Poema semanal de Fátima Frutos

Fátima Frutos

Y  VUELA  LAS  OLAS

A Sarah Almagro, campeona del mundo de surf adaptado.

En la hora en que se eleva con esa luz breve y lívida,
la de las supervivientes.
En la hora en que emerge con el rostro amparado
y con más sueños que la penumbra pueda arrebatarle.
En esa, en esa misma hora en que la voz de una madre
empuña su victoria como un relámpago.
Así se mira a través del cristal,
del aire
de la vida.

Deslizándose pulcramente entre nubes
con ese mar con el que indagar saltos al vacío.
Así compite y vuela las olas.

Corren los ríos sobre la tierra para llegar a sus mares,
a su vuelo inasible con el que el tiempo empieza y se enternece.
Remolino de gigantescas corrientes, de fuentes repentinas.
Caudal con el que escalar los suspiros, apasionadamente atenta
ante el bravo litoral que escucha su tormenta de esperanzas.

Porque Sarah vuela.
Vuela las olas.
Como un alud, sonámbula de abismos y espiga de su padre.
Flecha montada sobre una tabla que clama tregua para alzarse.
Ocupa el viento, derrama islas, renovada de mar, trémula.
Vuela las olas bajo atmósferas azules y albas sin edad
como un junco tensado para sajar el poniente.
Allá, bajo las cadencias del infinito, la fuerza de quien pronuncia
latidos para que se le oiga.
Nada puede derribar la luz íntima sobre la que florece
ni el límite extremo, radiante y absoluto, con el baña
la aridez de nuestra frente.

Creo en ti, a imagen de una llama incesante,
que desde el arenal se asoma al vano de la existencia
y vuela, vuela las olas.