Jocano
Músico
Fecha de publicación: 15/07/25
“si el Estado nos protegiese demasiado desde la cuna a la tumba sería tremendamente aburrido vivir” Francis Bacon
0 un centenario recreativo.
De la biografía del pintor irlandés Francis Bacon poco más se puede aportar, ya está casi todo dicho. A lo largo de estas breves secuencias se ofrecen momentos y personajes que compartieron tiempos y espacios con FB. Algunos hablaron con él (David Sylvester), otros no (Fernanado Beltran, Javier Santiso), pero de alguna manera la obra pictórica de Bacon ha entrado en la historia del arte por acumulación de estrellas. Aunque las pinturas no hablen, su lectura interpretativa nos lleva a reflexionar, y en Francis Bacon hay grandes historias (las que el autor no acababa de encontrar). Sirven collages como el presente para cuestionar los millones que mueve hoy el arte de la pintura. La Crucifixión, ese tríptico, es como el Quijote, como Ciudadano Kane, una obra maestra de la pintura, un clásico, del que Bertolucci llegó a decir que le había inspirado “El último Tango en París”. Y aunque no tengamos un centenario oficial del pintor para conmemorar, apostamos por el año que Bacon llegó a Londres y comenzó a ser artista, 1925.
1…cuadro de la izquierda…
El apócrifo. Estaba Fernando Beltran hablando con la voz de Francis Bacon y consigo mismo cuando se cumplían veinte años de la muerte del pintor. En Madrid, en aquella clínica de monjas, solitario, se marchó el pintor irlandés un 28 de abril. Las dos FB (Francis Bacon y Fernando Beltran) convergen en “Bacon sin Bacon” (Andora Ediciones), un monólogo polisémico de intenciones donde cabe toda la biografía dispersa de Bacon. Que su padre fuera un entrenador de caballos de carreras, y que el Francis más joven sintiera una inclinación sexual por los mozos de aquellas caballerías, y que su padre le castigara la conducta enviándole a Berlín. Estaba inoculando sus inquietudes artísticas, cuando en Berlín, luego en París y finalmente en Londres, bajo los auspicios del australiano Roy de Maestre comenzó a estudiar dibujo y pintura.
El amanuense. Tan rotundamente poética, la voz que Beltran pone a Bacon, viaja a ese Londres de 1937, cuando nuestro protagonista participa en la muestra de “Diez Jóvenes Pintores Británicos”, y en 1945 propone “Tres estudios para figuras al pie de una crucifixión” con Henry Moore y Graham Sutherland de compañía. Llega al Nueva York de 1949, cuando el pintor expone “Pintura 1946”. Los años en la Gran Manzana contienen una tormentosa relación con el piloto Peter Lacy, Hombre en Azul, en esos retratos que le hizo. El piloto se suicidó en Tánger en 1962, y su nuevo amante, George Dyer lo hizo en 1971 después de una relación intensa e inestable. El mismo día que Bacon presentaba una retrospectiva en el Grand Palais de Paris.Interesante el film de John Maybury “El amor es un demonio” (1998) en el que Derek Jacobi interpreta un solvente Bacon, y en la que, por razones de propiedad hereditaria, no aparece ningún cuadro del artista.
el copista. Esas palabras, que pudieran estar en su boca “Lo que yo pretendo es distorsionar mucho más allá de la apariencia, pero devolver la imagen en la distorsión y que sea un refugio de la apariencia”. Puede parecer un juego de palabras, un retruécano de ideas, imágenes que nos confunden, pero que a la vez vigorizan una nueva manera de crear. Mientras Beltran estaba escribiendo el último monólogo de Bacon, yo me preocupaba de ponerles pies de foto a muchos de sus retratos. Para una exposición que anuló el COVID-19 y que nunca volvimos a redimir. Unos años antes, una antología del pintor pasó por el Guggenheim bilbotarra y su vampirismo agitó nuestra inquietud.
Lucien Freud. Su abuelo Sigmund escuchaba intensamente, él miraba intensamente. Participó en la Segunda Guerra Mundial, a diferencia de Bacon, y eso le generó enfermedades, días en el mar con problemas de mareo y amigdalitis. Cuando alentó su mejor trayectoria afirmó que “lo que me interesa son las personas como animales”. La relación entre Lucien y Francis tuvo grandes instantáneas. Porque ambas poéticas de figuración llevaban similares elementos de tensión. Pero fueron derivando mal, y lo que en un principio era un bello bromance, terminó en un duelo de acusaciones, Bacon era un alcohólico, Freud un ludópata.
