La investigación sobre el espacio geográfico a lo largo de la historia

Javier Gómez Piñeiro
Geógrafo y Catedrático emérito de la Universidad de Deusto

Fotografía: María Herreros Ferrer

Las primeras referencias a estos dos conceptos: espacio y paisaje, piezas claves en las formulaciones teóricas y metodológicas de la Geografía, podemos encontrarlas en los trabajos geográficos de griegos y romanos. Los primeros dentro de una geografía matemática, directamente relacionada con sus planteamientos filosóficos. Los segundos con una geografía descriptiva y regional de finalidad práctica y aplicada en relación con sus conquistas territoriales.

A lo largo del proceso histórico de desarrollo de la Geografía se observa como nuestra disciplina está influenciada por la coyuntura, siendo los agentes externos los responsables, la mayor parte de las veces, de los cambios y ritmos evolución que llegan hasta nuestros días.

Entre las aportaciones de la antigüedad clásica y los inicios de la geografía moderna con Humbolt y Ritter, en el s. XIX, sólo se puede señalar la obra de Bernhard Varenio (1621-1650), que desarrolla una geografía general con categoría de ciencia. Diferencia claramente la Geografía General de la Especial o Regional, dio gran importancia a los estudios teóricos y metodológicos, y resaltó el carácter aplicado (Capel, 1974).

Recientemente el profesor Yves Lacoste (1977), ha puesto en evidencia que la geografía siempre ha tenido una clara finalidad militar, política y estratégica. Baste recordar el uso que hacían griegos y romanos de las informaciones geográficas del espacio; las Sociedades Geográficas, que suministraban todo tipo de informaciones geográficas a sus respectivos gobiernos para facilitar las conquistas coloniales; el carácter que tenía en la enseñanza, en la que además de ayudar a la configuración del sentimiento nacional, a la idea de las nacionalidades, servía para ir concibiendo una determinada concepción geográfica de espacio y de su manifestación visible, el paisaje. Naturalmente, los rasgos del reparto colonial y los hechos económicos son los dominantes.

Las primeras cátedras universitarias que recogen la tradición geográfica plantean los estudios geográficos con un carácter científico, siguiendo los principios de localización distribución generalización actividad causalidad y conexión. Sin embargo no sé insiste, si es que se detecta. En ese carácter estratégico al que antes nos hemos referido, en ninguna de las múltiples especialidades que van surgiendo en el seno de la Geografía.

En la gran variedad de conceptos y enfoques, el espacio es visto como un soporte neutro, debatiéndose la geografía entre ser considerada como ciencia del paisaje, es decir el estudio de los objetos de la superficie terrestre, o como ciencia regional o ecológica, o sea el estudio de las relaciones entre esos objetos de la superficie terrestre. La Geografía describe, analiza hechos y fenómenos, y aplica principios básicos a los mismos tratando de buscar sus causas.

Pero afortunadamente para nuestra disciplina, desde principios del s. XX, y en particular desde la década de los cincuenta, se tratan de realizar estudios sistemáticos que lleguen a la generalidad y la explicación de la misma mediante la formulación de leyes generales. El creciente desarrollo del fenómeno urbanoindustrial y el aporte de ciencias afines, singularmente la economía, contribuyeron a reforzar estos planteamientos. (Christaller, 1933).

Es en esta época cuando la obra de Benton Mekaye (1928), permite ver la importancia que para el hombre tiene el medio rural y urbano. Resulta paradójico comprobar que pese a que el enfoque del hombre, el paisaje humanizado es una creación suya, haya habido que esperar tanto tiempo para que estos temas fueran considerados importantes y se iniciase una concepción sistemática del paisaje. Hay que recordar que hasta fechas muy recientes nos conformamos con una simple descripción del paisaje, sin buscar un método de análisis ni mucho menos considerar las formas resultantes y las necesidades humanas.

El inicio del análisis espacial en Geografía, se produjo con la búsqueda de leyes explicativas del poblamiento, siendo el punto de partida el medio urbano.

