como “blasfemo” (2012: 170), “apóstata” (169), “traidor” (74) y “villano” (260), además de recibir mensajes como “RUSHDIE APESTA” (147) y “RUSHDIE, CÓMETE TUS PALABRSAS” (147). También incluso el Estado de India le deniega un visado (101) para entrar en el país. Sin embargo, a partir del 15 de febrero de 1989, Rushdie tiene que esconderse, moverse de un lugar para otro, inventarse nombres falsos (de ahí Joseph Anton, en referencia a sus autores favoritos Joseph Conrad y Anton Chekhov) y vivir bajo una protección policial que obligaba a no saber cuándo vería a su hijo o moverse precedido de doce coches de protección (2012). Rushdie reconoce este período como “un contrato fáustico a la inversa” (2012: 109), pues, “[p]ara conseguir la inmortalidad, o al menos la posteridad, pierdes, o al menos arruinas, tu vida cotidiana real” (109). Al mismo tiempo, ésta había sido la nota que tenía en su escritorio mientras escribía la novela, tal y como reconoce en Joseph Anton: “Mientras escribía el libro, había tenido una nota para sí mismo clavada en la pared encima de su mesa. ‘Escribir un libro es establecer un contrato fáustico a la inversa – decía -. Para conseguir la inmortalidad, o al menos la posteridad, pierdes, o al menos arruinas, tu vida cotidiana real’” (109).

¿Y por qué se persigue esta novela? Los versos satánicos habla, con ironía y sorna, del rol de los ataques suicidas, los fundamentalismos religiosos y caricatura la entronización de los líderes religiosos. En la novela se recrean ciertos pasajes de la vida del profeta Mahoma (denominado Mahound) y se contraponen con profesiones y realidades contemporáneos. Los dos personajes principales, Gibreel Farishta y Saladin Chamcha, son dos actores famosos por, respectivamente, interpretar siempre papeles religiosos, y el otro es actor de doblaje reconocido. Después de sufrir un atentado terrorista en medio de un vuelo entre India y Reino Unido, sobreviven, pero Gibreel desarrolla una aureola que le hace parecer el arcángel Gabriel y Saladin unos bultos en su frente que le hacen parecer Satán. Los dos se separan y tienen que huir porque son perseguidos por ser migrantes ilegales. Es en este momento donde Gibreel comienza a tener visiones, incluyendo una en la que Ayeesha lidera una peregrinación desde India hasta La Meca (Jahilia en el libro), donde el Arcángel Gabriel no logra separar las aguas del Mar Rojo, por lo que todos los peregrinos mueren (en contra de la narrativa sagrada en la que hay salvación). La siguiente visión se detalla la vida en exilio de Mahoma y su encuentro con el Arcángel Gabriel, al que pide ayuda para incluir tres deidades politeístas después de encontrarse con una mujer (que resultará ser el diablo). El Arcángel estaba dirigido por un imán en París (clara referencia al Ayatolá Jomeini) aunque en realidad era Satán, aunque todo acabará siendo presentado como si los versos que tuvieran reconocimiento no fueran dictados por ninguno de los dos, sino por el propio Mahound. Todas estas recreaciones crisparon al mundo islámica y produjeron que el Ayatolá Jomeini[8] utilizara este hecho para, sin haber leído el libro (Remnick), ocultar la verdadera realidad de Irán (revueltas sociales, problemas económicos, radicalización heredada). De hecho, el propio Rushdie escribe: “¡Qué frágil es la civilización -escribió en el Observer– qué fácilmente, qué alegremente arde un libro!” (2012: 149).

Comienza entonces una persecución y quema de libros por trivializar hechos religiosos pero también por caricaturizar y criticar las instituciones que se aprovechaban de la fe, sueños y economía de la gente.  El Príncipe Carlos (que está convirtiéndose en el rey Carlos III de Reino Unido mientras se escriben estas líneas, con una ceremonia ritual y tremendamente clasista), John le Carré, Cat Stevens, Germaine Greer, George Steiner, Auberon Waugh, Jimmy Carter, Hugh Trevor-Roper o el Arzobispo de Canterbury manifestaron su rechazo a Rushdie y a la novela, por considerarla inapropiada o deseosa de controversia (Remnick 2023). Por supuesto que Rushdie contó con apoyos públicos y políticos como Ian McEwan, Aziz al-Azmeh, Fadia Faqir, Edward Said, Carlos Fuentes, Susan Sontag Don de Lillo, Norman Mailer, Claire Bloom y Larry McMurtry” (2012: 167-168), pero es importante ver que sufrió un rechazo y persecución no sólo de manera física sino también política, intelectual y mediática. Rushdie reconocerá el mismo que “[e]n los años posteriores soñará con [esta] historia es una especie de prólogo [.] RUSHDIE, ESTÁS MUERTO [.] Había otra palabra que aprender. Acababan de decirla por la radio: extraterritorialidad. También conocida como terrorismo patrocinado por un Estado [.] Ahora existía la acción extraterritorial. En otras palabras, venían a por ti” (2012: 15, 27)

