José Ignacio Ricarte Díez
Doctor en Medicina

Imagen: Diego Cuesta
Qué es el humor
Oír hablar de humor en un contexto hospitalario puede causarnos una primera impresión de curiosidad, un deseo de que sí pero lejos o incluso pensar que con la carga laboral o el drama de la enfermedad, sobra hablar de reír. Efectivamente, hay situaciones que no son de risa. Pero el humor, no tiene nada que ver con eso. Empecemos entonces aclarando en qué consiste el humor. Los propios estudiosos del humor, tanto psicólogos, filósofos y comediantes, no se han llegado a poner de acuerdo en definir este mecanismo innato y complejo del ser humano. Se ha intentado abordar según diferentes aspectos:
– Cognitivo: percepción de lo lúdico o divertido (Forabosco, 1992), capacidad para crear, comprender, recordar y reproducir anécdotas graciosas (Feingold, 1993).
– Emocional: estado placentero (Ruch & Hehl 1998) o eufórico (Ruch, 1993).
– Conductual: patrón de comportamiento divertido (Craik et al, 1996).
– Psicofisiológico: rasgo temperamental (Ruch et al, 1997) con su impacto en hormonas y neurotransmisores (Berk et al,1989). Una estrategia de afrontamiento o mecanismo de defensa (Lefcourt & Martin, 1986).
– Cultural y social: forma de comunicación interpersonal (Murstein & Brust, 1985).
Después de revisar estas complejas y algo enrevesadas aproximaciones nos atrevemos a hacer la nuestra: el humor es una actitud más interna que externa, que permite ver la cara amable y positiva de las cosas y que además tiene la cualidad de poder irradiarse por sí sola sin necesidad de hacer, ni decir nada.
¿Y qué tiene que ver el humor en la salud?
En el libro de Proverbios 17:22 de la Biblia (Reina-Valera 1995), atribuido al Rey Salomón (unos 1000 años a. de C.), ya aparece una afirmación que confiere una gran importancia al estado de ánimo: «el corazón alegre es buena medicina, pero el espíritu quebrantado seca los huesos». Hay muchas otras referencias en la sabiduría popular y en diferentes autores pero vamos a saltar hasta el siglo XIV, donde el cirujano francés Henri de Mondeville (1991) afirmó que «el cirujano debe ocuparse de regular todo el régimen de vida de su paciente de modo que esté dirigido a la alegría y a la felicidad” llegando a recomendar la risa como método de curación. Es decir, pasarlo bien, entretenerse o divertirse puede ser un aliciente en esta vida que nos anime y ese buen estado emocional es reconocido para que la propia curación pueda tener lugar. En nuestro propio medio y época, la enfermera Begoña Carbelo (Carbelo, 1997) también alababa el papel del optimismo para disminuir la ansiedad y recuperar el estado anímico. Para concretar qué actividad se puede considerar como terapia del humor, la Association for Applied and Therapeutic Humor la define como una intervención que promueve el bienestar físico al mismo tiempo que la mejora emocional, cognitiva, social o espiritual a través del descubrimiento, expresión o apreciación lúdica de situaciones cómicas (Zhao et al, 2020). Esta terapia se reconoce en su efecto para afrontar el estrés, regular las emociones y promover la salud física y mental (Farkas et al, 2021) atribuyéndole incluso efectos sobre la función inmunológica, los umbrales de malestar o la función cardiovascular y respiratoria (Mallett 1995). Cualquier intervención que pueda aumentar la felicidad, satisfacción vital, autoestima o generar una emoción positiva debe ser tenida en cuenta.
