Bulgákov

– Artículo que surge a partir de la conferencia impartida el 16 de mayo de 2023, durante el ciclo de conferencias «Literaturas Perseguidas» organizado por el Ateneo Guipuzcoano en colaboración con Donostia Kultura-

Enrique J. Vercher García
Profesor en la Universidad Complutense de Madrid

La idea central sobre la que va a versar el presente artículo y que le da título es la de que a Bulgákov le tocó vivir un tiempo cuyas dicotomías le eran ajenas (fin del zarismo, gobierno provisional liberal vs. Bolcheviques, la Revolución de Octubre, la Guerra Civil, el bolchevismo, Stalin), como si tomáramos a un hombre de siglos pasados y lo pusiéramos en una época con contradicciones y enfrentamientos para los que no estaba preparado. Pero también la idea de que, excepcionalmente y a diferencia del resto de escritores de su tiempo, Bulgákov tuvo una especie de suerte o destino que roza lo fantástico (o lo diabólico, como los personajes de su El maestro y Margarita) y que lo libró de un destino fatal (baste recordar la intercesión directa que hizo Stalin en su favor solo porque estaba fascinado por su obra literaria). Dostoévskij dijo que la belleza salvaría al mundo, pero de una forma más real y concreta la literatura salvó a Bulgákov.

Su vida y el destino de su obra parece una constante lucha llena de altibajos en la que las nefastas consecuencias más lógicas de la realidad que le tocó vivir iban siendo continuamente anuladas por un Deus ex machina (Deus que en este caso tiene nombres propios como los de Iósif Džugašvili o Maksim Gór’kij).

Así, aunque sus obras se representaron (Los días de los Turbín, pieza teatral que extrajo de su novela La guardia blanca, se llevó a los escenarios en centenares de ocasiones), tuvo también problemas con la censura revolucionaria, y soportaba mal las críticas adversas (ciertamente demasiado numerosas). También tuvo que soportar registros en su casa, algunos interrogatorios, y que el GPU le incautase manuscritos, aunque sin mayores consecuencias para él, a diferencia de otros escritores que vieron truncada su actividad y aun su vida.

Tuvo, es cierto, un momento de éxito en el teatro: Los días de los Turbín tuvo mucho éxito (obra que le encantaba a Stalin, quien la vio al menos 15 veces); La isla púrpura arrasó en su estreno; El piso de Zoika estuvo en cartelera tres años… Sin embargo, pasó muchos años relegado del mundo literario, criticado y censurado. Sus grandes obras (El maestro y Margarita, Corazón de perro y otras) se publicaron por primera vez en los años 60 y de manera fragmentaria.

Jorge Saura (2017) afirma que «Bulgákov tuvo buena suerte en un contexto de mala suerte generalizada». No sufrió encarcelamiento, no compareció ante ningún tribunal y no fue arrestado ni una sola vez.

PENSAMIENTO Y SOCIEDAD EN LA ÉPOCA DE BULGÁKOV

La vida y obra de Bulgákov se enmarca históricamente en la conocida como Edad de Plata de la literatura rusa, y su importancia como escritor es tan elevada que, aunque hay bastante consenso en que la Edad de Plata comenzaría en los años 90 del s. XIX, es por escritores como él que se discute si finalizaría en 1918 con el comienzo de la Guerra Civil o si deberían incluirse también los años 20 (también se suele marcar como hito simbólico del fin de la Edad de Plata el suicidio de Majakóvskij en 1930).

La obra de Bulgákov no es ajena al pensamiento ruso de su época (y al pensamiento ruso en general), caracterizado por ser pragmático, estrechamente vinculado con los problemas de la realidad de cada momento histórico y por ser una fusión entre filosofía, literatura y política hasta el punto de no haber fronteras nítida entre ellas (esa filosofía o pensamiento global conocido desde antiguo en Rusia como premudrost’ ‘omnisciencia, sabiduría’ o ljubomudrie ‘amor a la sabiduría’; vid. Novikova, 2000: IX) y muy alejado de los grandes sistemas filosóficos de otras latitudes como Grecia o Alemania. Es por ello que en Bulgákov, como en tantos otros autores rusos, lo social, lo espiritual y lo estético van unidos de la mano.

En Mihaíl Bulgákov va a tener mucha influencia el pensamiento de, precisamente, otro Bulgákov, pero de nombre Sergej. Sergej Nikoláevič Bulgákov (1871-1944) fue filósofo, economista, articulista, teólogo y activista muy cercano a Mihaíl Bulgákov, ya que era conocido de su padre. La evolución personal de este pensador de un modo u otro se ve reflejado en la obra de Mihaíl Bulgákov, pues pasó desde el marxismo hasta una profunda religiosidad, incluso tiene un libro con el revelador título de Del marxismo al idealismo (1903).

Una idea importante en él va a ser la de que cada individuo, además de ser en sí mismo un microcosmos, forma parte de un todo, de un organismo humano místico. Esta concepción está en Bulgákov, en El maestro y Margarita, cuando Yeshúa Ga-Notsri afirma, por ejemplo, que «no hay personas malvadas en el mundo» (vid. Южанинова, 2007).