La persecución se relaja en 2002 y Rushdie puede marchar de Reino Unido a Estados Unidos, donde comienza una nueva vida más relajada en cuanto a protección, con nuevos matrimonios y nuevas realidades literarias en sus narrativas. Sin embargo, es importante recordar que la persecución no para, sigue en aumento (Sánchez-Vallejo), aunque es menos manifiesta en los medios y en los discursos políticos.  Será aquí, en 2022, en Chautauqua (estado de Nueva York, Estados Unidos), cuando el 13 de agosto Rushdie será atacado casi mortalmente por Hadi Matar antes de dar una charla en un supuesto entorno seguro. ¿Qué lleva a este hombre a cruzar el estado de New York y acuchillar a Rushdie? Pues de nuevo la radicalización de ideas de protección de una doctrina y también, como informa Isabela Mazza, «[e]l fanatismo se mezcla con el oportunismo: aquí está el autor, el acontecimiento público, la posibilidad de acercarse a una personalidad perseguida por una irrevocable ‘sentencia de muerte'».

El atentado casi acaba con la vida de Rushdie, y el resultado, a día de hoy, es la pérdida del ojo derecho y la movilidad de la mano izquierda (aunque poco a poco va recuperando). Dice Rushdie, en la primera entrevista después de este ataque, que rechaza sentirse atemorizado (citado en Remnick 2023), porque es algo que lleva haciendo desde los tiempos de Los Versos Satánicos, cuando “la gente se asustaba cuando estaba a [su] alrededor, así que la única manera de parar eso era dando la sensación de que no tenía miedo”. En esta entrevista Rushdie recuerda que después de la fatua y el odio que se veía en las pantallas (manifestaciones, quema de libros y banderas) decidió que “ya no sería un contador de historias, sino que él mismo sería historia, controversia, negocio” (citado en Remnick). Siempre ha rechazado lucrarse con su posición de víctima y su narrativa (tanto la creativa como la manera en la que se ha presentado al mundo) nunca ha sido desde culpar o vanagloriarse en el daño recibido sino en como existen una serie de instituciones políticas y religiosas que, de manera extraterritorial (2012: 27) tienen intereses en culpar, perseguir y lucrarse a raíz de otros. Es así que en la entrevista que concede en 2023 a David Remnick el propio Rushdie argumenta que le gustaría cambiar de tema porque siempre cree que sus libros son más interesantes que su vida, a pesar de que el mundo piense lo contrario (citado en Remnick).  Ahora hay que entender qué hay detrás de cómo contar las fechas, las aventuras y todos sus contrarios.

2-“Señor Rushdie, he leído su novela, […] ¿qué es lo que quiere decir?” (Rushdie 2012: 72): Lenguajes narrativos de Salman Rushdie

La vida de Salman Rushdie engloba muchas fechas que abren la puerta de y a eventos que se unen, confrontan y divergen en el tiempo. Si hemos visto que una selección de novelas nos permite acercarnos a su trayectoria vital, analizar la forma en la que el autor traza sus narrativas nos facilita entender la complejidad de las realidades que representa, las capas vitales de su escritura y lo caleidoscópico de su existencia y persecución.

Hemos visto como Hijos de la medianoche utilizaba la primera persona, Los versos satánicos la tercera, en Joseph Anton escribe sobre sí mismo en tercera persona y en Ciudad Victoria toma la perspectiva de una mujer que escribe en primera y es descrita en tercera persona desde y para un lapso de cinco siglos. La complejidad narrativa también refleja el solapamiento de temporalidades, donde Hijos de la medianoche describe la Partición de India (1947) a través de elementos de las civilizaciones antiguas, Los versos satánicos habla de la vida de Mahoma utilizando imaginario contemporáneo, Joseph Anton es una auto-narracción de él mismo y un período de su vida (1988-2002) y en Ciudad Victoria se recrea una civilización existente a través de un personaje y una civilización totalmente inventada.