Surgen numerosos trabajos teóricos y de aplicación práctica que desarrollan las nuevas concepciones de la geografía de su enfoque espacial y paisajístico, no sin réplicas y oposiciones de otros geógrafos, y que poco a poco van orientando la mayor parte de los trabajos geográficos:Schaefer(1953), ataca a las posiciones ideográficas y defiende el carácter de ciencia nomotécnica sin la originalidad de los objetos geográficos y propugnando la búsqueda de leyes generales. Ullman (1957), considera a la geografía como una ciencia de las interacciones espaciales. Ackermann (1958), se inclina por el estudio de las distribuciones en abstracto. Bunge (1962), nos habla de Geografía teorética. Hagett (1965), Burton (1963) y Harrison (1965), hablan de geografía cuantitativa. Los ya citados Bunge y Hagett, consideran a nuestra disciplina como «esencia de la localización», estudiando puntos diferenciados en el espacio geográfico en distintos sentidos de estudio. Con todo esto se va configurando lo que se llamará «Nueva Geografía» (Vila Valenti, 1971 y 1973) (Gómez Piñeiro, 1976, 1978 y 1979).

La incidencia mayor se produce en aquellos temas susceptibles de acciones operativas. El concepto clásico de región, que es llamado «concepto-obstáculo» por Lacoste (1976), empieza a ser considerado por numerosos geógrafos como algo dinámico, perdiendo el carácter estático y formalista. Tratando de descubrir sus leyes, a través de sus efectos, y siendo definida por flujos económicos y sociales, que establecen relaciones y jerarquías.

Se pasa de una mera descripción, sentido ideográfico de la geografía como ciencia regional o ciencia del paisaje, a una concepción nomotéctica con un sentido de lo general, que intenta explicar y comprender sus estructuras mediante el conocimiento de las leyes.

La preocupación de las relaciones entre el hombre y el medio, que son recíprocas, lleva a la geografía a entrar en contacto con el término de «ecología» creado por Haeckel (1911), y de éste a los de «ecología humana», de Park y Burguess (1925), siendo definida como una ecología humana por Barrows (1922); Sorre (1943 y 1961), teniendo estrechas relaciones con la sociología. Aún con esta presencia del hombre, con este carácter antropocéntrico, la geografía es ciencia del espacio. Desde luego que las interrelaciones de los individuos y grupos humanos se traducen en hechos concretos de un «paisaje humanizado» con flujos de todo orden, por lo que los mismos son de interés para el geógrafo (Sorre 1943 y 1961). El medio social, que es definido por el sociólogo, será una base de trabajo para el geógrafo.

Ahora bien, Juillaerd (1970) ha demostrado que hay fenómenos geográficos que no dependen directamente de su ecología. Para este autor, frente a la geografía como «ciencia de la diferenciación espacial» (Hartshorne, 1939), como estudio de los «paisajes humanos» (Sorre 1961), es preferible definirla como ciencia de las «interacciones espaciales». El paisaje no es «más que un soporte»… En el se producen las relaciones espaciales, a las que llegaremos tras el conocimiento de las actividades humanas y de los mecanismos de funcionamiento del espacio.

P. George (1971) nos dice que la ecología humana, o el estudio del entorno, comprende lo relativo a las relaciones entre el consumo de las sociedades y las economías humanas y la capacidad de producción o de mantenimiento del medio ambiente.

Con la aplicación del cálculo factorial al análisis del espacio social urbano, llegamos a la «ecología factorial» (Brian Berry 1968, 1971a y 1971b), ya la geografía como «ciencia de la diferenciación y de la organización de los ecosistemas espaciales».

Se estudian los factores de diferenciación del espacio social y la manera en que estos se combinan para proyectarse sobre el espacio físico. El espacio social que se proyecta sobre el físico está más o menos mediatizado por el espacio económico. (Racine, 1972).