Dicha concepción es lo que hará que Bulgákov parezca estar siempre fuera de su tiempo, a destiempo en realidad de cualquier época, porque su verdadero presente es un tiempo místico, si acaso futuro, ese mismo tiempo futuro-místico en el que, según Dostoévskij, los rusos alcanzarán la síntesis entre Oriente y Occidente (el debate entre el papel que debe jugar Occidente en Rusia y cuál debe ser la relación de esta con aquel ha estado siempre presente de un modo u otro en los debates filosóficos y políticos rusos, aunque el más conocido es el que se dio entre eslavófilos y occidentalistas en el s. XIX).

La idea del cuerpo místico universal parte en Rusia de Vladímir Sergéevič Solovëv, un filósofo que influyó mucho en el pensamiento ruso. Para Sergej Bulgákov la llegada del Anticristo predicha por Solovëv se materializó con la llegada de los bolcheviques. Sergej Bulgákov consideraba además que Rusia había perdido todo patriotismo, toda autoconciencia de ser, que se había metido en una especie de cuarta dimensión.

En Mihaíl Bulgákov, el escritor, todas estas ideas van a influir mucho. Su destiempo, por tanto, es un destiempo absoluto. Esto es también lo que, en opinión de Eliaš Galajda, ha producido que la bulgakología sea tan polifónica, y que algunos vean en Bulgákov a un crítico de la realidad de los años 20-30 del s. XX, otros a un filósofo del Hombre y de la humanidad, otros a un pensador y escritor cristiano, otros a un escritor esotérico y otros a un reformador de la estética moderna (vid. Галайда, 2007).

Ese vivir en (o para) lo absoluto, la Verdad, lo eterno, la Humanidad es lo que le llevó a estar por encima (y por tanto incómodo, quizá más que “en contra» –para estar “en contra” de algo uno tiene que moverse en su mismo nivel, en su misma dimensión–) de todos aquellos que empleaban conceptos absolutos como Justicia, Felicidad, Salvación pero valiéndose de lo concreto, como los bolcheviques o la Iglesia Ortodoxa. Y, sin embargo, ese sentimiento de incomodidad no tiene por qué ser recíproco, aquellos que se mueven por las ideologías de lo concreto pueden verse fascinados al leer la obra de Bulgákov (es lo que sorprendentemente pasó con Stalin).

En realidad, la obra de Bulgákov va a producir desconcierto y, consecuentemente, todo ese vaivén de éxitos y distinciones, censuras, rehabilitación, no publicación en la URSS de su Maestro y Margarita hasta la segunda mitad de los 60, para prácticamente a continuación convertirse en un clásico de la literatura rusa y ser en la actualidad casi un icono de masas; restaurantes, inmobiliarias, una novela escrita por un famoso astrólogo, entre otras muchas cosas, llevan su nombre (vid. Снигирева y Подчиненов, 2017).

EL TIEMPO DEL ESCRITOR A DESTIEMPO

Mihaíl Afanás’evič Bulgákov nació en Kiev en 1891 y murió en Moscú en 1940 (un ucraniano ruso, su destiempo sigue vigente en la actualidad). Perteneciente a una familia de intelectuales muy religiosos (su padre era profesor de Teología y sus dos abuelos habían sido sacerdotes ortodoxos), ya desde niño empezó a vivir experiencias que lo marcarían y le harían tener una visión de la realidad entre literaria y fantástica, como la del niño de su escuela que se suicidó pegándose un tiro en el pecho delante de él. Desde la infancia tuvo gran afición por la literatura, aunque acabaría estudiando finalmente Medicina. Su actividad como médico sería determinante (al igual que Čéjov) en su actividad literaria. Véase en este sentido su Diario de un joven médico (Bulgákov, 2016).

En cierta ocasión una gitana le predijo a Bulgákov que se casaría tres veces y que la primera esposa vendría de Dios, la segunda de los hombres y la tercera del Diablo (recuerda a la predicción que le hiciera una gitana a Natalie Wood –también de origen ruso– de que huyera de las “aguas oscuras”; la actriz finalmente murió ahogada). Se casó, efectivamente, tres veces (Tat’jana, Lûbov y Elena).

Con Tat’jana Lappa (Bulgákova durante su matrimonio con Bulgákov) se casó en 1913. Bulgákov vivió con ella en un piso de la calle Bol’shaja Sadóvaja en condiciones terribles, lo que reflejó en El maestro y Margarita (capítulo 7, «Un apartamento siniestro»). Un día llegó a casa y le dijo: “Divorciémonos”. Ella creyendo que era una broma dijo: “Vamos”. Al día siguiente fueron al registro civil y se divorciaron, pero continuaron viviendo juntos como siempre. Cuando ya se separaron definitivamente, Bulgákov atormentado le dijo: “Dios me castigará por ti”.

Trabajó como médico durante la primera Guerra Mundial, pero no en el frente, sino en un hospital de Sarátov, donde ejerció como cirujano (amputando brazos y piernas, entre otras cosas). Allí se hizo adicto a la morfina tras tomarla para soportar los dolores de la medicina contra la difteria que había contraído accidentalmente al tratar a un niño enfermo. También bebió opio líquido y llegó a inyectarse cocaína ocasionalmente. Mandaba a su mujer a la farmacia, a la que llegó a apuntar con una pistola una vez que esta se negó. Ella le rebajaba las dosis con agua y él fue desenganchándose poco a poco, dos años después se había desenganchado del todo.

