Vida y muerte de Occidente

Iñaki Vázquez Larrea
Doctor en Antropología

Fecha de publicación: 01/07/25

En el centro del pensamiento antropológico de Emmanuel Todd, se encuentra la idea del protestantismo, en sentido weberiano, y la definición de Occidente. Por un lado, el auge educativo y el desarrollo económico; y, por otro, la idea de que no todos los seres humanos son iguales.

En efecto, también, fue el motor del desarrollo de los Estados nación. Los franceses se equivocan cuando creen que su revolución inventó la nación. Fue el protestantismo el primero que dio a los pueblos esa representación de sí mismos, esa forma particular de conciencia colectiva: al exigir que la Biblia se tradujera a la lengua vernácula. Lutero y sus seguidores contribuyeron en gran medida a la formación de culturas nacionales y de Estados poderosos, belicosos, conscientes de sí mismos: la Inglaterra de Cromwell, la Suecia de Gustavo Adolfo y la Prusia de Federico II.  El protestantismo dio origen a pueblos que, a fuerza de leer demasiado la Biblia, se creían los elegidos de Dios.

La religión, o más bien su desintegración está en la matriz de lo occidental. De hecho, el cristianismo ha sido la matriz original de todas nuestras creencias colectivas posteriores en toda Europa, la nación o la clase; en Francia, concretamente el socialismo radical, el socialismo, el comunismo y el gaullismo; en Gran Bretaña, el laborismo y el conservadurismo; en Alemania, la socialdemocracia y el nazismo, y obviamente, la democracia cristiana. En Estados Unidos, la religión protestante ha estructurado la vida social en interacción con el sentimiento racial.

El desmoronamiento paulatino de la religión cristiana hizo aparecer inicialmente, entre los siglos XVIII y XIX, estas creencias colectivas sustitutivas. Dio lugar a un primer estadio de secularización zombi, en el que se conservaron la mayoría de las costumbres y valores de la religión desaparecida (en particular la capacidad de emprender acciones colectivas).

Con todo, el estadio zombi no es el final del camino. Las costumbres y los valores heredados de la religión se marchitan o explotan, y finalmente desaparecen; y entonces, pero sólo entonces, aparece lo que estamos viviendo, un vacío religioso absoluto, con individuos privados de cualquier creencia sustitutiva. Un estadio cero de la religión.

Es en este punto donde el Estado nación se desintegra y la globalización triunfa, en sociedades atomizadas donde ya ni siquiera es concebible que el Estado pueda actuar eficazmente. Se trata de un individuo privado de cualquier creencia colectiva, en lugar de liberado, por cuanto se ve disminuido y no engrandecido por ese vacío.

La duración del proceso en las últimas décadas muestra hasta qué punto implica una irreversibilidad del mismo y sus consecuencias. La matriz religiosa original se construyó lentamente entre el final del Imperio Romano y la plena Edad Media, y luego se condensó con la Reforma protestante y la Contrarreforma católica.

Si es la llegada a un estadio religioso desde cero lo que ha hecho desaparecer el sentimiento nacional, la ética del trabajo, la noción de una moralidad social vinculante, la capacidad de sacrificio por la colectividad, todas esas cosas cuya ausencia constituye no ya sólo la fragilidad de Occidente, si no la antesala de una alocada huida nihilista hacia adelante, que preludia su final:

Una de las grandes ilusiones de los años sesenta —entre la revolución sexual angloamericana y el mayo del 68 francés— fue la creencia de que el individuo sería más grande liberado de lo colectivo (¡mea culpa, mea máxima culpa!). Lo cierto es lo contrario. El individuo puede ser grande en y por medio de una comunidad. Solo está condenado por naturaleza a encogerse.

Ahora nos hemos liberado en masa de las creencias metafísicas, fundadoras y derivadas, comunistas, socialistas o nacionales, experimentamos el vacío y nos encogemos. Nos convertimos en una multitud de enanos miméticos que ya no se atreven a pensar por sí mismos, pero que, sin embargo, resultan ser tan intolerantes como los creyentes de antaño”.


Bibliografía:

Todd, E; La derrota de Occidente, Akal, España, 2024.

Weber, M; La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Akal, España, 2012.