Pierre George (1970) nos dice que «la geografía, ciencia de las relaciones, recurre a un proceso de pensamiento específico, qué parte de la descripción para llegar a la explicación, en tres términos principales: observación analítica, detección de las correlaciones, búsqueda de las relaciones de causalidad». El mismo autor nos crea la «Geografía Activa», quizás como una reacción al excesivo carácter explicativo de la geografía, que con un sentido práctico y útil a la sociedad se había desarrollado desde finales de la década de los años 50 (Dudley Stamp, 1960). En la geografía activa la investigación debe centrarse en el estudio de las situaciones (resultantes en el momento presente de un conjunto de acciones dinámicas y relativas, a unos límites espaciales) de una manera activa, es decir, percibiendo las tendencias y las perspectivas de evolución a corto plazo, midiendo en intensidad y en proyección espacial las relaciones entre, las tendencias de desarrollo y sus antagonistas, definiendo y evaluando la eficacia de las fuerzas y de los obstáculos, que se presentan en los hechos geográficos y en su medio, intentando adoptar posiciones y actitudes críticas ante los mismos (P. George y otros, 1964). El espacio es el punto de convergencia, de encuentro, de influencias recíprocas de las condiciones naturales y de las sociedades humanas (Racine, 1972), y de estos resulta que «aliado de las categorías sociales, humanas y económicas, hay otra categoría de fenómenos los hechos geográficos» (Pinchemel, 1968) cuyo estudio compete al geógrafo. Concepción de la geografía como ciencia sintética. La síntesis está explicada por los paisajes que encontramos en la superficie terrestre, y que son la expresión sintética de las correlaciones. Los paisajes son estructuras, su análisis debe permitirnos llegar a elementos a partir del cual se crea y se organiza.

La escuela geográfica de la «ecología factorial» acepta que la geografía es una ciencia de correlaciones, pero añade a la anterior que debe ser estructural y dialéctica. Debe pasar de la descripción y de la detección de las correlaciones a la explicación. Para que esté explicación sea válida, hay que poder probarla. De ahí que se recurre a la utilización del modelo sistemáticamente formulado y del tratamiento estadístico de una información cada vez más compleja. Esta complejidad exige que se trabajé en un espacio matemático multidimensional (Racine, 1971) y se utilicen las técnicas de análisis estadístico multivariado. Aquí tenemos la «revolución cuantitativa» a la que se refería Burton (1963), que hizo que se encontrará un método que, al aplicar al espacio geográfico las nociones derivadas de la teoría general de sistemas y del estructuralismo, justificará la renuncia al método tradicional y la utilización del análisis estadístico.

Cómo señala Racine (1972), para pasar a las tesis de Sorre, sobre el complejo ecológico «el medio geográfico» nos aparece desde ahora en toda su riqueza como un complejo susceptible de disociarse en otros complejos cuyas actividades se condicionan recíprocamente a los de Brian Berry (1964) sobre el ecosistema del planeta, que el hombre domina en parte, y en el que hay procesos integrados en interrelacionados, solo hay el paso de formalizar la noción de manera estructural, siendo la estructura la realidad vinculada a un sistema «conjunto de objetos, de atributos de esos objetos, de interrelaciones entre esos objetos y sus atributos, de interdependencia entre los objetos y los atributos», (Berry, 1977).Para pasar del «sistema» al «análisis del sistema» (Harvey, 1969; Racine y Raymond, 1973) hay que dar un paso de tiempo operacional, con el uso de los ordenadores, el análisis estadístico y las tecnicas multivariadas. La ecología factorial, que empezó con el análisis social urbano, pronto se proyecto a los estudios regionales, estatales y al nivel de los grandes conjuntos territoriales, llegando a una ecología factorial comparada (Berry, 1971).

No podemos dejar de señalar las objeciones de otros geógrafos a estos planteamientos: Labasse (1969 y 1971); Baugeu-Garnier (1971); George (1970 y 1971). El espacio queda como el objeto de estudio de la geografía, como elemento fundamental en la distribución de las interrelaciones de los fenómenos (Chisholm, 1969).

Adquiere un ámbito bidimensional, menos concreto, que permite un proceso de generalización. Para Bertrand (1969) es un conjunto dinámico formado por estructuras móviles en el espacio y en el tiempo.

El análisis espacial se realizará a través de una serie de etapas: flujos, redes, nudos, jerarquías y superficies.

El espacio geográfico se forma y evoluciona partiendo de unos conjuntos de relaciones que se establecen en el marco concreto de la superficie terrestre. La palabra superficie no tienen geografía un sentido geométrico, sino que goza de cierta altura y profundidad, siendo el lugar de encuentro de varios planos de contacto y esferas (litosfera, atmósfera, hidrosfera, biosfera, sociosfera).

