Entrevista a Ana Merino

Escritora

Madrileña nacida en el 71, Ana Merino sigue cosechando éxitos. Queda patente con su reciente logro: ¡el Premio Nadal 2020! (Se suma al Premio Adonáis de Poesía en 1994 con su primer poemario Preparativos para un viaje, entre tantos.) Hemos tenido la suerte de conversar con ella sobre su trabajo. Generosa, amable y más que dispuesta, nos permite acceder a su universo creativo: polifacético en las letras, como saben quienes le siguen de cerca —¡que somos muchos!—.

Juan Alberto Vich— En febrero se publicó El mapa de los afectos (Destino), novela ganadora del prestigioso Premio Nadal 2020, una estremecedora historia que reúne las antinomias propias de los individuos y de sus comunidades: generosidad y egoísmo, crueldad y bondad,… Y pese a lo terrible narrado, su lectura logra dejar —de manera incomprensible— una impresión esperanzada. ¿Coincide con su verdadera interpretación de la condición humana o se ha valido de la prosa para sanear su imagen de ésta?

Ana Merino— Creo que la bondad es el sustrato humano que nos da sentido. La prosa me ayuda a verbalizar una intuición que se construye con una mirada optimista y esperanzada. Expresar de forma literaria el bien era un reto que me permitía definir y profundizar en los personajes. Los lectores están acostumbrados a tramas en donde la crueldad y el mal marcan el ritmo de la lectura. En mi caso, el sufrimiento que genera el egoísmo y la crueldad no pretende saturar el ritmo de la novela, porque lo que prevalece, es la idea de la superación y de la vida como celebración de los instantes. Así voy construyendo un libro en donde el paso del tiempo y el diálogo interior de los personajes reflexionando sobre cómo se siente y cómo contemplan su devenir observando a los demás e interactuando con ellos, da sentido a esa energía que define nuestra humanidad.

J. A. V.— Tanto “El mapa de los afectos” como muchas de sus obras precedentes, “Las decepciones” (Litoral y Conacouta, 2014) por ejemplo, tienen un fuerte carácter existencial. La escritura, en tanto que reflexión, es diálogo, dialéctica. ¿Permite ésta encontrar respuestas o, más bien, descartarlas?

A. M.— Pienso que el diálogo existencial que formulan mis personajes ayuda a que nos entendamos. Tanto en mis obras de teatro como en esta novela mis personajes necesitan verbalizar cómo se sienten y al hacerlo obligan al lector a pensar. La literatura introspectiva ofrece espacios de empatía y aprendizaje. Las respuestas están en nuestra capacidad para asimilar esa diversidad de voces que confluyen y a la vez construyen la convivencia. El reto para un escritor es volver literaria la materia prima de la existencia. Y también reivindicar esa mirada donde todas las vidas ofrecen posibilidades narrativas capaces de emocionarnos porque nos reconocemos en la gestualidad de la literatura como reflejo profundo de nuestros pensamientos y preocupaciones.

J. A. V.— Poesía, ensayo, teatro, narrativa,… Los géneros literarios convergen y se alimentan entre sí. ¿Cuánto de poesía considera que guarda su narrativa?

A. M.— En mi trabajo narrativo hay una fuerte pulsión poética. Al escribir busco que las palabras tengan ritmo y sonoridad. Me preocupa la exactitud, que lo que quiero expresar se plasme de forma clara. Ese anhelo de precisión que tengo es hijo de la poesía. Creo que el placer lector no solo debe condensarse en el movimiento de la trama, pues hay muchísimo disfrute en la textura sonora del estilo. He cuidado mi prosa, la novela está llena de oraciones que combinan la musicalidad rítmica con las imágenes que rodean a los personajes. Al tener esa preocupación estética, las escenas y la expresividad de los personajes invitan a la relectura. En todo el proceso de escritura estaba presente mi experiencia como poeta y dramaturga generando sonoridad rítmica. Todas las relecturas que hacía mientras editaba el texto eran siempre en voz alta, quería que la prosa sonara bien, que se pudiera declamar, que existiera un ritmo emocionante en todos los niveles del texto.

J. A. V.— Hablamos a menudo de la importancia de una infancia creativa, de la educación, de la lectura y de las artes a edades tempranas,… ¿Cómo fue crecer en una casa que —sabemos de buena tinta— rebosa cultura?

A. M.— He sido una niña muy feliz rodeada de libros en una casa luminosa donde mis padres se preocuparon por potenciar la lectura como una parte fundamental de mi educación. Mi padre es el escritor José María Merino y tuve el privilegio de verle disfrutar mientras crecía, del proceso creador y de los libros. Esas escenas de vida las interioricé y me hicieron entender lo importantísima que es una infancia lectora, que la capacidad de desarrollar imaginación y empatía va asociada a las oportunidades que te brinda la educación lectora. Eso hizo que mi compromiso con la alfabetización creativa sea paralelo al desarrollo de mi carrera académica. He participado en varios proyectos creativos que implicaban animación a la lectura y escritura con grupos de niños y adolescentes en situación de riesgo. Además, soy una defensora de los maestros y todas esas personas que trabajan con la infancia y se preocupan por reforzar los planes de estudio y la realidad lectora en las aulas.

J. A. V.— Aplaudimos su defensa constante de la lectura en los medios, es compartida y sentida por muchos. ¿Cómo cree que podría fomentarse entre los jóvenes?

A. M.— Todas las actividades que se puedan hacer con los escritores en las aulas son un grandísimo estímulo. Poder interactuar con adolescentes y darles apoyo a los educadores que trabajan con ellos es fundamental. Hay además muchas actividades, muchos talleres de escritura creativa que pueden funcionar muy bien entre los jóvenes. Es importante complementar la lectura con la expresividad creativa en una edad en la que esa formación lectora va cuajando a la vez que la personalidad. La lectura ayuda a desarrollar la empatía y la imaginación, hay que potenciarla al máximo. Para ello los planes de estudio comprometidos, la inversión en las bibliotecas y el apoyo a los docentes es clave.

J. A. V.— Sé que muchos se quedaron “con ganas de más” al terminar “El mapa de los afectos”. ¿Qué será lo próximo, Ana? ¿Tiene algún proyecto en marcha?

A. M.— Estoy metida en otra novela, pero todavía quedan muchos capítulos por delante. El arranque de la nueva novela estaba ambientado en el Madrid del otoño del 2020 y con esta situación que estamos viviendo tengo que hacer ajustes temporales. La realidad supera a la ficción. Es una novela en la que vuelven a aparecer las dos orillas y los personajes se mueven entre los Estados Unidos y España. Aunque en este caso he regresado al paisaje de la Nueva Inglaterra en donde viví cinco años y medio. Además, tengo un poemario bastante avanzado y yo creo que lo habré terminado el próximo año.

J. A. V.— Desde aquí te seguiremos la pista, y ojalá podamos coincidir pronto. Gracias y un abrazo muy fuerte.

A. M.— Hasta pronto, sí.