Entrevista a José Antonio Gómez – Coronado

Poeta

Nacido en Sevilla (1978), José Antonio recibe éxitos tempranos: en 2001 la Universidad de Sevilla, donde cursó medicina, le concede un accésit en su premio por su libro Números; ese mismo año recibe el prestigioso Premio Adonais de Poesía por El triunfo de los días; y en 2005 publica, con la Fundación José Manuel Lara, su último trabajo La derrota del sol.

Juan Alberto Vich— ¿Cómo vive, a su edad temprana, un estudiante la valoración positiva de su trabajo artístico por parte de la crítica? ¿Cuáles fueron aquellas primeras impresiones en los círculos culturales? Y, ¿qué respuesta tuvo en casa y entre los compañeros de facultad?

Jose Antonio Gómez – Coronado— Fue un éxito inesperado, aunque mis amigos ya en privado me habían animado y intentaban convencerme de la calidad de mis versos, hasta conseguir el premio y recibir el respaldo del jurado uno duda siem pre de que aquello que ha escrito trasmita lo que quiere.

Mis primeras impresiones fueron encontradas: por un lado conocí gente del mundo literario muy interesante, por otro encontré un mundo de envidias y suspicacias que me echó un poco para atrás.

En casa y entre los compañeros hubo un gran entusiasmo. Me felicitaban y en la Facultad la Decana asistió a la entrega del premio y todo. Para mis padres fue y sigue siendo un motivo de orgullo.

J. A. V.— Ya en faena y aludiendo a su obra El triunfo de los días, ¿qué tuvo —en su mayoría— el verso endecasílabo que le hizo sucumbir ante su métrica?

J. A. G. C.— Su musicalidad. Había leído la poesía clásica española y algunos del siglo XX como Claudio Rodriguez y su ritmo me encantó. Reconozco además mi deuda con Claudio y su Don de la ebriedad.

J. A. V.— El alba, el sol, la noche, el mar, la luz… Una física que no cesa, que no perdona. La eliminación de los límites, el continuum. Leo su poesía y siento una despersonificación, el lamento de que sean otros quienes sientan lo que yo puedo sentir, que cuando uno no esté otros estarán, que el día amanecerá pese a nuestra ausencia. Es la sensación que me generan sus versos, y lo digo como alago: la despersonificación a la que he aludido es la mayor de las personificaciones, la mía propia, la del lector. Dicha impresión se ve cumplida con creces. ¿Qué hay de intencionado en todo esto? ¿Por qué el uso recurrente del vocabulario señalado?

J. A. G. C.— Hay poco de intencionado en este libro que escribí como en torrente, casi de forma inconsciente. Los poemas iban naciendo como de un acervo antiguo atesorado durante años.

El vocabulario iba surgiendo también para dar forma a las ideas que aparecían en el pensamiento.

J. A. V.— Llegó a mencionar sus maestros: Neruda, Salinas, Juan Ramón, Claudio Rodríguez,… ¿Siguen siendo éstos o, en estos momentos, tiene nuevos que destacar? ¿Qué autores que ha descubierto hace relativamente poco se han vuelto imprescindibles para usted?

J. A. G. C.— Hoy siguen siendo los mismos los poetas que admiro. Neruda fue tal vez el primero que me enseñó la torrencialidad y la belleza de las palabras. De Juan Ramón aprendí a buscar la trascendencia. Salinas es para mi el poeta del amor: La Voz a ti debida la hd releido a lo largo de mi vida con diferentes lecturas y siempre desde el asombro.

Habría que añadir a Lorca, al que he descubierto y venerado ultimamente.

J. A. V.— La publicación de tres obras en cuatro años, más aún al ser premiadas, barruntaba un enorme número de publicaciones… Sin embargo, tal y como comentamos durante una de las conversaciones, aquéllo se “esfumó” y desde entonces la creación se detuvo. ¿A qué considera que fue debido? ¿Cree que, igual que se marchó, volverá? ¿Tendremos la suerte de leer poemas inéditos suyos en un futuro?

J. A. G. C.— Creo que se debió a la intensidad de aquellos poemas: fue algo así como extenuarse, deshabitarse, como un gran parto.

Y volverá, claro. Desde el viaje a Donostia con mi amigo Carlos Vaquerizo he vuelto a escribir. Tuve en el Ateneo una especie de epifanía: a raíz de una conversación en la que un pintor -Juan Gabriel Vich, ¡a quien conoces bien!- me decía que se dió cuenta cuando volvió a pintar después de muchos años sin hacerlo, que en verdad todo ese tiempo había seguido pintando en su imaginación. Y sentí que eso mismo me sucedía a mi. Y desde entonces he vuelto a escribir unos cuantos poemas, que espero reunir en un libro pronto.

J. A. V.— ¡Qué bien suena Jose Antonio! Seguimos en contacto, ¡cualquier novedad nos cuentas!

J. A. G. C.— ¡Así será!