Veamos otras dos situaciones especiales donde el humor tiene también una gran importancia:
– Los cuidados paliativos: En una situación tan dramática como esta, donde la esperanza de vida son un máximo de seis meses y existe toda una serie de síntomas muy distresantes, podemos pensar que el humor es lo último que necesitan esas personas y sus familias. Sin embargo, uno de los pilares de los cuidados paliativos es aumentar la calidad de los días que puedan quedar y no la cantidad de esos días. Para mejorar esa calidad no sólo se deben abordar los síntomas físicos sino también fomentar el disfrutar de la mejor manera esos días y a ser posible, pasarlo bien. Los pacientes serán los primeros en desearlo. El humor es, por su accesibilidad, efectividad, no invasividad y precio, una herramienta realmente útil en la atención sanitaria de estos pacientes y sus familias (Leñero, 2014). El optimismo, la positividad, la sonrisa y el sentido del humor son los aspectos más valorados en su relación con la enfermera (Rchaidia et al, 2009). Estos aspectos además se traducen en una mejora de la relación enfermera-paciente y en el bienestar de los mismos. Por el contrario, actitudes pesimistas o estresantes procedentes de los profesionales sanitarios transfieren a los pacientes y su entorno ansiedad, tensión y estrés (Ruiz et al, 2005. García & Díaz, 2005). Asimismo, el humor en pacientes al final de la vida les ayudaba a sentirse «conectados» con otras personas, distraerles y darles un respiro de su situación así como hacerles sentir regocijo y relajación (Herth, 1987). En estas situaciones tan delicadas y comprometidas, cualquier nueva oportunidad de disfrute va a ser bienvenida, deseada y agradecida. Si estamos atentos, veremos cómo son ellos los primeros que lo buscarán.
– Con ancianos: En la actualidad, el humor en el entorno sanitario se ve con buenos ojos cuando se dirige a los niños con programas específicos de visitas de payasos. Pero, ¿qué sucede con las personas mayores? ¿No tienen esa necesidad de divertirse? Patch Adams, uno de los pioneros de los payasos hospitalarios, definió esa tarea como una combinación de humor y amor (Adams, 2002). Eso es lo que se quiere transmitir y lo que quieren recibir las personas mayores en residencias de ancianos. Es una forma de comunicación ideal para ellos. El humor hace sintonizar al profesional y paciente y redescubrirse. Donde la comunicación convencional falla, el arte puede llegar a la persona con demencia (de Medeiros, 2013). El payaso conecta con el anciano de una forma en la que ni los profesionales, ni los familiares con todo su cariño, pueden hacer.
Los clown de hospital
El espacio del humor, parece que se ha dejado en manos de payasos profesionales. Es una forma particular para promover el bienestar. Veamos un poco sobre la curiosa figura del payaso. Aristóteles (2004) ya afirmaba en su obra Poética que el hombre es el único animal que ríe. Muchos siglos más tarde, el filósofo francés Bergson (2019) añadiría que también es el único animal que hace reír. Desde tiempos inmemoriales ha existido una figura dedicada a divertir y hacer reír. El payaso tiene como antecesor histórico a los bufones que eran unos personajes ya presentes en las cortes de Egipto, China, el imperio azteca o cualquier otra corte medieval europea que se preciase. Era una figura al margen de la autoridad que podía burlarse de todo y de todos sin miedo a ser castigado. En definitiva, una contraparte crítica del orden establecido que equilibraba los poderes (Robb, 2007). También podemos encontrar un personaje precursor en la comedia del arte italiana (siglo XVI) donde aparecían estereotipos de la propia sociedad como los Zanys (el primero era inteligente, el segundo más torpe). Entre ellos existían unos enredos y conspiraciones contra sus amos que no solían acabar bien. Arlequino fue un segundo Zany, torpe, enamorado de la hija del ávaro mercader y siempre se metía en líos. Estos personajes fueron evolucionando (en inteligencia y elegancia uno y en torpeza el otro) hasta llegar al payaso de cara blanca y al Augusto. Pero no es hasta 1768 donde aparece un actor que intentaba montar con torpeza un caballo en un circo en Inglaterra haciendo toda una pieza cómica. Esos números evolucionarían hasta nuestros días manteniendo la presencia de unos actores que a través de sus desastres e ingenuidad harían las delicias del público.