Lo importante de cada punto del espacio geográfico, es su situación con relación a un conjunto en el cual se inscribe y las relaciones que mantiene con los diversos medios de los que forma parte.

El espacio geográfico se presenta como el soporte de unos sistemas de relaciones, unas a partir de unos elementos físicos, otras teniendo en cuenta la actuación de los grupos humanos (Dollfus, 1976).

El análisis geográfico pasa a ocuparse de las relaciones entre la localización, la organización y la diferenciación espaciales. Clasifica las estructuras organizadoras del espacio y descomponen los sistemas que los rigen, estudia la intensidad de los fenómenos, las características de los grupos humanos, el volumen de las transferencias y de los intercambios, poniendo de relieve el significado de los límites y de las discontinuidades que recortan el espacio y buscan el sentido de las evoluciones (Dollfus, 1978).

El espacio geográfico es un conjunto dinámico formado por estructuras móviles en el espacio y en el tiempo. La parte visible de este espacio es el paisaje. Este será un primer paso perceptivo, la explicación de su estructura nos llevará al análisis de sus leyes y características, llegando entonces y de forma gradual a la percepción del nivel superior: el espacio geográfico.

La Geografía, disciplina intrínsecamente espacial, «tendrá como preocupación última referirse a aquellos rasgos del paisaje producidos o modificados por las acciones del hombre integrado en grupos sociales, junto con aquellas características del medio ambiente «natural» que aparecen o se manifiestan dentro de unas escalas espaciales, o que cambian dentro de unas escalas temporales, apropiadas para ejercer alguna influencia o limitación sobre las manifestaciones espaciales de las actividades del hombre» (Chosley, 1973).

La teoría de la esfera geográfica o del paisaje (Anuchin, 1973), hace hincapié en el papel del hombre, cómo ser social, en la transformación del medio natural, al igual que varias de las tesis anteriores. Plantea el estudio del medio socio geográfico, que tiene un carácter complejo y en el que se acumulan los medios materiales del desarrollo social y es al mismo tiempo el resultado de la acción social sobre la naturaleza. Estudia el sistema que existe formando la esfera geográfica, como medio ambiente para el desarrollo, real o potencial de la sociedad humana, juntamente con los aspectos materiales del desarrollo social que se expresan en sus complejos regionales dentro del medio geográfico. (Gómez Piñeiro, 1980)

Con todos estos planteamientos la Geografía, se nos presenta en distintos grados y niveles de conceptualización y abstracción, como ciencia del paisaje (estudio de la superficie terrestre), ciencia de las relaciones entre el hombre y su medio ambiente natural (tendencia ecológica), y ciencia locacional (estudio de la localización de los fenómenos geográficos sobre la superficie terrestre). Tiene un carácter sintético y espacial, estudia las relaciones espaciales de los fenómenos y la organización del espacio.

Por otra parte hay que indicar que la tesis tradicional de la geografía del paisaje son: los paisajes son «reales», siendo el objeto específico de la investigación geográfica el paisaje y la región son «totalidades» la geografía tratará de llegar a un conocimiento total; «la geografía del paisaje pretende comprender todo lo existente en la superficie terrestre en una conexión total. Como esto no es posible, de modo metódico se recurre a una visión intuitiva del paisaje»; la geografía sintetiza las informaciones sistemáticas, tratando de captar la «esencia» no transmisible del paisaje o de la región (Luis, 1980).

Estos planteamientos arrancaban de los postulados holísticos historicistas, que habían provocado el abandono de las tesis deterministas en la geografía y el paso al posibilismo, con los consiguientes planteamientos de la geografía regional y del paisaje. Recordamos aquí que la «región» también se concibe como un «todo» y su conocimiento se llegaba a través de la síntesis.

El conocimiento científico debe tener como característica la intersubjetividad. Está difícilmente se cumple en las posturas holísticas, ya que la captación de la «esencia», a la que antes nos referimos, no se consigue mediante el análisis sino con la síntesis que se efectúa de modo subjetivo y particularista. (Popper, 1973; y Luis, 1980).

