Iñaki Vázquez Larrea
Doctor en Antropología
Fecha de publicación: 03/02/26
“Las cuatro películas de Riefenstahl encargadas por los nazis-fuesen acerca de congresos del partido, de la Wehrmacht, o de atletas-celebran el renacimiento del cuerpo y de la comunidad mediante el culto de un jefe irresistible. Se continúan directamente con las películas de Fanck en las que ella fue estrella y con su propia “La luz azul”. Las ficciones alpinas son relatos de anhelos por los altos lugares, del desafío, y la ordalía de lo elemental, lo primitivo; hablan del vértigo ante el poder, simbolizado por la majestad y belleza de las montañas, los filmes nazis son epopeyas de comunidad consumada en la que la realidad diaria queda trascendida mediante un autocontrol y una función extáticos; tratan del triunfo del poder. Y “Los Nuba”, elegía a la belleza y los poderes místicos -que pronto se extinguirán- de hombres primitivos a quienes Riefensthal llama “su pueblo adoptado” es el tercero en su tríptico de exposiciones fascistas”.
Susan Sontag.
La maquinaria del III Reich hizo de la propaganda, con su ministro Josef Goebbels, una de sus más efectivas armas, vistió su cruzada de terror con formas estéticas calcadas a las que utilizó en la antigüedad la Roma Imperial en la que se inspiraron los fascismos europeos, hizo hincapié en esas concentraciones de masas perfectamente uniformadas que desfilaban de forma extraordinariamente ordenada a ritmo militar y exhibiendo sus estandartes. Todo esto lo recogió esta prodigiosa cineasta alemana con su cámara: primeros planos de niños arios singularmente bellos, fanatizados y casi en estado de éxtasis por lo que dice el Führer desde su atril, aguerridos uniformados de las SS vestidos impecablemente por el nazi Hugo Boss, la paranoia arquitectónica de Albert Speer que diseñaba grandiosos edificios a la altura del relato épico que de si se daba el nacionalsocialismo.
Frente a los Stephan Zweig, Walter Benjamin o Marlene Dietrich, estaban los Knut Hamsum, Houston Stewart Chamberlain , Alfred Baenler, Emil Noldi y Leni Riefenstahl que cerraban filas en torno a Hitler. El III Reich precisaba de un arte no decadente que potenciara su margen de nación heroica, tras la cámara, contribuyó a ello.
En el Documental RIEFENSTAHL de Andres Veiel, junto a imágenes de archivo, en la que se ve a la musa del nazismo confraternizando con Adolf Hitler, Josep Goebbels y Herman Göring, entre otros, asistimos a algunas de las entrevistas que concedió a la televisión pública alemana y en donde se defiende con toda clase de argumentos sobre su apoyo explícito al régimen nazi y su fidelidad al führer. Define a los nazis siempre como socialistas nacionales, afirma una y otra vez que a Hitler lo apoyaba el noventa por ciento de los alemanes, pese a su cercanía a los poderes del Reich, no sabía nada de sus atrocidades hasta mucho después cuando Alemania perdió la guerra.
Confrontada con una mujer de su edad que vivió ese periodo y la crítica por su apoyo explícito al nacionalsocialismo, la cineasta estalla de rabia y rebate con argumentos su posición y obtiene el aplauso unánime del público.
A Leni Riefenstahl le molestaba que hablasen de su pasado, intentaba borrarlo, sin éxito, fundamentalmente porque no se arrepentía. En otro de los momentos, cuando el periodista le pregunta que sintió cuando oyó por radio que Hitler, se había suicidado confiesa que se hundió.
La cineasta alemana no queda bien retratada en este documental poliédrico que repasa todas las etapas de su vida y su faceta artística, no se rehabilita sino todo lo contrario. Resulta evidente, aunque ella lo niegue y diga que tenía muchos amigos judíos que marcharon al exilio y ninguno que acabara en Auschwitz, que sabía lo que su país estaba haciendo y miró hacia otro lado, como la mayoría del pueblo alemán.
Cuando fue como reportera a documentar la invasión de Polonia, hubo de renunciar a los pocos días por lo que vio, sin especificar exactamente lo que le hizo desistir, hay una foto en la que, entre soldados alemanes, destaca su expresión de horror ante, seguramente, una matanza de las SS.
Cuando rodó Tierra Baja, sobre la obra del catalán Ángel Guimera, la que fue su última película de ficción, utilizo como figurantes niños gitanos. A la pregunta del entrevistador de qué fue de ellos, niega rotundamente que acabaran gaseados en Auschwitz, como está documentado, afirma que todos están vivos.
Bibliografía:
Veiel, A; Riefenstahl, 2024.
Sontag, S; Obra Imprescindible, Penguin Books, Barcelona, 2022.