Posteriormente, apoyó a los blancos (uno de los en realidad cuatro grandes bandos, conocidos habitualmente como rojos, blancos, verdes –la línea de campesinos y social-revolucionarios– y negros –anarquistas majnovistas en Ucrania–) en la guerra civil y a los nacionalistas ucranianos, pero fue abandonado y se alistó como médico en el Ejército Rojo. Los años 20 fueron ciertamente tiempos difíciles por la I Guerra Mundial y la Guerra Civil.

Con su segunda esposa, Lûbov Evgén’evna Belozérskaja (a la que llamaba afectuosamente Lûbanga o Banga, nombre que daría al perro de Poncio Pilato en El maestro y Margarita), se casó en 1925. Ella escribiría los recuerdos de su vida junto a Bulgákov con el título de Oh, miel de recuerdos.

Ese mismo año de 1925 publica su primera novela: La guardia blanca, ambientada en los años convulsos de la Ucrania de 1918 con tres hermanos Turbín como protagonistas, una familia de intelectuales que ve cómo su mundo se derrumba primero con la llegada al poder del hetman Skoropádskij (aliado de los alemanes), luego del nacionalista ucraniano Petlûra y posteriormente con la victoria bolchevique. La aparición de esta su primera novela fue comparada desde el momento de su publicación con el debut de Dostoévskij y Tolstoj, así lo expresó el crítico Vološin. Ya entonces despertó el interés de editores como Léžnev, Zájcev, Veresáev o Kléstov-Angárskij.

La guardia blanca tiene mucho de autobiográfico, como suele ocurrir con la primera novela de cualquier escritor, muchos personajes se basan en personas reales de su Ucrania natal y algunos apellidos incluso se mantienen tal cual. Esta novela refleja lo que experimenta todo un grupo social cuando su mundo se viene abajo y no parece tener cabida en el nuevo, algo semejante a lo que le ocurrió a Bulgákov. Las palabras de Aleksej Turbín reflejan sin duda la actitud del autor: «Всё пройдёт. Страдания, муки, кровь, голод и мор. Меч исчезнет, а вот звезды останутся, когда и тени наших тел и дел не останется на земле» [‘Todo pasará. Los sufrimientos, los tormentos, la sangre, el hambre, la peste. La espada desaparecerá, pero las estrellas permanecerán cuando también las sombras de nuestros cuerpos y acciones ya no estén sobre la tierra’].

Bulgákov expresó por medio de sus personajes muchas ideas y reflexiones que luego tendrían consecuencias para él. A la Asociación Rusa de Escritores Proletarios no le gustó, por ejemplo, que Bulgákov tratara de manera amable a ciertos personajes del bando blanco. En esos tiempos todo tenía que ser blanco o negro (o en este caso, rojo) y acusaron a Bulgákov de estar en contra de la revolución.

Las ideas de Bulgákov en realidad son más generales, más universales. Él ve como personajes negativos a aquellos, más allá de sus ideas, que son chaqueteros, que solo piensan en mantenerse, sin raíces, pero que, además, son soberbios y quieren controlar la situación. Pero el tiempo y el transcurso de los acontecimientos siempre muestran su verdadero interior, su vacuidad e irrelevancia. Personajes como los Turbín, en cambio, son positivos, porque luchan por lo que creen, aunque ello sea solo una vida tranquila y rutinaria. Sin embargo, estos personajes también entienden que ha llegado un tiempo nuevo, que el pueblo sigue a los bolcheviques y que no hay vuelta atrás, y que, por tanto, no hay que luchar contra lo nuevo, y están, además, decepcionados con la monarquía que les tocó vivir. Quieren ser neutrales, meros espectadores de lo que les deparará el nuevo orden, pero la fuerza de los acontecimientos se lo impide.

Sus personajes quieren ser ellos mismos, no quieren, y esto es una constante en Bulgákov, que las circunstancias externas (como una guerra civil en La guardia blanca) se entrometan en su destino. La revolución y la guerra civil rompe su estilo de vida ordenado, asentado, tranquilo. Se ven obligados a tomar una posición, a defender unas ideas, ya no pueden estar al margen. El mismo Bulgákov no es partidario del socialismo, pero pretende vivir indiferente, por encima de blancos y rojos, adaptarse a la nueva situación.

Muy relacionada con el tema de esta novela es la obra teatral El piso de Zoika (1925). Trata de la vida semiclandestina que llevaban los rusos nostálgicos del zarismo fingiendo aceptar el estado socialista, pero que seguían las viejas costumbres y soñaban con el regreso de la monarquía (¿reflejo acaso del propio pensamiento del autor?).

