Iñaki Vázquez Larrea
Doctor en Antropología
Fecha de publicación: 20/02/24
Forzado al exilio por el gobierno comunista polaco en 1968, converso del marxismo a la democracia, Kolakowski pasa por ser el filósofo que de forma más lúcida supo establecer una estrecha correlación entre el profetismo prometeico marxista y el despotismo estalinista. En Las principales corrientes del marxismo (1976), considera a Lenin un intérprete más que posible (aunque no necesario) de Marx.
Al fin y al cabo, si el paroxismo de la necesaria lucha de clases pasa por una unidad social que se confunde con una supuesta libertad “ya salida de la prehistoria”, la mejor manera de llevarlo a cabo es a través de un despotismo político, sin límites, que deja a una masa inerte al libre albedrio de un voluntarismo económico y un determinismo historicista, que fue, en esencia, la praxis leninista:
“Dado que el socialismo según Marx, desplaza las leyes económicas objetivas y permite a los hombres controlar las condiciones de su vida, es fácil inferir que una sociedad socialista puede hacer todo lo que quiera, es decir que la voluntad de las personas, o la voluntad del partido revolucionario, puedan manipular los elementos de la vida económica de la forma que desee. El sueño marxiano de la unidad pudo así tomar forma de una despótica oligarquía de partido, mientras que su prometeismo apareció en el intento de organizar la vida económica por métodos policiales, como hizo el partido de Lenin al comienzo de su mandato. El voluntarismo económico, que sólo fue abandonado, cuando la nueva sociedad estaba al borde de la ruina, era una aplicación, y no excesivamente una caricatura, del prometeismo marxiano” (Kolakowski, pág. 413).
Si el profetismo podía degenerar fácilmente en despotismo, lo mismo sucedía para Kolakowski con los mitos. En la presencia del mito (1972) advierte que el mito podía invadir todos los ámbitos de la cultura y “degenerar en despotismo, terror y mentira” (Kolakowski, pág. 112). La creencia en valores agotados y cerrados, no sujetos a interpretación alguna, conllevan a convertirse en narcóticos que inhiben a los sujetos de responsabilidad moral alguna. La interpretación mitológica del mundo habría de estar sujeta, por tanto, a vigilancia y sospecha. Sólo de esta manera la mitología puede ser socialmente fructífera. …. y así Prometeo despierta de su sueño de poder, tan ignominiosamente como Gregor Samsa en las Metamorfosis de Kafka.
BIBLIOGRAFÍA:
KOLAKOWSKI, L; Las principales corrientes del marxismo, Alianza Editorial, Madrid, 1980.
KOLAKOWSKI, L; La presencia del mito, Cátedra, Madrid, 1992.
