El rostro, ¿es el reflejo del alma?

Julián Gabarre
Director del Institute of Craniofacial Psychology y del Instituto Superior de Morfopsicología

Fotografía: Javier Mina

Un poco de Historia

El deseo de adivinar el alma según el exterior, es tan antiguo como la humanidad.

Los Egipcios y los Caldeos (3000 años AC) habían catalogado diferentes formas de la cabeza y habían imaginado significados para éstas. Pitágoras (500 años AC) es seguramente, quién inicio el estudio de la fisiognomía, pues parecer ser, que elegía a sus discípulos basándose en sus rasgos faciales.

Homero, ente otros, jamás habla de sus héroes sin describirnos su físico y su moral como Cervantes de Don Quijote y Sancho Panza en el siglo XVIII.

San Ambrosio decía: “Cuando nosotros vemos el rostro de una persona, es cuando empezamos a conocerla…”.

Juan de Huarte de San Juan (1529-1591) en su libro “Examen de los ingenios” reabre el estudio de la fisiognomía que tuvo gran influencia en la literatura del siglo XVII, desarrollada entre otros, por Cervantes en el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Pero el mayor propulsor de la fisiognomía, fue el responsable de su misma deshonra, Johan Kaspar Lavater (1740-1801) que publico una obra de diez volúmenes, relatando complicados procedimientos y las vagas representaciones analizando los rasgos por separado, y claro, nadie va por la calle andando e interactuando con una frente, con una nariz, o con las mandíbulas y mentón, sino que va con un todo.

Estos vagos y complicados procedimientos fueron eclipsados por un nuevo proyecto de fisionomía tradicional más innovador, la Frenología de Franz Joseph Gall (1758-1828), que pensaba que las formas craneales reproducen, en la mayoría de los casos, las del cerebro. Y como dice Josep LeDoux (1999), con lo poco que se sabía desde el punto de vista científico contó con muchos adeptos pero se precipito demasiado ya que las protuberancias, son simples protuberancias, no indicadoras de las capacidades mentales, y como consecuencia, hubo una reacción científica en contra de la idea misma de la localización funcional y la ciencia abandonó estos conceptos para centrarse en el estudio de la persona por lo que llamamos metrismo científico, es decir, el autoinforme, para tratar de conocer al ser humano por lo que el sujeto dice (cuestionarios test, entrevistas,..), sin tener en cuenta, el inconsciente de los auto-informantes, que como sabemos contestan conscientemente, y como consecuencia, toda vía hoy no se ha superado este sesgo, y el de la interpretación que hace el propio entrevistador en función a sus valores, de la información que expresan los investigados, y que como me decía el Dr. Antonio Bulvena, co-director de tesis doctoral, además todo lo que se investiga, sobre elementos parciales, sobre la percepción, sobre el olfato, sobre el oído, sobre el gusto o sobre el tacto, o sea la investigación es analítica por lo que no tienen en cuenta el todo lo que da un conocimiento parcial reductor, no sintetizador, puesto que la persona interacciona con de todos ellos a la vez.

El cientifismo, ha estado y sigue desoyendo en sus investigaciones el papel de inconsciente que ya advirtió Nietzsche, el gran psicólogo de las profundidades en su sentencia “Hay más razón en tu cuerpo que en tu mejor sabiduría” , y Jung siguió advirtiendo “la distinción entre mente y cuerpo es una distinción artificial”…”es tan intima la combinación de rasgos corporales y psiquis que no sólo podemos sacar interferencias de largo alcance, en cuanto a la constitución de la psiquis a partir de la constitución del cuerpo, sino también podemos inferir en peculiaridades psíquicas de las correspondientes características corporales. Lo psíquico, es físico y y mental y nos seguía diciendo: “la cara es una gran verdad que está ahí”…”en la cara y la psiquis existe el principio de sincronismo, ya que el principio de la casualidad me parecía insuficiente para explicar ciertos fenómenos notables de lo inconsciente”

Fue el Psiquiatra francés Louis Corman, que después de haber estudiado al Dr. Claude Sigaud su libro “La forma humana” 1914, y todo lo que ya habían investigado otras escuelas biotipológicas, el que estableció un método riguroso de observación sistemático “de las partes y el todo”, dando un gran avance al conocimiento certero del ser humano, pero al no haberlo probado científicamente, este conocimiento tan preciso, fue denominado por el cienticifismo métrico reinante, de pseudociencia, y desechado para la formación de los especialistas en el conocimiento humano.

Pero hoy sabemos con toda precisión, que el rostro es la terminal de nuestra neurofisiología, y que el cerebro creciente va dando la forma al rostro, y en él, también se agrupan los cinco sentidos, que son la puerta de entrada y salida a nuestra interioridad y de los mecanismos de racionalización dándonos una información impresionante para el abordaje terapéutico de nuestros pacientes/clientes.

Con esta información y la formación que adquirí durante 5 años en estos conocimientos, en la Escuela del Dr. Corman, los experimente y probé empiricamente durante más de 20 años, me conjuré para probarlos científicamente, con resultados impresionantes en mi tesis doctoral “Cerebro y Rostro: dos caras de una misma realidad”, en el año 2010, como no podía ser de otra forma.

Por lo tanto, el dicho popular se confirma, “la cara es el reflejo de nuestro psiquismo, y como consecuencia, de nuestra alma”.

En mi nuevo libro PSICOLOGIA FACIAL -carácter y competencias-, Ediciones Rostro, Barcelona 2020, expongo el soporte científico que lo sustenta, la metodología y muchísimas imágenes ilustrativas, para conocer el inconsciente de nosotros mismos y el de los demás, dando a los profesionales de la salud mental, educación y recursos humanos un conocimiento concreto sin igual, que les ayudará en sus profesiones y en sus interacciones con el mundo social y familiar.