Ese mismo año llegará Corazón de perro (1925), otra de las obras más famosas de Bulgákov. La novela trata de un perro callejero al que un científico injerta órganos humanos y lo transforma en un hombre. El perro-hombre se caracteriza por su mala educación y su lenguaje soez, aprendido de lo que ha escuchado en la calle. Nos encontramos ante el viejo dilema de si somos solo órganos físicos o hay algo más (la educación, el ambiente). Tradicionalmente se ha entendido como crítica al Hombre Nuevo soviético y el intento de la Revolución de transformar radicalmente al hombre, pero también se ha interpretado como crítica de los oportunistas y como crítica a los excesos de la ciencia.

Al año siguiente llegará otra obra de teatro: Los días de los Turbín (1926), basada en La guardia blanca. Sin embargo, en esos vaivenes que comentábamos anteriormente le tocó que su primera versión fuera censurada y que, luego, con el ensayo general ya hecho, el Glavrepertkom prohibiera su representación y tuviera que hacer una tercera versión. Esta tercera versión también fue prohibida e hizo una cuarta versión en la que, por ejemplo, hace decir a Aleksej Turbín que «es el fin de la guardia blanca, el pueblo no está con nosotros». Y, sin embargo, en esos vaivenes de Bulgákov a esta obra le tocó tener éxito: se representó 900 veces.

Comienza entonces una persecución contra Bulgákov (en 1927 se prohíbe la representación de Los días de los Turbín y de El piso de Zoika), pero en ese destino tan fantástico y extraordinario que tuvo Bulgákov va a contar con el aliado más inesperado: Stalin.

En 1930, desesperado y temiendo un nuevo registro del Directorio Político del Estado, llegó a echar al fuego el manuscrito de El maestro y Margarita, en el que había estado trabajando dos años (aunque luego reescribiría la novela durante el resto de su vida). Tras eso escribió una carta desesperada a Stalin exponiendo que solo recibía críticas y que vivía en la indigencia, y solicitando poder salir de la URSS y, si eso no era posible, que se le diese algún trabajo. Sorprendentemente el propio Stalin lo llamó por teléfono y le dijo que intentaría ayudarlo. Esta llamada le impresionó para siempre y se lamentaría toda la vida de no haberla aprovechado más. En un momento de desesperación llegó a tirar su pistola a un estanque para no caer en la tentación del suicidio. Escribió varias cartas a Stalin y consiguió un trabajo en el teatro gracias a su intercesión, aunque nunca se le permitió salir del país[1]. Además, consiguió que liberaran al marido de Anna Ahmátova. Trabajó en varios teatros (con el famoso Stanislávskij) y conoció a muchos intelectuales.

En 1932 se casa al día siguiente de divorciarse de Liubov con una amiga de esta, Elena Sergéevna Bulgákova (apellido de soltera Núrenberg). Elena sería un gran apoyo para él en muchos sentidos. Esta es la esposa de la que la gitana le dijo que vendría del Diablo. Acaso esto esté relacionado con el devenir de su obra más famosa: El maestro y Margarita.

EL MAESTRO Y MARGARITA

Mihaíl Bulgákov comenzó a escribir El maestro y Margarita (cuyo título original era La novela del diablo y en la versión de 1937 El príncipe de las tinieblas) en 1928, pero arrojó este primer borrador al fuego en 1930 (al recibir la noticia de que se había prohibido la representación de su obra teatral Cábala de santurrones, otra obra de tintes autobiográficos sobre un escritor que vive en una tiranía). Posteriormente tendría varios borradores en los años treinta hasta completar la versión definitiva en 1940, poco antes de su muerte (uno de los manuscritos estaba encabezado por un «¡Acabar antes de morir!» –Bulgákov, 2022: 497–). La novela se publicó por primera vez en la URSS en la revista Moskvá en 1966 y 1967, pero con partes censuradas. Estas partes circularon en forma de samizdat (copias mecanografiadas que se difundían en privado) y la novela entera incluyendo las partes censuradas fue publicada en el extranjero en 1967. Posteriormente Marietta Čudakova preparó una versión basándose en todos los borradores existentes. Es decir, es una obra que se ha reconstruido después de muerto el escritor, esto también hace de Bulgákov un escritor a destiempo. Por otro lado, la novela ha ido creciendo en reconocimiento y popularidad dentro y fuera de Rusia. Sobre ella se han hecho películas, series y adaptaciones teatrales.

La trama de la novela se desarrolla en varios planos. Uno de esos planos es la llegada del Diablo (en forma de un profesor de magia negra llamado Woland[2]) y su séquito (un asistente llamado Fagotto-Koróv’ev, Azazello[3], el gato parlante Begemot[4] –que puede adquirir forma humana–, Abadona, y una sierva, Gela) al Moscú de los años 30[5]. Allí, entre otras cosas, realiza un espectáculo de magia donde hace aparecer dinero del techo o una tienda con vestidos de París completamente gratuitos para el público (luego los vestidos desaparecen). Woland también va a aplicar una serie de castigos a ciertos personajes mezquinos, a Lihodéev (del ruso lihodej ‘malvado’, ‘malhechor’), por ejemplo, lo hace aparecer de golpe en Yalta, a miles de kilómetros de Moscú.

