Pío Baroja, liberal

Iñaki Vázquez Larrea
Doctor en Antropología

Fecha de publicación: 24/12/24

El 8 de febrero de 1909, el Diario EL Mundo, publicaba una entrevista a cuatro grandes escritores: Valle-Inclán, Zulueta, Alomar y Pío Baroja, en torno a una pregunta común a todos ellos: “El nacionalismo ¿es contrario a la unidad de España?  Pío Baroja reconocía desconocer la respuesta a dicha pregunta, pero juzgaba de detestable dicha tendencia en las distintas regiones o naciones españolas.

Al parecer no aportaban nada positivo a la civilización moderna. Si el contenido filosófico del catalanismo se reducía a unas ideas francesas y algunas florerías de Ruskin, el bizcaitarrismo jeltzale, carecía de contenido filosófico alguno al no asomarse más que la fea jeta del cura.

Baroja definía como petulante la Marcha de Cádiz, pero ya ridícula su sustitución por el Guernikako de Cádiz, Els segadors de Cádiz, o la Gallegada de Cádiz. El razonamiento es el siguiente: una España que mira hacia Europa, que quiere que la enseñen, debe asumir con premura su escasa aportación a la civilización europea, y sustituir la arrogancia de conjunto o faccionada, por un principio de humildad.

Dicha arrogancia no haría más que alimentar la fortaleza de una Iglesia católica, que durante siglos ha embrutecido y explotado a los españoles, y debilitar al Estado. Pío Baroja, en consecuencia, se declara antinacionalista y centralista.

Sui generis, Baroja aboga, entonces, por preceptos liberales que nada tienen que ver con los ismos, sistemas de creencias cerrados,sino con la aplicación de principios de racionalidad en la política y en la sociedad, ajenos a lo tradicional y religioso (llegó a tildar de clerical el liberalismo conservador de la Restauración):

”Yo creo, como digo, que el liberalismo no es más que libre examen. De él han podido salir el constitucionalismo, la democracia parlamentaria, el republicanismo, el socialismo y anarquismo.

La mayoría de los principios del socialismo son completamente racionales; otros no; son dogmáticos, sistemáticos; tienen aire de estilizaciones para dar forma de doctrina redonda y casi religiosa a la doctrina socialista.

El liberalismo, a mi modo de entender, debe aprovechar todo lo que sea racional y justo, según su mentalidad, en el socialismo y echar por la borda lo que haya en él de sistemático y doctrinario, es decir, de religioso” (Baroja, pág. 197).

No obstante, Baroja entiende que el liberalismo español ha sido extremadamente débil, y de que históricamente sólo ha triunfado en eventualidades y guerras. En el periódico El Liberal de diciembre de 1927, cita simbólicamente el ejemplo de San Sebastián, de la siguiente forma:

Un Ejemplo muy claro y simbólico ha sido el de algunas ciudades, por ejemplo, San Sebastián. San Sebastián durante las contiendas civiles fue un pueblo liberal sitiado por los carlistas. En la primera guerra (carlista), cuando la batalla de Oriamendi, se sentía no sólo liberal, sino anti vasco por liberalismo. Quemaba los fueros en la plaza pública. No quería privilegios. Era el pueblo burgués y comerciante liberal, amurallado, exaltado contra el campo tradicionalista y carlista. Al terminar la segunda guerra civil, San Sebastián, que ya no tenía murallas, comenzó a abrirse al campo, entraron las gentes de pueblos guipuzcoanos, navarros y castellanos en la urbe, y la ciudad, antes liberal, se convirtió en un pueblo conservador, de gustos pomposos y de tendencia teocrática” (Baroja, pág. 196).   

Bibliografía:

Baroja, P: Corresponsalía de guerra y otros textos olvidados, Caro Raggio, Madrid, 2014.