Existe por tanto una complejidad de narradores, pero también de solapamiento de estilos y trayectorias narrativas que añaden más matices a la pregunta ¿por qué se persigue a Rushdie? Esta sección pretende responder a esa pregunta explicando otra, la que el autor recibe sobre Hijos de la medianoche que él mismo transcribe: “Sr Rushdie, he leído su novela [pero] ¿qué quiere decir?” (Rushdie 2012: 72).  Esta sección prosigue analizando un ejemplo de su obra explicando el solapamiento de estilos artísticos y tradiciones literarias, a la vez que se delimitan algunas de sus influencias y se valoran cuáles son los objetivos para las narraciones que hace sobre sí mismo, los tiempos pasados, el presente y los devenires futuros.

-La obra (y la vida) de Salman Rushdie es realista y mágica

La obra de Salman Rushdie incluye historias de Las mil y una noches, la Biblia, el Panchatantra (Rushdie 2012: 29), el folclore de Gujarat (estado de la India al que pertenece Mumbai), la vida cotidiana de los años 1980s en Reino Unido, la contemporaneidad más neoliberal de Estados Unidos en el final del siglo XX y la recreación de civilizaciones de las que no se tiene testimonio. Se solapan distintas voces narrativas, historias que se cruzan y personajes que saltan de un tiempo a otro. Para la poeta india Tishani Doshi, la obra de Rushdie es como “una miniatura mogola[9] [,] donde muchas cosas pasan al mismo tiempo y en distintas perspectivas. De repente un ojo ve una situación donde un cocodrilo sale de su río y el otro se detiene en observar a la representación de dos amantes que se aman detrás de unos juncos” (2023). Esta superposición de planos es también vista en la ilustración de Habiballah de Saba para La Conferencia de los pájarors, realizado en 1600, 583 años después de la narración de Farid ud-Din Attary. En la ilustración se añaden figuras como la del cazador y elementos naturales, que no aparecen en la narración original. Sin embargo, su inclusión se realiza para ampliar la descripción de detalles y la explicación desde una temporalidad diferente.

Los tiempos, los lugares y las distintas historias de los personajes no aparecen descritas de manera aislada en las narrativas de Rushdie y no son separadas geográficamente, temporalmente, mentalmente, físicamente. Ocurren y conviven al mismo tiempo. Juan Ignacio Oliva-Cruz destaca la “elongación del tiempo y el espacio” (1984: 98-100) que realiza Rushdie para permitir compartir coexistencias a los personajes.  Se permite así que los lectores y los personajes convivan de manera más global, sin separaciones espaciales, temporales o geopolíticas para formar parte de una existencia más rica e híbrida. Asuntos triviales, como una determinada hora, una entrevista o un hecho aislado, supone un golpe de efecto para toda la existencia pues, de nuevo como sostiene Oliva-Cruz, el mundo que describe Rushdie es el de lo “maravilloso y la metafísica” pero también el de la cotidianeidad (93-98).

Geetha Ganapathy Doré califica la narrativa de Rushdie como “híbrida, polifónica e interlingüística” (2013: 12). Todos estos rasgos se pueden ver en el solapamiento de narrativas de las novelas ya mencionadas, que Fernando Galván reconoce al describir la narrativa de Rushdie como “mini-narraciones sobre el mismo evento para conseguir una descripción más completa y sin estructuras de control” (1984: 122). Además, sostiene Ganaphaty-Doré, la obra de Rushdie es un hito en el “realismo mágico” en la trayectoria de narradores como Gabriel García Márquez, pues se conjunta un mundo irreal con criaturas inexistentes, legendarias o imaginadas en el mundo real (2013: 12). Sin embargo, como explica Tishani Doshi, este realismo mágico no es una fantasía, sino que es la manera de entender las múltiples fuentes, folklore y cotidianeidades en las que ha vivido, pensado, hablado y soñado Rushdie (2023). En mi opinión, sí hay elementos de realismo mágico en las narrativas de Rushdie, pero muchas veces la magia no es una fantasía irreal sino una manera de percibir y estar en el mundo que no necesita ser llamado realista, pues parece que se le da cierto privilegio al pensar racional. Saleem Sinai, personaje principal de Hijos de la medianoche, parece hacerse cargo de esta manera de contar entre lo imaginado y lo real y así cuenta: “[p]ara revelar el secreto de la alterada visión de mi abuelo [.] No haré comentarios; esos acontecimientos, que han salido dando tumbos de mis labios de cualquier modo, mutilados por la prisa y la emoción, no debo juzgarlos yo (Rushdie 1981: 15, 42).