Aunque existen muchos tipos, cada cual con su carga individual, única e intransferible, podemos identificar una serie de características en los payasos. Vamos a repasarlas con sus posibles aplicaciones al mundo sanitario:
– Espíritu lúdico: Deseo continuo de jugar. Encontrarán con una nueva visión las realidades, personas, objetos, … para encontrar (fácilmente) una posibilidad de diversión que explotarán hasta el final sin pensar en las consecuencias. Así se redescubren las situaciones habituales del hospital y se les dota de un nuevo significado que llegará a ser hasta divertido. Los pacientes necesitan esta cualidad: Poder ver de otra forma las cosas. Por otra parte, se da un toque de humanización tanto al enfermo como al profesional que recuperan su valor de persona con una necesidad y persona con una habilidad para ayudar.
– Alteración del orden establecido: Un payaso puede tomarse la libertad de hacer algo que otros no pueden. Como ya hemos dicho, esto ya lo hacían los bufones. Para los payasos no hay rangos, ni limitaciones. Las normas y protocolos del hospital también se trastocarán (Simonds & Warren, 2004) dando un nuevo rol y una nueva voz tanto a los pacientes como a los profesionales. La «víctima» de la enfermedad, las agujas y las pruebas serán ahora la autoridad y los «verdugos» serán las «víctimas» del payaso.
– El fracaso: Todo le sale mal. No sabe hacer nada pero lo intenta con una gran alegría y lo acepta con deportividad. En esto podríamos aprender dos grandes lecciones:
+ Si los profesionales sanitarios reconocemos también nuestras limitaciones para con la enfermedad y la muerte, y éstas no son vividas como nuestro fracaso no caeríamos nunca en el encarnizamiento terapéutico.
+ Con la aceptación de las limitaciones y en el ejercicio de un trabajo optimista no tiene cabida el estrés.
– La presencia. Esto es común a todos los actores. Es el buen saber estar en el escenario llenos de emociones y deseos que son transmitidos sin necesidad de hacer ni decir nada. Así debería ser también un buen acompañamiento: saber estar con una conciencia mutua, acercarnos al paciente, tocar, mirar, sonreír amablemente o compartir emociones en silencio.
– La relación con el espectador: En el teatro, el actor se encuentra entre las tres paredes que delimitan el escenario y una cuarta pared imaginaria que le separa del público. Esta separación no quiere decir que no exista comunicación o transmisión de emociones. El clown rompe esa cuarta pared y se relaciona personalmente con el público con un intercambio de miradas, sentimientos, anhelos y frustraciones. En esto también podemos aprender como profesionales la necesidad de romper esa cuarta pared y así descubrir la persona que hay en el enfermo, detrás de la patología o el número de historia clínica.
Beneficios del humor:
Veamos su utilidad en tres grandes bloques por separado según el beneficiado:
1. Para el propio profesional:
Comencemos hablando de un viejo enemigo: El síndrome burnout o de desgaste profesional. Es un tipo de estrés laboral prolongado en el tiempo, donde la persona que lo sufre se siente en un estado de agotamiento físico, mental y emocional que tiene consecuencias en la autoestima, la motivación e incluso la eficacia de su trabajo. Es decir, afecta a la salud física y mental así como la calidad de vida y la eficacia de la tarea realizada (Mingote et al, 2004). Transforma al que lo sufre en una persona crítica, negativa, irritable, sin ánimo para ir a trabajar, incapaz de participar en el trabajo en grupo, desmotivada, desilusionada, agotada e insatisfecha aparte de la posible presencia de síntomas somáticos y psíquicos pudiendo llegar a desencadenar un cuadro de ansiedad y depresión. Es un precio muy alto para el trabajador así como para la merma de la calidad asistencial que ofrecerá (European Commission. Directorate-General for Employment, Social Affairs and Inclusion, 2011).
La prevalencia de burnout en el personal sanitario es muy elevada. Se refieren síntomas de agotamiento del Maslach Burnout Inventory desde un 40% de trabajadores en unidades de cuidados intensivos (Papazian et al, 2023) a un 69’2% en atención primaria (Molina et al, 2003). Un profesional, en principio, comienza el desarrollo de su labor altamente motivado y con unas grandes expectativas (Ferrer, 2002) pero con el paso de los días, se ve frustrado y en desacuerdo con la realidad sintiéndose además desamparado por la administración e incluso incomprendido por compañeros y pacientes. El trabajo sanitario tiene una serie de características propias que se relacionan con el estrés laboral y que suponen en definitiva un aumento de la carga emocional y mental (Mingote et al, 2004):
– El contacto diario con el dolor, la muerte, el sufrimiento o situaciones de emergencia.