Derrida. La deconstrucción propuesta por el filósofo Jacques Derrida incide en su amigo Bacon de manera definitiva. El complejo pensamiento, el discurso contradictorio, las teorías del ente… son fundamentos de una filosofía postmoderna que labró sentido en la pintura de FB. “Hago todo lo posible o aceptable para escapar de esta trampa”, son palabras de un Derrida que bien podría haber subrayado Bacon. Dos de sus veneraciones pictóricas, Velázquez y Miguel Ángel también gozaron de notables referencias socráticas. De alguna manera, ambas disciplinas no están muy disociadas, convergen en una obra reflexiva.
Giacometti. Al menos claves ensamblan los trabajos de Bacon y Alberto Giacometti: el figurativismo y la Segunda Guerra Mundial. Ambos volvieron al arte primitivo y al cuerpo. Ambos arañaban superficies densas y derramaban pintura. Ambos representaban figuras imprecisas. Ambos se mantenían al margen de las vanguardias, pero siempre influenciados por los maestros clásicos. Ambos han protagonizado varias exposiciones, donde la figura humana llevaba el peso y la identidad el fondo. La yuxtaposición de los dos supone una asombrosa creación.
The Colony Room. Por la mañana pintaba. Por la tarde, se vestía con elegancia y acudía al pub Colony Room, donde entre pintas saludables buscaba las inquietudes sexuales. En 1975 estableció una relación con John Edwards, quizás la más severa de todas, porque de alguna manera el testamento le dejó once millones de libras esterlinas. Una herencia de pub que esconde muchos de los colores que vivieron esos dos hombres.
2…cuadro del centro…
David Sylvester. Entre 1962 y 1974, Bacon y el crítico de arte David Sylvester tuvieron unos encuentros, unas conversaciones que convergieron en un libro de entrevistas, publicado hace medio siglo. A corazón abierto, Bacon va enseñando las claves de su pintura. Trance, azar, accidente, médium, instinto… son algunas de las variantes subjetivas que llevaban los cuadros de FB. “Sé lo que quiero hacer, pero no sé cómo hacerlo”, afirmaba. Como otro Bartleby, el artista irlandés se explica ante Sylvester, en esos años en los que su obra iba tomando pulso internacional. “A mí me gusta la pintura muy disciplinada, aunque yo no use para construirla métodos muy disciplinados”.
fotografía. Las imágenes de un modelo humano en secuencias que realizó el fotógrafo inglés Edward Muybrigde impregnaron en la retina de Bacon de manera decisiva. Pionero del género, EM reinventó el movimiento en las instantáneas, y el arte, la ciencia o la música (Philipp Glas) han sido disciplinas colaterales de su obra. Además de Bacon, el fotógrafo inspiró con sus revolucionarios experimentos a Rodin, Degas, Duchamp o Boccioni.
“Miguel Ángel y Muybridge se entremezclaron en mi mente, y puede que haya aprendido de Muybridge respecto a las posiciones y de Miguel Ángel respecto a la amplitud y la grandeza de la forma”, contestaba a Sylvester. El Museo Universidad de Navarra ofrece una amplia exposición de la visionaria obra de Muybridge hasta el 24 de agosto de 2025.
narrativa. La tendencia decimonónica asevera que toda pintura debe contar una historia. Bacon lo tenía en su cabeza, “creo que desde el momento en que aparecen varias figuras entras automáticamente en el aspecto narrativo de las relaciones entre figuras. Eso crea de inmediato una especie de historia. Siempre conservo la esperanza de conseguir hacer un cuadro con gran número de figuras sin una historia”. De alguna manera concluía con la idea de Paul Valery de transmitir la sensación sin el aburrimiento de la transmisión”
Gritos. En los últimos años de su trayectoria comenzó a hacer autorretratos de manera impulsiva. porque veían que se iban muriendo todos sus amigos, “detesto mi propia cara, y he hecho autorretratos porque no podía pintar a otro”, justificaba. Estaba siendo cómplice de su divergente vida y exitosa obra, que partió de la abstracción —volcar botes de pintura sobre el lienzo—, pero que en realidad nada tenía que ver con ella, porque era tentativa de introducir lo figurativo en el sistema nervioso con mayor violencia. “Cuando dicen que mi obra parece violenta, quizás haya sido capaz en ocasiones de correr uno o dos velos, o las cortinas”, declaraba en las entrevistas con el crítico Sylvester. Apostillando, “espero seguir pintando hasta que muera, y claro, si uno consiguiera esa imagen absolutamente perfecta, no volvería a hacer nada más”.
