Julio Caro Baroja y el Ateneo Guipuzcoano

Iñaki Vázquez Larrea
Doctor en Antropología

Fecha de publicación: 18/08/25

He visto España más como un hombre del 98 que como los de generaciones posteriores, He estado siempre más cerca de Azorín, de Unamuno, de Maeztu, que de los poetas del 27 o de los políticos de la República.

Julio Caro Baroja.

El mérito extraordinario de Caro Baroja consiste en haber dotado de temporalidad histórica a una antropología vasca tan propensa a refugiarse en la intemporalidad de una prehistoria esencializada y de unos esquemas culturales al parecer inmutables.

Joseba Zulaika.

Breve estampa

La definición más generalizada de Julio Caro Baroja es la de un humanista escéptico. Personalmente, preferiría referirme al intelectual vasco como un liberal anti-dogmático, por dos cuestiones. La primera es que Julio Caro Baroja decía sentirse como un outsider de la sociedad vasco-navarra que tanto amaba, tanto, o más, que de la de la mediocridad madrileña en la que se educó.  

Para la mayoría de vecinos de Vera, los de Itzea eran (con Don Pío y Ricardo a la cabeza) “gente terrible” desde 1912. Al mar de integrismo y de carlismo, Don Julio respondía con un orgulloso mestizaje cultural apellidístico, que no iba, en absoluto, en consonancia con el País de los vascos del periodo:

De mis cuatro primeros apellidos uno es andaluz, el primero. Otro alavés. Luego vienen dos italianos, de Génova. Detrás, si van apelotonándose otros navarros, guipuzcoanos, vizcaínos….incluso por el lado paterno….Yo no soy un hombre de raza pura y hoy doy gracias a Dios por ello.

He vivido en tierra vasca y la amo más que a otras, evidentemente. Pero en tierra vasco-navarra, cuando era niño, como hoy, podía darme cuenta de que por un concepto o por otro no era producto genuino de ella. Allá, por los años en que mi tío Pío, compró “Itzea”, mi casa actual, Vera era un fondo de carlistas en integristas” (Baroja, pág. 38).

Lo mismo le sucedía en Madrid. En 1929 Baroja no se dejó arrastrar por el fervor antimonárquico, ni por ninguno de los ismos (comunismo, fascismo o socialismo) que pululaban por el Ateneo madrileño durante la Segunda República española. Es más, el trauma de la contienda civil le alejo de cualquier ideología colectivista y le reafirmó en una apolítica conciencia liberal, lejana, eso sí, al liberalismo de los espadones españoles decimonónicos, en “donde la conciencia individual, fuese la base de cualquier operación política y social” (Baroja, pág. 255).

A su vez, la experiencia de la guerra le llevó a afirmar: “Para mí, no hay nada más repugnante que la moral represiva de sectas y partidos, unida a dogmas intangibles…no puedo ser más que un hombre que abomina toda violencia, es decir, un apolítico, y el fundamento empírico de mi postura lo hallé en la guerra, y después de la guerra, observando cientos de ejemplos” pág. 315).

Como bien indica Félix Maraña en Julio Caro Baroja (El Hombre necesario), sus padres espirituales fueron Telesforo Aranzadi, Don Miguel Barandiaran y Azcue,. No obstante, supo permear su sólida base académica, con las fuentes de la moderna Antropología anglosajona. Es decir, los G. M. Foster, Julian Pitt-Rivers o Kroeber y sus ciclos culturales, para pasar a revolucionar los estudios sobre el folklore, la Etnología y la Historia Social de los pueblos de España.

Fruto de sus estudios fueron cerca de seiscientos libros (muchos de ellos monografías) e infinidad de líneas de investigación, que aún continúan abiertas treinta años después de su fallecimiento.

Baroja y el Ateneo Guipuzcoano

Según el actual presidente del Ateneo Guipuzcoano, Javier Mina Astiz, 1982 fue un año un tanto especial para Institución. A la inusitada afluencia de fondos, añadir las maniobras de un grupo de nacionalistas vascos por hacerse con el Ateneo Guipuzcoano., con Carlos Santamaría a la cabeza.

El Ateneo supo movilizar a los suyos y consiguió incorporar a nuevos socios para hacer frente al envite. Entre los que se podría destacar a Julio Caro Baroja, José Ramón Recalde o Raúl Guerra Garrido. El acta del 25 de enero recoge la composición de la nueva Junta que está integrada por Julio Caro Baroja, como presidente   De hecho, se conserva una nota manuscrita de Julio Caro Baroja el 27 de agosto de 1982 en la que pide que se le releve de la Presidencia del Ateneo: “La experiencia de estos meses y el quebrantado estado de mi salud me hacen pensar que no puedo seguir siendo presidente del Ateneo Guipuzcoano. Por eso le ruego que presente mi resolución de dimitir a los amigos de la Junta en particular y los socios en general. Un saludo de su viejo amigo compañero” (Javier Mina Astiz, pág. 269).  

La petición no será tenida en cuenta y se le seguirá considerado por cariño presidente, aunque sea de forma casi nominal y desde luego nunca más honorífica. El 13 de noviembre de 1995, bajo la forma de una mesa redonda, el Ateneo rinde homenaje póstumo a Julio Caro Baroja, con la intervención de Manuel Agud, Xabier Aizarna, Ángel García Ronda, Raúl Guerra Garrido y Miguel Pelay Orozco.


Bibliografía:

BAROJA, J, C; Los Baroja, Taurus, Madrid, 1972.

BAROJA, J, C; Una vida en tres actos, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2014.

MARAÑA, F; Julio Caro Baroja (El hombre necesario), Editorial Berminghan, San Sebastián, 1995.

MINA, J; El Ateneo Guipuzcoano (Una historia cultural de San Sebastián), Txertoa, Andoain, 2005.

ZULAIKA, J:  Del Cromañón al Carnaval (los vascos como museo antropológico), Erein, Zarautz, 1996.