– La relación con los pacientes y sus familiares. Posibles ofensas e incluso agresiones verbales o físicas.La responsabilidad sobre la salud de otra persona con la consiguiente presión autoimpuesta y social.El trabajo en turnos siendo de noche algunos de ellos.La presión asistencial y la carga de trabajo.Conflictos laborales entre compañeros y/o superiores.El desajuste de expectativas o una escasa recompensa por las labores realizadas.
– Y otras más excepcionales pero posibles: La falta de promoción, la inequidad en el trato, escasa capacidad de decisión sobre las tareas, movilidad descendente o forzosa, desempleo eventual, y prejubilaciones sin causas relacionadas con la enfermedad.
Como protección a la realidad del estrés podemos encontrar descritos (Lert et al, 2001. Olmedo et al, 2001) una serie de factores que corresponde al profesional (satisfacción con el contenido del trabajo, seguridad en el manejo de tratamientos) y otros que son organizativos (disposición de más tiempo y medios o una mayor planificación y coordinación). Entre los que corresponden al individuo la experiencia se adquiere con el tiempo pero la forma de tomarse las cosas o la forma de vivirlas es muy personal. El mismo problema puede producir diferentes efectos a diferentes profesionales según como se lo tomen. Es en esto donde entraría el sentido del humor al aportar una nueva visión. El humor nos puede hacer ver los problemas de otra manera ayudándonos a salir de una dinámica negativa y tóxica donde todo es “horroroso”. Puede ser la luz que ilumine de una forma diferente su trabajo, rompa esa desilusión o le aporte un nuevo motivo en sus quehaceres diarios. Precisamente por los factores que describíamos que producen estrés (tensión, carga laboral, situaciones dramáticas…) puede parecer frívolo hablar del humor. Con mayor motivo, en esas circunstancias, es más necesario el humor para poder sobrellevarlas. Podríamos afirmar que sin humor no se puede sobrevivir en este medio.
– Para la mejora del ambiente:
Si es importante el humor para el manejo del estrés personal y el disfrute en el trabajo, también lo es para compartir con nuestros compañeros ya que no trabajamos solos. La atención de la salud es una asistencia integral de la persona donde intervienen diferentes profesionales con sus propias especialidades en un abordaje interdisciplinar. Es decir, se requiere un trabajo coordinado y en equipo donde todos pueden aportar. Si cualquier profesional, de los que forma una parte de ese engranaje, falla porque se siente desmotivado, estresado, no escuchado o tiene mal humor contagiará al resto del equipo y los resultados se resentirán. Por los roces diarios inevitables, comentarios negativos (reales o magnificados) o las propias características de nuestra labor ya comentadas en el estrés (carga laboral, presiones…) se puede enrarecer las relaciones y contaminar el ambiente. Pero, ¿es correcto divertirse en el trabajo? La «seriedad» es un atributo con el que solemos calificar un servicio profesional para dotarle de fiabilidad: «son serios». E incluso el trabajo tiene un componente inseparable de sufrimiento que ya aparece en la Biblia en Génesis 3:19 (Reina-Valera 1995) “te ganarás el pan con el sudor de tu frente” por lo que no está bien visto disfrutar con él. Sin embargo, estar a gusto es mucho más productivo que lo contrario. El humor entre los profesionales se reconoce como un agente efectivo para facilitar el trabajo de equipo (Balzer, 1993). Su existencia crea un ambiente positivo, genera confianza, desvía los enfados, facilita la aceptación de imperfecciones y disminuye la tensión. No sólo ayuda a minimizar los conflictos, sino que también facilita una mayor creatividad, flexibilidad y capacidad para resolver problemas (Robert & Duran, 2017). Es, sin perder la profesionalidad y buen hacer, tomarse a sí mismos con menos rigidez, mientras se realizan las tareas (Meltcalf, 1987). Esta sería la comentada nueva perspectiva del problema, que no lo soluciona, pero que ayuda a verlo de otra manera y quizás sea así más fácil encontrar la solución.
