Cómo defender a Joseph K.

Juan Alberto Vich Álvarez
Escritor, químico y filósofo

Fotografía: Laura García

Habría que ver la algarabía formada por el ejército de «mensajeros del mal» reunidos por Satanás (del hebreo, enemigo) en el Pandemonium tras la expulsión del Paraíso. Hicieron de aquel lugar de ruinas y fuego, su hogar, su infierno. Las llamas aportaron calor a los cuerpos abandonados, pero también heridas. El Cielo debía ser recuperado.

El segundo de a bordo, Belcebú, animó a la estrategia calcantiana1, un ataque astuto y no bravo contra el género humano (creado a partir de la arcilla de la tierra y del soplido de vida sobre su nariz2, quizá chata). Después de observarlos desde la posición del voyeur, Satanás sedujo los sueños de una Eva (madre de todos los vivientes) desnuda y desvergonzada, de pelo suelto y mejillas encendidas, como si de un genio maligno o quimera cartesiana tratara. De tal manera, regresó «perfeccionado en el fraude y en la malicia, más deseoso que nunca de la destrucción del hombre, y sin temor a nada de cuanto pudiera sucederle que agravara su situación»3), introduciéndose por la boca de una serpiente dormida que permanecía «enroscada sobre sí misma en un laberinto de círculos»4.

La serpiente negra de Nietzsche ahogaba al joven pastor que dormía y lo hacía retorcer («la serpiente se deslizó en su garganta y se aferraba a ella mordiendo»5). Asfixia el eterno retorno como la nuez atravesada al ser tragada, Adán. El pesimismo schopenhaueriano, que requiere de dentelladas y vómito para recuperar una respiración airada. «Qué dirías si un día, si una noche un demonio se deslizara hasta tu soledad más recóndita y te dijera: “¡Esta vida tal como la vives ahora y como la has vivido, tendrás que vivirla todavía una vez e innumerables veces; y no habrá nada nuevo en ella, si no es que cada dolor y cada placer, cada pensamiento y cada gemido y todo lo que hay de inefablemente pequeño y grande en tu vida tendrán que volver para ti.»6 El pecado será nuestro eterno retorno, pecado original. San Anselmo decía que «el pecado de Adán fue una cosa pero el pecado de los niños al nacer es algo distinto; el primero fue la causa, el segundo es el efecto». Efecto repetido para cada recién nacido. Frente a ésta, queda otra serpiente, amable y liberadora que gira en círculos enroscada en el cuello de un águila7. La superación.

Siendo ya mediodía (y sin guiño alguno a Nietzsche), con el hambre de a diario y una fruta jugosa de colores púrpura y oro del árbol del conocimiento del bien y del mal, y el discurso sofista con una promesa de tal calibre: «porque si yo, de bruto, me he convertido en hombre, vosotros, de hombres, debéis convertiros en dioses»8; Eva peca y nos condena9. Dolores de parto, sudores de trabajo, muerte… Primer gemido de la Naturaleza. Y como perder el amor es perderse a sí mismo, en un alarde de amor trágico, Adán tragó muerte de igual modo10. Segundo gemido de la Naturaleza. Cubrieron sus cuerpos. Entre tanto, mientras Eva regresaba al sueño, el arcángel-y-vigilante-jurado Miguel, como los Fantasmas de las Navidades de Dickens, muestra a Adán lo venidero (se obviará el determinismo aquí subyacente) y los expulsa. Veo la sangre correr en el degüelle de los corderos. Diluvio y salvación… En este arrepentimiento queda la oración y la reverencia: humillación consciente.

A partir de aquel momento, la guerra toma un nuevo escenario: Nuestro Mundo. Nada salva la circunstancia. «Guerra, pues; guerra abierta y oculta es lo que debemos resolver.»11 Redimiremos la carga con nuestro comportamiento. Y en la pretensión de progreso-personal, el ser humano superará el eterno retorno haciendo uso de su libre arbitrio. Mejora individual, para una mejora social. Democracia y Demonio comparten aparente prefijo, no es así. Empero, no quita considerar al primero como una asamblea de los segundos. Pactos caballerescos o no tanto, que de boquilla dicen no pisarse la cola.

