Elisa Martínez Salazar
Profesora en la Universidad de Zaragoza

Imagen: Javier Rupérez
La primera recepción: los inicios pioneros y la primera traducción de La metamorfosis
«Soy final o principio», dejó escrito Kafka en uno de sus cuadernos.Y su final coincidió con el principio de su recepción en España, al margen de alguna mínima mención periodística previa. Cuando aún no había concluido el año de su muerte, en diciembre de 1924, la barcelonesa revista La Mà Trencada publicó la traducción al catalán del relato «Ein Brudermord» («Un fratricidi»), debida al escritor, crítico y traductor Carles Riba. Seis meses después, al cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento, fue la Revista de Occidente la que introdujo a Kafka en lengua española con La metamorfosis. Lo hacía en los dos números consecutivos de junio y julio de 1925, en un momento temprano en relación al contexto internacional: por aquel entonces, ninguna obra de Kafka se encontraba disponible en francés, inglés ni italiano. Sin embargo, frente a lo que se afirma en ocasiones, no fue la española la primera traducción de la célebre narración kafkiana. Un joven Sándor Márai la había vertido al húngaro todavía en vida de Kafka, lo cual no fue precisamente del agrado de este, que quería reservar los derechos de traducción a su amigo Robert Klopstock, médico húngaro de inquietudes literarias al que dirigiría la famosa frase desde su lecho de muerte: «Máteme; si no, es usted un asesino».
Volviendo a España, la aparición de La metamorfosis, firmada por un Kafka desconocido en el país, quedó grabada en la mente de sus primeros lectores. María Zambrano, que dedicaría a Kafka varios ensayos a lo largo de su vida, evocaba así aquel primer contacto: «Sin comentario apenas, sin leyenda, la primera obra de Kafka traducida al español […] quedó fija en nuestra memoria, fija como una obsesión» (1941, p. 4). En los años siguientes, la publicación de Ortega y Gasset acogería además otras dos narraciones del mismo autor: «Un artista del hambre» (1927) y «Un artista del trapecio» (1932, con título alterado del original «Erstes Leid»). Entretanto, Max Brod se lanzaba a la publicación póstuma de los escritos de su admirado amigo, comenzando por las novelas inconclusas El proceso (1925), El castillo (1926) y América (1927, hoy conocida como El desaparecido, porque así se refirió a ella Kafka), y continuando por el volumen de prosas Durante la construcción de la Muralla China (1931). Las novelas experimentaron desigual reacción crítica en España. El escritor y traductor gallego Ramón María Tenreiro expresaba el disgusto que le provocaron El proceso y El castillo desde las propias páginas de la Revista de Occidente, llamándolas «pobres fetos informes, trágicamente ridículos en la monstruosidad de su interrumpida formación» (1927, p. 386) y «lacerantes pesadillas, seniles e invernizas, llenas de oscuridad y congoja, en las que la vida se nos aparece como infinitamente más turbia, más cruel, más bochornosa, de lo que puede llegar a serlo, aun en las más desdichadas circunstancias» (p. 389). En cambio, el crítico alemán afincado en España Máximo José Kahn —que reseñaría también Durante la construcción de la Muralla China— vaticinó desde La Gaceta Literaria: «El Castillo pertenecerá a las obras eternas de la literatura» (1927, p. 4). Fue precisamente el fundador y director de La Gaceta Literaria, Ernesto Giménez Caballero, el primer escritor español que incluyó el nombre de Kafka en una obra literaria, concretamente en su libro de corte vanguardista Yo, inspector de alcantarillas (1928). Poco después, en 1932, Kafka figuraba ya en una enciclopedia: el sexto apéndice de la Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana de Espasa-Calpe incluía una breve entrada titulada, a la española, «Francisco Kafka». En ella se daba nuevamente cuenta de las ediciones póstumas, salvo de Amerika, que no había tenido eco en España.
En el décimo aniversario de su muerte —es decir, en 1934— Kafka protagonizaba ya un artículo en un periódico español generalista, que introducía además su imagen física en España mediante la reproducción de una fotografía. Se trataba de la «Conmemoración del extraño Franz Kafka» que Guillermo de Torre —figura relevante en la historia receptiva de Kafka tanto en España como en América— incluyó en su sección «Correo literario» del diario Luz. Aquí se mostraba ya al tanto de la bibliografía internacional y trataba varios aspectos relevantes de la obra kafkiana.