Los ataques a estos planteamientos se inician con los pioneros de la Nueva Geografía (Shaefer, 1953), que pronto se generalizan y tienen un amplio eco, siendo defendidas las nuevas tesis analíticas irracionales por numerosos geógrafos que postulaban unos nuevos enfoques teóricos y prácticos que llevaban a los conceptos geográficos básicos a ser relevancia social, didáctica y científicamente fructiferos (Bartels, 1975).

Sobre los postulados de la tradicional concepción del paisaje, se desarrollan las tesis de la nueva geografía del paisaje, para la que la vieja concepción era limitante, no tenía en cuenta distintas realidades, pero coinciden defender el paisaje como «realidad» y objeto exclusivo de la Geografía. Por otra parte aplica las nociones de estructura y sistema, con lo que la geografía pasa a ser una ciencia nomotetica. Pese a esto sigue considerando al paisaje como «totalidad», insiste en el papel de síntesis y en la captación de la «esencia» del paisaje integrado. (Bolos y Capdevilla, 1975).

En un reciente trabajo de Luis (1980) se critican duramente estas concepciones, tratando de demostrar que la geografía no puede pretender ser a la vez una ciencia especial, con su objeto único original, total, que no es intersubjetivamente comprobable, y una ciencia empírica, con los mismos planteamientos nomotéticos de otras disciplinas científicas. Por ello, este autor, opina que el «nuevo» concepto del paisaje es otra «fórmula vacía», citando numerosos autores discrepantes como Bastels, Gerling, Hard…, reconociendo que gran número de geógrafos españoles y extranjeros siguen defendiendo las tesis tradicionales, pese a que la mayoría se han dado cuenta de las dificultades del paradigma tradicional, de la «crisis» de la geografía y de que ésta difícilmente llega a resolver los problemas actuales de la sociedad. (Vilá, 1962, 1971 y 1973). La crítica de Luis (1980) a las nuevas concepciones de la llamada geografía del paisaje integrado (Bolos, 1975), termina señalando que este no abarca todos los aspectos o temas de estudio de la geografía, sino también solo es un enfoque ecológico-paisajístico, que junto con el geomorfologico, la vegetación y el clima, se incluyen en la geografía física, olvidándose de la geografía humana. La Geografía queda emparentada con las ciencias de la tierra de la naturaleza, se excluye de las ciencias sociales. En este sentido el prestigioso profesor, recientemente fallecido, Pablo Vila nos dice, en una entrevista publicada en 1978, que las «ciencias sociales estudian directamente al hombre y la sociedad» pero no al hombre en relación con la tierra, siendo esto último lo que hace la geografía como ciencia de síntesis.

Es evidente que nosotros en nuestro modesto trabajo no tomamos ninguna postura, ya que la misión del mismo es dar a conocer a nuestros lectores, las distintas aportaciones conceptuales y metodológicas del pensamiento geográfico, a través de las publicaciones de los distintos autores y de sus tesis acerca del espacio y del paisaje.

Además de las anteriores aportaciones, hemos de prestar atención ahora a los planteamientos geográficos que se ocupan de la percepción del medio y del comportamiento geográfico (Capel, 1973; y Claval, 1974), así como de la llamada geografía conductista (Bailly, 1978) que va más allá de la captación de la percepción, las actitudes o los comportamientos, y que trata de llegar a los vínculos existentes entre el espacio y el conjunto de estos fenómenos.

La percepción humana tiene un papel decisivo en la formación de una imagen del medio real, siendo esta imagen y no el medio, la qué influye directamente sobre el comportamiento humano. El medio geográfico es el medio real objetivo y exterior al individuo, estando dentro de ese medio el que podemos llamar operacional, que es en el que se realizan las acciones del hombre. Aquella parte del medio operacional de la que el hombre es consciente, es el medio perceptivo. El medio de comportamiento es la parte del anterior que motiva a la acción humana en el espacio geográfico.

Con este enfoque se confiere al espacio todo su sentido y su profunda estructura, al asociar lo real y lo irreal (Babelard, 1957).

