Entrevista a Patrick Alfaya

Director de la Quincena Musical de San Sebastián

Tenemos el placer de contar entre nosotros con toda una figura dentro de la gestión de la música clásica, Patrick Alfaya. Hombre extrovertido y bachiller por excelencia de la gestión cultural de la música clásica en San Sebastián. Hace además de las entrevistas un agradable e instructivo paseo gracias a su especial elocuencia y a su afable tono. Patrick es conocido hoy día por ser el director de la Quincena Musical de San Sebastián desde 2009, fue además gerente de las Orquestas Sinfónicas de Galicia y Barcelona, responsable del Ciclo de Grandes Intérpretes y presidente de la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas.

Álvaro Ibáñez Fagoaga— ¿Qué supone para una ciudad como San Sebastián tener un festival como la Quincena Musical?

Patrick Alfaya— Bueno…esto lo debería decir el público, ¿no? En cierto modo yo creo que es una suerte. No porque lo dirija yo, sino por ser un festival que tiene ya 80 años… Hay cosas que con el tiempo pueden quedar viejas o vetustas. En el caso de Quincena el paso del tiempo ha hecho de ella un festival con experiencia.

Creo que es una suerte tenerlo, y también creo que es algo que más gente debería descubrir. Tenemos mucho público, pero siempre viene bien que venga más. Y creo que, hasta cierto punto, gente como vosotros con vuestra revista también nos ayudáis a hacer ese esfuerzo para decir que “esto no es ni para ricos, ni para pijos, ni para super intelectuales. Esto es de los ciudadanos. Quincena pertenece a la ciudad. Ni es mía ni es de nadie en concreto”

En ese sentido San Sebastián tiene la suerte de tener un festival que durante 80 años ha dado buena programación y buenos conciertos. ¡Y ahí sigue!

A. I. F.— ¿Cuál crees que es la mayor fortaleza de este festival?

P. A.— Es uno de los festivales más exitosos de España que contiene unos números muy fuertes dentro del contexto europeo. Es uno de los festivales que, teniendo en cuenta la población de la ciudad, más público tiene comparativamente. Tenemos que tener en cuenta que estamos en una ciudad de 180.000 habitantes, y no en una ciudad como Nueva York con 20 millones. Estamos en uno de los festivales con más público. Y también de mayores ingresos respecto a su presupuesto.

La mayor fortaleza es el público que tiene, y que yo reconozco que es un privilegio. Un público muy fiel, que le apetece mucho disfrutar del festival y que mantiene su fidelidad desde hace generaciones.

A. I. F.— ¿Y sus mayores retos?

P. A.— ¿El mayor reto? Bueno, sabemos que la música clásica está perdiendo público. No en San Sebastián porque Quincena no ha perdido. Pero sí en todo el mundo. El mayor reto es conseguir que eso no afecte a este festival. Y la única forma de conseguirlo es acercar a mucha gente que en un principio es reticente o desconoce de la música clásica. De pronto decirle: “oye, sí se puede escuchar música clásica y pop a la vez. Y rock. Y jazz. Es algo que igual te estas perdiendo”. Y digo igual porque lo tienes que escuchar y te tiene que gustar. Pero mucha gente responde rápido: “no, no voy”. Como si fuésemos a una especie de secta, ¿sabes?

A. I. F.— ¿Entonces, crees que existe una especie de estigma —en nuestra juventud— con respecto a la música clásica?

P. A.— Sí creo que existe. En el sentido que mucha gente lo ve como un espectáculo para gente con dinero. O para gente que sabe y que, digamos, tiene una gran preparación intelectual, o para gente, digamos, pija. La idea de que allí sólo va gente muy estirada, cuando en realidad muchos ya van hasta en bermudas. Es decir, la gente va a lo que va. A escuchar música.

A. I. F.— ¿Y entre nuestra juventud, crees que esta realidad se acentúa aún más?

P. A.— Sí que creo que hay un problema a este respecto. Yo veo muy difícil que, sobre todo los adolescentes, se incorporen a la música clásica porque incluso físicamente, cuando tu cuerpo está en revolución, es difícil que estés sentado dos horas concentrado en una obra. Y más en una sociedad en la que, si te fijas, casi ni en el cine están concentrados porque están mirando el móvil. Entonces, todo este tipo de aparatos está haciendo que nos desconcentremos. La gente se cree que es multitarea, pero el cerebro no es multitarea. Eso es mentira. O estas a una cosa o estas a otra. Un concierto de clásica te demanda concentración, sino no te enteras, no disfrutas, te aburres y acabas no teniendo un rato agradable y enriquecedor.

Otro reto importante es que en gran parte ha desaparecido la música clásica de lo que es la sociedad. Yo siempre digo que cuando era niño y me llevaban al médico o al dentista la música que sonaba en la sala de espera era música clásica. Ahora ya no. Incluso en los aviones, cuando entrabas, sonaba música clásica. Y ahora ya no. Ha perdido un poco la calle. La presencia que antes tenía.