La historia del hombre ha sido la historia del Demonio de Milton, la pretensión constante de recuperar las condiciones de las que disfrutamos en el Paraíso: se inventó la epidural, las vocaciones y las vacaciones, se investiga acerca de la inmortalidad,… La pretensión de mejora expresada en el párrafo precedente. Sirva como inspiración utópica aquel Paraíso. Herramienta educativa y de superación (responsabilidad y consecuencia)…

Mi generación será de las últimas en experimentar su ahogo… Sentirnos culpables al respirar, al pertenecer a este mundo… Participar en él… En su barbarie… En sus malos modales y cuestionables prácticas. El bautizo de poco me sirvió (será por la falta de voluntad ante una herencia). ¿Sentís la espada de Damocles?

Renckens, junto a algunos exegetas de la Biblia y ciertos teólogos, concibe el pecado original como un falso problema, como uno inexistente12. El Génesis no dice que el pecado se herede de ambos, sino que de ellos se hereda la humanidad. Nuestros padres fueron pecadores, no nosotros. Quizá al reconocer el dolor y el cansancio, la muerte del padre y del hijo, induzcamos, por regla de tres, nuestra condición pecaminosa. El efecto al que aludió San Anselmo.

Por querer ser dioses… El pecado original es pecado de soberbia (hoy demasiado interiorizada). En la actualidad no hay tentación, sólo acción. No hay arrepentimiento, no hay culpa. Ya no es necesario defender a Joseph K., no existen Josephs K., ni siquiera señores Meursault. No hay juicios. Ahora la vergüenza se ignora… «Vosotros tenéis por padre al diablo y queréis realizar los deseos de vuestro padre. Él fue un asesino desde el principio, y nunca ha estado con la verdad porque en él no existe la verdad. Cuando dice la mentira le sale de dentro, porque es falso y padre de la mentira.»13 Vosotros, que también sois mentira no os salvaréis, porque difícil es sanar lo que se ignora enfermo.

Mi sentimiento luterano, de mí ante Dios, sin intermediarios ni cobradores de bula, con un castigo ante mis actos superior a cualquier pago de padrenuestros. ¿Son, acaso, el infierno los otros o (nos)otros? El infierno soy yo mismo («el infierno en que sufro es parecido al cielo»14).

Castigo es vivir.

Bibliografía, notas y fuentes:

1Calcante: adivino de la Antigua Grecia. Auguró acerca de la Guerra de Troya (algunos autores consideran que fue Atenea, patrona nuestra, quien ideó la estrategia del caballo).

2Schökel, L. A. & Mateos, J. (1975) Nueva Biblia Española. Ediciones Cristiandad. Madrid. Gn 2,7.

3Milton, J. (1980) El paraíso perdido. Espasa-Calpe. Madrid. Pág. 146.

4 Íbid. Pág.149.

5Nietzsche, F. (1979) Así habló Zaratustra. Alianza Editorial. Madrid. III. De la visión y del enigma. Pág. 227.

6Nietzsche, F. La gaya ciencia. § 341.

7Nietzsche, F. (1979) Así habló Zaratustra. Alianza Editorial. Madrid. Prólogo, 10. Pág. 46.

8Milton, J. (1980) El paraíso perdido. Espasa-Calpe. Madrid. Pág. 159.

9San Pablo lo amplía: «la desobediencia de aquel solo hombre constituyó pecadores a la multitud»; en Schökel, L. A. & Mateos, J. (1975) Nueva Biblia Española. Ediciones Cristiandad. Madrid. Rm 5,19.

10«Aunque Dios creara una nueva Eva y yo proporcionase otra costilla, mi corazón lamentaría eternamente tu pérdida» en Milton, J. (1980) El paraíso perdido. Espasa-Calpe. Madrid. Pág. 163.

11 Íbid. Pág. 22.

12Renckens, H. (1969) Creación, paraíso y pecado original. Guadarrama. Madrid. 242.

13Schökel, L. A. & Mateos, J. (1975) Nueva Biblia Española. Ediciones Cristiandad. Madrid. Jn 8, 44.

14 Milton, J. (1980) El paraíso perdido. Espasa-Calpe. Madrid. Pág. 64.