Otro personaje central es el Maestro (llamado Fausto en el manuscrito de 1934), un escritor desencantado al que le han rechazado su novela sobre Poncio Pilato de la que llega a arrojar al fuego su borrador, novela que se va insertando a lo largo de la obra. El otro gran personaje es Margarita, una mujer enamorada del Maestro que acepta la oferta de Satán de convertirse en bruja o reina de las tinieblas en la Noche de Walpurgis. Margarita consigue liberar al Maestro y viven juntos una vida humilde pero en paz y disfrutando su amor.

Lo fantástico y disparatado está presente en toda la obra (como en la vida del autor). Evidentemente se encuentra completamente fuera de la línea del realismo socialista (prácticamente impuesto desde el poder, sobre todo a raíz de no alcanzarse los objetivos del primer plan quinquenal de Stalin –1928-1933–). Zaréckaja (Зарецкая, 2012) define su estilo como fusión de realismo metafísico con realismo terrenal.

Es una obra llena de ironía y crítica social y política a todos los sectores. También llena de fantasía, pero esa fantasía hay que entenderla en el marco de las ideas de Bulgákov que señalábamos anteriormente. Es una inmensa sátira, pero una sátira que adquiere un carácter místico. Seguramente el carácter de la novela podría definirse con las palabras de uno de los escritores más admirados de Bulgákov, Sáltykov-Ŝedrín: «existen milagros en los que, si se lleva a cabo una observación detenida, se podrá encontrar una muy clara base real». Así, por ejemplo, aunque la escena en que el público asistente al espectáculo de magia se quita sus vestidos para ponerse los vestidos parisinos que le ofrecen el Diablo-Woland y su corte, vestidos que luego desaparecen, sea completamente fantástica así contada, lo cierto es que hay una base real en criticar a aquellos obsesionados con la moda, quienes de un modo u otro sufrirán alguna vez una situación embarazosa a causa de su vanidad.

La novela se abre con una escena llena de ironía en la que dos hombres están conversando en un parque de Moscú y diciendo que Jesucristo en realidad no existió, entonces se les aparece el Diablo con forma humana (Woland) y les dice que Jesús por supuesto que existió. Este primer capítulo («No hable nunca con desconocidos») alude, en opinión de Marta Rebón, a la prohibición de hablar con extranjeros para evitar posibles espionajes (vid. Bulgákov, 2022: 499).

Retomamos aquí la idea de desconcierto que comentábamos antes, pues nos hallamos ante una novela protagonizada por el Diablo, pero un Diablo que no es fuente de maldades, sino que prácticamente actúa como notario de los vicios y defectos de los hombres, de su egoísmo, de su banalidad. Él (que estuvo presente en los tiempos de Poncio Pilato) constata que en el fondo la gente no ha cambiado (sigue teniendo afán por el dinero, la corrupción…).

La novela se desarrolla, como comentábamos antes, entre tres mundos o planos diferentes: el de Yeshúa Ga-Notsri (del hebreo Ha-Nocri ‘de Nazaret’), el del Diablo-Woland y su mundo de las tinieblas y el del Moscú de los años 30, tres mundos que interactúan entre sí (la historia de Yeshúa Ga-Notsri es la obra que está escribiendo el Maestro, Woland y su séquito se aparecen en el Moscú de los años 30, etc.). Los tres mundos están recorridos por una idea central y común muy importante en Bulgákov, el de la Justicia, él, que había sufrido tanta injusticia.

En el primer mundo, el de Yeshúa Ga-Notsri y Poncio Pilato, Yeshúa viene a representar la bondad absoluta, él mismo está convencido de que todas las personas son buenas y que no existen las malas personas, ideas que parecen contradecir la realidad, representada por el pragmático Poncio Pilato. Este pregunta a aquel si el centurión Marco, quien azotado a Yeshúa con el látigo, es también una “buena persona”, a lo que Yeshúa responde que sí, pero que es desgraciado y que su destino lo ha endurecido. Este principio “bueno” de todos los seres humanos entronca con Locke y Rousseau (y está presente en todas las corrientes políticas que parten de una cierta bondad humana acaso corrompida por las instituciones). En ruso existen dos palabras para justicia, una es spravedlivost’ (justicia en sentido moral, lo correcto), otra es pravosudie (justicia en el sentido de aplicación de las leyes). Poncio Pilato aplica pravosudie y condena a Jesús, pero no ejerce la spravedlivost’. Por otro lado, Marta Rebón señala la evidente asociación de esta injusta condena con los juicios sumarios de los años de represión estalinista (vid. Bulgákov, 2022: 497).

El Yeshúa Ga-Notsri de Bulgákov (en realidad del Maestro) es una reformulación de Jesucristo (aunque para la forma de su nombre pudo haberse inspirado en la obra antirreligiosa Yeshúa Ga-Notsri: una revelación imparcial de la verdad –1922– de Sergej Čevkin; vid. Bulgákov, 2022: 507). Yeshúa no es hijo de Dios ni hace milagros, es simplemente un filósofo, prácticamente un vagabundo, pero que encarna el ideal de Verdad, Bien, Amor y Justicia (aquí sí spravedlivost’). Poncio Pilato trata de salvarlo, pero cede ante las presiones de Caifás y también por el temor que le producen las palabras de Yeshúa de que «todo poder es violencia sobre el hombre» y de que «en el Reino de la verdad y la justicia no habrá ningún poder»[6], lo que el procurador percibe como una afrenta al poder del emperador Tiberio. Pilato siente que la razón está de parte de Yeshúa, ante la injusta condena intenta calmar su conciencia diciendo que es su deber, pero para Bulgákov ningún deber ni cargo justifica la violencia sobre el hombre.