y 3
el cuadro de la derecha…
vivencias y pinturas. Reece News, 7, Londres, “la inmundicia dorada” de Francis Bacon. Un estudio taller que en abril de 1992 se quedó sin protagonista. El pintor había fallecido en Madrid, y su intimidad creativa la cedía al único heredero, John Edwards, a la Hugh Lane Gallery de Dublín. Más de 500 libros y catálogos, 1500 fotografías, un centenar de lienzos acuchillados, otras tantas hojas arrancadas de libros, más de dos mil utensilios de pintura. /mil elementos de construcción pictórica. ”El caos me sugiere ideas, adoro vivir en el caos”, refiriéndose a ese orden desordenado. Y un Francis Bacon, ya en versión Fernando Beltran, que abomina a esas colas de turistas que esperan para entrar en el que fuera su mejor refugio, donde guardaba su auténtica vida. Generalmente, los escritores, pintores, artistas, no testamentan que su lugar de trabajo llegue a ser un sitio exótico, un peregrinaje de curiosos o estudiosos. Y sin embargo, las instituciones y los herederos, ceden a ello.
madrid 1992. El 22 de abril de 1992 voló por última vez desde Londres a Madrid. Contra la prescripción médica, que le impedía viajar, Bacon se inventó una exposición imaginaria para poder estar con su último amante, José Capelo, El Español.. Ambos compartían veladas en el bar Cook madrileño, “le gustaba mucho Madrid y lo visitaba desde los años 50, iba al Museo del Prado y luego venía aquí. Llegaba muy tarde, se tomaba tres dry martini, uno cada quince minutos, lo recuerdo educadísimo, con un traje impecable de lino blanco con chaleco, una cara afable de tono rosado típico de los bebedores”, recuerda Pachi, propietaria de Cook.
Esa última semana de abril de 1992, el pintor irlandés fue ingresado en la clínica Ruber. No quería ver a nadie, y nadie le vio, ni siquiera su amante. Cinco días de agonía en los que solamente una monja (paradójicamente Bacon era un ateo convencido) llamada Mercedes le tuvo entre sus manos. Para ahondar en el gentleman —y no el hooligan que han vendido— que fue Francis Bacon durante sus estancias españolas remito al libro “Mortalmente vivo”, de Javier Santiso, un ensayo biográfico con brillantes análisis.
totémico Deleuze. La extravagante obra de Bacon ha sido objeto de innumerables ensayos, tratados y libros de investigación. Algunos han buscado el contexto y causalidad, otros forma y fondo, pero la que quizá encontró el instinto del que hablaba pintando FB fue el filósofo francés Gilles Deleuze en “La lógica de la sensación”, de 1981. Para Deleuze tres son los elementos pictóricos de Bacon: los grandes colores planos como estructura, el lugar (círculo) y la pista o contorno, límite entre la figura y el color plano.
La obra tiene como protagonista al cuerpo como cuerpo sin órganos, y la relación ocular —ojo/figura—, y la sensación, como experiencia de ambos. Lleva Deleuze la lógica hasta sus últimas consecuencias, a su base natural, animal, corporal. “La figura no es solamente el cuerpo aislado, sino el cuerpo deformado que se escapa. Lo que hace de la deformación un destino es que el cuerpo tiene una relación necesaria con la estructura material”, concluye el filósofo.
el cuadro que falta. Pulsiones aparte, la obsesión de FB era huir de la ilustración y de la otra narrativa. También odiaba que alguien pudiera tener uno de sus cuadros en el salón de su casa. Un día de 2015, unos ladrones entraron en la vivienda de El Español, el último amante de Bacon, y se llevaron 5 retratos valorados en 25 millones de euros. El pasado año recuperaron el cuarto y detuvieron a 13 personas.
Aquí, por supuesto, entra en evidencia la gran polémica del arte millonario. Hay demasiados factores que cuantifican las obras, aunque sean las galerías, las subastas y los marchantes quienes marcan los tiempos del mercado… “Creo que solo el tiempo es juez de la pintura. Ningún artista sabe durante su vida si lo que hace valdrá siquiera numéricamente, porque creo que han de transcurrir por lo menos 75 o 100 años para que la obra empiece a separarse de las teorías que se han tejido a su alrededor”, no podía ser más convincente Bacon
Mientras la policía sigue buscando ese cuadro, el cuerpo de Francis Bacon está enterrado en el cementerio de la Almudena madrileño, porque lo dejó bien claro, “yo estoy contra la incineración, porque creo que dentro de miles de años, si es que el mundo sigue existiendo, será tedioso que no haya nadie a quien desenterrar”.