A. I. F.— ¿Tiene entonces Quincena Musical algún formato que permita a nuestra sociedad reencontrarse con la clásica?

P. A.— Tenemos un programa que se llama “ConversanDo”, que es un programa que invita a gente que nunca ha ido a un concierto. Se les explica un poco de qué va la obra antes de empezar y después se les pregunta de nuevo qué les ha parecido.

A. I. F.— ¿Destacarías alguna reflexión entre el público de “ConversanDo”?

P. A.— Mucha gente pregunta que a ver dónde están los altavoces porque no se creen que una voz o una orquesta pueda sonar así. Otra cosa que también les llama la atención es que “todo sea tan a la vez”. Les parece increíble que 100 personas sean capaces de coordinarse a la perfección durante 40 minutos seguidos.

A. I. F.— ¿Crees, entonces, que la sociedad está ahora acostumbrada a una música excesivamente simple y, digamos, efectista?

P. A.— Sin duda. La gente está acostumbrada a escuchar unos pocos sonidos y un estribillo en canciones que apenas duran 3 o 4 minutos. Entonces, en general, se quedan sorprendidos para bien. Yo diría que el 90% de las personas que han venido a “ConversanDo” han disfrutado. Muchas no habrán vuelto, pero han disfrutado y han descubierto un mundo. Y ese es el gran reto, el descubrirle a gente de todas las edades lo que puede llegar a disfrutar y aprender. Yo creo que la música clásica tiene una virtud, y es que puede ser especialmente emocionante. Las emociones son las que mayor impresión dejan en el espíritu y en la mente. Y eso enriquece.

A. I. F.— No podría estar más de acuerdo. Siempre se da una imagen elitista y racional cuando en verdad la clásica es una música especialmente emotiva, que despierta y evoca una gran cantidad de emociones, ¿no crees?

P. A.— ¡Claro! Hay una cosa que una persona me dijo un día y que se me quedó grabada. Me dijo que le había gustado mucho, que estabas una hora y media concentrado en ti mismo en una especie de soledad acompañada, y las emociones que le generaban le hacían pensar cosas sobre sí mismo. La música clásica despierta emociones diferentes en una sociedad que siempre está mirando el móvil o la televisión.

A. I. F.— ¿Qué recomendarías a un joven que nunca ha acudido a un concierto?

P. A.— A la gente joven yo le diría que se informase antes de ir. Ver un poco cuando se escribe la obra, la personalidad del compositor… Siempre digo también que la clásica es como la lectura, que nadie empieza leyendo la “crítica a la razón pura”. No recomendaría empezar con una sinfonía de Mahler o Shostakovich. Yo siempre digo que empiecen por Mozart o por Beethoven. Porque si te empiezas a aburrir, a los 30 minutos ya se ha terminado. Y luego seguir con Mahler. Porque además tiene un color instrumental fantástico. Continuamente hay sonidos diferentes. Continuos cambios. Coros, solistas… además con una orquesta grande.

A. I. F.— ¿Dirías entonces que Donostia es una ciudad privilegiada para escuchar música clásica?

P. A.— Sin duda. Es más, creo a veces que, en cuanto a música, la oferta es un poco demasiada. Tenemos la Quincena, la Orquesta Sinfónica de Euskadi, algún concierto de la Joven Orquesta de Euskal Herria, conciertos de Musikene… Pero es que luego hay también Kursaal Eszena o del Orfeón Donostiarra. A veces dices, pero ¿cuántos conciertos hay? Creo que a veces nos pasamos un poco pidiéndole al público que vaya a tantas cosas. Y por eso creo también que hace algunos años se llenaban más los conciertos durante temporada que ahora. Lo de temporada lo digo porque Quincena es como una isla, ¿no? No tiene problemas y tiene un público muy fiel. Pero otros ciclos si que están sufriendo más porque hay una competencia atroz. Hay mucha afición, pero hay quien tampoco quiere o puede ir a 3 conciertos a la semana. La gente tiene otras cosas que hacer en la vida. Creo que a veces es un poco demasiado…

A. I. F.— En cuanto a calidad, ¿es la Quincena un festival referente?

P. A.— Yo creo que sí. Tenemos tanto público que podemos permitirnos traer orquestas y solistas potentes. Los demás lo tienen más difícil.

A. I. F.— Y en cuanto al bolsillo, ¿es Quincena un festival asequible?

P. A.— Pues hay gente que me dice que los precios son muy altos, y yo siempre les contesto lo mismo. Hay entradas a 11 euros, ¡a veces hasta para la ópera! No hay ninguna ópera tan barata en toda España. Y es verdad que se agotan, pero si estas un poco atento… Y si no tienes entradas en el Antiguo y en San Telmo a 8 euros. Tenemos también una “hora joven” que pone a la venta al menos 10 entradas por obra a menos de 3 euros para menores de 30 años, que al final son el futuro de Quincena. La clásica, igual que toda la cultura si tiene dinero público, tiene que ser asequible para la gente, punto. La democracia consiste en que todos tengamos acceso a la sanidad y a la educación, eso todo el mundo lo asume. Pero creo que la democratización de la cultura es también una parte importante del proyecto, ¡y en eso estamos!

A. I. F.— ¡Y que dure!