Por aquel entonces habían comenzado a editarse libros de Kafka en diferentes lenguas europeas. Fue pionera la edición inglesa The Castle (1930), a la que se sumaron en 1933 el volumen The Great Wall of China y la novela El proceso, tanto en francés como en italiano. La lectura de Le Procès llevó a Ricardo Gullón (1934) a manifestar por primera vez su persistente interés crítico por el autor. Pero en España no se publicaron libros de Kafka hasta más adelante y de manera muy puntual. Las dos únicas ediciones que aparecieron durante decenios no eran sino la reunión de las tres narraciones de la Revista de Occidente bajo el título La metamorfosis: la primera de ellas vino de la mano de la propia editorial de la revista en 1945 y la segunda se incluyó, otras dos décadas después, en el catálogo de la recién inaugurada editorial Alianza, en 1966. A cargo de ambas empresas se encontraba José Ortega Spottorno, que continuaba así la tarea emprendida por su padre, Ortega y Gasset. Semejante páramo editorial durante el franquismo fue contrarrestado en parte por un cierto acceso a ediciones extranjeras, fundamentalmente de las editoriales Losada y Emecé, radicadas en Buenos Aires. Y es que las principales ediciones de Kafka en lengua española vieron la luz durante mucho tiempo al otro lado del Atlántico.
La primera edición argentina de La metamorfosis fue publicada por Losada antes que las españolas, en 1938, con prólogo de Jorge Luis Borges, a quien se atribuía también la traducción. El volumen incluía, junto a la narración que le daba título, los relatos «Un artista del hambre» y «Un artista del trapecio», así como varias prosas de Kafka inéditas en España. Por tanto, contenía los tres textos que habían sido traducidos con anterioridad para la Revista de Occidente. Y, de hecho, se trataba —con algún retoque— de las mismas versiones, las cuales se han mantenido, junto con su atribución a Borges, en las múltiples reediciones y reimpresiones de La metamorfosis de Losada, que llegan hasta la actualidad. Si durante todo este tiempo alguien reparaba en que la editorial argentina había tomado las tres traducciones de la Revista de Occidente, concluía que había sido Borges el encargado de realizarlas para la publicación de Ortega y Gasset. Y, sin embargo, los rasgos españoles de las narraciones procedentes de la Revista de Occidente llevaron a algunos críticos a preguntar a Borges sobre el particular. Al hacerle notar Fernando Sorrentino la divergencia estilística de La metamorfosis con respecto a su estilo habitual, Borges respondió:
Bueno: ello se debe al hecho de que yo no soy el autor de la traducción de ese texto. […] Lo que yo sí traduje fueron los otros cuentos de Kafka que están en el mismo volumen publicado por la editorial Losada. Pero, para simplificar […], se prefirió atribuirme a mí la traducción de todo el volumen, y se usó una traducción acaso anónima que andaba por ahí. (Borges en Sorrentino, 1998-1999).
También el filósofo uruguayo Juan Fló dijo haber interrogado a Borges sobre esta cuestión: «Solo cuando insistí me contestó, algo alterado, que la traducción de La metamorfosis no era suya, y sí en cambio la de los otros breves relatos incluidos en el libro de 1938 tantas veces reeditado» (Fló, 2013, p. 228). Aquí podría darse el tema por zanjado, dado que Borges reconoció abiertamente no haber traducido Die Verwandlung. Pero se da la circunstancia de que solo desmintió su atribución al verse directamente interpelado sobre el tema, contribuyendo así a la confusión. A pesar de las evidencias, se ha seguido argumentando que su autoría no está completamente descartada (Gargatagli, 2014) y la editorial Losada continúa exhibiendo el nombre de Borges desde la cubierta de sus ediciones.