Hay dos líneas de pensamiento que analizan la noción de paisaje, en cuanto relación entre un sujeto (el hombre) y un objeto (el paisaje). La primera se basa en la hipótesis de la relación directa entre los estímulos del entorno y el comportamiento. La segunda introduce distintas variables en el proceso cognoscitivo, tales como la intuición, la fisiología personal y la experiencia común (Bailly, 1978). Este autor nos indica que toda la geografía del comportamiento depende del proceso que lleva de la percepción a la actitud. Habrá que analizar cuidadosamente todas las relaciones subjetivas del hombre con su medio, para comprender las distintas «imágenes».

Bailly, sigue desarrollando su teoría manifestando que el espacio simbólico puede ser aprehendido mediante la comprensión de los mecanismos perceptivos y por el análisis del medio. El sentido del lugar resulta de los vínculos que un hombre tiene con un espacio. La territorialidad constituye la expresión geográfica de las motivaciones sociales, étcnicas, económicas, culturales y políticas. La geografía conductista se complementará con la geografía de la organización, en la que irán poniéndose de manifiesto las múltiples formas de la «imagen» del medio real, sus componentes y estructuras.

Racine (1972), afirma que para explicar científicamente un paisaje, tenemos que darnos cuenta de las modalidades de interdependencia existentes entre sus diferentes elementos y el conjunto de sus características, de tal modo que sea posible comprobar la validez de las explicaciones propuestas.

«La noción de paisaje es a la vez resultado de la percepción estructurada de elementos capitales y una construcción activa de la inteligencia» (Bailly, 1978).

El paisaje «solo puede ser calificado y clasificado en una tipología geográfica si se tiene en cuenta todos los elementos invisibles que le confieren un particular sentido» (P. George, 1970).

Los paisajes nacen del encuentro entre organizaciones naturales y humanas, y son a la vez soportes y producto del mundo vivo (Bailly, 1978).

Como la percepción solo nos da imágenes parciales, surge la necesidad de estudiar la concepción del espacio subjetivo (Claval, 1972).

El espacio, es tanto el producto de la estructura del paisaje como el resultado de la actividad y de la experiencia perceptiva del sujeto (Bailly, 1978). En la percepción del paisaje se captan sus elementos y se integra la experiencia individual.

En las decisiones y actitudes del comportamiento geográfico, hay unas que modelan el espacio, y otras que tienen por objeto adaptarse a las estructuras ya existentes (Claval, 1972).

La imagen, decisiva de la percepción, depende de la psicología personal, de la cultura aprendida, de reflexiones socioeconómicas y profesionales, de códigos de comunicación, de la experiencia vivida, de la originalidad biológica y de la información recibida. Con todo esto el individuo tomará una decisión, que puede llevar al comportamiento geográfico. El espacio percibido es físico y, a la vez, social (Bailly, 1978). La percepción de la escala es la que permite la ordenación y la estructuración del paisaje. En todos estos estudios, como es lógico, es fundamental la aportación de los psicólogos y sociólogos, como queda debidamente reflejado en la bibliografía.

Para la comprensión de las relaciones individuo-percepción con el medio, James Gibson (1976), señala cuatro etapas: 1) la percepción pasiva, que se impone a todos los órganos sensoriales mediante estímulos que provienen del exterior; 2) la percepción pasiva indirecta, que se produce en los desplazamientos, sin que participen los músculos ni los sentidos sean estimulados; 3) la percepción activa, resultado de movimientos corporales el individuo y 4) la percepción activa y controlada, en la que además de la recepción y la percepción activa, el individuo reacciona, tomando decisiones y pasando al comportamiento geográfico.

Este mismo autor desarrolla todo un cuadro de los distintos sistemas perceptivos (orientación, auditivo, táctil, olfativo y visual) que están más o menos desarrollados según los individuos, lo que establece diferencias individuales que hay que tener en cuenta en los estudios de la percepción y del comportamiento.

Así pues en el estudio del entorno habrá que tener en cuenta: las características físicas, las peculiaridades sociales y los rasgos simbólicos.

Dado que los hombres captan los fenómenos de distintas maneras, antes de explicar las relaciones del hombre con su entorno, habrá que analizar los mecanismos individuales y el comportamiento de los grupos humanos.