Como vemos, el texto de Bulgákov-Maestro no es ni una exégesis del Evangelio ni es un estudio del “Jesús humano”, sino una reformulación completamente literaria en la que los personajes evangélicos son convertidos en personajes literarios con la lógica de la literatura (aunque la interpretación de Poncio Pilato podría basarse en la que hizo Frederic Farrar en su obra La vida de Cristo –vid. Bulgákov, 2022: 506-507–, y ya Konstantín Símonov señaló ciertas semejanzas entre la historia de Poncio Pilato y el relato El procurador de Judea publicado por Anatole France en 1902 -vid. Булгаков, 2002: 13–). Esto también coloca a Bulgákov fuera de su tiempo.

Por otro lado, la conexión entre Moscú y Jerusalén tiene un sentido histórico profundo. No en vano, uno de los conceptos políticos más importantes de Rusia desde el siglo XV fue el de “Moscú Tercera Roma”, la idea de que Rusia era la legítima heredera del Imperio Romano (cristiano) tras la caída de Roma en 476 y Bizancio en 1453 (el concepto se define claramente en la famosa frase del monje Filofej «dos Romas han caído, pero la tercera está firme y no habrá una cuarta») y de que Moscú era la “nueva Jerusalén” (vid. Bulgákov, 2022: 495; Novikova, 2000: 115).

Dado que Yeshúa no concibe la venganza, esta será aplicada por Woland en su mundo, el segundo de los tres que mencionábamos. Woland ya no cree que todo el mundo sea bueno, al contrario, cree que en todas las personas hay un principio “malvado”. Es decir, estamos en la línea de Hobbes (base de todos los sistemas políticos que necesitan controlar al individuo para que no actúe mal, todos los sistemas con check & balances, por ejemplo). La misión de Woland en Moscú es desenmascarar el principio malévolo de las personas y castigarlo con el mal, es el mal por mal (pero no necesariamente el ojo por ojo). Bulgákov estaba convencido de que al mal se le debía luchar con la fuerza, quizá ello explique la simpatía con la que trata (y que despierta) el personaje de Woland. Mihaíl Bulgákov no solo contrapone el bien (en la persona de Yeshúa) al mal (en la persona de Woland), sino que nos descubre la profunda complementariedad del bien y del mal. Así, Woland le pregunta a Levy Mateo, el enviado de Yeshúa:

«¿qué haría tu bien, si no existiera el mal, y qué aspecto tendría la Tierra si desaparecieran de ella las tinieblas?» (Parte II, cap. 29).

Esto entronca con el tercer mundo de la novela, el mundo de Woland y las tinieblas, en que se desenvuelve Margarita y que acabará con el triunfo del amor.

Esta idea de que el mal es imprescindible y aun puede producir bien ha estado muy presente en muchos pensadores a lo largo de la historia, pero aquí queremos destacar la diferencia que sobre la base de esto hay entre el Woland de Bulgákov y el Mefistófeles de Goethe. Mefistófeles es amoral, egoísta y genera el mal (él mismo se define como «soy el espíritu que siempre niega. Y lo hago con pleno derecho, pues todo lo que nace merece ser aniquilado, mejor sería entonces que no naciera. Por ello, mi auténtica naturaleza es eso que llamáis pecado y destrucción, en una palabra, el Mal»), aun cuando también dice de sí mismo que es «una parte de esa fuerza que siempre quiere el mal y siempre hace el bien» (no por casualidad esta es la cita que emplea Bulgákov al principio de la novela).

El Woland de Bulgákov es diferente, tiene una moral y busca restablecer la justicia (de nuevo ese concepto). Es cierto que tal vez sea una fuerza seductora (por ejemplo, cuando hacer caer en el público la lluvia de dinero o pone a su disposición los vestidos parisinos), pero el mal que se produce en los hombres es, al fin y al cabo, resultado de sus propias iniquidades (como cuando hace aparecer al inmoral Lihodéev en medio de Yalta, a miles de kilómetros de Moscú; y así con todos los personajes castigados por corrupción, adulterio, mendacidad y otras maldades). Nuevamente podemos encontrar algo de autobiográfico cuando Woland castiga al periodista Aloízij Mogárič por denunciar al Maestro. Woland no es el creador del mal, sino quien castiga el mal con mal. Y sus castigos son siempre merecidos, nunca serán sobre los personajes realmente puros (como el Maestro o como Margarita). Una de las ayudas más icónicas de la novela es cuando Woland restablece el manuscrito de la novela sobre Poncio Pilato que había estado escribiendo el Maestro y que había arrojado al fuego; es entonces cuando pronuncia las palabras más famosas de la obra «los manuscritos no arden». Tal pareció ser el sino del mismo Bulgákov, quien también había echado al fuego el manuscrito de esa novela en la que un escritor echa su manuscrito al fuego. Y en ambos casos la obra se salvó.