Y si no fue Borges, ¿quién tradujo al español la primera versión de La metamorfosis, que es también, probablemente, la más reproducida del ámbito hispánico? La tesis de que lo hizo Ramón María Tenreiro (Paz, 2022, 2023) —el mencionado reseñista de Kafka, colaborador de la Revista de Occidente y traductor del alemán— no está demostrada: las coincidencias textuales de algunas de sus traducciones con La metamorfosis no son sino rasgos estilísticos comunes al español escrito en la España de la época y, como tales, no prueban su autoría. Sin embargo, otro nombre emerge de décadas de falsas atribuciones y silencio: el de Margarita Nelken. Crítica de arte y escritora, recordada ante todo por su labor política durante la Segunda República y la Guerra Civil, fue también traductora, particularmente en la época en la que apareció La metamorfosis: en torno a 1925 se concentran la mayor parte de sus libros traducidos, varios de ellos publicados precisamente por la editorial Revista de Occidente. Su nombre comenzó a sonar como posible autora de la versión española de La metamorfosis gracias al testimonio de Ortega Spottorno, que fue, como queda dicho, responsable de las dos primeras ediciones en forma de libro de la obra en España, en las que la traducción permanecía anónima. Según informaba la germanista Cristina Pestaña en un artículo de 1999, el editor nombró como «posible» traductora a Nelken y justificó la ausencia de atribución en sus ediciones por no tener «constancia de ello», al no haber sobrevivido a la Guerra Civil la documentación al respecto. Pese a la vaguedad de estas declaraciones, se abría en la bibliografía especializada la opción de Nelken como traductora de La metamorfosis. Pero lo cierto es que para entonces ya se había publicado un documento del archivo de Margarita Nelken que ha pasado demasiado desapercibido y viene a confirmar su autoría (en Martínez Gutiérrez, 1997, pp. 15-17). Se trata de una carta escrita al final de su vida, en 1964, en la que Nelken repasa su trayectoria vital y profesional e incluye, dentro de un pequeño apartado dedicado a sus «Traducciones varias», la «primera publicación de Kafka en la Revista de Occidente» (Nelken, 1964, p. 1).[i]
No queda, pues, demasiado margen para dudar de que fue Nelken quien tradujo Die Verwandlung. Sin embargo, confiamos en que próximas investigaciones den como fruto una confirmación definitiva que no admita reparos y obligue, finalmente, a situar su nombre donde le corresponde: en las ediciones que llevan decenios reproduciendo su traducción, atribuyéndola a Borges u omitiendo su autoría.
Mientras el mundo hablaba de Kafka
Según se ha descrito, los inicios de la recepción española de Kafka fueron llamativamente tempranos, con traducciones que se adelantaban a otras lenguas y una crítica no muy abundante pero sugerente en su variedad de perspectivas. Sin embargo, esta tendencia se interrumpió. Mientras en el exterior iba expandiéndose la fama de Kafka a lo largo de la década del treinta, mientras alcanzaba la condición de clásico de la modernidad en los años cuarenta, mientras se editaba y reeditaba su obra en múltiples idiomas, mientras se difundían ampliamente sus escritos autobiográficos a partir de los años cincuenta, España solo conoció ―junto a un puñado de prosas breves dispersas― un único libro de Kafka impreso en su territorio (La metamorfosis, Revista de Occidente, 1945), así como contadas reacciones críticas. Por supuesto, este retraso es fundamentalmente achacable a las circunstancias históricas derivadas del golpe militar y la dictadura de Franco.
Los escasos artículos que se dedicaron a Kafka en la España de la posguerra adoptaban un posicionamiento —implícito o explícito—respecto a su concepción existencialista, predominante en la época. Durante los años cincuenta, la crítica específica —todavía insignificante en comparación con lo que ocurría en otros países— aumentó y se diversificó. La progresiva y contenida difusión de Kafka fue manifestándose tímidamente también en otros ámbitos, como el universitario, el periodístico y el teatral. Juan Fernández Figueroa, director de la revista Índice, señalaba con disgusto que «kafkistas» y «faulknerianos» eran ya en aquel entonces una «inmensa minoría» (1953, p. 7). Ciertamente, no era extraño que los narradores interrogados en la prensa por sus referentes literarios aludiesen a Kafka. También comenzó a multiplicarse su presencia en manuales de literatura y enciclopedias, lo cual evidencia su progresiva canonización como figura de la historia literaria universal.