– Para el paciente:
En una situación como la estancia hospitalaria, el humor podrá ayudar a afrontar este proceso con todas las emociones y experiencias negativas asociadas al ofrecer un nuevo punto de vista de la misma (Fernandez et al, 2017). Para Freud (1960) el humor es una herramienta que permite al individuo enfrentar la adversidad. En la bibliografía actual hay muchísimos artículos que hablan del beneficio del humor en la mejoría de la salud. Repasan desde una mejoría del funcionamiento físico de todos los parámetros (tensión arterial, sistema inmune y neurológico…) (Losada & Lacasta, 2019. Cai et al, 2014. Mallett, 1995) como psíquico (bienestar, ánimo, satisfacción vital y reducción de la ansiedad y las preocupaciones) (Farkas et al, 2021. Fernandes & Arriaga, 2010. Vagnoli et al, 2010. Golan et al, 2009. ) con todas las complicaciones que esas condiciones podrían ocasionar. Pero veamos por su mayor estudio y concreción dos grandes entidades:
– DOLOR: Las distracciones humorísticas o no humorísticas aumentan la tolerancia al dolor agudo (Pérez-Aranda et al, 2019) y suponen una herramienta para afrontar el dolor crónico (Behrouz et al, 2017) y su malestar emocional. Existen tres teorías para explicarlo:
+ Como estrategia de resistencia conductual al reaccionar con humor frente a las dificultades (Hasenbring et al, 2009).
+ Promoción de la resiliencia y el bienestar al reevaluar con humor todos las situaciones estresantes (Kuiper, 2012). Es decir, el humor permite valorar esas situaciones como desafíos en vez de amenazas y crear una sensación de dominio (Cann & Collette, 2014). De esta manera, se puede llegar a distanciar del impacto emocional que supone y re-enfocarse en los posibles aspectos positivos (Fritz et al, 2017). Supone una ayuda para adoptar una perspectiva positiva y comprender de otra manera lo que está sufriendo.
+ El humor supone una distracción (Emali & Akpinar, 2017) que reduce el estímulo interno al concentrar la atención en el estímulo externo que no es el dolor.
– ANSIEDAD: La ansiedad existe por el propio ingreso hospitalario, previo a una intervención o por un diagnóstico que altere el estado de ánimo (Kim et al, 2015). En el caso de los niños, es comprensible que su separación de los progenitores, el miedo a ese entorno nuevo y amenazante, la presencia de personas desconocidas, el dolor, los procedimientos médicos y terapéuticos… son suficientes como para aumentar el estrés y la ansiedad. La percepción hospitalaria, todo lo que va a acontecer ahí dentro, como se le trate y se le acompañe al paciente se puede modificar. La ansiedad, como alteración del estado de ánimo y exceso de preocupación debe ser tratada también con medidas no farmacológicas como intervenciones psicosociales positivas (Dubovsky et al, 2021). Una manera de tratar esa ansiedad, será el humor.
Cabe destacar también que el impacto producido por intervenciones de payasos va más allá de la propia actuación, ya que los niños refieren emoción tanto antes como después de las visitas (Ford et al, 2014). Este “tratamiento“ se transforma en una actividad terapéutica al mejorar la recuperación física y emocional y hacer menos traumática la hospitalización. La atención hospitalaria deja de centrarse sólo en la enfermedad y atiende a la persona en todas sus otras dimensiones.
Aparte de los beneficios referidos, el humor también supone una forma diferente de poder relacionarse entre el profesional y el paciente. Por un momento se van a perder esos roles. Se establece una relación donde se privilegia lo placentero y entretenido. El bienestar y disfrute de cada momento, y en concreto de esos momentos de visita, adquieren un nuevo valor.
Pero, ¿es para todos?
