– Con motivo del XXII Seminario organizado por la Fundación Fernando Buesa –
Antonio Rivera
Catedrático en la UPV/EHU
Fecha de publicación: 22/11/24
Hace media docena de años se planteó como tema a debate en el seminario anual de la Fundación Fernando Buesa y el Instituto Valentín de Foronda la cuestión de si todas las víctimas eran iguales o diferentes. En aquel tiempo se trataba de cuestionar la interpretación comunitarista de la violencia, de sus víctimas y de la memoria de todo ello. La mirada comunitarista plantea que “todos hemos sufrido”, que aquello fue “una pelea entre hermanos” y que hay que rechazar “todas las violencias”. El criterio moral, si acaso, respalda esa consideración; también el de oportunidad: terminado el tiroteo, todas las comunidades prefieren dar carpetazo al pasado estableciendo un mismo rasero para todo. El problema de ello es que esa igualación es equidistancia, y por eso injusta. Mezclar todo tipo de violencias y de víctimas desde un criterio moral –todas sufrieron, en todos los casos se vulneraron sus derechos humanos- es renunciar a la vez a entender lo que pasó, preferir no pedir responsabilidades por ello y desechar la experiencia y aprendizaje del pasado para construir un suelo de futuro más sólido para nuestras sociedades.
En la Transición se “echó al olvido” el pasado y tras el terrorismo de ETA se pretendió escribir el futuro “desde una página en blanco”. En todos los casos ese ejercicio resulta fatal: esa generación no aprende nada, es injusta con las diversas víctimas y deja para el futuro, para sus nietos, desprovistos de la presión de ese pasado y confiados en lo que tenga que venir, la exigencia de responsabilidades, aunque solo sean las del recuerdo. Los victimarios conforman la condición política de sus víctimas porque estas representan, quiéranlo o no, la inversa de lo que pretendían aquellos. Un asesinado en una cuneta en la guerra civil es una denuncia de la barbarie que no queremos, igual que un muerto por el terrorismo es una defensa de la democracia y del pluralismo que pretendieron eliminar sus verdugos. Luego será oportuno conocer más de la victimización, para ubicar el hecho, víctima y victimario en su lugar correspondiente. De manera que las víctimas son todas iguales en cuanto a merecimiento de verdad, justicia y reparación, pero cada una de ellas representa cosas distintas, conforme a la intención que animó a su victimario. A eso se le llama “condición política” de las víctimas.
Años después, como decía, nos planteamos cómo operaba este precepto cuando las víctimas de diferentes orígenes y causas han tenido distinto tratamiento en los dos últimos lustros. El final del terrorismo y los cambios habidos en la consideración de sus víctimas colocaron a estas en un reconocimiento oficial, institucional, óptimo, por más que queden pendientes muchas cuestiones para considerarlo del todo positivo (vg. casos sin resolver, empatía social aún más extendida…). A su vez, la ley de Memoria Democrática de 2022 se ha aplicado a mejorar la de 2007 (de Memoria Histórica), esforzándose por reconocer a las víctimas del franquismo, e incluso llegando de una manera particular a las de la Transición, al poner la frontera en diciembre de 1983.
Por diferentes motivos, se puede estar dando una equiparación entre un tipo de víctimas con una determinada política y de otro con su inversa. Así, las víctimas y la memoria del terrorismo parecen ser adscritas al campo de las derechas mientras las del franquismo (y del tiempo de la Transición, las referidas a violencia policial y/o de extrema derecha) lo hacen al de las izquierdas. Sería un error extraordinario no hacer lo posible para que tal cosa no suceda. Hay que explicar que, de nuevo, unas y otras víctimas, teniendo victimarios con objetivos políticos diferentes, coincidían en el hecho de representar por inversa valores positivos, como la libertad, la democracia o el Estado de derecho. El franquismo, las violencias de la Transición y los diversos terrorismos pretendían acabar con esos valores, cada uno desde su criterio político, pero todos confluyendo en ese común objeto. Por lo tanto, hay que trabajar en el sentido de que todas sean igualmente reconocidas en sus derechos, en su recuerdo y en su significación, porque todas son iguales y no pertenecen a unos o a otros.
Para ello, lógicamente, hay que avanzar en el caso de las víctimas del franquismo y del tiempo de la Transición lo que se ha transitado en los últimos años en beneficio de las del terrorismo. Los reconocimientos, a todos los efectos, no son todavía los mismos. Afortunadamente, las víctimas del terrorismo han consolidado sus derechos en este tiempo, pero no así todas las demás. Y no se puede hablar ni tener como proyecto una común consideración si no hay igualdad de trato para todas ellas. Por lo tanto, es necesario remover obstáculos que todavía no igualan en ese sentido a todas las víctimas. Así, el reconocimiento institucional y el social de todas ellas tenderá a ser el mismo, y no presentará diferencias como ocurre en la actualidad.
Igual que en un primer momento, tras el final de la violencia política y el terrorismo, la igualación de víctimas y memorias resultaba injusta por lo señalado, al cabo del tiempo, y si se han llevado a cabo las reparaciones que colocan a todas en un equilibrio, lo que debe hacerse es tenerlas por igual, sin adjudicarlas por activa o pasiva a unos u otros, que es precisamente lo que pretenden quienes albergan una memoria resentida y sectaria. Justo la inversa de la que suele caracterizar a las víctimas, que se reconocen entre ellas, ahora sí, a partir del dolor sufrido, y no por el color que todavía, después de pasado el tiempo, pretenden adjudicarles quienes mantienen viva la confrontación.
Esta fue la síntesis de lo discutido en el recientemente celebrado XXII Seminario Fernando Buesa, que versó en torno al título “Herencias del franquismo y del terrorismo. La consideración de sus memorias y sus víctimas”. En la web de la Fundación pueden verse los vídeos de las diferentes intervenciones y en unos meses tendremos en las librerías el volumen correspondiente a los debates de esta edición.