Pero el recorrido hacia la instalación de Kafka como referente cultural bajo el régimen franquista fue lento y tortuoso. Al limitado acceso a la literatura internacional se sumó el hecho de que los ámbitos eclesiásticos y conservadores que se referían a él no le profesaban simpatía. Así, en el primer suplemento a las Lecturas buenas y malas a la luz del dogma y de la moral, el jesuita guipuzcoano Antonio Garmendia de Otaola advertía de que las novelas de Kafka debían ser leídas únicamente por «lectores de mucha precaución y criterio» (1950). Pese a este tipo de reparos, dos factores abrieron el camino para la aceptación de Kafka por parte del catolicismo. El primero fue el prestigio y la difusión que adquirió el monumental ensayo Literatura del siglo xx y cristianismo del teólogo belga Charles Moeller, con su presentación amable y comprensiva de distintos autores desde una perspectiva cristiana. El amplio capítulo dedicado a Kafka formaba parte del tercer tomo, La esperanza humana, publicado en 1957 y reeditado varias veces. El segundo factor que acercó a Kafka a nuevos públicos fue la exhibición en 1963 de El proceso de Orson Welles en la VIII Semana Internacional de Cine Religioso y de Valores Humanos de Valladolid (actual Seminci), certamen respaldado por el Papa Juan XXIII y el Gobierno de España. La presencia de la adaptación fílmica de la novela de Kafka en un festival de estas características promovía indirectamente su recepción en la línea religiosa. Por otro lado, contribuyó a disolver suspicacias desde el punto de vista político la aparición en la prensa del largo silenciamiento al que fue sometido Kafka por parte del bloque del Este. La explícita postura antikafkiana del comunismo soviético permitió desarrollar una mayor simpatía hacia él desde posiciones afines al franquismo.Se interpretaba a Kafka como crítico del comunismo, sin querer reparar en que su obra pone en evidencia todo ejercicio arbitrario de poder. Una visión sesgada que, por desgracia, parece estar reactivándose en el contexto de la polarización actual.
La canonización de Kafka en España
La progresiva disolución de los recelos que suscitaba Kafka explica que dos publicaciones periódicas le dedicaran sendos números especiales: el suplemento del periódico oficial del régimen «Los domingos de Arriba», el 31 de mayo de 1964, y la ya mencionada revista Índice, en febrero de 1965, con un llamativo cambio de actitud de su director.
Si ya a partir de la segunda mitad de los cincuenta habían empezado a traducirse ensayos influyentes procedentes del exterior —destacando las famosas Conversaciones con Kafka (1956) de Gustav Janouch—, en esta época vieron la luz en suelo español las primeras monografías traducidas: Franz Kafka (1964), de René Marill Albérès y Pierre de Boisdeffre, y Kafka contra Kafka (1965), de Michel Carrouges. Y la editorial Seix Barral publicó la compilación de textos del argentino Ezequiel Martínez Estrada titulada En torno a Kafka y otros ensayos (1967). Por su parte, la producción crítica española de los años sesenta se seguía caracterizando por su pluralidad, a la vez que iniciaba la adopción de una perspectiva filológica y comparatista. En todo caso, habría que esperar hasta finales de los años setenta y principios de los ochenta para ver los primeros libros autóctonos dedicados íntegramente a Kafka, de la mano del docente de la Universidad de Barcelona Luis Izquierdo.[ii]
En el campo de la creación literaria, Kafka se convertía en uno de los referentes internacionales que impulsaron la renovación narrativa de aquella época. Y en el ámbito editorial, la reaparición en formato de libro de bolsillo de La metamorfosis (Alianza Editorial, 1966), que a partir de entonces sería reeditada y reimpresa una y otra vez, abría una etapa sin precedentes en la historia de la recepción de Kafka en España. Sus escritos alcanzaban una difusión antes desconocida, siendo, por fin, accesibles para el gran público. A partir de 1971 se publicó el resto de su obra desde distintas editoriales. Y el mimo año se estrenarían dos espectáculos teatrales emparentados que llevarían a Kafka a recorrer la geografía española: el Proceso a Kafka de José Monleón y el Informe para una academia de José Luis Gómez, impactante monólogo de un simio (el famoso «mono de Kafka») del que se realizaría una producción para Televisión Española.
La aceleración receptiva experimentada en la última fase de la dictadura se explica, en buena medida, por la transformación del entorno histórico, con factores como la relativa atemperación y apertura del régimen al exterior, el impulso económico y el desarrollo editorial. Pero hasta entonces, como ocurrió en otros puntos del planeta, la obra de Kafka tuvo que vencer resistencias no solo desde un punto de vista estético, sino también ideológico. Pese a la incomprensión de su primer reseñador y al retraso cultural que impuso el franquismo, el impacto de Kafka fue filtrándose por las rendijas de una cultura que, desde el poder, había pretendido mantenerse monolítica y autosuficiente. Pero, progresivamente, Kafka entró a formar parte de la memoria colectiva también en España. Y de algún modo se convirtió —junto a otras voces renovadoras— en el hacha que logró romper la mar congelada de la cultura española.[iii]
Bibliografía, notas y fuentes:
[i] A partir de la investigación de la especialista Josebe Martínez, se suele tener en cuenta esta carta autobiográfica en la bibliografía general e histórica sobre Margarita Nelken, así como en las ediciones de su obra literaria. Sin embargo, el dato no parece haber trascendido, hasta ahora, a los estudios académicos sobre la recepción hispánica de Kafka. Destaca por ello un artículo del editor Josep Mengual (2019) recogido en su estimable blog Negritas y cursivas, donde llama la atención sobre este tema. A este asunto he dedicado mi intervención en el reciente congreso «El impacto de Franz Kafka» (8-10 de mayo de 2024), organizado por la Sociedad Goethe en España en la Universitat de Barcelona.
