Artista

Coincidí con Esther Ferrer (1937), Premio Nacional de Artes Plásticas (2008) y Velázquez (2014), en los cursos que impulsa Jakiunde en Ujué. Un encuentro que removió las reflexiones transmitidas en su magnífica exposición «3, 5, 7, 11, 13, 17, 19, 23…» (Tabakalera, 2019) y que motivó la siguiente conversación.
© Imagen: Elena Martin Barce
Juan Alberto Vich Álvarez— En todo momento, ZAJ pretendió alejarse al máximo del teatro. Esto no impidió que en la gira del 68, llegaran a describirlo como «teatro musical». ¿Cómo de incomprensibles le resultaban al público internacional sus acciones? ¿Cómo se recibieron en España?
Esther Ferrer— En la época era el término que se utilizaba refiriéndose a obras de compositores en las que se introducían elementos que para muchos eran considerados como teatrales, y la manera más fácil de definirlos era definiéndolo como «teatro musical» (términos que en la época, sobre todo en Alemania, se aplicaban a ZAJ). En realidad, la primera vez que yo oí ese término, fue en Alemania, referido a una obra de Mauricio Kagel, resulta divertido que se definiera de la misma manera, a formas de hacer tan diferentes.
J. A. V. A.— En sus obras está muy presente, como es sabido, John Cage. También las «repeticiones» del minimalismo y la austeridad del arte povera. ¿Qué corrientes o artistas han influido más en su trabajo?
E. F.— Influencias muchísimas, supongo, y no únicamente movimientos artísticos o artistas; muchas otras cosas han sido importantes, como situaciones que me ha tocado vivir y un largo etcétera. Limitándome a lo artístico, sin duda las vanguardias históricas, sobre todo DADA, el Futurismo… y posteriormente sin duda Cage, que cambió completamente mi concepto de lo que es música: «la música está por todas partes, y es solo la escucha que se para y recomienza». Sí, Cage me enseñó a «escuchar» los ruidos de este mundo de otra manera, lo que me ha hecho vivir experiencias muy curiosas a nivel de «la escucha».
J. A. V. A.— En Íntimo y personal (1977) explora el cuerpo femenino y tensiona su normatividad. También a finales de los 70, en Mis labores, cuestiona los quehaceres históricamente asociados a la mujer. En estos —y muchos otros trabajos suyos— se aprecia la dimensión feminista, pero todas sus obras lo son, igual que todas son comprometidas, pese a no ser (su mensaje) tan explícito. Es la idiosincrasia, propia de la artista, intrínseca a cada pieza o acción. ¿Es así?
E. F.— Yo no me levanto todos los días pensando «voy a hacer una obra feminista», muchos de mis trabajos surgen de otros intereses, lo que ocurre es que yo soy feminista y supongo que esto «tiñe» todo lo que hago tanto en el terreno de la plástica como en las acciones. Naturalmente, hay obras que realizo con relación a un acontecimiento concreto, social, etc. contra el que quiero reaccionar, y si tengo una buena idea, son más eficaces, pues hago una obra. ¡Es mi manera de decir NO!
J. A. V. A.— En Autorretrato en el tiempo (1981-2014) fusiona sus rostros retratados en diferentes décadas. El iris sirve de referencia y las diferencias se manifiestan. Una manera de reconocer el tiempo y su paso, una de sus mayores inquietudes…
E. F.— Sí, la idea de tiempo me inquieta desde mi infancia, ¿por qué lo percibimos de formas tan diferentes? ¿Cómo hacer visible el paso del tiempo en una performance o en una obra plástica, como por ejemplo en Autorretrato en el tiempo? Intenté hacerlo pidiendo a amigas/os si me permitían hacerles una foto, pero al explicar en qué consistía, eso de partir su imagen por la mitad, despertaba muchos prejuicios. Al final, me dije «lo mejor es hacerlo con mi cara», y lo hice, lo que permite muy variadas interpretaciones: desde la mía inicial hasta la feminista, pasando por la enfermedad narcisista de la artista y el mismo paso del tiempo. Todas son válidas. Quien interpreta una obra proyecta sobre ella lo que es o no es.
J. A. V. A.— Lo anterior se vincula con su obsesión por los números primos, que relaciona con el infinito y la expansión del universo (ley de Hubble-Lemaître). ¿De qué manera repercute, esta reflexión filosófico-científica, en su proceso creativo?
E. F.— Desde el punto de vista científico soy una analfabeta, mi base es lo que aprendí en el bachiller, pero quizás por ello siempre me ha interesado la ciencia y he leído libros y revistas de divulgación científica, porque no sé casi nada de nada, y si quiero hacer algo tengo que aprender. Lo poco que sé lo he aprendido, resolviendo problemas para conseguir hacer la obra como yo quiero, para mí el arte es una vida de conocimiento, he aprendido mucho «haciendo el camino»… en él te encuentras con los que también lo están haciendo o con los que lo cruzan. Trabajar con los números, para mí, es mucho más que buscar estructuras, es ver el mundo, el universo de otra manera, reflexionar sobre cosas que antes no reflexionaba…
J. A. V. A.— Por último, quisiera saber si, al concebir todo lo que ocurre durante la acción como parte de la acción, reduce su pretensión original o busca algún tipo de reacción por parte del público. ¿Gestiona con antelación el humor, la ironía… o emerge en el momento?
E. F.— Pienso mucho mis acciones, incluso hago lo que llamo «partituras», sobre todo para no olvidar las ideas que me parecen interesantes (tengo poca memoria). Pero la partitura se limita a escribir una versión, en ellas pongo siempre esta frase: «todas las versiones son válidas, comprendida esta», que es la que escribo. Luego, en la acción, las cosas pueden pasar de una forma completamente diferente, bien porque yo lo decido in situ bien porque hay algo que transforma la acción, p. ej. la participación de alguien, etc. Para mi, lo que pasa durante la acción que yo propongo es más importante que lo que yo había pensado hacer, es la vida que pasa. Cage decía «el accidente forma parte de la obra», en mis acciones sin duda alguna, yo no lo había conceptualizado antes, pero siempre ha sido y es así.
Por lo que se refiere al público, no busco, salvo raras excepciones, su participación; parto de la base que de la misma manera que yo me doy la libertad de hacer, el público puede dársela también y, por supuesto, todo lo que pasa durante la acción, forma parte de ella inevitablemente.
J. A. V. A.— Hasta una próxima ocasión, Esther. Ojalá volvamos a coincidir pronto.
E. F.— Buen curso 2026-2027, alegre y pacífico. Me temo que no lo conseguiremos, pero como se decía en Mayo 68: «seamos optimistas, ¡pidamos lo imposible!».

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