Ramón Eder
Aforista
Fecha de publicación: 05/03/25
Iñaki Vázquez— A mucha gente se le escapa que su primera andadura literaria estuvo vinculada a la poesía lírica. Mis libros de cabecera de Ramón Eder son axaxaxas mlö (1985), y Lágrimas de Cocodrilo (1988). Se le llegó a considerar heredero de Luis Cernuda o Cavafis…
Ramón Eder— Tanto Cernuda como Cavafis son dos poetas que leí mucho de joven y que admiraba porque tenían una voz propia y una técnica admirable. Pero especialmente Cavafis en excelentes traducciones de Ramón Irigoyen y de José María Álvarez tuvo que influirme mucho porque me sabía muchos poemas suyos de memoria. Pero los libros que publiqué en aquella época los considero pecados de juventud. Algunas editoriales me han propuesto publicarme nuevas ediciones de aquellos libros, incluso me lo ha propuesto la editorial Renacimiento en la prestigiosa colección de “Rayitas”, pero es algo que de momento no me planteo, aunque no descarto hacer algún día.
I. V.— En La mitad es más que el todo (1998), ya hay una clara inclinación por los
aforismos.
R. E.— Es un libro misceláneo de poesía, relatos y aforismos, pero lo que quería sobre todo era publicar aforismos porque lo había intentado en algunas editoriales y en aquella época no era nada fácil publicar un libro de aforismos, se publicaban uno o dos al año y de gente muy conocida. Y lo conseguí.
I. V.— Lo cierto es que muchos de sus aforismos son de una lucidez e ironía pasmosas. Más que la búsqueda de la verdad, quizás recreen la desnudez de la mentira, literaria, social o política. Recuerdo aquello de “El fin justifica los miedos”, o “Somos inmortales todos los días de nuestra vida, excepto uno”. No obstante, su aforismo más famoso es aquel que dice “El carácter se forja los domingos por la tarde”.
R. E.— Sí, porque lo de buscar la verdad hoy en día queda como pretencioso. El aforismo, como decía Karl Kraus , en una época tan escéptica, lo que dice son medias verdades o verdades y media. No es un género dogmático sino un género que quiere enseñar a pensar y a dudar. Y ese es el interés del aforismo irónico, en mi opinión, que es el que busca escribir una frase inteligente que haga sonreír.
I. V.— Palmeras solitarias (2019), premio Euskadi de literatura en castellano, constituye el reconocimiento tardío a una genial trayectoria literaria.
R. E.— Bueno, como se suele decir, nunca es tarde si la dicha es buena… Somos muchos los escritores porque la gente tiene estudios, las editoriales lo ponen muy fácil y las autopublicaciones en tiradas muy cortas salen a un precio de risa. Así que se publican muchísimos libros de aforismos aunque se venden y se leen muy pocos. Y eso hace que los premios sean muy deseados porque ayudan a la difusión del libro, la noticia sale en los periódicos y alegran la vida que nunca viene mal.
I. V.— En el año 2017 escribió el epílogo de Juventud, egolatría (Pío Baroja). Baroja molestaba con su obra a filisteos y fariseos de su tiempo. De alguna manera, ¿los aforismos de Ramón Eder se impregnan de ese mismo espíritu?
R. E.— A Baroja lo había leído mucho en diferentes épocas. Es un escritor ameno, muy crítico y que no se parece a nadie. Un día me llamó Pío Caro-Baroja, sobrino nieto de Baroja y me propuso escribir un epílogo de Juventud, Egolatría y yo acepté porque ese libro siempre me ha gustado mucho y sigue conservando toda su gracia, su interés y su frescura. Y claro, después de haber leído tanto a Pío Baroja, supongo que se me habrá pegado algo bueno.
I. V.— Gracias, Ramón. ¡Hasta la próxima!