[ii] Conocer Kafka y su obra (Dopesa, 1977; 2.ª ed. 1979) y Kafka (Barcanova, 1981).
[iii] Este artículo se basa en su mayor parte en mi tesis doctoral La recepción de la obra de Franz Kafka en España (1925-1965) (Universidad de Zaragoza, 2019).
Fernández Figueroa, J. (1953). Faulkner, ¿claro o confuso? Índice de Artes y Letras, 67, 7.
Fernández Huéscar, E. M. (1990). Consideraciones en torno a la recepción de Franz Kafka en España [tesis doctoral]. Universidad Complutense de Madrid.
Fló, J. (2013). Jorge Luis Borges traductor de Die Verwandlung (Fechas, textos, conjeturas). Anales de Literatura Hispanoamericana, 42, 215-240.
Gargatagli, M. (2014). ¿Y si La metamorfosis de Borges fuera de Borges? El Trujamán: Revista Diaria de Traducción,10 de enero, 24 de enero, 10 de febrero, 24 de febrero y 17 de marzo. cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/enero_14/10012014.htm
Garmendia de Otaola, A. (1950). Lecturas buenas y malas a la luz del dogma y de la moral. El Mensajero del Corazón de Jesús.
Gullón, R. (1934). Presencia de espíritu. Ágora, 2, 18-21.
Kahn, M. J. (1927). Franz Kafka: El Castillo. Kurt Wolff Verlag; München; 8 Mark. La Gaceta Literaria, 17, 4.
Martínez Gutiérrez, J. (1997). Margarita Nelken (1896-1968). Ediciones del Orto.
Martínez Salazar, E. (2019). La recepción de la obra de Franz Kafka en España (1925-1965) [tesis doctoral, Universidad de Zaragoza]. ZAGUAN: Repositorio institucional de documentos. https://zaguan.unizar.es/record/79495
Mengual Catalá, J. (22 de marzo de 2019). La traductora Margarita Nelken (con Borges al fondo). Negritas y cursivas: libros e historia editorial. negritasycursivas.wordpress.com/2019/03/22/la-traductora-margarita-nelken-con-borges-al-fondo/
Moeller, Ch. (1957). Literatura del siglo XX y cristianismo. III. La esperanza humana. Malraux – Kafka – Vercors – Sholojov – Maulnier – Bombard – Françoise Sagan – Ladislao Reymont. Gredos.
Nelken Mansberger, M. (28 de abril de 1964). Correspondencia de Margarita Nelken a Juana Gascón Maillo. España, Ministerio de Cultura, Archivo Histórico Nacional, Archivo de Margarita Nelken Mansberger, DIVERSOS-TITULOS_FAMILIAS, 3236, N.156.
Pestaña Castro, C. (1999). ¿Quién tradujo por primera vez La metamorfosis de Franz Kafka al castellano? Espéculo: Revista de Estudios Literarios, 11, marzo-junio.
Paz Gago, J. M. (11 de agosto de 2022). La vía española de Franz Kafka. ABC. www.abc.es/opinion/jose-maria-paz-gago-espanola-franz-kafka-20220811194315-nt.html#
Paz Gago, J. M. (2023). Kafka en España: Ramón María Tenreiro, autor de la primera traducción de La metamorfosis a una lengua extranjera. Svět Literatury, 11, 19-28. https://doi.org/10.14712/23366729.2023.3.2
Sorrentino, F. (1998-1999). El kafkiano caso de la Verwandlung que Borges jamás tradujo. Espéculo: Revista de Estudios Literarios, 10.
Tenreiro, R. M. (1927). Franz Kafka. Der Prozess. Verlag Die Schmiede. Berlín, 1925. Das Schloss. Kurt Wolff Verlag. München, 1926. Revista de Occidente, 48, 385-389.
Torre, G. (27 de julio de 1934). Conmemoración del extraño Franz Kafka. Luz, pp. 8-9.
Zambrano, M. (1941). Franz Kafka, mártir de la miseria humana. Espuela de Plata: Cuaderno Trimestral de Arte y Poesía, agosto, pp. 3-8.

Debe estar conectado para enviar un comentario.