Y aquí podemos encontrar también esa indeleble fusión entre ética y estética. Mefistófeles es un personaje repulsivo, Woland es un caballero bien aseado y de modales impecables (la ruptura de esa fusión se había dado con el Drácula de Bram Stoker, una reformulación completamente nueva del tradicional vampiro o brucolaco, como se ha conocido históricamente al vampiro en castellano, así lo menciona, por ejemplo, el padre Feijoo). Como vemos, son dos concepciones opuestas del personaje del Diablo en la literatura.

En la novela encontramos otras ideas de base que reflejan el pensamiento de Bulgákov. Así, cuando en el capítulo del espectáculo el presentador dice que todo ha sido un «experimento científico», una «hipnosis colectiva», todos se burlan de él, es una burla al positivismo y materialismo filosófico, aunque también es una manifestación de que la gente está dispuesta a creer lo que desea creer (en este caso que el dinero que le ha “llovido” es auténtico). Pero en la genialidad de escritor de Bulgákov la crítica no procede del típico discurso teológico, sino del Diablo.

En la obra también existe una crítica irónica a cómo se intentó organizar la literatura y a los escritores en la Unión Soviética. Así, en ella encontramos una ficticia MASSOLIT, que sería la Asociación Moscovita de Literatos, clara parodia de la Asociación Moscovita de Escritores Proletarios y de la Unión de Escritores de la URSS (vid. para esta cuestión también Bulgákov, 2022: 500-501). Estas asociaciones daban apoyo a los escritores en todos los aspectos de su profesión, pero también suponía que los escritores debían someterse a sus directrices y que ser expulsado de ellas implicaba inevitablemente no poder publicar (como le pasó a Borís Pasternak, autor de El doctor Zhivago). El personaje de Berlëz (Berlioz en las traducciones españolas), escritor miembro del MASSOLIT, es un prototipo de estos escritores vendidos al sistema y, en opinión de Zareckaja (2012: 239), sería un alter-ego del escritor Demián Bédnyj, autor de numerosos versos antirreligiosos, incluido un Evangelio según Demián en el que se puede leer:

Точное суждение о Новом завете:
Иисуса Христа никогда не было на свете.
Так что некому было умирать и воскресать,
Не о ком было Евангелия писать.
[‘Opinión certera sobre el Nuevo Testamento:
Jesucristo nunca existió en la Tierra.
Así que nadie tuvo que morir y resucitar,
ni sobre nadie un Evangelio escribir’].

Este paralelismo Berlëz/Bédnyj podría verse confirmado por el hecho de que entre los archivos de Bulgákov se encontró el poema Epístola al evangelista Demián, de Nikolaj Gorbachëv, atacándolo duramente por ofender a las cosas santas.

El MASSOLIT de Bulgákov también organiza excursiones y cruceros, gestiona la adquisición de vivienda, da premios y tiene un restaurante lujoso. Una escena reveladora es cuando dos de los colaboradores del Diablo-Woland, Koróv’ev y Begemot, intentan entrar en el restaurante del MASSOLIT y le piden el carnet de escritor. Ellos responden si no se puede considerar escritor a Dostoévskij aunque no tenga carnet, a lo que el guarda les dice: «Usted no es Dostoévskij, Dostoévskij está muerto», y el gato Begemot responde: «¡Protesto! ¡Dostoévskij es inmortal!».

El pensamiento de M. Bulgákov sobre los escritores “proletarios” venía a coincidir con el del famoso lingüista y filósofo Nikolaj Sergéevič Trubetzkoy, según el cual los literatos y artistas criados en la revolución rusa no podían crear una nueva cultura nacional, pues no contaban con los vínculos espirituales del pasado (nueva discusión entre eslavofilia y occidentalismo). Para él son creadores de versos de la destrucción y la negación, mientras que la verdadera cultura exige creación, fundación (y para ello, en su opinión, es necesario poseer los principios de lo nacional y de lo religioso). Algo semejante había expresado Dostoévskij, para el que perder la fe en Dios «significa perder la raíz». En su El idiota un personaje llega a exclamar: «¡Es necesario que en oposición a Occidente resplandezca nuestro Cristo!» (Parte IV, cap. 7; pág. 733).

La crítica política subyacente y sutil está también muy presente. Por ejemplo, se ha querido establecer un paralelismo entre el Diablo-Woland y Stalin. Muy revelador es que Woland ordene finalmente a su séquito abandonar Moscú porque, en su opinión, está convencido de que permanecerá su poder sobre Moscú mientre gobierne un «hombre de aspecto varonil […] que hace correctamente su cometido [diabólico]». El vecino de Margarita, convertido en cerdo, vendría a representar a Buharin (ideólogo de la NEP y furibundo antirreligioso, aunque finalmente ejecutado en 1938).

Y, como no puede ser de otro modo, el amor es la idea y la fuerza central de la novela, especialmente el amor entre el Maestro y Margarita. Estos dos inmensos personajes positivos estaban destinados a amarse, pero el amor para el Maestro llega inesperadamente, el amor le impacta «como impacta un relámpago». Es un amor caracterizado por la constancia, la profundidad, la generosidad y el autosacrificio. Es el amor que «salva al individuo a través del sacrificio del egoísmo», como lo expresara Solovëv, uno de los filósofos de referencia de Bulgákov. Es el amor que se entrega por completo y se recibe renovado y profundo en otro, es decir, que duplica su existencia, como dijera Pável Florénskij, filósofo contemporáneo de Bulgákov. Por amor Margarita está dispuesta a todo, pero, a su vez, devuelve al Maestro a la vida. «¡Yo te salvaré, yo te salvaré!», exclama ella.