La propia trayectoria vital de Rushdie parece una narración exagerada y fantasiosa, a pesar de que sabemos con certeza que todos los eventos detallados en la sección anterior son verdaderos. Por eso, creo que el estilo narrativo de Rushdie no es sólo realismo mágico y que sería peligroso interpretar su obra y los elementos que en ella aparecen como elementos del realismo mágico. El realismo mágico permite a Rushdie hablar de la cotidianidad que él ha vivido en distintos continentes, tiempos y bajo condiciones de amenaza de muerte, al mismo tiempo que facilita contar los folklores inter e intra-personales de todas las personas con las que ha convivido y todas las historias y leyendas que ha escuchado. Oliva-Cruz reconoce en el imaginario “rushdiano su relación con el realismo mágico [e]n cuanto a las técnicas narrativas de las que se vale Rushdie para escribir sus novelas [relacionando]” (1984:2).

El estilo literario de Rushdie es ecléctico y busca utilizar distintas influencias y objetivos para describir distintas complejidades como parcelas interconectadas, no como puntas del iceberg aisladas. Si imagináramos las miniaturas mogolas en tapiz, Rushdie y su literatura estaría interesado en el reverso del tapiz, ése que tiene los hilos cruzados, que nos permite ver el motivo de la cara principal, pero sobre todo las interconexión, puntadas y manipulaciones del artista. Hay en la obra literaria de Rushdie un deseo de aglutinar trayectorias, tiempos, lenguas, lenguajes y personajes con el objetivo de experimentar un deseo de coexistencia en el que la persona que lee es capaz de sentirse parte de distintos mundos, experimentar y, entonces, descifrar sus propias opiniones o las manipulaciones de otras. Quizás este deseo, que incluye y desvela elementos reales y mágicos, son perseguidos por filosofías que buscan la perspectiva única, el dogma y la imposibilidad de razonamientos líquidos y cambiantes.

-Influencias

En Imaginary Homelands (Patrias imaginadas) (1991), Rushdie declara que “uno de los placeres mayores para la persona migrante es la de ser capaz de seleccionar elementos de los mundos alternativos y distintos de sus padres.” (1991: 21). Así reconoce que su imaginario “ha heredado un árbol políglota del que se siente muy honrado de pertenecer y del que se siente tan inspirado” (2) como sus grandes ídolos “Gogol, Cervantes, Kafka, Melville [o] Machado de Assis” (2012: 21). En la obra de Rushdie existen muchas realidades que resisten con sus puntos de vista, sus idiosincrasias, sus características, sus maneras, sus defectos, sus virtudes, sus imaginarios y sus prejuicios. Sería imposible entender el viaje de los pájaros en La conferencia de los pájaros sin saber qué pensaban los que murieron, los que abandonaron, los que tenían un tipo de vuelo, los que tenían un canto más agudo, los que llegan hasta el fin o los que descubren que no hay fin.

La narrativa de Rushdie tiene una heterogenia de influencias que la hace coexistente a muchos mundos, momentos y perspectivas. Fernando Galván mantiene que el lenguaje de Rushdie va más allá del realismo mágico como rasco único y destaca que está llena de “interrelaciones entre narración e historiografía donde aparecen elementos mágicos que buscan transmitir conocimientos que han sido subalternos” (2009: 116).  Galván cita a Michel Foucault (1980) y también a Madan Sarup (1988) para valorar la importancia de que Rushdie incorpore conocimientos y maneras de experimentar “locales” para desmontar las maneras “más globalizadores y sistemáticas de entender la historia” (117). Es así que en el lenguaje narrativo de Rushdie aparecen distintos folklores y se “narrativiza la historia” (117) para desmontar una visión canónica única de hechos contados de una única manera. Rushdie cuenta hechos históricos como la Partición india (en Hijos de la medianoche), los ataques terroristas de extremismos religiosos (en Los Versos Satánicos), su propia vida (en Joseph Anton), su figura como escritor que tiene que escribe en un mundo de informática (en Quijote) o la inclusión de narradoras que hablan de generaciones de las que no hay testimonios diversos (Ciudad Victoria). El propio Rushdie dice que hay una descripción de la historia que podría ser la literal y otra que se compone de la que se recuerda. Para él, la importante es la que se compone de “aquellas historias que se cuentan como recordadas, no las literales” (Rushdie 1991: 24).