Pasando ahora a las nociones de territorialidad, proximia (teorías del uso que el hombre hace del espacio, en tanto que producto cultural específico), y al sentido del lugar, diremos que E. Hall (1966) distingue tres niveles espaciales: 1) el espacio de organización fija (casa); 2) el espacio de organización semifija (establecimientos); y tres el espacio de organización informal (distancias con respecto a los demás). Estos espacios se combinan para formar una imagen dotada de una identidad estructura y significación. Los geógrafos nos hemos ocupado tradicionalmente de los primeros, los psicólogos del tercero. La geografía conductiva tiene en cuenta aquellos espacios en los que el individuo «se siente territorialmente bien» (Bailly, 1978).

En la ordenación de un territorio de lo que se tratara es de identificar y delimitar dimensiones espaciales y sectores en los cuales el individuo pueda encontrar condiciones favorables.Hay que adecuar la ordenación a las necesidades del hombre.

Teniendo en cuenta la importancia de los desplazamientos, y de que el comportamiento espacial depende de la evolución que cada uno hace de su entorno, los problemas perceptivos de su relación tiempo-espacio resultan fundamentales para el mejor conocimiento del medio geográfico, o de los medios parciales que analicemos.

Hoy, el medio, el paisaje, deben ser conocidos a través de su naturaleza, de las modificaciones que en ellos introduce el hombre y por el modo en el que viven en ellos los grupos humanos. La moderna Geografía tiene en cuenta las estructuras, el comportamiento, la percepción, y los aspectos sociales y culturales, en su más amplio sentido. Habrá que considerar enfoques micro y macro geográficos, para conseguir comprender las relaciones y lazos de interdependencia entre el hombre y el medio, que nos permitan alcanzar nociones superiores y más completas del espacio geográfico.

Podemos considerar como planteamientos que completan estas afirmaciones el “paradigma” que propone Brian Berry (1973), en el que el hombre es el actor principal en la toma de decisiones, las cuales están inscritas en un «ecosistema», un sistema de interacciones funcionales entre organismos vivos y su medio, siendo el mundo un conjunto de sistemas abiertos jerarquizados, de estructuras que se mantiene, y se repite y se transforman.

Otra interesante aportación es la de la geografía radical (Harvey y Bunge, 1973) y la operacional (Kacoste 1966-1977) que consideran que el espacio no puede ser estudiado como soporte neutro, e igualmente el paisaje. El espacio geográfico es un producto social y hay que estudiar los procesos políticos a través de los cuales se organiza y se transforma. Hay que encontrar la relación entre sociedad y espacio dentro del proceso histórico. Hay que estudiar no solo cómo se distribuyen y por qué los hechos geográficos sino cómo pueden mejorarse.

Hay que llegar al análisis espacial diferencial. Hay que pensar conjuntos para los fenómenos humanos. Hay que tener en cuenta los diferentes conjuntos espaciales a los que pertenece el espacio que en ese momento estemos estudiando, según distintos niveles de análisis y escalas de representación. Representación que será el resultado de la combinación de conjuntos espaciales y que nos permitirá aprehender progresivamente las múltiples formas de la “realidad” para una mejor solución de los problemas planteados.

Con todo esto veremos que las nociones de espacio y paisaje, que siempre han sido constantes en el pensamiento geográfico cómo temas de discusión e investigaciones han sido consideradas por los geógrafos y su vieja disciplina, cómo medios de ofrecer al hombre y al sistema sociales, una mejor comprensión de sí mismo, de sus obras, de sus relaciones y lazos con el medio geográfico, para conseguir que todos seamos conscientes de unos fines de sables, de unas capacidades reales de unas necesidades de unas limitaciones, que nos llevan a una sociedad más justa, más equilibrada y más feliz. Decisivo importante empeño de una Geografía sin adjetivos sin adjetivos que la limiten o la encasillen conceptual y metodológicamente. ¡Ojalá todos los geógrafos contribuyamos a ello!

*Agradecemos a Javier Gómez Piñeiro —integrante de la Junta Directiva del Ateneo Guipuzcoano—, su generosidad al compartir el presente artículo con motivo del número MAPAS II.