La obra también tiene algo de reflexión escatológica muy en la línea de otro filósofo ruso de gran influencia sobre Bulgákov: Nikolaj Aleksándrovič Berdâev. El tema escatológico está estrechamente unido al de la justicia. Yeshúa Ga-Notsri sirve valientemente a su ideal, no reniega de sus convicciones y está dispuesto a sacrificarse por ellas. El fin último del Maestro y Margarita es habitar en las fronteras entre el reino terrenal y el celestial, es la paz perpetua en un tiempo que tampoco es su presente, sino el místico, como el de Bulgákov, el autor a destiempo.

Fue Elena, esposa de Bulgákov, la que mecanografió y puso todo su empeño en que se publicara El maestro y Margarita, la novela sobre el Diablo, ella, la esposa de la que la gitana predijo que vendría del Diablo.

Mihaíl Bulgákov pasó sus últimos años gravemente enfermo, con crisis nerviosas, dolores de cabeza que le impedían trabajar durante días enteros, neurastenia y terror a la soledad y a la muerte. Le preocupaba cuál sería su destino como escritor y le pidió a su mujer que a su muerte luchara por publicar a toda costa El maestro y Margarita. Al final de su vida se quedó ciego y el último mes dejó incluso de comer. Murió en la cama el 10 de marzo de 1940 de lo mismo que su padre (insuficiencia renal). Parece ser que sus últimas palabras fueron «Don Quijote» (había hecho una adaptación teatral de la obra).

Para su tumba se usó un enorme bloque de mármol que se había empleado anteriormente para la tumba de Gógol. En la misma tumba se hallan los restos de Bulgákov y de su esposa Elena.

Bulgákov decía que un escritor sin libertad era como un pez sin agua y, aunque le tocó vivir uno de los periodos con menos libertad de la historia de Rusia, lo superó. Ahora, como afamado escritor, vive en ese tiempo místico que preconizaba, ahora es inmortal. Sus manuscritos no han ardido.


Bibliografía, notas y fuentes:

[1] Tras la muerte de Bulgákov, su viuda Elena Sergéevna también escribiría a Stalin rogando que se lo sacara del olvido y reivindicando su figura como escritor, lo que no empezaría a lograrse hasta los años 50, tras la muerte de Stalin en 1953. En esto sería fundamental la intervención de Konstantín Mihájlovič Símonov (quien, además, predijo el éxito que tendría El maestro y Margarita a nivel mundial) y los esfuerzos de Elena Sergéevna (vid. Булгаков, 2002: 6 y ss.).

[2] «Voland» en la traducción de Amaya Lacasa, quien aclara en una nota a pie de página que se trata de «uno de los nombres comunes del diablo en la lengua alemana. En las notas marginales del manuscrito de la novela El maestro y Margarita aparecen varios nombres propios del diablo, tales como Mefistófeles, Asmodeo, Lucifer, etc. Parece ser que Bulgákov eligió el de Valand (Voland) para evitar posibles asociaciones literarias» (Bulgákov, 2003: 100). Voland era la forma original del personaje en versiones anteriores, que luego Bulgákov cambiaria por Woland, acaso por ser la “W” la forma invertida de la “M” de Margarita (vid. Bulgákov, 2022: 506 y 523).

[3] Forma italianizada del hebreo Azazel, la ceremonia de enviar un chivo expiatorio al desierto el Día de la Expiación que aparece en el Levítico y que en algunas tradiciones designaría a un ángel caído. Bulgákov en uno de los borradores escribió «Azazel, demonio de lugares áridos» (vid. Bulgákov, 2022: 524, aunque Marta Rebón se equivoca al afirmar que el Levítico entiende Azazel como un ángel caído).

[4] En ruso la palabra begemot significa ‘hipopótamo’. Lûbov Belozérskaja, esposa de Bulgákov, afirmó que el prototipo para este gato de la novela era su gato mascota Flûshka. Marta Rebón consideraría que se habría inspirado para este personaje en el Behemot del Libro de Enoc (vid. Bulgákov, 2022: 527).

[5] Según testimonio de Lûbov Belozérskaja, Bulgákov se inspiró en un relato de 1922 de Aleksandr Čajánev titulado Venedíktov, o acontecimientos memorables de mi vida que le habría regalado Natalia Ušakova y que relata la llegada del diablo a Moscú en forma humana (vid. Чаянов, 1922; Назаров, 2019; Bulgákov, 2022: 502)-

[6] En Bulgákov influyó mucho Lev Tolstoj, quien había afirmado que «el mal que genera la violencia en manos de aquellos que ostentan el poder aumenta sin cesar y con el tiempo se vuelve mayor que aquel mal que se supone que están combatiendo» (vid. Bulgákov, 2022: 511-512).