Galván explica que las narraciones de Rushdie contienen “un proceso de narración doble” en la que se accede a una historia “local, específica, personal”, y a “otra” más “global, canónica, fijada” (2009: 118). Afzal-Khan ha reconocido este sincretismo narrativo como “estrategia de liberación” (1993: 143) para conseguir una mezcla de géneros literarios que ofrecen una representación más completa de todas las subjetividades que la viven, no sólo las que han contado una historia en un tono único. Esta perspectiva híbrida, dice Galván, “desafía las expectativas historiográficas” (118) y otorga más conocimiento y nuevas formas de conocimiento pues, como dice la narradora en Ciudad Victoria, “al final sólo quedan las palabras” (2023: 415). Oliva-Cruz ya había manifestado esta opinión argumentando que el estilo de Rushdie creará escuela y servirá de inspiración a nuevas escrituras en el mundo postcolonial, anglófono y también en el de lengua castellana (1984: 199).

Rushdie ha sido criticado por utilizar la lengua del Imperio, el inglés, para desmontar esa tiranía del conocimiento. Él mismo ha reconocido que su trayectoria vital ha sido privilegiada, pero que su perspectiva es importante pues añade sus experiencias. Creo que la multiplicidad de influencias sobrepasa esta limitación que se podía establecer sobre la narrativa de Rushdie por estar escrita en inglés. Fernando Galván se hace eco de esta crítica y cita al grupo de Estudios Subalternos y su ataque al imperio realizada en lengua inglesa (2009). Autores y autoras contemporáneos indios como Arundhati Roy, Prayaag Akbar o Meena Kandasamy escriben en lengua inglesa hoy en día como rechazo a las políticas extremistas del estado indio para imponer la cultura hindú y la lengua hindi. Por eso deciden utilizar la lengua inglesa y así reivindicar la atención internacional y la educación que han recibido en inglés, escapando de las limitaciones que el actual sistema político indio hindutva realiza (Serrano Muñoz 2023, Borreguero 2004). Añade Adam Gopnik que el compromiso de Rushdie con la lengua inglesa y sus matices es tan grande como su anti-imperialismo (2022) y Galván lo reconoce como su deseo de acabar con las dicotomías entre historia y literatura para poder integrar distintas historias que permitan conocer y saber de manera más holística y equitativa (2009: 123-125). En otras palabras, Rushdie explica y detalla sin sesgos y estructuras de control de índole política, lingüística, económica, religiosa y filosófica. Conocer distintas escuelas de entendimiento nos permite acercarnos, en mi opinión, al hecho de estar vivos teniendo más experiencias y conociendo distintas maneras de experimentar y experienciar. Como dice Nuccio Ordine, conocer desde las humanidades no tiene más objetivo que el de conocer(se) la inutilidad (2019).

-Objetivos

“Nada es sagrado para Salman Rushdie”, sostiene David Remnick (2023). Para Rushdie, todas las historias nos incumben, influyen en nuestra existencia y no hay ningún relato histórico o imaginario que no tenga un contacto con la realidad. Utilizar un lenguaje de influencias heterogéneas hace que la escritura de Rushdie tenga un total compromiso con un sistema de epistemología global en el sentido más integrador y holístico del término, en el que se englobarían Epistemologías del Sur (de Sousa Santos 2019), Éticas del Cuidado (Heier 2018, Mooten 2015) y los presupuestos más efectivos del anti-imperialismo decolonial (Ahmed 2017, Gopal 2019). Cualquier historia cuenta, cualquier manera cuenta. Contar, contar y contar como estrategia de supervivencia pero también de compromiso, de coexistencia y supervivencia interpersonal a través de los tiempos. Sherezade contaba para sobrevivir, pero Pampa en Ciudad Victoria, al igual que Saleem en Hijos de la medianoche o Gibreel en Los versos satánicos,cuentan para añadir maneras, entender mejor y conseguir una experiencia (y manera de experimentar) más amplia. Uno de los objetivos de Rushdie es, por tanto, el de contar para conocer y ser capaz de contar luego con más detalle, con nuevas visiones. Él mismo lo hace en Joseph Anton, describiendo sus memorias añadiendo sus propias maneras a través de un narrador en tercera persona.

El uso del inglés, “en un formato específico a su trayectoria de diáspora (Remnick 2023, Ganapathy-Doré 2013, Galván 2009, Oliva-Cruz 1984) ayuda a desmontar la narrativa única tal y como se describió en el apartado anterior.  Pampa en Ciudad Victoria lo reconoce cuando escribe:

[Esa misma historia contada en un lenguaje más llano por el presente autor, que no es ni un erudito ni un poeta sino un simple cuentacuentos que ofrece esta versión para el mero entretenimiento y posible instrucción del lector de hoy, sea joven o viejo, culto o menos culto, ya busque la sabiduría o le diviertan los disparates, gente del norte como del sur, seguidores de tal o cual dios o de ninguno, de miras amplias o de miras estrechas, hombres y mujeres y miembros de los géneros intermedios o de más allá, vástagos de la nobleza y plebeyos de carnet, gente buena y granujas, embaucadores y extranjeros, sabios humildes y tontos egoístas (Rushdie, 2023: 1).