El humor tiene su momento y su tiempo. No todos los pacientes se benefician por igual de su uso y en algunos podría convertirse en una barrera comunicativa o incluso hacer daño, por lo que es muy importante conocerlo y formarnos también en esta aptitud. Aunque las intervenciones con payasos de hospital aumentan en promedio el nivel de emociones positivas de los pacientes, no todos son igualmente susceptibles a responder al humor con diversión y, por lo tanto, no se benefician por igual (Auerbach, 2017). Existen unos criterios claves para el uso del humor con el paciente y la familia a tener en cuenta:
• La receptividad: La capacidad de desarrollar el humor durante el proceso de interrelación con el paciente ha de tener siempre como principio básico el respeto mutuo a la persona, situación y proceso por el que esté pasando. En personas con mucha ansiedad pueden sentir el humor como una ofensa o aumentar su ansiedad (Goodenough & Ford, 2005). Con observación y escucha activa podremos comprobar cual es la capacidad de recepción o deseo del paciente. Se debe estar siempre alerta a señales de rechazo porque es posible que al paciente no le apetezca. Es mejor que sean ellos los que marquen hasta donde quieren llegar y actuemos según sus preferencias. El primer paso sería crear un ambiente relajado y distendido para que sean los pacientes los que marquen ese deseo y podamos satisfacerlo con simpatía.
• La oportunidad (¿cuándo?): Hay circunstancias que pueden preveer una mala respuesta como el grado de estrés previo, la dificultad perceptiva, presencia de síntomas físicos distresantes, actitudes negativas, la gravedad de la enfermedad o la capacidad ejecutiva (Sun et al, 2023). Hay momentos también en los que veremos que no es adecuado como cuando se espera de nosotros un «diálogo serio» o en situaciones de crisis.
• El contenido: Como en el punto anterior, ha de ser el sentido común y la experiencia las que nos orienten donde puede estar lo cómico. Con escucha activa, hemos de descubrir cual es el contenido apropiado de nuestro humor.
La idea clave es ir siempre por detrás del paciente y ofrecer simplemente la oportunidad para divertirse. Mostrar la piscina llena de agua pero no empujar a nadie. Si ellos se lanzan, acompañarles pero no lanzarnos nosotros y decirles que vengan.
CONCLUSIONES
Si con esto no hemos conseguido convencer a alguien, nos atreveríamos a hablar del mal humor. También existe esa capacidad de descubrir y magnificar lo negativo que se contagia de manera muy similar al buen humor. ¿Tenemos claro cual desearíamos compartir y transmitir?
Recuperando la definición inicial del humor (actitud más interna que externa, que permite ver la cara amable y positiva de las cosas y que además tiene la cualidad de poder irradiarse por sí sola sin necesidad de hacer, ni decir nada) vemos que no tiene nada que ver con la capacidad de ser gracioso, ni saber contar chistes, ni tan siquiera de hacer reír si no con la alegría, la esperanza, el optimismo, la ternura… Esto, en el contexto dramático de la enfermedad adquiere una dimensión de “imprescindible”. No se puede sobrevivir sin humor en esas situaciones tan difíciles. Cuanto mayor sea el sufrimiento, el estrés, la carga laboral… mayor va a ser la necesidad del humor. Pero, ¿a quien damos esa responsabilidad de manejar el humor? Existen muchos proyectos de payasos en hospitales infantiles que son desarrollados por profesionales. Aportan un rato de humor, diversión, entretenimiento y las comentadas alegría, esperanza, optimismo o ternura. Pero… ¿qué sucedería si los profesionales sanitarios colaborásemos a crear un ambiente donde se normalicen todos esos aspectos?, ¿si fuéramos nosotros mismos los que animásemos a nuestros pacientes?. No nos referimos a contar chistes ni hacer bromas, pero sí a aprovechar cualquier situación que se nos permita para sonreír y recoger el buen humor que los pacientes sí quieran compartir. Relacionarnos de una manera sencilla con una sonrisa, unos ojos amables y una buena intención hacia el otro. Probemos con eso: comenzar con una amable sonrisa y un “buenos días” mirando a los ojos. A ver que sucede…
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