Contar es más importante que el lenguaje que se utiliza, y por eso la respuesta al “¿usted qué quiere contar” (Rushdie, 2012: 72) es diverso y retador, pues utiliza lo más local y lo más global para describir y relacionar(se) con un mundo que es meta, alfa y omega en sí mismo, aunque a veces se vertebra en narraciones que no integran o que restringen.

Contar permite, pues, para Rushdie, “reclamar [a través de] una manera de contar poliédrica que permite los ruidos, que destaca por su exuberancia, que muestra complejidad multilingüe, que tiene ingenio y que, como fin primigenio, comparte un desencanto político” (Rushdie citado en Remnick 2023). Este “descontento” no pertenece a un momento, lugar o personaje en específico, sino que puede ser englobado a un marco que es, como la narrativa propia de Rushdie, poliédrica.  El último objetivo es el de existir resistiendo y resistir para existir. Este es el punto que sigue y el que nos permite destacar el compromiso ético y transformador de las narraciones literarias de Rushdie pero también de la narración de su propia vida.

3- «Detuvo la película. Aquello que no era verdad. Era un cuento de hadas» (2019: 55): Resistencias y Existencias

Se han explicado en las secciones anteriores algunos de los acontecimientos vitales y las maneras de contar de Rushdie. Son formas de existir mediante polifonía e intertemporalidad y, a la vez, modos de resistir a narrativas hegemónicas que simplifican para proponer narrativas que cambian y permiten nuevas existencias.  Este artículo no ha querido ser un trabajo de lectura e interpretación de la narrativa de Rushdie como algo a ser descifrado, fragmentado o parcelado. El objetivo es el de hacer un ejercicio para entender qué hay detrás de Rushdie como autor y su literatura. Así se han presentado cuáles son los esquemas geopolíticos que le han perseguido (estructuras políticas, religiosas y económicas con presupuestos dogmáticos, discriminatorios y de póstulas dicotómicas entre bien y mal) y qué respuestas creativas ha utilizado en su literatura (influencias poliédricas e híbridas o distintos puntos de vista, temporalidades que se unen).

Hay veces que estas revisiones sobre literaturas perseguidas tienen el riesgo de victimizar, cuando es importante destacar el rol de la dictadura que oprime. Arundhati Roy, en el contexto del estado contemporáneo de India, habla de la necesidad de denunciarlo, criticarlo, acorralarlo, dejarlo sin oxígeno (2017, 2003). Es importante saber qué busca el otro lado para que esa maniobra de acorralamiento sea más práctica, más efectiva. Rushdie realiza las dos maniobras y así lo hemos visto en las secciones anteriores. Por un lado, destaca las desigualdades y descifra qué hay detrás del miedo y de la violencia que provocan. Por otro, denuncia, identifica las dinámicas de funcionamiento de la opresión y acorrala al que oprime.  Este apartado quiere presentar a Salman Rushdie como un escritor de acción con el neologismo, rexistir, que es infinitivo para ilustrar cómo resiste a los sistemas de poder que buscan oprimirle y cómo re-existe para transformarlos, formulando una nueva realidad para no ceder su propia existencia ante ellos. Resiste, existe y re-existe para seguir que la supervivencia sea resistencia que cambia, no que se adapta.

Se podría decir que tanto Salman Rushdie como su obra son resilientes. Sin embargo, este término, a pesar de su popularidad (Hirsch 2014), es peligroso. En muchos discursos, la resiliencia sólo se centra en la adaptabilidad para sobrevivir, un discurso estático de “aguantar” (Folke 2016) que aísla individualidades y comunidades entre las que sobreviven y las que no. Sin embargo, también hay una lectura de la resiliencia que es más dinámica y que proclama la supervivencia unida a un cambio para subvertir todas las condiciones que ejercen la presión y las dificultades económicas, sociales, profesionales… Esta lectura de la resiliencia transformadora (Fraile-Marcos 2020, Roy 2019, Braidotti 2017, O’Brien 2018, Simpson 2016, Bracke 2016), formulada desde diversas posicionalidades tiene el nexo común de cambiar las estrategias que limitan la supervivencia en vez de simplemente sobrevivir. Éste es el proceso que yo entiendo como re-existencia, donde no hay conformidad sólo con existir, sino que busca resistir denunciando y modificando todas las estructuras políticas, económicas, de género, religiosas o étnicas que amenazan la vida de individuos y/o colectivos. El objetivo es existir pero re-existiendo, formando una manera de hacerlo en la que las amenazas se defienden, pelean y desafían.

Las narrativas de Salman Rushdie, tanto sobre él como las que crea, resisten y existen para promover que Rushdie y su obra acorralen y creen (en) una realidad en la que re-existir. Ya lo reconocía la actriz francesa Isabel Adjani cuando recogía el premio César en por la mejor actuación femenina por su interpretación de Camile Claudel en La Pasión de Camille Claudel en 1989. En su discurso de agradecimiento mencionó y celebró a Salman Rushdie y la persecución que sufría y así citó de Los versos satánicos, reconociendo a las personas que eran perseguidas por dar su opinión, a través de sus palabras: «En lo que se refiere a la voluntad, los ángeles no intervienen demasiado. La voluntad consiste en no estar de acuerdo, en no someterse, en presentar batalla» (02:39-02:47).

Rushdie y su literatura presentan batalla en cuánto a ofrecer distintas maneras de contar, resistiendo ataques y respuestas dogmáticas para así re-existir. Es decir, crear y habitar una nueva existencia, nuevas formas de conocer desde conocimientos más locales y que antes fueron subalternos de una epistemología única y controladora (de Sousa Santos 2019, Ahmed 2017, Galván 2009). Es como detener, explicar y desmontar “un cuento de hadas” (2019: 55), que es lo que Quijote en la versión de Rushdie hace, para desmantelar la fantasía que legitiman los discursos de violencia que ellos sufren (tanto Rushdie como el Quijote de su Quijote, 2019) y llevar a cabo un acto de disidencia que dice no y propone y realiza cambios. La historiadora india Romila Thapar, en su libro Voices of Dissent, estable que los actos de disidencia forman parte del ethos del subcontinente y del mundo contemporáneo (2022: 124), a pesar del deseo de estados totalitarios como la actual India, Pakistán o Irán de presentar y preservar sus estados como “libres de disidencia para parecer normales y evolucionados” (Chaudhuri, 2019). Para Thapar, la disidencia es una manera de luchar contra la violencia que instila miedo y terror sobre la gente (135). Rushdie da visibilidad, tanto en su obra como en su cartografía vital (Remnick), a esa protesta, a esa queja, luchando contra los estados que no quieren que se vean las fuerzas reaccionarias (Thapar 137).

Las historias que Rushdie cuentan son reaccionaries y resisten a través de perspectivas múltiples, personajes de diversas temporalidades, inclusión de anécdotas, conflicto de opiniones, subversión de historias canónicas, cruce de narraciones, heterogenia de estilos y polifonía se narradores y narradoras. Rushdie cuenta historias con el objetivo de que sobrevivan, como en el caso de Ciudad Victoria, y de que esa esperanza sea transformadora, no una forma de acomodarse a una supervivencia en la que sólo se puede sobrevivir o no. Autores contemporáneos indios en lengua inglesa como Anuradha Roy, Prayaag Akbar, Meena Kandasamy, o los ya citados Arundhati Roy y Tishani Doshi, se unen a definir la escritura como resistencia y existencia, por lo que también, siguiendo esos rasgos de la obra de Rushdie en su literatura. Así, el término rexistir se puede aplicar a otros autores y autoras y desde aquí se invita al público lector a que identifique esas escrituras que proponen re-existencias, distintas maneras de habitar el mundo con un cambio para hacerlo habitable. Algunos nombres que suenan, en el contexto en lengua castellana, son Javier Cercas, Chantal Maillard, Paul B. Preciado o Remedios Zafra.

4-Descontando conclusiones

Salman Rushdie, como el narrador de Quijote (2019), detiene “la película” (55) y cuestiona. Su interés en ofrecer nuevas formas de conocimiento es clara para que también entendamos su propia persecución y cómo es posible que viva sin miedo (citado en Remnick). Los narradores de Hijos de la medianoche o Los versos satánicos muestran matices y distintas explicaciones con elementos reales e imaginados para entender las dinámicas de poder político, religioso y económico no solo sobre India, Pakistán y por extensión Bangladesh, sino también las manipulaciones del Imperio Británica y de las nuevas potencias neocolonizadoras que imponen un neoliberalismo que aísla y proclama que sobrevivamos, sin facilitar un verdadero acto de existir y re-existir cambiando todo aquello a lo que resistimos (estructuras de poder, control y discriminación económicas, políticas, étnicas, filosóficas, etcétera).

Las narrativas de y sobre Salman Rushdie, como las experiencias múltiples de La conferencia de pájaros, nos enseña modos y maneras de resistir y existir. Como las esculturas de Anish Kapoor (“Vértigo doble”,“Double Vertigo”, 2012; “El no-objeto (una puerta)”,“No-Object (Door)”, 2008) o los juegos de ilusión óptica, Rushdie permite una polifonía que facilita habitar distintos mundos y tiempos, resistiendo a la hegemonía de la separación mediante la posibilidad de co-existencia y convivialidad. Es así que Rushdie y todas sus experiencias nos muestran maneras de rexistir, activando actos de resiliencia subversiva que transforma, resiste y nos da esperanzas para volver a re-existir de mejor manera.


Bibliografía, notas y fuentes:

La investigación realizada para este artículo ha sido posible gracias al apoyo brindado por los Re-charting Indoceanic and Atlantic Literary Productions (PID2022-141118NB-I00) y Narrating Resilience, Achieving Happiness? Toward a Cultural Narratology (PID2020-113190GB-C22), financiados por el Ministerio de Ciencia e Innovación del Gobierno de España.

[1] Y que se conserva en el MET Museum de Nueva York, de Estados Unidos (y que puede consultarse aquí https://www.metmuseum.org/art/collection/search/451725.)

[2] El Simurg es un pájaro que se presupone femenino en persa, aunque el término es género neutral (ni él ni ella). La gran característica de esta ave es que devora a todo aquél que se aproxima demasiado (Ekhtiar & Anvar). Su concepción metafísica respecto a esta metáfora es clara: cuidado con llegar hasta esa verdad, podría destruirte si no estás preparado.

[3] Este libro es un tratado de auto-narrativa con subtítulo Memorias y que va del 1988, con la publicación de Los versos satánicos hasta 2002, cuando su protección policial se relaja. Se describirá más adelante.

[4] Y comienza a archivar historias que escucha en clase, como la del Profeta Mahoma. En Joseph Anton reconoce cómo se dio cuenta del potencial de tales conocimientos y la necesidad de contarlo. Fue este el germen de Los versos satánicos:

Buena historia, pensó al leer sobre eso. Ya por entonces soñaba con ser escritor, y archivó esa buena historia en el fondo de su mente para tenerla en cuenta en el futuro. Veinte años más tarde descubriría hasta qué punto exactamente era una buena historia (59)

[5] El Norte Global se superpone al Sur Global y está compuesto Norteamérica, Europa y algunos estados de capacidad económica alta como Australia, Costa Rica o Nueva Zelanda.

[6] Es conmovedor escucharle hablar en Desert Island Discs (programa radiofónico de BBC), que él mismo reseña en Joseph Anton (127), donde elige un tema de Faiz Ahmed Faiz, amigo íntimo de su padre con letra sobre partición y “Sympathy for the Devil”, de los Rolling Stones. El programa se puede escuchar online y el enlace aparece en la biografía, citado por el apellido de la entrevistadora Lawley.

[7] Sería interesante que estudios futuros trabajaran sobre la hospitilidad en estos procesos. El término, acuñado por Derrida (2000), habla de la hospitalidad y hostilidad como dos caras de la misma manera, donde siempre que se es hospitalario se espera o exige algo a cambio que, se reciba o no, siempre crea relaciones de hostilidad.

[8] Él mismo lo narra en Joseph Anton: “¿Qué siente uno – preguntó la periodista – al saber que el ayatolá Jomeini lo ha condenado a muerte?” […] “Uno se siente bien”. Esto fue lo que pensó: Soy hombre muerto [.] “Comunico al orgulloso pueblo musulmán del mundo que el autor del libro Los versos satánicos – libro contra el islam, el Profeta y el Corán- y todos los que hayan participado en su publicación conociendo su contenido están condenados a muerte” (2012: 15)

[9] Para observar una selección de miniaturas mogolas, se recomienda visitar el catálogo virtual del Museo Nacional de Arte Indio de Nueva Delhi respecto a las pinturas mogolas miniatura.(http://www.nationalmuseumindia.gov.in/en/collections/index/13), la sección del Victoria & Albert Museum de Londres (Reino Unido) con miniaturas extraídas del Sub-Continente.(https://www.vam.ac.uk/articles/the-arts-of-the-mughal-empire),  o la exposición Visiones de la India, que se organizó por el Museo Thyseen-Borthemiza en Madrid (2012) (https://www.museothyssen.org/exposiciones/visiones-india-pinturas-sur-asia-san-diego-museum-art) o

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